Western

EL JINETE PÁLIDO [CINE]


“Y cuando él hubo abierto el cuarto sello, oí la voz de la cuarta bestia decir: “Ven a ver”. Y yo miré. Y contemplé a un caballo pálido y el nombre de su jinete era La Muerte…y el infierno le seguía…”
 
Podríamos resumir en esta frase (una oración de la Biblia que recita Megan, uno de los personajes en el film) todas las intenciones del eterno y mítico Clint Eastwood al tratar de llevarnos por el lado oscuro de su visión del western. ‘El jinete pálido’ es el compendio por antonomasia que en filmografía destaca pues en él refleja todo su conocimiento del género, su filosofía vital y su amor hacia el séptimo arte de manera magistral. Un canto desmitificador pero a la vez épico de su sentir hacia un género que en 1985 parecía abocado a desaparecer. Nada más lejos…
 
 
 

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THE HATEFUL EIGHT [CINE]


Todo aquel que espere reencontrarse con el Tarantino de ‘Reservoir dogs’, ‘Kill Bill’, ‘Pulp Fiction’ o tan siquiera con ‘Jackie Brown’ o ‘Malditos bastardos’ puede ir cogiendo una silla y sentarse pacientemente a esperar a que el genio de Tennesse pase por ahí. Lejos de su habitual estilo canalla, revisionario o paralelo al homenaje continuado de los géneros, en ‘The Hateful Eight’ (traducida en España por el simplón y e innecesario ‘Los Odiosos Ocho’) Tarantino ha tirado por un tono intimista, crepuscular, moderado (en el sentido académico a la hora de rodar) y bastante contenido en sus más de dos horas de metraje. Sin que todo esto sea…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…menoscabo para su trabajo. Parece que Quentin ya está por otras cuestiones, como si su estilo ya tuviera salida con sus anteriores trabajos y en esta ocasión se ha decidido por centrarse en los personajes.
 
 
The Hateful Eight‘ (nos negamos a utilizar de nuevo el título en castellano) es sobre todo un film de personajes, la baza fuerte del cine de Tarantino, pero esta vez sin los artificios de las escenas de acción (que por vez primera no están a la altura de cómo Quentin suele rodarlas) sin los efectistas fondos urbanos, situaciones rocambolescas o historias que van más allá de lo humano. Salvo por la impostura de rodar el film en 70mm como guiño al cine de los finales de los 60´s y principios de los 70’s; y el hecho de codearse en la banda sonora con el inmortal Ennio Morricone. El creador de ‘Kill Bill’ ha apostado por sus criaturas, sus personajes, para dotarlos de alma y esencia. Sin embargo ha dejado sin alma buena parte del film, que no destila por ningún tramo (salvo el tercio final donde el gore hace acto de presencia) ese aura que Quentin  impregna en sus trabajos.
 
 
No hay un poso al que aferrarse y que pueda redimir al espectador para identificar en este curioso proyecto los eternos homenajes que Tarantino suele hacer en sus films a sus venerados maestros. Si la película comienza como un western crepuscular (a lo Sam Peckinpah) enseguida se torna en thriller (a lo Don Siegel) para terminar con un festín de sangre, retortijones y escenas más cercanas al gore (donde la mano de Greg ‘The walking dead’ Nicotero ha hecho mella) más transgresor que al western propiamente dicho que hubiera filmado un Howard Hawks o un Rauol Walsh.
 
 
No quiere dejar títere con cabeza, ni dentro ni fuera de la pantalla. Es por ello que en ese tercio final es cuando reconocemos algo del estilo del director, que desata su furia, su colérica forma y bastante de mala leche para dar el toque de gracia a sus personajes. Sus conocidos tics o marcas de la casa vuelven a escena (el tabaco ‘Red Apple’, los encuadres cenitales, los flashbacks y el dividir en capítulos el film). Y es en este último apartado donde quizás flaquee más el genio de ‘Pulp Fiction’ pues se toma la libertad de explicar en demasía ciertos giros de la trama por si el espectador anda algo perdido y una voz en off nos guía (de forma infantil) por las imágenes que estamos viendo.
 
 
En el apartado actoral es donde nuevamente Quentin vuelve a acertar al elegir una terna impecable que hace suyos a los personajes, los transforman y estiran hasta límites insospechados (con un Samuel L. Jackson en modo Sherlock Holmes impagable). Kurt Russell, que vive una segunda (o tercera) juventud gracias a Tarantino; un Michael Madsen que parece dormir en el jardín del director y una Jennifer Jason Leigh que retorna a sus mejores caracterizaciones en décadas, configuran el cuarteto protagonista que junto al resto de figuras hacen de ‘The hateful Eight’ una versión más cercana a ‘Los diez negritos’ de Agatha Christie que a un western al uso. Por poner una sola pega al elenco de actores, se nota (y mucho) que el personaje que interpreta Tim Roth fue escrito ex profeso para Christoph Waltz…algo que se llega a echar de menos, seamos sinceros.
 
 
Del resto de la trama, que conjuga tiempos y diálogos sin la frescura de la que siempre ha rezumado Tarantino, se deja ver sin apasionamiento, en un lento y casi por momentos tedioso avanzar que no fuerza al espectador a otra cosa que pensar “ahora vendrá lo bueno”. Y es de esta forma como este viejo zorro en que se ha convertido Quentin vuelve a sorprender al público. Ha huido de su estilo, de su tono, de su forma de rodar (podría llevarse a un escenario de teatro este film sin problema) e incluso de sus consabidas bromas pesadas y giros argumentales o finales sorpresa para ese tercio final donde el director más ha disfrutado con sus personajes y con la segura convicción de abofetear la conciencia y prejuicios de sus seguidores.
 
 
A buen seguro que nadie podrá referirse a ‘The Hateful Eight’ como una continuación de ‘Django‘ por el género en el que parece inscribirse. Ni tan siquiera al western. El film es mucho más que un mero ejercicio de género. Es un compendio en el que Tarantino parece querer decir adiós a su personal mundo de clichés, tópicos y modos. Una cartografía de su filmografía en la que muchos podrán reconocer gestos, pero sin duda nadie podrá reconocer al genio de Tennesse.
 
Un film que engaña en su comienzo, descoloca en su nudo y crea una sonrisa canalla en su final.
 
VALORACIÓN: 8/10

LAS ESPUELAS DE CLINT EASTWOOD: DE JOE A WILLIAM MUNNY [ESPECIALES]


A punto de cumplir 84 años (31 mayo) el imprescindible Clint Eastwood hace ya más de 20 años que no se sube a un caballo. Normal por la edad, pero es innegable que su arte y oficio van más allá de su carisma delante de la cámara en un género que le alzó a mito viviente del cine: el western. Desde ‘Sin perdón’ (1992), Eastwood no ha vuelto a tocar el tema, tal vez por que culminó su odisea personal. Quizás por que ya nada le queda por contar o incluso, quién sabe, ha dejado para la posteridad un legado al alcance de muy pocos (John Ford o Howard Hawks nos vienen a la memoria). De un modo u otro somos miles los seguidores que ansiamos la vuelta del maestro Clint a un género que él mismo revitalizó. Durante años, primero como actor bajo las órdenes de otros artesanos, y más tarde como realizador, Eastwood ha ido dejando pequeñas piezas de orfebrería que han ido componiendo una leyenda en torno a su persona. Tanto a nivel personaje como al mensaje que ha deseado imprimir en cada una de esas obras. No vamos a descubrir al excepcional director que es, ni en este género ni en el que opte por tocar (el género de terror sería todo un desafío para él). Por lo que hemos decidido hacer una retrospectiva de su carrera como cowboy del cine.


Podemos dar como inicio de sus características como actor lo que supuso para él incorporarse en 1959 a una serie de TV ambientada en el Lejano Oeste como fue ‘Rawhide’ (1959-1965) donde interpretaba a Rowdy Yates. En ella se moldearía poco a poco como actor y le daría oportunidad para ser “descubierto” por un inquieto realizador italiano que vio en él las premisas necesarias para transmitir en un personaje icónico, su particular visión del western. Sergio Leone se cruzó en la vida de Eastwood. Ni el western, ni Leone y mucho menos Clint volverían a ser los mismos.

  • JOE: (‘Por un puñado de dólares’, 1964) Su primera colaboración con Leone. No pudo ser profeta en su tierra por lo que decidió trabajar para el realizador italiano en localizaciones almerienses y con producción europea. Eastwood cuajó un personaje que se encontraba lejos de su hogar, sin pasado y con tendencia a no encajar en ningún sitio. Casi era una metáfora de su propia carrera. ‘Yojimbo’ (1961) sirvió como inspiración para un debut tardío en el western. En USA no triunfó pero en Europa arrasó en las taquillas y originó el mito. 




  • MONCO: (‘La muerte tenía un precio’, 1965) Lo que pareció una casualidad en la carrera de Eastwood se fue transformando en una relación con Leone que fraguó un estilo, una identidad propia y creó lo que conocemos como “spaguetti-western”. Obra inmortal que con la maestría de Leone tras la cámara, la soberbia música de Ennio Morricone y el pétreo rostro de Eastwood configuró una muesca más en la culata de su revólver. Misticismo envuelto en polvo del camino. 



  • RUBIO: (‘El bueno, el feo y el malo’, 1966) La culminación de una trilogía que a pesar de no tener conexión, salvo ese glorioso poncho, todos hemos relacionado. Sus tres personajes tienen en común el factor misterio, secretos y turbio pasado. Factores que el propio Eastwood se encargaría de extrapolar a su propia filmografía. Con Leone aprendería a mitificar, le quedaba forjarse como director (reto personal que siempre tuvo en mente). Era momento de retornar a casa para recoger los frutos.



  • MARSHALL JED COOPER: (‘Cometieron dos errores’, 1968) No fue el proyecto deseado por Clint, pero le ofreció abrir la puerta a su género y presentarse en sociedad tras su odisea italiana. Más cerca de un telefilme que de una producción cinematográfica, brindó ciertos elementos en su personaje que más tarde utilizaría en ‘Infierno de cobardes’ (1973).






  • PARDNER: (‘La leyenda de la ciudad sin nombre’, 1969) El musical tocaba a su fin en las grandes producciones. Una comedia musical protagonizada por Lee Marvin y el pseudo descubierto Eastwood no auguraba nada bueno. Verle cantar supone todo un shock para sus acérrimos seguidores pero tiene un toque kistch que la hace perdurar.






  • HOGAN: (‘Dos mulas y una mujer’, 1970) Segunda colaboración con el que se puede decir que fue su verdadero mentor, Don Siegel. Dos años antes trabajaron en ‘La jungla humana’ donde ambos coincidían en muchas formas de ver el cine. Con este personaje, Hogan, el actor perpetuaba su aire canalla y cínico con toques de humor negro que añadieron más clase a su forma de interpretar cowboys. 







  • JOHN McBURNEY: (‘El seductor’, 1971) Rareza tanto en la filmografía como actor de Clint como en la de realizador de Siegel. Ambos se dieron el capricho de rodar este drama con tintes de thriller en plena guerra civil americana tras el éxito de otro mito que habían creado, ‘Harry, el sucio’ (1971). Eastwood rodaría ese mismo año, con la ayuda de Siegel, su debut como director en ‘Escalofrío en la noche’, por lo que podemos decir que fue un año decisivo en su carrera. 



  • JOE KIDD: (‘Joe Kidd’, 1972) Otro maestro del western se cruzaba en la vida de Clint, John Sturges (‘Duelo de titanes’, 1956). En horas bajas, tanto el realizador como el género, se prestaba a dirigir a Eastwood en una fallida muestra de western crepuscular que no terminó por convencer a nadie. Llegaba la hora del propio actor a tomar las riendas.








  • EL FORASTERO: (‘Infierno de cobardes’, 1973) Para su debut en el género optó por combinar dos factores: la desmitificación de Leone y el oficio de Siegel. Resultado, un western que se acerca por momentos a un thriller con elementos fantásticos, referencias bíblicas y un personaje que cabalga entre dos mundos. Sería su reseña personal que ya no podría quitarse…ni falta que le hacía. Una pequeña joya que recomendamos encarecidamente.



  • JOSEY WALES: (‘El fuera de la ley’, 1976) Una vuelta de tuerca más a su personaje con pasado turbio. Buscando venganza tras la muerte de su familia Josey Wales es el preámbulo de personajes como el Predicador o William Munny. Se le podría tildar de repetitivo pero era una fórmula que funcionaba a la perfección. Además, eran años en los que deseaba fomentar a su esposa, Sondra Locke, como actriz, y amén que se empeñó.






  • EL PREDICADOR: (‘El jinete pálido’, 1985) Casi una década sin tocar el género. Mereció la pena la espera. Nos dio el mito en palabras mayores. No había artificios, era el climax de su personaje. Fantasmagórico, sombrío y más cercano a la leyenda que un típico western. Un cruce entre ‘Raíces’ y ‘Solo ante el peligro’ añadiendo el toque cínico del propio Eastwood. Imprescindible. 



  • WILLIAM MUNNY: (‘Sin Perdón’, 1992) El canto del cisne de toda su vida. Una oda al cine. Imperdonable no haberla visto. La conjunción perfecta de todos los mecanismos del cine de Eastwood puestos en beneficio de una historia de siempre pero contada como nunca. Génesis y punto final del género. Dio vida (de nuevo) a un tema que parecía asfixiado por el paso del tiempo. Supo mejor que nadie que él pertenecía a la vieja escuela y transmitió como sólo los grandes maestros podrían hacerlo. Peckinpah, Ford, Hawks, Siegel y trazos de Sturges flotan por el film, no anuncian que el final cabalga a su lado. Su monólogo final es un epitafio para un genero que nunca podrá recompensar suficientemente a la figura más emblemática del western.


    ESPECIAL CLINT EASTWOOD: “EL ÚLTIMO CLÁSICO” aquí.

    GRUPO SALVAJE [CINE]


    Para inaugurar la nueva sección de ‘Rarezas Cinéfilas’ he pensado que no había título mejor que uno de los malditos. Maldito en muchos aspectos, por su director, por su mensaje, por la manera de rodar, por su aceptación en el estreno…Lo curioso es que con el paso de los años se ha convertido en una película mítica. Versionada en infinidad de ocasiones, homenajeada o revisada. Ha influido en diversos directores, tanto en su modo de rodar como en la forma de conjuntar un film. Peckinpah no dejaba indiferentes a los de su época. Pasados 45 años de su estreno, aún sigue tan violenta y feroz como el primer día. Preparen sus rifles, carguen sus pistolas…van a volar cabezas.
     
     
     
     

    Leyendo la Carátula:

    Pike Bishop (William Holden) y Deke Thorton (Robert Ryan) lideran una banda de forajidos, ya maduros, con demasiadas experiencias violentas. En su último atraco, algo sale mal. Deciden que han llegado al final de sus carreras. Deke es el primero que deja el grupo para convertirse en uno de sus perseguidores al aceptar un trabajo como Oficial de la ley. Pike y el resto de los forajidos deciden huir a Mexico, comenzar una nuena vida allí. Pero el pasado y la ley les siguen hasta Mexico. 


    Rebobinando:

    Violencia y poesía van de la mano en esta peculiar cinta que se separa de las típicas del Lejano Oeste. Crepuescular, sangrienta, cruel, visceral…elije el adjetivo que más te guste. Cualquier opinión sobre esta genial muestra de cine ya ha sido mencionada con anterioridad. Es la obra cumbre de Sam Peckinpah, ninguna de sus peliculas, antes o después, reflejó mejor su modo de ver la vida, de amar el cine o de plasmar sus demonios en pantalla. Un gigante menospreciado por todos, incomprendido, rebelde y bastante marginal.

     

     
    Su cine es como él. Y ‘Grupo salvaje’ no iba a ser menos. Lo que empieza con un baño de sangre en uno de los atracos más violentos jamás filmados, prosigue como una melancólica canción de perdedores. Pues en realidad de eso se trata, de una historia de perdedores. Envuelta en el género más manido del cine yanqui, el western. Ese fue su gran error, o genialidad. Atacar a uno de los símbolos más queridos por los aficionados al cine. El western no había sido tan vapuleado hasta entonces como Peckinpah lo hizo. Lo llevó al límite de lo moral y lo admisible.
     
     
    Sus héroes (perdedores a sabiendas) asumen su ocaso. Admiten que los tiempos han cambiado (como volvería a enseñarnos el director en ‘Pat Garret y Billy el niño’) pero no desean hacerse a un lado y morir. Son leyendas vivas de un mundo que les engulle por estar fuera de sitio. Su ley, la violencia, debe ceder paso a la hipocresía y la doble moral. Pistoleros, asesinos, ladrones…pero héroes al fin y al cabo en su mundo hostil. Carecen de valores al uso. Sus principios son pocos, hoscos pero firmes: lealtad.
     

     

     
    Verse rodeados, hostigados como el escopión que se pica con su propio aguijón cuando está acorralado, les hace más fuertes ante el final. Saben que su lugar ya no está entre los hombres. Sus convicciones de camaradería están por encima de la palabrería. Un canto triste de una época gloriosa. Una ácida descripción de la condición humana, sin importar el público que la vea. Cada generación saca una interpretación de ‘Grupo salvaje’, pero todas conducen al mismo mensaje: la amistad como última barrera de la decencia del hombre. La lealtad por encima de la muerte.
     
     
    Peckinpah se sintió toda su vida como un forajido que debía robar para sobrevivir. Que se auto destruía para poder crear. Aislado, renegado y perseguido por ser fiel a sus principios. Los forajidos de ‘Grupo salvaje’ son sus criaturas más humanas, sus personajes mejor logrados. Llenos de alma, remordimientos y sed de vida. Mueren por seguir vivos, viven para morir. Una huída hacia delante, sin atajos o senderos fáciles. Como uno de sus personajes dice al saber que no queda otra opción que enfrentarse a la muerte: “¿Por qué no?”

     
    El uso de la cámara lenta en las escenas de violencia máxima es intentar detener el tiempo. Conocer con exactitud cuándo el hombre deja de existir, la última fracción de segundo para hallar la belleza de la muerte. Esa es la búsqueda personal del director, encontrar la puerta que comunique con la muerte. En esta obra dispondremos de múltiples puertas, diferentes versiones de un mismo Infierno. Cada personaje es un retazo del alma de Peckinpah. Unir esas piezas es trabajo nuestro. Él, hace tiempo que espera al otro lado del río. Sonriendo, con una botella de whisky entre las manos y uj revolver cargado sobre la sien.


    Cotilleos de Videoclub:

    • Lee Marvin , Burt Lancaster , James Stewart , Charlton Heston , Gregory Peck , Sterling Hayden , Richard Boone y Robert Mitchum fueron el primer elenco para ‘Grupo salvaje’.
    • La escena inicial de un escorpión devorado por hormigas fue improvisada, no estaba en el guión.
    • El nombre de Grupo Salvaje proviene de la auténtica banda de forajidos que lideraba Butch Cassidy.
    • 2700 cortes de cámara contiene la película. Algo inaudito para la época, lo que dota al film de un montaje vertiginoso.
    • John Wayne la criticó por destruir el mito del Viejo Oeste.
    • El montaje que se estrenó era una versión reducida en 20 mins. Todas las escenas que se cortaron eran de violencia. El estudio no consentía un estreno así.
    • Se cuentan 145 muertos en el film (122 son en la batalla final).

    Valoración:9