Thriller

BRONSON [CINE]


Nicolas Winding Refn, hoy denostado tras su pirueta mortal con ‘The Neon Demon’, tuvo su puesta de largo con su sexto largometraje, ‘Bronson’ (2008) que aglutinaba todas sus filias y paranoias cinematográficas de una manera brutal, visual y hasta acertada, que años más tarde lograría redondear de forma espectacular con la soberbia ‘Drive’.

En ‘Bronson’ nos relata, con su peculiar visión del mundo y del lenguaje cinematográfico

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GREEN ROOM [CINE]


 

Alabada por Cannes, ganadora de diversos premios en Festivales de Cine Fantástico (algo curioso cuando no existen elementos fantásticos en el film) y con un aura de film transgresor, por fin llega a España ‘Green Room’, un título con muchas connotaciones y más fama que contenido. Bien es cierto que quizás algunos sectores de la crítica hayan ensalzado esta tercera película de Jeremy Saulnier por los varios mensajes subliminales (algunos) que contiene. Pero su más destacado factor es el uso de la violencia y cómo la muestra en pantalla en detrimento de las premisas que en un principio plantea.
 
Lo que se presenta como un thriller de supervivencia en el que una banda de música punk acaba tocando en un evento de neonazis se torna en…

LA BRUJA [CINE]


Hacía tiempo que no se nos presentaba un film de estas características y más dentro de su género. Aunque la palabra terror engloba muchas connotaciones y más si entramos en sub-géneros, dicha palabra se le puede quedar corta a ‘La Bruja‘, opera prima de Robert Eggers que da el salto al largometraje con guión propio. Thriller, terror psicológico, drama y un buen pellizco de fantástico serían los adjetivos que podrían calificar esta pequeña pieza de joyería que nos ha sorprendido gratamente. 
 
Alejada del histrionismo efectista que domina el género del terror, los litros de sangre, efectos de cámara, música atronadora y giros imposibles en el guión en busca del susto fácil y de palomita gruesa, ‘La Bruja’ juega en otro nivel, es más, crea un juego nuevo para…
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…todos aquellos que se adentren en su temática. Y cosa difícil, pues su eclecticismo es a buen seguro un handicap para esos espectadores que vayan creyendo a ver este film que se van a encontrar con la típica historia de bosques encantados, brujas malas y sustos tras las ramas.
 
 
Nada más lejos. Una perla entre tanto arrecife. Situada históricamente en 1630, años antes de los infames y famosos juicios de Salem, el director nos propone un viaje iniciático en la particular cultura de los primeros colonos de América del Norte. Puritanismo recalcitrante, religiosidad a flor de piel e intolerancia por todo aquello que se alejara de las Sagradas Escrituras son recogidas en esta película a modo de drama familiar en que sus integrantes verán como su Fe, su creencia y su fortaleza como unidad familiar se resquebrajan de forma paulatina cuando entre ellos comienza a anidar la sospecha del mal.
 
 
El diablo, personaje ficticio (o no) en el film, planea de manera asombrosa durante su metraje. La religión, fusta y castigo de los pensamientos y hechos de los componentes de la familia, es el bastión donde se refugian ante sus miedos. ¿Pero qué hacer cuando ese mal está entre tus hijos?
 
 
Esa pregunta que flota en el aire de esos bosques que tan elegantemente filma Eggers, es la que se hace el espectador. ¿Es lo que vemos real? ¿Es todo parte de una histeria colectiva? Una película que emociona según avanzan sus minutos, que te engancha con una historia sencilla pero brutalmente veraz a la hora de mostrarte lo que ella quiere enseñar. Su juego es ése, darte a entender unos hechos para que seas tú el que llegue a una resolución (si la hay) a su conclusión.
 
 
El mal, icónicamente ilustrado como una Bruja, se cierne en todo el largometraje como una presencia que sentimos, que deseamos que sea cierta para dar comprensión a unos sucesos que al igual que a los personajes, nos hacen dudar, estremecer y hasta por momentos sentir es angustia que en aquellos años se debió vivir. La intolerancia, mensaje soslayado en el film, se desata como la única manera de combatir el mal. Y es aquí donde reside la fuerza de ‘La Bruja‘, funciona a la perfección como mecanismo de creación de ansiedad, terror psicológico y drama emocional. Con unas estupendas actuaciones de actores, donde destacamos a la singular Anya Taylor-Joy, y que hasta hoy eran desconocidos pero que dotan de una veracidad y crudeza a sus personajes que traspasan la pantalla.
 
 
Un guión elaborado a partir de anotaciones, leyendas y juicios orales que sucedieron en el siglo XVII y que recopila el director para hacer un boceto muy nítido y casi solemne a la sinrazón que la religión conllevaba. Rodada muy acertadamente con luz natural y sin apenas efectos que hagan enturbiar la narración, la película transcurre con una calma tensa hasta un desenlace algo perturbador y desconcertante. Es quizás este punto donde su director no acaba por ser valiente y dotar a su film de ese aura de misticismo que hasta ese momento llevaba. Prefiere encasillar su trama con una conclusión que se aleja del terror psicológico para abrazar sin tapujos el género fantástico. Algo así como saltar desde un décimo piso pero arrepentirse al llegar a suelo.
 
 
Los toques maestros de su realización, que por momentos tienen tintes del Kubrick más conceptual, se realzan con una banda sonora inquietante e hipnótica que refuerza (y en mucho) las tétricas imágenes que vemos en la pantalla. Y lo que es peor (para bien), hacen que sea nuestra imaginación la que confiera a ese sentimiento de miedo un equilibrio justo entre el terror y cine fantástico.
 
VALORACIÓN: 7/10

 

THE HATEFUL EIGHT [CINE]


Todo aquel que espere reencontrarse con el Tarantino de ‘Reservoir dogs’, ‘Kill Bill’, ‘Pulp Fiction’ o tan siquiera con ‘Jackie Brown’ o ‘Malditos bastardos’ puede ir cogiendo una silla y sentarse pacientemente a esperar a que el genio de Tennesse pase por ahí. Lejos de su habitual estilo canalla, revisionario o paralelo al homenaje continuado de los géneros, en ‘The Hateful Eight’ (traducida en España por el simplón y e innecesario ‘Los Odiosos Ocho’) Tarantino ha tirado por un tono intimista, crepuscular, moderado (en el sentido académico a la hora de rodar) y bastante contenido en sus más de dos horas de metraje. Sin que todo esto sea…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…menoscabo para su trabajo. Parece que Quentin ya está por otras cuestiones, como si su estilo ya tuviera salida con sus anteriores trabajos y en esta ocasión se ha decidido por centrarse en los personajes.
 
 
The Hateful Eight‘ (nos negamos a utilizar de nuevo el título en castellano) es sobre todo un film de personajes, la baza fuerte del cine de Tarantino, pero esta vez sin los artificios de las escenas de acción (que por vez primera no están a la altura de cómo Quentin suele rodarlas) sin los efectistas fondos urbanos, situaciones rocambolescas o historias que van más allá de lo humano. Salvo por la impostura de rodar el film en 70mm como guiño al cine de los finales de los 60´s y principios de los 70’s; y el hecho de codearse en la banda sonora con el inmortal Ennio Morricone. El creador de ‘Kill Bill’ ha apostado por sus criaturas, sus personajes, para dotarlos de alma y esencia. Sin embargo ha dejado sin alma buena parte del film, que no destila por ningún tramo (salvo el tercio final donde el gore hace acto de presencia) ese aura que Quentin  impregna en sus trabajos.
 
 
No hay un poso al que aferrarse y que pueda redimir al espectador para identificar en este curioso proyecto los eternos homenajes que Tarantino suele hacer en sus films a sus venerados maestros. Si la película comienza como un western crepuscular (a lo Sam Peckinpah) enseguida se torna en thriller (a lo Don Siegel) para terminar con un festín de sangre, retortijones y escenas más cercanas al gore (donde la mano de Greg ‘The walking dead’ Nicotero ha hecho mella) más transgresor que al western propiamente dicho que hubiera filmado un Howard Hawks o un Rauol Walsh.
 
 
No quiere dejar títere con cabeza, ni dentro ni fuera de la pantalla. Es por ello que en ese tercio final es cuando reconocemos algo del estilo del director, que desata su furia, su colérica forma y bastante de mala leche para dar el toque de gracia a sus personajes. Sus conocidos tics o marcas de la casa vuelven a escena (el tabaco ‘Red Apple’, los encuadres cenitales, los flashbacks y el dividir en capítulos el film). Y es en este último apartado donde quizás flaquee más el genio de ‘Pulp Fiction’ pues se toma la libertad de explicar en demasía ciertos giros de la trama por si el espectador anda algo perdido y una voz en off nos guía (de forma infantil) por las imágenes que estamos viendo.
 
 
En el apartado actoral es donde nuevamente Quentin vuelve a acertar al elegir una terna impecable que hace suyos a los personajes, los transforman y estiran hasta límites insospechados (con un Samuel L. Jackson en modo Sherlock Holmes impagable). Kurt Russell, que vive una segunda (o tercera) juventud gracias a Tarantino; un Michael Madsen que parece dormir en el jardín del director y una Jennifer Jason Leigh que retorna a sus mejores caracterizaciones en décadas, configuran el cuarteto protagonista que junto al resto de figuras hacen de ‘The hateful Eight’ una versión más cercana a ‘Los diez negritos’ de Agatha Christie que a un western al uso. Por poner una sola pega al elenco de actores, se nota (y mucho) que el personaje que interpreta Tim Roth fue escrito ex profeso para Christoph Waltz…algo que se llega a echar de menos, seamos sinceros.
 
 
Del resto de la trama, que conjuga tiempos y diálogos sin la frescura de la que siempre ha rezumado Tarantino, se deja ver sin apasionamiento, en un lento y casi por momentos tedioso avanzar que no fuerza al espectador a otra cosa que pensar “ahora vendrá lo bueno”. Y es de esta forma como este viejo zorro en que se ha convertido Quentin vuelve a sorprender al público. Ha huido de su estilo, de su tono, de su forma de rodar (podría llevarse a un escenario de teatro este film sin problema) e incluso de sus consabidas bromas pesadas y giros argumentales o finales sorpresa para ese tercio final donde el director más ha disfrutado con sus personajes y con la segura convicción de abofetear la conciencia y prejuicios de sus seguidores.
 
 
A buen seguro que nadie podrá referirse a ‘The Hateful Eight’ como una continuación de ‘Django‘ por el género en el que parece inscribirse. Ni tan siquiera al western. El film es mucho más que un mero ejercicio de género. Es un compendio en el que Tarantino parece querer decir adiós a su personal mundo de clichés, tópicos y modos. Una cartografía de su filmografía en la que muchos podrán reconocer gestos, pero sin duda nadie podrá reconocer al genio de Tennesse.
 
Un film que engaña en su comienzo, descoloca en su nudo y crea una sonrisa canalla en su final.
 
VALORACIÓN: 8/10

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS [CINE]


La unión Tom Hanks/Steven Spielberg siempre nos había dado gratas alegrías y mayores sensaciones. La combinación de estas dos bienhechoras mentes y figuras del Hollywood más amable nos habían regalado una trilogía de films que nos hacían claudicar por una razón u otra. ‘Salvar al soldado Ryan’, ‘Atrápame si puedes’ y ‘La terminal’ fueron unas películas que rezumaban épica, fascinación y trabajo bien hecho respectivamente. ‘El puente de los espías’ no pasará  a la historia como la mejor de las uniones de estos dos monstruos del cine. No queridos fans del Spielberg más ácido (‘Minority Report‘) o del Steven más atrevido (‘Munich‘). En esta ocasión …
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
…el antaño mago de las imágenes y las historias bien narradas se ha vuelto a plantar en su modo más clásico, académico y afable (‘Amistad’, ‘Lincoln’, ‘War horse‘) para contarnos (una vez más) una historia real. Ambientada en los mil veces narrados pero tan desconocidos finales años 50 y primeros 60 de la Guerra Fría entre USA y la URSS, el film deambula entre en un principio película de juicios para desembocar en una segunda parte que trata de retomar el pulso del género de espías del cine de los 70. Fallando en ambas.
 
 
Pese a que cuenta en el guión con los incansables hermanos Coen (el sutil humor negro y detalles en muchos personajes es lo más loable de su aportación) la historia que nos narran se divide en tres sub-historias que aunque transcurren de modo paralelo en ningún momento llegan a cuajar al espectador como un conjunto. Craso error cuando lo que se nos trata de infundir es la tópica sensación de que estamos ante una narración que va más allá de la historia, las personas o el ser humano. Oportuna (que no oportunista) por los paralelismos que el mundo está viviendo hoy en día pero sin el alma que antaño identificaba a Spielberg como el verdadero creador de fábulas e historias que te llegaban con fuerza y arrebatadora pasión.
 
 
Con el piloto automático puesto a la hora de plantar la cámara, de reflejar los altibajos de los personajes y con la seguridad que es tener a Tom Hanks como director de orquesta, Spielberg se ha dejado llevar por la autocomplacencia y el almibarado espíritu que envuelve al film llega a aletargar al espectador en su butaca en más de una ocasión. Solo en algunos trazos, breves secuencias que gracias a un genial montaje (del siempre fiable Michael Kahn, mano izquierda de Spielberg desde hace décadas en estos menesteres) nos hace reencontrarnos con la mano firme de Steven y nos entra nostalgia de lo que este hombre ha sido capaz de hacer durante años. Pero en esta edulcorada visión de la Guerra Fría, del juego de espías, de la figura del abogado firme y honesto que está por encima del bien y del mal, todo parece impostado, forzado a un desenlace que ya predices desde el primer minuto. Falta de fluidez en muchos momentos al enturbiar la narrativa con pasajes que luego nada tendrán que ver con el desenlace.
 
 
Con una ambientación brutal (como no podía ser menos), con un Hanks competente (pero bajo de forma), con un guión que no sabe si contarnos una fábula moral, un cuento de hadas, una historia macabra o una grotesca bofetada hacia la prepotencia del gobierno USA, ‘El puente de los espías’ no acaba en ningún sitio. No termina de cruzar el puente y se queda entre dos aguas.
 
 
¿Oportunidad perdida? No lo parece. Sencillamente Spielberg está a otras cosas. Quizás guardando lo mejor para el final. No echemos de menos tampoco a la mano derecha de Spielberg en el film, John Williams. En esta ocasión Thomas Newman ocupa la batuta y nadie presta atención a la partitura. Obvio. Pero no desesperemos, en el próximo proyecto de ambos (‘Big Friendly Giant‘) volveremos a disfrutar de la magia de los dos. ¿’O no?
 
 

VALORACIÓN: 5/10

OTRAS CRÍTICAS:

SICARIO [CINE]


Cuando los insurrectos en Judea planeaban atacar a los gobernadores romanos en el siglo I durante las revueltas contra el Imperio, los encargados de perpetrar los asesinatos utilizaban una espada corta o daga denominada sica, por tanto los portadores de tal arma se les llamaba sicarii. Dicha daga la podían ocultar bajo la túnica sin levantar sospechas y así poder acercarse a su objetivo para acabar con su vida. Sin embargo, cuando un gobernador era asesinado, Roma enviaba inmediatamente un sustituto. La cabeza de la serpiente podía ser cortada, pero enseguida renacía una renovada en su lugar.
Han pasado dos mil años y el método no ha cambiado. El imperio es otro y lucha contra otro que se esconde bajo una capa de corrupción, crimen y asesinatos. La CIA, el FBI, el Gobierno yanqui y todas sus agencias gubernamentales (DEA, ATF…) han utilizado todas las herramientas legales a su alcance para terminar (o al menos controlar) con los poderosos cárteles de la droga. Si en los 80’s y 90’s Colombia y el tristemente famoso…

…Pablo Escobar eran el ojo del huracán, desde hace unos 15 o 20 años el foco de la droga se ha trasladado con mayor virulencia a Méjico. Ciudad Juarez, Durango, Sinaloa, Tijuana, El Golfo y numerosas zonas norteñas en su mayoría son el nuevo rival al que se enfrentan los grupos policiales y de operaciones especiales.
¿Pero que hacer contra un enemigo tan violento, sanguinario, que no respeta las leyes, códigos éticos y emplea el terror como arma? Se combate con más terror. Así al menos es la visión de Dennis Villenueve sobre este polémico asunto. Si ya puso en relieve su versión de la pederastia y los secuestradores de menores con la interesante ‘Prisioners’ (donde abría un caldeado debate sobre la moralidad y sus consecuencias) con ‘Sicario’ abofetea la conciencia yanqui donde más le duele: en su autosuficiencia y prepotencia sobre toda la humanidad.
Villenueve, que hace olvidar la sobre valorada ‘Enemy’ (crítica) se mete de lleno en el género del thriller con solvencia, con pulso y ritmo asincopado cuando lo necesita la narración. Nos pone en el mismo prisma que su protagonista (Emily Blunt) dejándonos a oscuras durante un buen tramo de la historia, sin saber bien qué juego estamos llevando a cabo, qué papel tenemos en la trama y cuál será la consecuencia de nuestros actos. Blunt, una heroína a su pesar, es el títere que se ve obligado a moverse según los intereses creados por las altas esferas del gobierno que pretenden destruir los cárteles de la droga en Méjico para instaurar al anterior imperio colombiano con el que tenían un “control” soportable en sus acciones.
El alzar la voz (de una sospecha que todos sabíamos en secreto) sobre las relaciones del gobierno yanqui con el control de los cárteles de la droga colombianos no sorprende a nadie, pero el modo en el que intercala esta historia con la eterna cuestión de “el fin justifica los medios”, hacen de ‘Sicario’ un estupendo ejercicio de conciencia y de justificada náusea hacia los poderes establecidos. Con un reparto solvente y de impecable factura (donde destaca, una vez más, el convincente Benicio Del Toro) y un guión (obra del debutante en estas lides Taylor Sheridan) que durante la narración es capaz de tener momentos intimistas ajenos (en un principio) a la trama principal para devolvernos en un epílogo formidable a la cruda realidad: todo vale para conseguir que todo siga igual.
El terror se combate con terror (una oportuna película en estos tiempos tan turbulentos que vivimos) esa es la pavorosa realidad que Villenueve refleja con su cámara, con sus planes cenitales, como plasmando que si lo vemos de lejos, el terror es mínimo; las consecuencias asumibles y el resultado necesario. Con una árida fotografía, unas secuencias efectistas y de obligada realización para dar empuje al curso del film (el tiroteo en el paso fronterizo o las escenas de torturas, que aunque no las vemos son terribles pues la imaginación nos lleva a crearlas) ‘Sicario’ destaca por la frialdad con que nos narra una cruda historia que bien puede estar pasando ahora mismo.

 

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Si la violencia es atajada con mayor violencia y ésta da resultado, adelante con ella. Méjico es plasmado como un personaje más, pero desde la lejanía, en silencio. Testigo mudo de la apisonadora que tiene Villenueve por cámara. Blunt asume su rol de daño colateral, de mal necesario y trasluce la duda que todos tenemos ante este desafío. Un thriller sin pausa pero que se detiene en pequeños detalles que la hacen grande. Un revelador final que duele por lo cruel que es, por lo distante que nos deja. Pero no como un defecto, sino por que es la consecuencia real del mundo en el que vivimos. Nos dejamos arrastrar, no queremos ser dañados pero en el fondo deseamos que nuestros enemigos sean destruidos. El modo, no nos importa, tan solo no queremos verlo.
Para ello, llamamos a un sicario.

VALORACIÓN: 8/10

OTRAS CRÍTICAS DE ‘SICARIO’:


KNOCK KNOCK [CINE]


Eli Roth (‘Green Inferno’, ‘Hostel’) ha bajado el tono de su discurso con este remake de ‘Death Game’ (1977) que deja la misma indiferencia en su visionado como ya hiciera la original. El tema de la pedofilia, como trama subyacente pero mal desarrollada y aún menos clara en su conjunto, es el eje narrador para una a priori intrigante propuesta en sus primeros 30 minutos que se vuelve una amalgama de escenas y situaciones que poco o nada aportan al espectador salvo el tedio de finalizar un film que no sugiere ni propone nada nuevo al género del thriller. Si la muy interesante, tanto por su valentía como desarrollo, ‘Hard Candy’ era una …
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…bofetada muy bien dada por su historia y contenido, ‘Knock Knock’ no tiene ni la consistencia ni el trasfondo que genere al público un interés por ella. Con una alargada (sin sentido) trama que difumina el previo thriller que inicia el film, el guión adolece a medida que pasan los minutos por la falta de razones, motivaciones y propuestas que los personajes a grandes rasgos dejan vislumbrar.
 
 
 
Sin litros de sangre con los que llenar la pantalla, Eli Roth no ha sabido plantear a “su” historia de la fuerza y tensión que podría tener. Y no ha querido dotar a sus personajes con algo más que decenas de frases con insultos y supuestas escenas de alto contenido sexual. Sin ser explícito en sus imágenes, con situaciones cuando menos ridículas y añadiendo el hecho de que prolonga sin ningún rubor una situación cuando menos imposible, por lo casual e impuesto desde un guión que no sigue sus propias reglas establecidas en un principio, la trama se pervierte hasta quedar en una desdibujada broma de mal gusto que no deja ni un poso de inquietud en el visionado.
 
 
Un desacertado Keanu Reeves poco o nada puede hacer este carrusel arbitrario y carente de novedad que propone Eli Roth. Las aportaciones de las dos actrices ( Lorenza Izzo, Ana de Armas ) como las sádicas y vengativas (o eso sugieren en sus diálogos) víctimas de abusos, se trastocan cuando la película llega a su mitad del metraje, y pasan de ser unos personajes que podían estar a medio camino de figuras como los asesinos de ‘Funny games’ o las intrigantes de ‘Las diabólicas’ a ser unas meras caricaturas que deambulan por los caprichos de un guión escrito a seis manos (Roth, Nicolás Lopez y Guillermo Acevedo) pero que carece del ímpetu necesario para subir un par de peldaños y ser más atrevido en continuar con el único debate que plantea el film: ¿somos realmente humanos al mostrar nuestro lado más animal?
 
 
La pedofilia, la violencia, la fidelidad, la imagen social de nosotros mismos, la familia, el riesgo de las redes sociales, nuestra balanza de la moral…demasiados cabos sueltos que trata de mostrar el film pero que no se aferra a ninguno de ellos. Un desfile de despropósitos que deja claro que Roth no sabe moverse en medios tiempos, que su cámara no está preparada aún para contar historias de peso, que lejos del gore, la sangre y el sadismo no sabe tratar una historia, no cuida a sus personajes y mucho menos conjunta una trama. Un innecesario remake de un film que ya de por si no daba mucho juego. 
 
VALORACIÓN: 3/10

LA VISITA [CINE]


Los últimos diez años en la filmografía de M. Night Shyamalan han hecho que el director se gane muchos más detractores que seguidores, y que éstos últimos se vean con dificultad a la hora de defender una carrera prometedora allá por los albores de este nuevo siglo. El considerado “nuevo heredero” del sello Hitchcock (para algunos una osadía esta comparación) ha dado un giro tanto de estilo como de contenido a sus películas y guiones en estos pasados años. Si con “La joven del agua” ya se ganó sus primeros varapalos (algo incomprensible, pues es una verdadera maravilla en su reintrepretación de una fábula clásica entre el bien y el mal), con “El incidente” sus máximos críticos le esperaban con el hacha en mano y…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


…no tuvieron que morderse la lengua en sus posteriores proyectos (descabellados a la par de audaces) como fueron ‘Airbender’ y ‘After Earth’, dos ejemplos de cómo un director puede perder su estilo narrativo, su personal toque y sus brillantes ideas. Pero lejos de re-inventarse, Shyamalan ha optado por tratar de dar una bofetada a su manera de hacer cine, desde la ironía en su puesta de escena como en su consabida materia prima. ‘La visita’ se deja ver con la sensación a priori de volver a encontrarnos con el creador de maravillas como ‘El sexto sentido’ o ‘El protegido’, en cuanto a su presentación de una situación cuando menos normal pero guarda su esperada vuelta de tuerca.
 
 
Es tal vez su talón de Aquiles a la vez que es su mejor arma. El creador de ‘Señales’ nos ha acostumbrado a esperar de él sus portentosos finales, llenos de esos detalles que nos hacen revivir en apenas unos segundos todo el metraje visto minutos antes. Del mismo modo, su obsesiva materia prima (sus demonios personales, sus creencias y sus clichés) se transforman en excelentes imágenes, planos y puntos de cámara que amplían y enriquecen su desarrollo en pantalla. Pero nada de esto encontraremos en ‘La visita’, que a fuerza de ser un nuevo giro en su carrera, tanto en la forma de filmar, como en su montaje y sobre todo en un guión que da enormes expectativas para luego ir diluyéndose como hojas de otoño que caen sin remedio, Shyamalan vuelve a tropezar en la misma piedra: él mismo.
 
 
El presentar todo el film como un ‘found footage’ en manos de dos adolescentes es un guiño del director a las nuevas formas de rodar, el cine es global y de todos, pero choca con algo tan sencillo como que no es tanto el cómo lo ruedas, sino qué idea intentas plasmar. El guión, que rodea un mismo concepto durante todo el metraje (insistiendo demasiado en lo obvio en diálogos entre los adolescentes que machacan el cerebro del espectador a base de “va a suceder algo y quiero que lo veas”) es un cúmulo de tópicos del cine de “susto” y “golpe de cámara” que deja por los suelos el nivel de sutileza y saber estar que Shyamalan atesoraba hace años.
 
 
Previsible para el género en el que mejor se movía, el realizador parece haber puesto el piloto automático a la hora de rodar, y la novedad de plasmar la película a la moda (pasada) de films como ‘La bruja de Blair’, ‘Monstruoso’, ‘Chronicle’ y ejemplos parecidos se difumina ante una historia que por intentar ser original cae en el más absoluto tedio de un telefilme de sobremesa. No hay giro sorprendente que encoja al público, no hay vuelta de tuerca que maraville, ni tan siquiera unas motivaciones en sus personajes centrales que hagan vibrar y dar un sentido más cerrado al desenlace del film. Es como si todo valiera para salir del paso, una mera excusa para tratar de vendernos que Shyamalan está de regreso, pero es mentira.
 
 
Las cuatro historias paralelas (la visita de los chicos a sus abuelos, sus miedos personales, el viaje de la madre con su nuevo novio y los extraños comportamientos de los ancianos) se reparten de manera aleatoria y sin alma en un desarrollo que se antoja precipitado y con un desenlace lejos de apasionar, sino más bien desalentador. Los jóvenes actores poco o nada pueden ofrecer con sus actuaciones con unas frases en su boca que distan mucho en dar credibilidad. Mención aparte en todo este desaguisado es la actuación de Deanna Dunagan, como la inquietante abuela. Que pasa de dar unos registros de la bondad al terror psicológico dignos de resaltar.
 
 
Salvo unas pocas transiciones con unos planos de árboles misteriosos, le resto del film se auto protege en el montaje impuesto por este “found footage” y la carencia de una banda sonora propia que dote de mayor dramatismo hace que ‘La visita’ no se deje ver ni como un ejemplo de terror al uso, ni como una comedia macabra ni como un cuento malsano. Los guiños a Hansel y Gretel son obvios pero innecesarios, y el excesivo énfasis de transmitir una truculenta ironía en la historia hace que el brutal final no encaje en el conjunto. ¿Se ha reído de todos sus detractores Shyamalan con este film? ¿Ha tratado de dar un nuevo rumbo a su estilo? ¿O simplemente ha sido una nueva metedura de pata? De lo que no hay duda es que el director ha vuelto a crear polémica y los ríos de tinta (a favor y en contra) serán nuevamente copiosos. Por nuestra parte nos quedamos como Shyamalan, entre dos aguas.
 
 
VALORACIÓN: 5/10

ATRACCIÓN FATAL [CINE]


“Atracción fatal” o cómo dejar de querer meterla en caliente por el resto de tus días. Así rezaría la entrada de esta crítica. Adrian Lyne, el director, que de sobra es conocido por sus películas con temática sexual y erótica, entre las que hay que destacar la muy poco valorada “Nueve semanas y media” (1986) y la más irregular “Una proposición indecente” (1993), hizo correr ríos de tinta en todos los matrimonios puristas y conservadores de aquella época. Tras el éxito que supuso la cinta, años más tarde se intentó llevar a la pantalla thrillers con la misma carga erótica y malsana, veáse en las notables e infravaloradas obras como “Instinto básico” (Paul Verhoeven, 1992) o “La mano que mece la cuna” (Curtis Hanson, 1992).
 
Los 80’s, esa década en la que afloraron numerosos thrillers/psico-thrillers o derivados, estando muchos de ellos grabados a fuego aún en nuestra memoria. Hoy vengo a presentaros uno…
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
…de los thrillers más potentes del siglo pasado, pero que curiosamente se encuentra poco reconocido, a pesar de conseguir en su época la friolera de 6 nominaciones al Oscar, incluyendo la de Mejor Película. A esto se le añadió una gran controversia por el tema tratado, el de la infidelidad, tema que en ese momento impactó más de lo que lo puede hacer ahora, aunque a mi me sigue impactando, que conste. La película, a su vez, consiguió liderar el 2º puesto en EEUU gracias a los 156,6 millones de dólares en recaudación, permaneciendo en cartelera ocho semanas consecutivas en el 1er puesto. Como dato curioso, en el año 2014, se adaptó al teatro, gracias al guión original de James Dearden
 
 
La película viene a retratarnos la vida de un feliz matrimonio, interpretados por un estupendo Michael Douglas y una bellísima Anne Archer, que parece tenerlo todo a priori, ya que en una de las ausencias de ella y su hija, el affaire de él con otra mujer no se hace esperar. Esa otra mujer fue encarnada por una espléndida Glenn Close, siendo uno de sus papeles más recordados hasta la fecha. Tras este primer escarceo, él intenta quitar importancia al asunto, pero ella no se lo pondrá nada fácil, acosándolo hasta niveles insospechados. Todo esto acaba derivando en uno de esos finales que no se te van de la cabeza, de esos que te siguen poniendo tenso hasta la médula, incluso sólo de recordarlo, aunque hay alguna edición de DVD por ahí en la que incluyeron un final alternativo con el que Glenn Close parece ser que empatizaba más que con el que acabó siendo elegido finalmente. Yo me alegro que no le hicieran mucho caso, aunque he de confesar, que el final alternativo tiene una carga mucho más psicológica que el final comercial y te hace pensar algo más, pero creo que el impacto de este asombroso thriller reside mayoritariamente en eso, en su final. 
 
 
Tras el boom que resultó ser la película, uno de los temas más comentados, además de la infidelidad conyugal, como ya he citado anteriormente, fue el del personaje de Alex Forrest, el interpretado por Glenn Close, la cual pasado el tiempo llegó a admitir y a condenar la película, pidiendo perdón a las personas que padecieran ese tipo de enfermedades mentales, ya que de una forma u otra se acabó estigmatizando a los enfermos con estas características. Como fundadora de una asociación dedicada a este menester, aseguró que las personas que sufrían esta enfermedad no eran en absoluto personas violentas y que por lo tanto, la realidad de la naturaleza de Alex Forrest se encontraba alterada.
 
 
En su época, Glenn trató el tema con un par de psiquiatras antes de prepararse para el papel y tras su rodaje, hubieron varios especialistas que la catalogaron con el “Trastorno límite de la personalidad’, así como otros tanto que la tachaban de psicópata, sin más. Ahí estaba el debate en los círculos de la psiquiatría.
 
En definitiva, una película que remuerde conciencias maritales, que te mantiene en tensión durante sus dos horas de metraje y con la que terminarás rindiéndote ante sus últimos 15 minutos. Puro vértigo.
 
 
 
A DESTACAR:
 
– Las actuaciones del trío protagonista. Creíbles y con una química salvaje.
– El montaje. Creo que es lo más sublime de la película. Vuelvo a repetir: su final. Es un claro ejemplo de lo currada que está. 
– Un conejo, un coche averiado, una montaña rusa y un baño nunca habían dado tanto juego. Os lo dejo a vuestro juicio.
 
 
VALORACIÓN: 8/10

LA SEÑAL [CINE]


Muchas veces, las películas de bajo presupuesto en el género de la Ciencia Ficción nos guardan verdaderos tesoros de ideas e imaginación. Cuando los presupuestos no son desorbitados y la logística para realizar un film no tiene la protección de grandes productoras tras ellas, los creadores de estas pequeñas joyas deben tirar de su ingenio a la hora de intensificar su historia y lograr que la trama vaya in crescendo. Un ejemplo notable en esta manera de filmar es la segunda película como director y guionista de William Eubank (‘Love’ 2011) que como buen amante de la SyFy más longeva, ha sabido captar todos los elementos de la serie B más lograda para levantar este proyecto que arranca como un thriller para a mitad de su metraje transformarse en una angustiosa trama de ciencia ficción con visos de terror psicológico. Un puñado de actores nóveles y el apadrinamiento de Laurence Fishburne (‘Matrix’, ‘Hannibal: series’) como totem misterioso en pantalla, hacen de ‘La Señal’ un…
 
 

…buen disfrute en gran parte de su visionado. Con la excusa de una mudanza, una pareja y un amigo se trasladan en coche hasta California. Los dos muchachos son genios de la informática y tratan en el viaje de encontrar a un hacker, Nomad, que comienza a instigar les. Al hallar la señal que supuestamente emite el hacker, los tres adolescentes llegan a un remoto paraje y lo que en principio parece ser el comienzo de un film de terror se traslada al thriller más setentero de la ciencia ficción.
 
 
El giro que toma el film lo fortalece y aumenta el interés y la fascinación por descubrir qué ha llevado a esos chicos a tal situación. Cuando emerge el personaje de Damon (Laurence Fishburne) la trama se retuerce y combina distintos enfoques para que el espectador comience a sacar sus propias conclusiones. A la cabeza viene enseguida títulos recientes como ‘Chronicle’ (2012) donde la SyFy era utilizada en combinación con las nuevas formas de rodar cine y los elementos eran parecidos a los de ‘La Señal’. El uso de esa atmósfera retro es lo que más enriquece a la película, dándonos pistas falsas (o no) de lo que en realidad sucede.
 
 
El director, William Eubank, se mueve bien con los pocos medios que dispone para narrar la historia y cuando llega el climax final, se nota que toda la producción estaba fijada en esos veinte minutos finales, donde unos muy logrados efectos especiales hacen que la historia flojee. Se inclina por el espectáculo en detrimento de la trama, lo que inunda el visionado de una sensación de deja vu que tira al traste toda la tensión que había acumulado.
 
Un final bastante decepcionante no por la forma de contarlo sino por el contenido. Tantas veces visto en otros films y series. 
 
 
 
Una lástima de conclusión que hace pensar lo que hubiera sido esta película con otro desenlace más original y acorde con la historia que nos narran. Falsos escenarios posibles para la historia, contextos que bailan y sospechosos habituales aparte, el film se mantiene muy bien hasta esos fatales minutos finales donde el espectador se queda con cara de poker al asistir por enésima vez a un final que ya cansa por tantas veces presenciado.

 


VALORACIÓN: 6/10