Tom Hardy

BRONSON [CINE]


Nicolas Winding Refn, hoy denostado tras su pirueta mortal con ‘The Neon Demon’, tuvo su puesta de largo con su sexto largometraje, ‘Bronson’ (2008) que aglutinaba todas sus filias y paranoias cinematográficas de una manera brutal, visual y hasta acertada, que años más tarde lograría redondear de forma espectacular con la soberbia ‘Drive’.

En ‘Bronson’ nos relata, con su peculiar visión del mundo y del lenguaje cinematográfico

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EL RENACIDO (THE REVENANT) [CINE]


La envidiable filmografía de Alejandro González Iñárritu tiene una nueva perla a engrosar en sus filas. Tras sus geniales ‘Amores perros’, ’21 gramos’, ‘Beautiful’, ‘Babel’ o la anterior ‘Birdman’ hay que sumarle esta mastodóntica odisea llena de fuerza, odio, venganza y poderosa imagineria visual que hipnotiza de forma constante y apabullante al espectador en sus casi dos horas y media de metraje, todo un record en su carrera. ‘El renacido’ es la consolidación total e internacional (si no lo era ya con ‘Birdman‘) de Iñárritu como director guru de estos últimos años. Una lista de creadores de fuerza cinematográfica que desde hace diez o quince años nos vienen dando sorpresa tras sorpresa con sus proyectos. Nolan, Cuarón, Tarantino e Iñárritu son en esencia los directores que ahora mismo más expectativas y esperanzas crean en el…

…público ávido de emociones, sensaciones y momentos vívidos que sus mentes son capaces de elaborar cada año.
Sin duda, ‘El renacido’, es uno de los estrenos más esperados de este año, no solo por descubrir si su director ha superado la avalancha de ego que supuso su éxito (a nivel crítico) del año pasado con ‘Birdman’, sino también por el elenco de actores con los que se ha rodeado para sacar adelante un proyecto que llevaba por los despachos de Hollywood desde hace más de 10 años. Leonardo DiCaprio (el eterno aspirante a ser considerado como el buen actor que es) y Tom Hardy (una bestia en pantalla capaz de devorar los planos con su sola presencia) nos trasladan a los devastadores parajes maravillosamente captados por el director de fotografía  Emmanuel Lubezki (‘Birdman’, ‘Sleppy Hollow’, ‘Gravity’, ‘El árbol de la vida’...) y que a buen seguro tiene mucho de la esencia del cine de Terrence Malick a la hora de atrapar esa luz, esas imágenes que se suceden entre la vigilia y el sueño hiperreal, un aura que sobrevuela todo el film dejando latente en la retina del espectador ese momento preciso del tiempo. Un tratamiento de la imagen que recurre a las enseñanzas del maestro Kubrick a la hora de captar la luz natural para condensarla en la cámara digital. Todo un alarde que llena la retina.
La historia, basada en gran medida en sucesos reales, nos lleva a los inhóspitos territorios de Dakota del Sur (aunque lo que veamos sean los parajes de la Columbia en Canada, entre otras localizaciones) en el año 1823. Y somos testigos de un preciso instante temporal gracias a la poderosa lente de Iñárritu. Prestidigitador y narrador a partes iguales, nos cuenta esta odisea de venganza donde Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador y trampero que guía a una compañía de pieles a través de las montañas hasta su fuerte tras un atroz ataque de los indios (un arranque del film frenético y cruelmente retratado) sufre las consecuencias de su enfrentamiento con una osa en una de las escenas más impactantes de los últimos años en el cine.
Realista, fría, devastadora y a la par maravillosamente rodada, la escena en cuestión es el punto de inflexión donde el film se torna en una espiral de doble moralidad por parte de los compañeros de viaje, pues se debaten entre abandonar a su suerte a Hugh o llevarlo con ellos pese a las inclemencias y el peligro de un nuevo ataque por parte de los indios. Es aquí donde el personaje de Tom Hardy (Fitzgerald) se descubre como el verdadero animal que es. Donde la codicia, la cobardía, la avaricia y la mediocridad del ser humano se reflejan en su personaje, siendo el némesis del personaje interpretado por DiCaprio.
Iñárritu utiliza a estos dos personajes para desentrañar nuevamente con su cine las constantes de sus fetiches mentales (el alma humana y sus oscuras puertas) para sacar los demonios que todos llevamos dentro y enfrentarlos, sin redención, sin paliativos. De forma cruel y despiadada. Haciendo un paralelismo entre el feroz ataque de la osa con la escena final donde ambos personajes se vuelven bestia y hombre. Todo, con el telón de fondo de la venganza.
Si bien es cierto que Iñárritu no puede dejar de un lado sus pequeños caprichos personales (nuevamente nos vuelve a demostrar que sus planos secuencias son para enseñar en las escuelas de cine, pues no son artificio sino que validan y en mucho la narración de lo que nos está contando) y ello es quizás lo que hace mella en un poderoso proyecto como éste. El metraje, unos 156 minutos que en algunos momentos llegan a parecer excesivos, bien pudiera haberse reducido si las prolongadas secuencias oníricas, donde el personaje de DiCaprio se debate entre la vida y la muerte, hubieran tenido una consecuencia en la narración final del film. Pero ni dichas secuencias aportan nada definitivo a la narración, ni llegan a causar el efecto que tal vez quisiera imprimir Iñárritu con ellas, pues dejan una sensación de adorno innecesario de cara a la galeria (ahí tenemos una de las mayores referencias al cine de Terrence Malick).
Otro factor que puede debilitar al espectador es la poca claridad en ciertos personajes determinantes Atención Spoiler (el indio que ayuda a DiCaprio a sobrevivir)   y eso deja una vacía inquietud en el resultado final del film. Quizás en ciertos pasajes y situaciones (la huida a caballo y caída de un precipicio) Iñárritu se tome excesivas licencias para con su personaje, y en vez de llamarle “El Renacido” uno pueda pensar que está frente a un inmortal. Fin Spoiler
Pese a estos elementos que pueden llegar a enturbiar el conjunto, el director ha conseguido (una vez más) crear una vigorosa película que hará las delicias de los amantes del cine visual, de los amantes de las historias de venganza, de la superación humana y de la condición del salvaje que todos llevamos dentro frente a las adversidades.
Un guión a cuatro manos, junto a Mark L. Smith (‘Habitación sin salida’) que toma prestadas referencias claras al mundo salvaje de Jack London y que demuestra, una vez más, que la venganza (por amor paternal en este caso) es una de las más devastadoras fuerzas de la naturaleza. Acompañado todo ello con las inquietantes notas musicales del (“renacido” para el cine occidental)
Ryuichi Sakamoto que no componía para el cine internacional desde el 2006, justamente con Iñárritu en ‘Babel’.
DiCaprio vuelve a codearse con un director oscarizado (Eastwood, Scorsese, Spielberg, Cameron, Boyle, Allen, Tarantino, Mendes…) en un intento más (y van…) de conseguir su ansiado (y desde hace muchos años merecido) Oscar. Quizás este personaje no sea el que más fuerza o empaque tenga en su filmografía (si con su Jordan de ‘El lobo de Wall Street’ no lo obtuvo…) pero a buen seguro que a los de la Academia les pone y mucho, las historias de personajes que superan las adversidades, y en esta ocasión Leo se lleva la palma. Hardy, por su parte, vuelve a robar protagonismo, escenas, planos y casi hasta el propio film. Es una bestia innata de la interpretación, y con poco hace genialidades como este Fitzgerald que a buen seguro pasa desde ya a engrosar en las filas de los más crueles villanos del cine. Un acento cerrado, unos gestos, una caracterización soberbia y una contención en su trabajo, hacen que Hardy tenga casi asegurado su altar entre los mejores actores del panorama actual. Muchos recordaran en su personaje a otro que consiguió el Oscar por uno similar, el del sargento Barnes en ‘Platoon’ interpretado por Tom Berenger. No es casualidad.
Con todo esto, nos encontramos con una excelente película, que pese a sus menores fallos, es una excusa maravillosa para perderse en la oscuridad de un cine, trasladarse a las remotas tierras de Dakota del Sur y sentir el gélido viento del norte, la árida luz de las montañas, la respiración de tu alma y el vacío más cruel que la condición humana es capaz de soportar. Una joya más en la orfebrería del maestro Iñárritu.
VALORACIÓN: 8/10

MAD MAX: FURY ROAD [CINE]


Volvemos a las áridas tierras australianas donde todo comenzó hace 36 años. Pero no todo sigue igual, al contrario, la arena es más dura, sucia y el sudor cobra vida. George Miller se ha sacado la espina, a lo bestia, con esta fulminante secuela de su anti-héroe por antonomasia: Mad Max. Nuevo rostro, nuevos personajes, nueva historia pero todo pasado por la quintaesencia del cine espectáculo elevado a la máxima potencia. El motor ruge como nunca, la gasolina fluye con insolencia y la adrenalina sustituye a la sangre en esta explosiva continuación de la epopeya post-apocalíptica más ambiciosa de la carretera. Lejos han quedado aquellos V8 donde nuestro querido Max aporreaba a los salvajes de la autopista. Ahora la locura tiene sentido, la senda del guerrero se ha definido como nunca antes y sabemos por fin que Max nunca se fue, solo estaba meditando cuánta locura mostrar al mundo. No estábamos preparados para tanta…
 


 
 
…demencia. Y eso nos vuelve locos. Situada cronológicamente entre la primera y segunda parte, reconocemos a Max desde el prisma de los villanos. Para que nuestros ojos reconozcan al nuevo héroe versión siglo XXI, el director y guionista George Miller, disfraza la presentación del guerrero de la carretera con difuminados planos, entre sombras y rápidos movimientos de cámara, lo enfunda en una aparatosa mordaza para que el espectador conecte con el nuevo rostro. Mel Gibson puede estar satisfecho, pues su criatura tiene un digno heredero. Tom Hardy hace suyo al icono de la ciencia ficción australiana de forma lineal, distante y fría pero que poco a poco nos irá deleitando con su selección de frases cortantes y acciones aún más esquizofrénicas. La historia no es solo una maravillosa unión de secuencias de acción magistralmente rodadas, hay mucho más. Una trama que subyace bajo las vastas llanuras de desierto. La redención de unos personajes que huyen de su pasado en busca de un futuro incierto pero necesario. 
 
 
Los paralelismos a los clásicos temas del mejor cine de aventuras se erigen como epicentro de este descomunal ejercicio de puro espectáculo visual. La venganza, la traición, la idolatría, la esperanza y el tormento de unos personajes de los que sobresale una portentosa Charlize Theron, que roba a sabiendas cada plano en el film. Un personaje, Furiosa Imperator, hecha a medida de Mad Max, su alter ego femenino que redime cualquier crítica al cine de macho alfa que Miller siempre había impregnado en esta saga. Luce sucia pero poderosa, bella pero implacable. Una diosa de la arena que guarda más de un secreto. Un ardid del director para embarcarnos en esta trepidante batalla por el control de la carne, del futuro y de la vida misma.
 
 
Otro acierto de Miller es incorporar de nuevo como guiño a la trilogía original (entre otros muchos que hay…y si no buscad bien la cajita de música) al actor Hugh Keays-Byrne como Inmortal Joe. Tras su Cortauñas de la primera parte, aquí se eleva como el mejor villano de toda la saga, con permiso de Humungus y Tía Ama. Un malvado de la función que no solo aporta la fuerza visual necesaria con una impresionante caracterización sino que además deja muchas incógnitas subyacentes en sus motivaciones como personaje. Una guerra de poderes entre él y Furiosa Imperator que hace vibrar las casi dos horas de metraje.
 
 
La nueva ciudad presentada como el último oasis viviente, La Ciudadela, tiene una riqueza de personajes, personajes y subtemas que enriquece toda la historia, a priori un simple vehículo de efectismo visual, pero que poco a poco se desmarca como una verdadera tesis del poder de la vida sobre la muerte. La búsqueda de mártires que refuercen la creencia en un futuro esperanzador. Theron y Hardy se combinan a la perfección y dejan entrever que ambas figuras son las dos caras de la misma moneda. El espectador se deja llevar desde el minuto uno por la mitificación de Mad Max, su iconografía y su vertiente más ruda. Escasos diálogos en boca de Max pero que no hacen sino agrandar más su leyenda. Una épica presentación del nuevo loco de la carretera que envuelve de polvo y destrucción todo a su paso. ¿La mejor de la saga? Sin duda. Varios motivos lo avalan: su poderosa fuerza visual que combina elementos de F/X con acción real haciendo muy difícil discernir cuándo empiezan unos y acaban otros. Una banda sonora, a cargo del siempre sorprendente Junkie XL (Tom Holkenborg) que es capaz de combinar las melodías más atronadoras con temas de Ennio Morricone o los Dire Straits, para que los planos visuales sean demoledores así como ciertas figuras en pantalla sean hipnóticas (el guitarrista Doof Warrior). Impagable.
 
 
La riqueza visual de ‘Mad Max: Fury Road’ se debe en gran medida al uso del color en pantalla, una fotografía que juega con los contrastes cromáticos dependiendo del momento de la trama. Un elemento que hace cobrar vida al film, nos hace sentir que estamos sedientos de agua, apenados por la verdad o atemorizados por la incertidumbre. Del mismo modo que el director juega con los términos vida-gasolina, sangre-fuerza, leche materna-futuro, nos hacemos yonquis de este tipo de cine tan necesario y tan poco bien llevado a la pantalla. Pura energía, adrenalina impulsada a golpe de acelerador y motor nuevo y perfectamente engrasado. Larga vida a Max, sed testigos y por que cuando visteis ‘Mad Max: Fury Road’ dijisteis aquello de: “Qué día…qué gran día”
 
VALORACIÓN: 9/10