Drama

MAREA NEGRA [CINE]


Bajo la eterna frase de “basado en hechos reales” todo espectador debe aceptar a pies juntillas lo que vemos en pantalla como si fuera la única verdad cuando sencillamente muchas veces solo asistimos a la particular visión del guionista y/o director del proyecto. En esta ocasión, y sin que sea sorprendente, Peter Berg ha optado por dirigir un film que a priori parece nos vaya a deparar una suculenta batería de escenas de acción, épica a raudales y explosión de tetosterona…pero nada más lejos de la realidad.
 
El film se limita en su primera (y excesivamente larga e insulsa) parte para…

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LA CHICA DANESA [CINE]


 
La chica danesa parece en principio una de esas películas en la que vemos que algunos artistas son capaces de hacer lo que sea con tal de recobrar la inspiración perdida o de vender un cuadro como Big Eyes o La vida de Adele  (aunque no tan subida de tono). Sin embargo a medida que avanza el relato ya empezamos a identificar al actor que eficazmente se puso en la piel de Stephen Hawking en La Teoría del todo. Nuevamente la construcción que Eddie Redmayne hace de su personaje es brillante de pies a cabeza (sus ademanes, sus gestos, la delicadeza de cada movimiento, el temblor de su mano al tocar el vestido, su mirada). Además, como en aquella…
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
…otra vez el peso de la trama recae sobre la actriz secundaria, Alicia Vikander (Ex machina, Ana Karenina), como si no hubiese otra manera de conocer al protagonista más allá de su mejor amiga o compañera de vida. 
 
En fin, él es Einar/ Lili y la sueca, su esposa Gerda. Son una pareja de artistas de los años veinte en Dinamarca. Él, reconocido, ella con una posibilidad de éxito en puerta que no puede dejar pasar y requiere por ello de la colaboración de su marido a quien le pide  que pose generosamente para ella con el atuendo que debía llevar la modelo que tarda en llegar (vestido, calzado y medias) sin saber que con ello desencadenaría el destape de una identidad femenina escondida en Einar que comienza a manifestarse  por la manera de vestirse y que terminaría afectando su comportamiento, poniendo en riesgo su matrimonio y hasta su propia vida.
 
 
 
Este es el argumento que Lucinda Coxon toma de la novela escrita por David Ebershoff sobre la vida de Einar Wegener (uno de las primeros personas conocidas en someterse a un cambio de sexo) para la adaptación cinematográfica recientemente nominada al Oscar en las categorías de mejor actor, mejor actriz secundaria, diseño de producción y vestuario, lo que merece un párrafo aparte. Pero cabe señalar que no se trata de una biografía, sino de un ficcional (y teñido de rosa) que surge a partir de un hecho dramático real.
 
El director Tom Hopper (El discurso del rey, Los Miserables) sabe hacer un buen uso del arte en sus películas y ésta no es la excepción. El guión se sustenta por la belleza estética que le otorga  la fotografía de Danny Cohen (La habitación, el discurso del rey) y el maravilloso vestuario que aporta el diseñador Paco Delgado.
 
 
Estamos sobre todo ante una historia de amor incondicional sumamente recomendable de ver donde no hay lugar para el egoísmo cuando se trata de dejar ser al otro, de darle alas y dejardo volar (Gerda acompaña en todo momento a su marido, renunciando a sus intereses en pos del bienestar de la persona que ama) y por otro lado tenemos el tema central del argumento, una disforia de género, desconocida hasta entonces. No había un tratamiento ni una asistencia adecuada para un paciente con estas características sin caer en un diagnóstico de perversión o esquizofrenia, cuando no terminaba tras las rejas. 
 
 
En ese contexto, una operación de cambio de sexo era impensada. Podemos imaginarnos lo difícil que era enfrentar en ese momento a una sociedad conservadora, pero tal vez el hecho de ser artistas y tener un espíritu libre, una mente y un corazón más abierto al resto (Se dice que Gerda era lesbiana, aunque esa parte no se incluye ni en el libro ni en la adaptación) les posibilitó ser pioneros en esta revolución por la identidad que hoy sabemos que no termina con una o varias operaciones, sino que requiere además de un tratamiento psicológico para ser capaz de llevar ese cuerpo nuevo, lo que en más de una oportunidad ha terminado en suicidio.
 
¡Atención, Spoiler!
 
Lamentablemente en la película no llegamos a ver las consecuencias de la cirugía, por la muerte de Lili. Suelen ser terribles y en el peor de los casos hay quienes se arrepienten con el tiempo de esa decisión muchas veces desesperada por no encontrar una solución para lo que les está pasando.
 
Pueden seguir leyendo….
 
Sin lugar a dudas el mayor logro de esta producción es el gusto por el detalle y la sensibilidad de las interpretaciones, mientras que en el debe queda esa sensación de engaño, entre la biografía y el ficcional donde se disfraza la realidad y basta intentar conocer un poco más a las personas reales detrás del personaje para descubrir que no eran como los pintaron. Es hora de empezar a mostrar la realidad del color que es, sin teñirla de una moralidad inexistente, menos entre los artistas de la época que eran considerados “liberales” y de buscar un compromiso mayor del cine para con estos temas controvertidos, que apunte menos a la taquilla o al Oscar y más a quienes afrontan la transexualidad día a día sin tanta pompa (por más lindo que se vea en pantalla) y sin dinero para costear caros tratamientos o cirugías de adecuación sexual. Algunos no tienen ni un trabajo digno por su condición casi un siglo después y todavía no encuentran su lugar en la sociedad.
 
VALORACIÓN: 6/10

 

MACBETH [CINE]


Sin duda la visión más despiadada del personaje inmortal creado por William Shakespeare que se ha llevado al cine sobre Macbeth. Ambicioso, ruin, neurótico, psicópata y asesino con remordimientos. La pura maldad que guarda el personaje y que el cine da un vistoso look con una poderosa imagen y un mayor empuje gracias a la interpretación de un Michael Fassbender, que como siempre, está por encima de todos en su forma de arremeter un personaje. Macbeth cobra tal dimensión en la piel de Fassbender que suda, padece, sangra, siente y trasluce toda la violencia y culpabilidad que la figura del eterno usurpador nos llega con una renovada fuerza.
 
Lejos de anquilosadas adaptaciones o trasliteraciones rigurosas, Justin Kurzel, su director, ha optado por una visión más visceral y sanguinolenta de las siluetas espectrales que Shakespeare imaginó. Un uso lustroso de la fotografía hace que nos sumerjamos…
 
 
 
 
 


 
…en los páramos de la Escocia del siglo XI, que sintamos la bruma que arropa a las brujas que vaticinan el futuro (lúgrebe y funesto) del que será el nuevo rey de Escocia (previo asesinato y sociopatía desatada). Las oníricas visiones, las dudas, resquemores y arrebatos de Macbeth-Fassbender son fascinantes y hacen que, la de ya por si laboriosa tarea de asumir un texto del dramaturgo inglés, la trama sea ágil y en algunos pasajes hasta vibrante.
 
 
La técnica de actualizar la visión de este asesino con remordimientos a la estética visual de fenómenos como ‘Juego de tronos’ no es gratuita, ya que confiere una apertura a nuevos públicos que pueden descubrir que Shakespeare es mucho más entretenido de lo que popularmente se ha hecho creer. El director toma a Fassbender como su eje por el cual trascender al espectador, dejando de lado a la pérfida Lady Macbeth (Marion Cotilliard) que en la obra original tiene mucho más peso específico a la hora de asumir su maquiavélico plan de ascender a su marido al trono. Aquí nos tenemos que conformar con pequeños esbozos de lo que podría haber sido una Lady Macbeth mucho más trasgresora pero la arrolladora fuerza en el trabajo de Fassbender hace que el resultado final sea de una dulce sensación de haber disfrutado de Shakespeare como hacia tiempo que no sucedía en el cine.
 
 
 
Rodada en los territorios originales en los que transcurre la obra teatral y con una escenografía muy lograda, ‘Macbeth‘, es una perla en la carrera de un Fassbender que clama a gritos su lugar entre los más grandes (si es que no lo está desde hace años). Capítulo aparte es que el dúo formado por el director y el actor se han visto de nuevo las caras en la adaptación (esta vez de un videojuego para liberar tensiones shakesperianas) de ‘Assasin Creed’ (2016).
 
 
Una buena excusa para rescatar a uno de los personajes más fascinantes de la literatura que a golpe de fotograma adornado con cámara lenta, lujosa ambientación y lograda escenografía hacen que la sangre, la traición, la culpa y la redención luzcan como nunca.


VALORACIÓN: 8/10

CREED: LA LEYENDA DE ROCKY [CINE]


El director Ryan Coogler y el actor Michael B Jordan, vuelven a unirse en el segundo largo del primero tras ‘Fruitvale station’ (2013) para sacarse de la manga una nueva aparición del mítico Rocky Balboa bajo el disfraz de arranque de una nueva saga auspiciada por el eterno púgil ficticio de Philadelhia. Tan innecesaria como rocambolesca, el hecho de inventarse un hijo ilegítimo de Apollo Creed (Carl Weathers en la saga original) para dar pie a que Balboa se ponga en la esquina del ring como entrenador (seamos sinceros, Stallone ya no está para lucir calzones) no es otra cosa que la reformulación de lo que vino a ser la primera entrega allá por 1976. Mucho han cambiado los tiempos, los personajes, la música, las calles de Philadelphia ya no son como eran, el hip hop acompaña a nuestro héroe en sus entrenamientos…
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
… y los desayunos a base de yemas de huevo en modo industrial ya no se estilan. Eso sí, perseguir a la gallina para coger velocidad en las piernas viene bien como guiño a la saga.
 
Por que de eso trata ‘Creed’, una mera excusa para homenajear al genuino potro de Philadelphia. Un continuo guiño que se alarga hasta la saciedad (más de dos horas mal llevadas) para mostrarnos de nuevo la historia de un joven inadaptado, que busca su hueco en la vida, que se rebela contra lo establecido y que busca un mentor en ausencia de su padre biológico. Balboa se enfunda el traje de entrenador, que no hace ni sombra al venerado Mickey (Burguess Meredith), y trata de transmitir sin mucho gancho las enseñanzas que él tuvo.
 
 
Un Adonis Creed (Michael B. Jordan) que no entra en los pantalones de boxear de su padre (otro guiño a la saga), un Balboa que pinta canas (ya no está para enseñar pecho palomo, el cuál ha ido bajando a medida que los calzones como boxeador iban subiendo para tapar las olvidadas abdominales que lucia antaño…el tiempo y un servidor es muy canalla). El hecho de que a su personaje se le muestre tan afable, vulnerable y que roce por momentos el folletín de telefilm de un sábado por la tarde, solo es motivo para sospechar que la nominación de Sly a Mejor Actor Secundario se debe a que una enfermedad terminal en un personaje tan mítico es casi medio billete para ganar la estatuilla. Y de eso, Hollywood, sabe un rato. Les encanta oler sangre.
 
 
Pero detalles escabrosos aparte, ‘Creed’ poco más ofrece. Un par de combates que lucen poco en cámara. Que no contienen la pasión y la fuerza que antaño nos daban los episodios III o IV. Ni tan siquiera hay rivales dignos de alabar. Ya no suben al ring aquellos Clubber Lang o Ivan Drago. Ya no es tiempo de héroes. Ahora solo toca nostalgia y ver como un mito se marchita.
 
 
‘Rocky Balboa’ (2006) ya era un buen homenaje, una buena despedida. Casi por todo lo alto. Del mismo modo que ‘Rambo’ (2008) fue un colofón de saga bien hecho y necesario, esta vuelta de tuerca para exponernos a un supuesto nuevo boxeador al cual mitificar se nos antoja pobre y hueca. Clichés, topicazos y un par de planos secuencias trucados para hacernos creer que subimos al ring para que los cuatro puñetazos dados sobre él nos duerman al primer asalto.
 
 
Que lejos quedan ya aquellas gloriosas veladas de ‘Marcado por el odio’ o ‘Toro salvaje’. Incluso ‘Rocky’ o ‘Rocky II’ (con todos sus defectos) tenían más gancho, más pegada y más aguante que este joven con ansias de comerse el mundo pero al que le quedan los guantes grandes. Una trama tan consabida como predecible junto a una dirección exenta de originalidad y que peca de seguir unos parámetros de saga para luego abandonarlos, hacen que ‘Creed’ sea simplemente un decimosexto asalto que nunca se tuvo que disputar.


VALORACIÓN: 5/10

LA GRAN APUESTA [CINE]


Sorprendente cambio de registro de Adam McKay, director más acostumbrado al “caca-pedo-culo-pis” con sus comedias, digamos desenfadas, a mayor gloria de su inseparable actor fetiche, Will Ferrer (‘El reportero’ y su secuela, ‘Hermanos por pelotas’ o ‘Los otros dos’). Comedias menores que consiguieron su público gracias a unos guiones desmadrados que nada tienen que ver con lo conseguido en ‘La gran apuesta’. Guión que ha elaborado junto al nominado al Oscar Charles Randolph y basado en el genial libro de Michael Lewis, que desentraña los intrincados recovecos de la economía mundial desde los últimos treinta años hasta la eclosión que supuso la mayor crisis financiera desde 1929. La lacra de los bancos, sus manipulaciones, engaños, timos, fraudes y avaricia son expuestas a modo de documental ficticio y con intersecciones de personajes y famosos reales que rompen la cuarta pared para dirigirse al espectador e intentar explicar…

…a modo comprensivo, los engranajes, nombres y tecnicismos de un mundo, las financias, creado por y para los ladrones encorbatados de las grandes corporaciones económicas.
A mayor gloria de su resultado final (algo descafeinado pese a lo jugoso del tema) el film no se tapa a la hora de tener como referente el reciente éxito de forma y fondo que fue ‘El lobo de Wall Street’ y en cierto modo, tiene conexiones con ‘La gran estafa americana’. Una visión del sueño (podrido) americano pasado por la turmix de un elenco de actores muy dispares pero que logran que cuajen en sus diferentes frentes de batalla para mostrarnos la despiadada artimaña que durante décadas los bancos, sus responsables y en mayor medida, los gobiernos, urdieron a nuestras espaldas para beneficiarse de un dinero ficticio, que nosotros no teníamos pero que ellos conseguían fuera real para costearse sus honorarios, comisiones y beneficios.
La crisis económica del 2008, el gran robo de los últimos siglos, ha sido la gran broma pesada de la codicia humana. Los curritos de a pie, aquellos que ahora nos echamos las manos a la cabeza, los que nos hemos quedado sin trabajo, sin casa, sin esperanzas y con los bolsillos llenos de deudas, somos los mismos que seguimos pagando sus honorarios a los bonachones banqueros. Ellos continuan en su pedestal de mármol y oro. ‘La gran apuesta’ solo muestra cómo unos pocos vieron venir lo que aún en día estamos sufriendo.
El film presenta tres puntos de vista de aquellos personajes (reales) que vaticinaron (con números y datos) la mayor crisis de todos los tiempos. El primero de ellos, un Christian Bale absolutamente genial que asimila su personaje de guru visionario (curioso que en la persona que se basa su personaje fuera tuerto y sea el primero que lo vio todo venir…) hasta extremos de magnificiencia, ve la oportunidad y trata de salvaguardar su micromundo de inversores. Otro punto de vista, el del grupo financiero liderado por Steve Carell, trata de advertir a todo el mundo a nivel financiero, pero consigue pregonar en el desierto. Y el tercer punto de vista, dos jóvenes economistas que descubren por casualidad el engaño de los bancos y tratan de enriquecerse con ello, pese a que su moral también les clama por ir a la prensa a denunciar el caso. Ninguno consigue que la verdad, la incómoda verdad, sea advertida. No interesa.
Bien es cierto que el film no trata de ser moralizador. La trama es ágil y muy bien montada pero le falta alma. Los personajes saben que se mueven entre el lodo y quieren sacar su beneficio. El intentar mostrar al público que tratan de denunciar lo que está sucediendo no les salva de ser tan mezquinos y fraudulentos como aquellos a los que quieren engañar. ‘La gran apuesta’ no va de buenos y malos. Va de malos que se aprovechan de un engaño y de un enorme grupo de cabrones que no quieren perder beneficios. No hay juicio moral en el film. Solo trata de plasmar en cerca de dos horas y de manera concisa (aunque nos perdamos entre tanto término económico, y mira que seguimos las lecciones del doctor Gay de Liébana…) qué sucedió, cómo lo hicieron y cómo lo ocultaron. Las consecuencias…bueno, esas las seguimos sufriendo.
Ryan Gosling, más suelto que nunca con un personaje tiburón que admite comparaciones (Michael Douglas en ‘Wall Street‘ o Mathew MacConaughey en ‘El lobo de Wall Street’); Steve Carell, irreconocible fuera de la comedia pero que aguanta el tipo en todo momento; Brad Pitt, en un peculiar y oscuro personaje (aparte de ser el productor y alma del proyecto) y sobre todo un Christian Bale que devora cada plano que tiene. Cada uno en su batalla personal por agrandar un film que no llega a eclosionar como debiera. Que le falta mas mordiente y menos mecha. Más mala uva y menos descripción.
Obvio que sea una de las grandes favoritas a los Oscar de 2016, pero no del todo redonda como para ser la triunfadora. Eso si. Es una delicia ver que tanto y variado pez fuera del agua logran moverse de manera tan suelta en un género tan diferente. Por cierto, hablando de peces…como bien dice el film, habrá que ir haciendo acopio de agua…Ahí lo dejo.
 

VALORACIÓN: 7/10

EL RENACIDO (THE REVENANT) [CINE]


La envidiable filmografía de Alejandro González Iñárritu tiene una nueva perla a engrosar en sus filas. Tras sus geniales ‘Amores perros’, ’21 gramos’, ‘Beautiful’, ‘Babel’ o la anterior ‘Birdman’ hay que sumarle esta mastodóntica odisea llena de fuerza, odio, venganza y poderosa imagineria visual que hipnotiza de forma constante y apabullante al espectador en sus casi dos horas y media de metraje, todo un record en su carrera. ‘El renacido’ es la consolidación total e internacional (si no lo era ya con ‘Birdman‘) de Iñárritu como director guru de estos últimos años. Una lista de creadores de fuerza cinematográfica que desde hace diez o quince años nos vienen dando sorpresa tras sorpresa con sus proyectos. Nolan, Cuarón, Tarantino e Iñárritu son en esencia los directores que ahora mismo más expectativas y esperanzas crean en el…

…público ávido de emociones, sensaciones y momentos vívidos que sus mentes son capaces de elaborar cada año.
Sin duda, ‘El renacido’, es uno de los estrenos más esperados de este año, no solo por descubrir si su director ha superado la avalancha de ego que supuso su éxito (a nivel crítico) del año pasado con ‘Birdman’, sino también por el elenco de actores con los que se ha rodeado para sacar adelante un proyecto que llevaba por los despachos de Hollywood desde hace más de 10 años. Leonardo DiCaprio (el eterno aspirante a ser considerado como el buen actor que es) y Tom Hardy (una bestia en pantalla capaz de devorar los planos con su sola presencia) nos trasladan a los devastadores parajes maravillosamente captados por el director de fotografía  Emmanuel Lubezki (‘Birdman’, ‘Sleppy Hollow’, ‘Gravity’, ‘El árbol de la vida’...) y que a buen seguro tiene mucho de la esencia del cine de Terrence Malick a la hora de atrapar esa luz, esas imágenes que se suceden entre la vigilia y el sueño hiperreal, un aura que sobrevuela todo el film dejando latente en la retina del espectador ese momento preciso del tiempo. Un tratamiento de la imagen que recurre a las enseñanzas del maestro Kubrick a la hora de captar la luz natural para condensarla en la cámara digital. Todo un alarde que llena la retina.
La historia, basada en gran medida en sucesos reales, nos lleva a los inhóspitos territorios de Dakota del Sur (aunque lo que veamos sean los parajes de la Columbia en Canada, entre otras localizaciones) en el año 1823. Y somos testigos de un preciso instante temporal gracias a la poderosa lente de Iñárritu. Prestidigitador y narrador a partes iguales, nos cuenta esta odisea de venganza donde Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador y trampero que guía a una compañía de pieles a través de las montañas hasta su fuerte tras un atroz ataque de los indios (un arranque del film frenético y cruelmente retratado) sufre las consecuencias de su enfrentamiento con una osa en una de las escenas más impactantes de los últimos años en el cine.
Realista, fría, devastadora y a la par maravillosamente rodada, la escena en cuestión es el punto de inflexión donde el film se torna en una espiral de doble moralidad por parte de los compañeros de viaje, pues se debaten entre abandonar a su suerte a Hugh o llevarlo con ellos pese a las inclemencias y el peligro de un nuevo ataque por parte de los indios. Es aquí donde el personaje de Tom Hardy (Fitzgerald) se descubre como el verdadero animal que es. Donde la codicia, la cobardía, la avaricia y la mediocridad del ser humano se reflejan en su personaje, siendo el némesis del personaje interpretado por DiCaprio.
Iñárritu utiliza a estos dos personajes para desentrañar nuevamente con su cine las constantes de sus fetiches mentales (el alma humana y sus oscuras puertas) para sacar los demonios que todos llevamos dentro y enfrentarlos, sin redención, sin paliativos. De forma cruel y despiadada. Haciendo un paralelismo entre el feroz ataque de la osa con la escena final donde ambos personajes se vuelven bestia y hombre. Todo, con el telón de fondo de la venganza.
Si bien es cierto que Iñárritu no puede dejar de un lado sus pequeños caprichos personales (nuevamente nos vuelve a demostrar que sus planos secuencias son para enseñar en las escuelas de cine, pues no son artificio sino que validan y en mucho la narración de lo que nos está contando) y ello es quizás lo que hace mella en un poderoso proyecto como éste. El metraje, unos 156 minutos que en algunos momentos llegan a parecer excesivos, bien pudiera haberse reducido si las prolongadas secuencias oníricas, donde el personaje de DiCaprio se debate entre la vida y la muerte, hubieran tenido una consecuencia en la narración final del film. Pero ni dichas secuencias aportan nada definitivo a la narración, ni llegan a causar el efecto que tal vez quisiera imprimir Iñárritu con ellas, pues dejan una sensación de adorno innecesario de cara a la galeria (ahí tenemos una de las mayores referencias al cine de Terrence Malick).
Otro factor que puede debilitar al espectador es la poca claridad en ciertos personajes determinantes Atención Spoiler (el indio que ayuda a DiCaprio a sobrevivir)   y eso deja una vacía inquietud en el resultado final del film. Quizás en ciertos pasajes y situaciones (la huida a caballo y caída de un precipicio) Iñárritu se tome excesivas licencias para con su personaje, y en vez de llamarle “El Renacido” uno pueda pensar que está frente a un inmortal. Fin Spoiler
Pese a estos elementos que pueden llegar a enturbiar el conjunto, el director ha conseguido (una vez más) crear una vigorosa película que hará las delicias de los amantes del cine visual, de los amantes de las historias de venganza, de la superación humana y de la condición del salvaje que todos llevamos dentro frente a las adversidades.
Un guión a cuatro manos, junto a Mark L. Smith (‘Habitación sin salida’) que toma prestadas referencias claras al mundo salvaje de Jack London y que demuestra, una vez más, que la venganza (por amor paternal en este caso) es una de las más devastadoras fuerzas de la naturaleza. Acompañado todo ello con las inquietantes notas musicales del (“renacido” para el cine occidental)
Ryuichi Sakamoto que no componía para el cine internacional desde el 2006, justamente con Iñárritu en ‘Babel’.
DiCaprio vuelve a codearse con un director oscarizado (Eastwood, Scorsese, Spielberg, Cameron, Boyle, Allen, Tarantino, Mendes…) en un intento más (y van…) de conseguir su ansiado (y desde hace muchos años merecido) Oscar. Quizás este personaje no sea el que más fuerza o empaque tenga en su filmografía (si con su Jordan de ‘El lobo de Wall Street’ no lo obtuvo…) pero a buen seguro que a los de la Academia les pone y mucho, las historias de personajes que superan las adversidades, y en esta ocasión Leo se lleva la palma. Hardy, por su parte, vuelve a robar protagonismo, escenas, planos y casi hasta el propio film. Es una bestia innata de la interpretación, y con poco hace genialidades como este Fitzgerald que a buen seguro pasa desde ya a engrosar en las filas de los más crueles villanos del cine. Un acento cerrado, unos gestos, una caracterización soberbia y una contención en su trabajo, hacen que Hardy tenga casi asegurado su altar entre los mejores actores del panorama actual. Muchos recordaran en su personaje a otro que consiguió el Oscar por uno similar, el del sargento Barnes en ‘Platoon’ interpretado por Tom Berenger. No es casualidad.
Con todo esto, nos encontramos con una excelente película, que pese a sus menores fallos, es una excusa maravillosa para perderse en la oscuridad de un cine, trasladarse a las remotas tierras de Dakota del Sur y sentir el gélido viento del norte, la árida luz de las montañas, la respiración de tu alma y el vacío más cruel que la condición humana es capaz de soportar. Una joya más en la orfebrería del maestro Iñárritu.
VALORACIÓN: 8/10

MAGGIE [CINE]


El género zombi en el cine ha tenido muchas lecturas, sub-géneros y revisitaciones. Desde los clásicos de George A. Romero y su particular saga con estilo videoclub, pasando por los pseudo hits de taquilla como ‘Guerra mundial Z’, hemos tenido oportunidad de acercarnos a este emblemático tipo de cine con adaptaciones al más puro estilo hardcore como ‘El amanecer de los muertos’ (Zach Snyder); romances con gancho, ‘Memorias de un zombie adolescente’ o nuevas y divertidas escaramuzas en el cine como las divertidas ‘Zombie Party’ o ‘Zombieland’. Gracias, en gran medida, el resurgir de este tema tuvo su punto de inflexión en dos pilares, la novela de Max Brooks ‘Guerra mundial Z’ (2006) y sus muy interesantes guías de supervivencia y la popular serie de TV ‘The walking dead’. Ambas ramas de un mismo arbol que a los fans, en mayor o menor medida…
 

 
…han devuelto la fe en un género que parecía caer en lo monótono y casposo. Gore aparte, que siempre ha ido de la mano en el género junto a un humor negro sin disfraces, Maggie se presenta como una rama más en este universo de los muertos vivientes.
 
Rodada de forma intimista, rozando en muchos momentos el cine indie y con un formato que en demasía recuerda al televisivo (no por ello cae en detrimento), el debut en la dirección de Henry Hobson, hasta ahora conocido por ser el creador de numerosos títulos y secuencias de crédito, se deja ver con cierto interés por su planteamiento inicial. Peca y abusa de un continuado y en muchas ocasiones lento desarrollo de la pequeña trama que nos quiere contar, y prefiere basar toda la fuerza de su ejecución en imágenes en mostrar un cuadro coral de personajes. Motivaciones muy contenidas, actuaciones casi minimalistas para narrar de forma sistemática el proceso de infección en una adolescente que ve como su cuerpo y mente van alejándose de la realidad (gris y aislada) que sus seres queridos viven alrededor de ella. Abigail Breslin (la inolvidable Miss Sunshine) es la joven que sufre este descenso a los infiernos, que resulta una lectura muy paralela a terribles dramas personales como los vividos en los primeros años 80s por los afectados por VIH. 
 
 
Mostrar una “zombificación” del mismo modo que nos podrían contar la horrible experiencia familiar de una enfermedad terminal no deja de crear en el espectador un desasosiego que por momentos llega a cuajar y transmitir verdad. No huye de las imágenes truculentas típicas del género, pero cuida y en mucho su aspecto global para presentar realmente una historia intimista y personal más que el clásico espectáculo de sangre, persecuciones y momentos de angustia que este tipo de cine nos tiene acostumbrados. Bien es cierto que, por falta de experiencia en su desarrollo o por el choque que resulta para el público este nuevo enfoque del género, el film no logra en casi todo su metraje decantarse por seducir al espectador. Se mueve en un lento río que no pretende desembocar en ninguna conclusión. Solo nos plantea las dudas humanas y familiares de lo que representa un final ineludible para una persona.
 
 
Schwarzenegger, que hace las veces de productor (algo que sólo ha hecho en cine 3 veces), muestra su interés y pone al servicio del film su imagen y gancho para taquilla, a sabiendas que este giro de actuación en su carrera dista mucho de lo que se espera de él. Del mismo modo que el film, del que algunos trailers confieren una fuerza visual de la que carece, supone una radical vuelta de tuerca al género. Su icónica imagen de antiguo héroe de acción no sucumbe ante este drama, mantiene una contención que prevalece durante el film y no cae en consabidos tópicos que pudieran torpedear su propio proyecto. Para el recuerdo nos quedarán esas lágrimas que derrama en un par de ocasiones que harán las delicias a aquellos que se sintieron traicionados cuando vieron llorar a Clint Eastwood en ‘Los puentes de Maddison‘.
 
 
Sin ser redonda en su forma, sin acabar de conseguir atrapar al espectador por su falta de fuerza en lo dramático y sin llegar a reunir suficiente pulso narrativo para que las espectativas del espectador queden satisfechas, tal vez su punto fuerte sea ese final abrupto y sin concesiones. Pueda parecer que la conclusión durante el film sea predecible, pero para terminar de ser un poco más extraña dentro del género, esos minutos finales se antojan necesarios vistos los anteriores. Una depresiva historia que no culmina de abarcar los temas que presenta y se pierde en diatribas y medias subtramas que quedan sin respuesta. 
 
 
VALORACIÓN: 5/10

50 SOMBRAS DE GREY [CINE]


Cincuenta sombras de Grey ha suscitado todo tipo de conjeturas y polémicas, antes y después de su estreno. Si  los protagonistas daban o no con el physique du rol esperado, si el guión sería fiel al  original como pretendían las fanáticas más férreas, qué calificación tendría y por si algo le faltaba a la promoción, una maestra resultó sancionada por mostrar la película a sus alumnos en clase y hace poco apareció una parodia protagonizada por un teletubbie. No obstante la noticia de la semana fue el anuncio  de la publicación de la versión masculina de la historia titulada Grey.
 
No en vano lleva recaudado unos 560 millones de dólares y…
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
…ha conquistado a la taquilla mundial, La saga se hará de goma aunque la crítica y muchos espectadores se sintieron defraudados con un producto basado en desnudos cuidados pero sin una estructura dramática sostenible. No hay peor película que aquella en la que no pasa nada y ésta es una de esas. Nos pasamos todo el film esperando que la protagonista (Dakota Johnson) se decida a firmar o rechazar un contrato como único motivo para no abandonar la butaca.
 
 
A estas alturas ya casi todos saben que el revuelo viene desde la publicación de la  exitosa novela erótica de E.L. James adaptada al cine en la que una estudiante de literatura (Anastasia Steele) se enamora de un empresario rico (Christian Grey) quien a la hora de la intimidad tiene gustos poco convencionales y la mantiene inmersa en un juego de atracción y sumisión del que no logra escapar.   Los lectores se entusiasmaron con ver a los personajes, a pesar de que no coincidan con los que imaginaron y que el erotismo que efectivamente generó el libro no se reflejara luego en pantalla (No es solo para adultos).
 
 
 Dakota Johnson (Anastasia) no resulta creíble, flaquea en su actuación poniendo cara de “yo no fui” y mordiéndose el labio todo el tiempo, algo que uno no hace (aunque sea una característica importante del personaje en cuestión en la novela, en el film no resulta natural). Jamie Dornan(Grey), en cambio, se mantiene firme en su objetivo de principio a fin para convencerla (con algunos adelantos) de aceptar lo que le propone y encierra un misterio en torno a su pasado que es lo más interesante y lo que pide a gritos su versión de los hechos, ya que en toda pareja siempre hay dos campanas sobre lo sucedido.
 
 
Así mismo, el gran error del guión radica, como en la mayoría de las adaptaciones, en tomarse al pie de la letra el enfoque del autor en vez de buscar lo más interesante de la historia para contar valiéndose de las herramientas propias del cine. En la novela leemos lo que “piensa” el protagonista (menos mal que no incluyeron lo que piensa Anastasia), en teatro escuchamos lo que “dice” y en cine vemos lo que “hace”. Lo que lleva hacia adelante la historia son las acciones, que dirigen y dan sentido al todo arrancando en un principio, atravesando un nudo y llegando a un desenlace que en éste caso agarra desprevenido (o dormido) a más de uno, sobre todo si no leyeron la novela.
 
 A raíz de ésto se incluye en la versión doméstica del film un final alternativo de ésta primera parte. Melancólico si se quiere, no hace más que extender el relato con la simple intención de dejar tranquilos a los espectadores. Digamos que deja en claro que los protagonistas se extrañan, (para no revelar datos a quienes no la vieron).
 
 
Para mantenernos expectantes se difundió  también un avance de la secuela 50 sombras oscuras que verá la luz el 10 de Febrero de 2017 , también se supo que 50 sombras liberadas llegaría el 9 de Febrero de 2018 y como para amenizar la espera hasta el próximo “San Valentín” nos invitan a leer la cuarta entrega literaria que se publicaría el 18 de Junio con la versión de Grey, que bien podría dar pie a una nueva película. Como verán tendremos sombras para rato, mientras tanto los actores discuten un acuerdo salariar,  el guión pasa a manos de Niall Leonard (sí, el cónyuge de la autora) y  todavía no sabemos quién tomará  las brasas calientes de  la dirección. Por lo pronto  les dejo  unos segundos de Dornan  enmascarado ¡que lo disfruten!

VALORACIÓN: 4/10
                        

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SAINT LAURENT [CINE]


A estas alturas, de sobra es conocida por tod@s la figura del diseñador y empresario francés Yves Saint Laurent, una eminencia en el mundo de la moda y un alma atormentada en lo que concierne a su vida personal.

 

Esta película se presenta como una especie de biopic, y digo “especie” porque no sigue una estructura narrativa de biopic al uso, en el que centra su obra y excesos entre los años 60 y 70, cuando el apogeo de la psicodelia, las drogas y el sexo se encontraban en su punto más álgido.

La película presentada en el Festival de Cannes del año pasado, tuvo una acogida demasiado fría y fue en parte…
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…masacrada por la crítica, ciñéndose a ella como “(…) una mirada difusa e irregular de su vida” y como “una obra cargante con ínfulas de pretensión y profundidad“, aunque hubo otras reseñas positivas, en las que destacaban que era evocadora y magnética a partes iguales.
 
Hay que decir que estuvo también en la lista de seleccionadas a Mejor Película Extranjera en los Oscar, pero no llegó a entrar en la categoría finalmente, aunque fue en los César donde obtuvo gran notoriedad con sus 10 nominaciones, terminando por llevarse solamente el premio a Mejor Vestuario, como era de suponer.
 
La película se nos abre con un Yves Saint Laurent en la mitad de su carrera, llegando a un hotel completamente abatido y queriendo conceder una entrevista, aportando información sobre una vida lastrada por los abusos y los complejos, lo que nos da una idea de lo que el film nos va a introducir, una figura con una naturaleza compleja.
 
Tras el primer contacto, el metraje avanza entre talleres, bastidores y altibajos, relegando a Yves Saint Laurent como un monigote en manos de su director, Bertrand Bonello. Parece ser que lo que le interesa más es mostrarnos el excentricismo que rodeaba su vida personal y los excesos, incluyendo numerosas escenas de bailes chapados a la antigua, fiestas privadas, donde el LSD mezclado con barbitúricos y ginebra estaban a la orden del día, además de dotar a su vida sexual de una pedantería alarmante. Y lo cierto es que mucho de lo que se cuenta a veces no interesa, pero hay que reconocerle cierto magnetismo, como ya he citado previamente, que te ayuda a no apartar la vista en ciertos momentos.
 

 




El actor y modelo Gaspard Ulliel encarna al diseñador en cuestión, pero creo que es una figura que le queda demasiado grande, a pesar de dotarle al personaje de buenas intenciones, dando la sensación que su representación no es más que la de un rancio gusto operístico y caricaturesco, mientras que a la vez asistimos a una especie de campaña publicitaria de más de dos horas, que supone una vacuidad que roza la parodia.
 
Pero no todo van a ser críticas. Creo que el montaje es arriesgado y en ese aspecto no sale perdiendo, todo lo contrario. Los flashbacks viniendo y volviendo una y otra vez (sobre todo en su segunda mitad) se siguen sin problema alguno y las escenas de su trabajo, en las que incluye el proceso en los talleres y los desfiles en las pasarelas, estando decoradas parte de estas escenas con unas “pantallas partidas” (las denominadas split screens) a lo De Palma muy originales, aspecto que se popularizó allá por los años 60, son un goce para todos los sentidos.
 
Además del montaje, creo que la fotografía y la estética también están muy cuidadas. Hay momentos que parece que estás viendo una película de los 60/70 y otros momentos en los que parece que asistes a un desfile real, aunque persiste un toque kitsch que no acompaña nada bien al resto del conjunto.
 
Otro aspecto que se describe a la perfección es esa obsesión que le unía al arte, especialmente con Mondrian y Picasso, a los que homenajeó en varias colecciones, reproduciendo motivos de estos artistas en sus propias confecciones.





 
Tanto fue así, que muchos años más tarde, tras la irrupción de otro tipo de moda predominante en ese momento y con la que él no casaba en absoluto, terminó por retirarse, añadiendo que ya se utilizaba la alta costura como si se tratara de verdaderos trapos para el hogar, carentes totalmente de ambición artística, y es en la película dónde eso también se retrata genuinamente, describiéndonos ya a un Yves Saint Laurent completamente despojado de esas ganas que le empujaron a involucrarse en el mundo de la moda y tremendamente exhausto, como si nos diera la impresión de que su vida ya ha acabado y no tiene nada más que ofrecernos. Aunque por arte de magia, en su plano final ya nos deja patente que es una figura con un gran legado que ha dejado una impronta importante y que su muerte no es más que una simple anécdota, trascendiendo su obra por encima de sus últimos días. Porque como ya dijo el propio Yves en su momento: Un buen diseño puede soportar la moda de 10 años“.
 

 

 

Por lo que al final, podemos resumir en que termina siendo una película que se aleja bastante de la realidad y que no deja traslucir el verdadero arte que subyace tras su rimbombancia y pretenciosidad, además de acusar de un metraje algo excesivo y de varias escenas que en mi opinión no vienen mucho a cuento, pero a pesar de todo ello, es una película que se deja ver en varios momentos y ya digo, que tiene ese poder magnético del que numerosos biopics carecen.
 

VALORACIÓN: 5/10

IDA [CINE]


Ida recibió el premio por ser una película impecable (técnicamente bien realizada), de esas que no tenemos la dicha de apreciar muy a menudo. De esas que soñamos realizar cuando ingresamos a la facultad (y que a falta de medios u oportunidades terminamos criticando).
 
De esas que revalorizan al cine como arte y que por ende no merece otro enfoque más que académico, técnico o de manual si se quiere, porque basta ver el cartel o algunos de sus encuadres para darse cuenta de que estamos ante algo distinto, fuera de lo común. El hecho de que…
 
 


…su director, Pawel Pawlikowsky, haya optado por filmar en blanco y negro, en formato 4:3 como lo hiciera no hace mucho Michel Hazanavicius con El Artista (Francia, 2011) habla de una delicadeza y una preocupación por la belleza digna de admirar.
 
 
El blanco y negro se vale de luces y sombras para trabajar claroscuros (aquellos impactantes del expresionismo alemán  de la primera mitad del siglo xx) siluetas, volúmenes, contrastes o reflejos que ganando una amplia gama de grises pueden usarse con fines dramáticos (la sombra de la guerra) o expresivos que en Ida contribuyen a delinear la atmósfera de tristeza y ambigüedad moral propia de la Polonia de los ´60.
 
 
 
Una joven huérfana, Anna (Agata Trzebuchowska) que está a punto de convertirse en monja se entera de la existencia de una tía, Wanda Gruz (Agata Kulesza), su único pariente vivo que la llevará a enfrentarse con un pasado oscuro en busca de sus raíces y de ella misma.
 
 
La puesta en escena supera al contenido en calidad, aunque éste no evade la polémica, aborda la colaboración polaca con el régimen nazi, la búsqueda de identidad y la religión. Sin embargo el énfasis está puesto en la composición fotográfica y en el uso y rupturas de las reglas en pos de lo que se quiere contar.
 
 
 
Cada persona u objeto de utilería está colocado en su lugar armoniosamente, jugando con la perspectiva desde una lograda profundidad de campo (se ven perfectamente tanto los elementos que están en primer plano como los del fondo).
 
 
 
Nos enseñaron que es la mirada la que dirige el espacio dentro del campo y que no debe quedar mucho aire por encima de las cabezas de los personajes o a sus espaldas, sino por delante o que no es recomendable una imagen centrada, pero las reglas están hechas para romperse y acá se hace todo el tiempo, dando lugar a algo (la guerra) o alguien (Dios) superior que está presente, minimizando a los personajes y asignando la supremacía a la distinción y estilización visual del cine clásico en pleno siglo XXI. Una película que da gusto ver.

 

 

VALORACIÓN: 8/10