Biografia

UNO DE LOS NUESTROS [CINE]


Martin Scorsese, el único director capaz de amar tanto a su ciudad natal como para mostrarla siempre en su peor versión. Lo sórdido, lo criminal y lo humano van de la mano en cada título que Scorsese refleja la genuina ciudad de Nueva York. Mito e icono. La luz que atrae a todas las polillas del mundo. Absorbente, devoradora de pecados y borde del precipicio. No desperdicia ocasión para dibujarnos un nuevo retrato de “su” ciudad, vista con los particulares ojos de buen cinéfilo y mejor cineasta. Desde ‘Malas calles’ (1973) pasando por ‘New York, New York’ (1977). La eterna ‘Taxi Driver’ (1976) con sus sinuosas calles. Incluso cuando la historia debe trasladarse a otras urbes, Martin no puede evitar mostrarnos su Nueva York, aunque sea un poco, como en ‘Toro Salvaje’ (1980)…
 

(más…)

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS [CINE]


La unión Tom Hanks/Steven Spielberg siempre nos había dado gratas alegrías y mayores sensaciones. La combinación de estas dos bienhechoras mentes y figuras del Hollywood más amable nos habían regalado una trilogía de films que nos hacían claudicar por una razón u otra. ‘Salvar al soldado Ryan’, ‘Atrápame si puedes’ y ‘La terminal’ fueron unas películas que rezumaban épica, fascinación y trabajo bien hecho respectivamente. ‘El puente de los espías’ no pasará  a la historia como la mejor de las uniones de estos dos monstruos del cine. No queridos fans del Spielberg más ácido (‘Minority Report‘) o del Steven más atrevido (‘Munich‘). En esta ocasión …
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
…el antaño mago de las imágenes y las historias bien narradas se ha vuelto a plantar en su modo más clásico, académico y afable (‘Amistad’, ‘Lincoln’, ‘War horse‘) para contarnos (una vez más) una historia real. Ambientada en los mil veces narrados pero tan desconocidos finales años 50 y primeros 60 de la Guerra Fría entre USA y la URSS, el film deambula entre en un principio película de juicios para desembocar en una segunda parte que trata de retomar el pulso del género de espías del cine de los 70. Fallando en ambas.
 
 
Pese a que cuenta en el guión con los incansables hermanos Coen (el sutil humor negro y detalles en muchos personajes es lo más loable de su aportación) la historia que nos narran se divide en tres sub-historias que aunque transcurren de modo paralelo en ningún momento llegan a cuajar al espectador como un conjunto. Craso error cuando lo que se nos trata de infundir es la tópica sensación de que estamos ante una narración que va más allá de la historia, las personas o el ser humano. Oportuna (que no oportunista) por los paralelismos que el mundo está viviendo hoy en día pero sin el alma que antaño identificaba a Spielberg como el verdadero creador de fábulas e historias que te llegaban con fuerza y arrebatadora pasión.
 
 
Con el piloto automático puesto a la hora de plantar la cámara, de reflejar los altibajos de los personajes y con la seguridad que es tener a Tom Hanks como director de orquesta, Spielberg se ha dejado llevar por la autocomplacencia y el almibarado espíritu que envuelve al film llega a aletargar al espectador en su butaca en más de una ocasión. Solo en algunos trazos, breves secuencias que gracias a un genial montaje (del siempre fiable Michael Kahn, mano izquierda de Spielberg desde hace décadas en estos menesteres) nos hace reencontrarnos con la mano firme de Steven y nos entra nostalgia de lo que este hombre ha sido capaz de hacer durante años. Pero en esta edulcorada visión de la Guerra Fría, del juego de espías, de la figura del abogado firme y honesto que está por encima del bien y del mal, todo parece impostado, forzado a un desenlace que ya predices desde el primer minuto. Falta de fluidez en muchos momentos al enturbiar la narrativa con pasajes que luego nada tendrán que ver con el desenlace.
 
 
Con una ambientación brutal (como no podía ser menos), con un Hanks competente (pero bajo de forma), con un guión que no sabe si contarnos una fábula moral, un cuento de hadas, una historia macabra o una grotesca bofetada hacia la prepotencia del gobierno USA, ‘El puente de los espías’ no acaba en ningún sitio. No termina de cruzar el puente y se queda entre dos aguas.
 
 
¿Oportunidad perdida? No lo parece. Sencillamente Spielberg está a otras cosas. Quizás guardando lo mejor para el final. No echemos de menos tampoco a la mano derecha de Spielberg en el film, John Williams. En esta ocasión Thomas Newman ocupa la batuta y nadie presta atención a la partitura. Obvio. Pero no desesperemos, en el próximo proyecto de ambos (‘Big Friendly Giant‘) volveremos a disfrutar de la magia de los dos. ¿’O no?
 
 

VALORACIÓN: 5/10

OTRAS CRÍTICAS:

LAUREN BACALL: por mí misma y un par de cosas más [ESPECIALES]


Nadie mejor que ella misma, Betty Joan Weinstein Perske, para relatarnos en primera persona  y con total entrega y sinceridad, sus sueños, su sana rebeldía, el trabajo, el dolor por las pérdidas de seres queridos, sus aspiraciones políticas, la soledad  y el amor por su familia.. En  su autobiografía “Lauren Bacall, por mí misma y un par de cosas más”  la actriz nos abre las puertas de su casa y de su alma.


 Escrita originalmente en 1985 y con un bonus añadido 25 años después, desnuda su lado más humano. Hija de una secretaria judía (Rumania), Natalie Weinstein- Bacall “Una mujer orgullosa y honrada que a pesar de las dificultades nunca perdió el sentido del humor” y  un vendedor de material médico, polaco (y ausente) Williams Perske,  pasó a llamarse…













…Betty Bacall  cuando a los seis años  sus padres se separaron y su madre decidió recuperar la segunda parte del apellido.

 Lejos estaba de convertirse en una estrella de cine cuando tras el divorcio, perdieron el rastro de Perske y se mudaron de Brooklyn a Manhattan con lo poco que tenían y el apoyo de sus tíos, Jack y Charlie, incondicionales a lo largo de su carrera.


“No vayas nunca detrás de un chico, si quiere verte te llamará” era uno de los tantos consejos de su madre que  nunca obedeció. No era de las chicas a la que los muchachos miraban y se pasó la adolescencia de desilusión en desilusión. Tampoco tenía claro lo que quería para su futuro, así que intentó con el ballet, pero no estaba hecha para eso, después estudió periodismo “podría ser reportera” y pensó en ser enfermera hasta que vio sangre y desistió. En fin, si con algo se identificaba realmente era con las actrices de la época (Bette Davis; Katharine Hepburn; Vivien Leigh) por lo que terminó a regañadientes el secundario y accedió a la Academia estadounidense de Arte Dramático (con ayuda de los tíos) donde se hizo tiempo para  coquetear con Kirk Douglas.


 Corría el año 1941 cuando comenzó su carrera de maniquí profesional en la Séptima Avenidacon 16 años y tiempo después se propuso ser acomodadora en un teatro, de modo que “aunque comiera salteado y mal, podría ver las obras, aprender y hacer contactos”. Un crítico la describió en su columna Esquire como “la acomodadora más guapa de la ciudad”. Además bailaba en una cantina de temática teatral por la que pasaban figuras de la talla de Judy Garland los fines de semana y el resto de los días  repartía  folletos y dejaba sus datos a cuánto productor veía. Algo sabía, quería actuar y no pasó mucho tiempo hasta que lo consiguió. Un tal Rowland Brown y su hermano Anthony la incluyeron en una función de la obra Johnny 2 x 4, sin texto, en Broadway. “Aunque fueran 15 dólares a la semana, iba a estar debajo de los focos”.
 Para entonces ya había añadido una segunda “L” a su apellido con el fin de evitar equívocos en la pronunciación.
 El sueño duró ocho semanas y las críticas no fueron para nada buenas, sin embargo daba el primer paso de una carrera que no sería fácil, pero tampoco imposible. A partir de ahí  nada la detendría. En 1942 participó por última vez en teatro en 17 años con George Kaufmann, en una obra con algunas líneas de texto y empezó a sentir la “necesidad de aprobación, estima y aplauso” de la profesión.


 Lo siguiente fue posar para la revista de moda Harper´s Bazaara cargo de Diana Vreeland en la que podía leerse a modo de epígrafe de una foto “La modelo es la joven actriz Betty Becall” (el apellido estaba mal escrito, pero qué mas da, era actriz). Varios productores se interesaron en ella, incluso la llamaron de Columbia Pictures, pero el tío Jack le recomendó que aceptara viajar a California para entrevistarse con Howard Hawks, porque  conocía su trayectoria. Bacall tenía 18 años y  fue descubierta  por la mujer de Hawks, Nancy (Slim), en la revista. En su autobiografía la describe así: “poseía ciertamente una belleza que era de mi gusto, impoluta, saludable, radiante y preciosa y sin duda tenía algo de pantera”.
 La película era Tener y no tener y su fecha de inicio, febrero de 1944, con Humphrey Bogart.


 En su primera aparición Slim (la protagonista) debía acercarse a la pared de la habitación de Steve y preguntarle si tiene fuego a lo que él responde tirándole una cajita de fósforos. Ella da las gracias, le devuelve la cajita y se va. Parece una tontería pero le temblaban tanto las manos y la cabeza que atinó a pegar la mandíbula al pecho y alzar la vista hacia Bogart, lo que significó el nacimiento de “la mirada”, sobrenombre que la seguiría camino al estrellato. No era en absoluto una pantera sino mas bien un gatito asustado, pero nadie se daría cuenta. El matrimonio Hawks se encargó de cambiarle el nombre por Lauren, ya que había muchas Betty en el cine (Betty Grable; Betty Hutton, Bette Davis), la voz, que era muy aguda y el aspecto, sería refinada pero conservaría su estilo.

 La relación que estableció con Bogart inmediatamente traspasó la pantalla y no tardó en conocerse en el ambiente a pesar de que él estaba casado con su tercera esposa (Mayo Methot). La primera fue Helen Merken, una actriz de Broadway y la segunda Mary Phillips. Su tercer intento no fue mejor que los anteriores, a la pareja la llamaban “Los belicosos Bogart” por las continuas y violentas peleas que tenían y por la adicción al alcohol de ambos. Algo con lo que Bacall tuvo que lidiar bastante ya que cuando tomaba se ponía agresivo. La diferencia de edad era notoria, él tenía 44 y ella 19. Así mismo tras un tiempo de encontrarse de manera clandestina por las madrugadas,  Bogart se separó y se casaron. A los 49 años él sería padre por primera vez de Stephen (por el personaje de Tener y no tener, Steve). 


 Lauren supo arreglárselas con la maternidad, la casa y el trabajo bastante bien. “No como las mujeres anteriores de Bogie que priorizaban siempre el trabajo por sobre la familia”.
Vivieron una época muy feliz en la que compartieron cartel en  películas como Sueño eterno y La Senda peligrosa. Su última aparición para la Warnersería junto a Gary Cooper en El rey del tabaco de1950. A partir de allí no todo fue color de rosa,  a los 19 años afrontó la muerte de su abuela y más tarde la de sus queridos tíos, la tía Rosalía, Bowie y su madre. Pero gracias al trabajo y sus amigos siempre pudo salir adelante. Durante el rodaje de “La Reina de África” ella acompañó a su marido y allí conoció a Katharine Hepburn con quién entablaría una amistad que duraría 50 años. También se cuentan entre los más cercanos a Spencer Tracy, Laurence Olivier y Vivienne Leigh, Frank Sinatra y Judy Garland.
  
 En 1952 la familia se agranda un poco más  con la llegada de Leslie y nada hacía preveer que la alegría solo se quedaría en casa hasta 1956 cuando Bowie empieza a mostrar signos de la enfermedad contra la que luchó hasta su muerte un año después.
 En la Warnery en la Twentieth Centuryfox se guardó un minuto de silencio en su honor.

 Su vida acababa de dar un giro inesperado, a partir de entonces se dedicaría a sus hijos y a viajar, algo que le hacía muy bien. Aunque no quería involucrarse con ningún hombre, estuvo a punto de casarse con Sinatra, pero finalmente terminó haciéndolo con el productor de teatro Jason Robards, otro bebedor empedernido con quien tuvo a su tercer hijo, Sam, antes de acabar la relación.



 Era hora de dedicarse de lleno a su profesión y así lo hizo, en los ´60 volvió al teatro, trabajó con Barbra Streisand y cumplió el sueño de hacer un musical, Aplausse, que le valió un premio Tony.

 A modo de posdata, a sus setenta años nos regala un poquito más de sus “crónicas de superación personal” como lo describió El Periódico. Siguió trabajando, ejercitándose y disfrutando de sus hijos y nietos. Viajó mucho para presentar el libro y conoció a mucha gente. Se adaptó a los nuevos directores y su manera de manejarse, había entendido que era una actriz de reparto y se lucía en sus interpretaciones.


 Se llevó un Cesar, el equivalente francés al Oscar, premio que no pudo ganar en aquella velada  amenizada por Billy Cristal. Estaba nominada por El amor tiene dos caras como mejor actriz de reparto pero quedó en manos de Juliette Binoche por El paciente inglés. De todos modos fue galardonada por el Centro Kennedy “probablemente la mayor distinción que esperaba de Estados Unidos”.

 A menudo se quejaba de las películas hechas por aquellos que saben mucho de dinero pero poco de tratar con artistas.

En Estados Unidos la prioridad siempre es el éxito – decía – que es un medio para conseguir dinero, que a su vez te permite comprar la casa más grande, el coche más caro, aviones privados, la admisión en el grupito de los grandes empresarios, etc, pero por desgracia la calidad de vida es secundaria, porque con tanta obsesión por las cosas materiales (…) valores como la creatividad, la imaginación y los principios desaparecen”.

 Como verán no tiene pelos en la lengua para cantarle la justa a quien sea. A pesar de ese aire de pantera que vio en ella la mujer de Hawks, lo cierto es que nunca perdió del todo el miedo al escenario y se describe como una persona bastante inocente e insegura de sí misma. Lauren Bacall en éste libro nos abre el corazón de par en par, nos invita a repasar su carrera de manera amena  y nos confiesa sus bajas y sus altas en un emocionante viaje interior en el que se percibe a  la persona detrás de la actriz. 




AMERICAN SNIPER [CINE]


Muy oportuna película (aunque muchos creerán que es oportunista) de Clint Eastwood que regresa al género bélico tras su díptico sobre la Segunda Guerra Mundial (‘Cartas desde Iwo Jima’ y ‘Banderas de nuestros padres’) pero esta vez sin la correspondiente réplica del otro bando. En esta ocasión Eastwood revisita sus demonios que ya mostró en ‘El sargento de hierro’ para ofrecernos su personal y muy discutible opinión del conflicto mundial que supone la guerra contra el terrorismo. Cuando aún resuenan los ecos de los atentados acaecidos en París (enero 2015) el estreno de esta polémica adaptación de la biografía del protagonista, Chris Kyle, se nos antoja bastante acertada en su directa forma y trasfondo, pero quizás podamos echar de menos un tono más crudo y visceral que en otras ocasiones nos ha ofrecido Eastwood que el mero empleo del objetivo personal en el que se basa el film. Como toda biografía y su correspondiente adaptación al film se acoge a la versión que se nos muestra como eje fundamental de la trama. No podemos ver nada más que a través de los ojos de este francotirador. De forma fría y distante (como sus disparos) el director es consciente de que se siente a gusto con la historia que cuenta y…

 





…no trata de ocultar su afinidad por este “héroe” de la trágica crónica de la guerra que se mantiene en Irak, Afganistán y Oriente Medio. No hace concesiones de cara a la galería y lo que en un principio nos pueda parecer las justificaciones que hace el realizador al enseñarnos la infancia y educación del protagonista, no es sino la constatación que hace Eastwood de los valores que tienen muchos como excusa a la hora de defender cualquier contienda.


La familia, la religión y el amor a la patria son los tres pilares en los que se levanta esta (por momentos) épica visión personal del tristemente famoso francotirador de los Navy Seals. Con más de 160 asesinatos (o blancos según quien te hable) en su haber, Chris Kyle (Bradley Cooper) es presentado como un guardián de los valores puritanos que defiende los EEUU bajo el concepto de gran familia unida. Y como defensor que es debe soportar todo el peso de esa responsabilidad bajo sus hombros. La confrontación entre estar en el frente y regresar a su hogar junto a su mujer e hijos es valorada por Eastwood como el infierno personal que debe sufrir su figura para que lleguemos a empatizar con él. No desea nada más que proteger a los suyos y de la misma manera que mata en el frente, a distancia y con frialdad, se comporta con los suyos.


Eastwood, convencido republicano y seguramente socio de la Sociedad del Rifle, no tiene en tapujos en levantar este biopic al francotirador como si de una santificación se tratara. Defiende a su personaje, lo hace humano en el frente, lo interioriza ante sus víctimas y deja ver que es sólo un arma en manos de una maquinaria de guerra que sirve para fines tan nobles como proteger al hermano que está en peligro. La patada en el estómago que nos da nada más comenzar el film con su primera víctima bajo el punto de mira, puede llevar al engaño al espectador, pues no estamos ante un film de denuncia al más puro estilo de ‘En tierra hostil’ o ‘Jarhead’. Eastwood quiere demostrar que nuestro ángel custodio tiene la obligación de realizar actos grotescos e inimaginables con el fin de salvar a los suyos. A su bandera, a sus compañeros, a sus hermanos. Basa toda la fuerza de la historia en el enfrentamiento desde la lejanía entre el francotirador norteamericano y un francotirador sirio, Mustafá, con el que se batirá entre las azoteas a lo ‘Enemigo a las puertas’. Otro recurso para que conectemos con la odisea de este soldado. 


Seguramente será una de las películas más odiadas por Michael Moore pero es valiente a la hora de no embarrarse con divagaciones sobre la moralidad de los actos de su personaje. Lo defiende y lo esgrime en pantalla desde la admiración que profesa. Podemos entrar a valorar si es justificado o no este film como baluarte de la sociedad americana, pero no nos engañemos. Por muy plural y globalizado que sea Hollywood aun quedan tipos como Eastwood que son fieles a si mismos. Del mismo modo que rueda piezas de arte como ‘Sin perdón’ también exponen sus principios y motivaciones personales a través, como en este caso, de la fría y sanguinaria punta de un rifle. Cine sin miramientos. Muy vapuleada por los sectores más liberales que sólo ven propaganda pro-republicana (en EEUU).


Pero lejos de la polémica y sólo hablando en términos cinematográficos debemos hacer constar que no es el mejor film de Eastwood pero eleva su tono plácido y durmiente que tenía desde hacía un tiempo. En la línea de ‘J. Edgar’ pero sin tanta poesía. Un derechazo de un ferviente creyente en la gloria militar, el honor y los códigos establecidos en la batalla. Uno no tiene porqué comulgar con nada de lo que Eastwood postula como dogmas que edifican una sociedad que se ha creado así misma a base de guerras y poder absoluto. Son consecuencia de su propia forma de ser. Beligerantes y con la facilidad de justificar cualquier acto de violencia con el famoso “ojo por ojo” que tanto les gusta blandir. Lo triste es que un director como Clint Eastwood tenga que utilizar recursos tan bajos y manidos como la repugnante escena en la que un niño es mutilado, torturado y asesinado por uno de los terroristas para que el espectador promueva el mensaje de “justicia” que imparten los marines y los Navy Seals bajo el estandarte de ‘El Castigador’ (nefasto el gusto de los marines al utilizar ese logotipo en la realidad).


Nos quedamos con la impronta de un buen film, con buen acabado, excelentes actuaciones (Bradley Cooper toca todos los matices de su personaje de manera convincente y Sienna Miller contrapone el nexo de sentido común que necesita la historia) y un manejo sobrio de la cámara. Queda la gran duda de saber si el gran Clint volverá a darnos una obra más (su edad hace que cada vez sea más difícil) ya que si por desgracia no volviera a dirigir nunca más, nos dejaría este agridulce film. Eastwood ya no tiene que justificarse ante nadie por su cine, no tiene por que ser abanderado de ninguna causa. Ya ha demostrado mucho y bueno de lo que su buen ojo sabe hacer. Hoy por hoy, solo tenemos de él un viejo recuerdo de su mala leche y doble sentido moral que daba a sus films. ‘American Sniper’ es rudamente su epístola de amor incondicional hacia sus queridas barras y estrellas, que aunque manchadas de sangre, tanto suya como ajena, siguen hondeando como los “ángeles” guardianes que se autoproclaman. A pesar de ello…Gracias por todo,Clint. 
 
VALORACIÓN: 7/10

ED WOOD [CINE]


 

Estamos ante, para muchos, una de las mejores películas de Tim Burton. 1994, rodada en blanco y negro, Johnny Depp, Sarah Jessica Parker, Martin Landau y Bill Murray. Una puesta en escena impecable, la banda sonora al más puro estilo del cine de Serie B de los 50, una dirección de fotografía magnífica (a pesar del blanco y negro) y grandes interpretaciones por parte de Johnny Depp y Martin Landau (este último ganó un Oscar y un Globo de Oro como mejor actor de reparto) son los ingredientes que Tim Burton cocinó y contrastó para obtener una de sus películas más famosas y características…
 
 
 
 
 
 
 


 
La película es un homenaje al famoso director de cine de culto Ed Wood, considerado como “el peor director de todos los tiempos”, título obtenido tras su muerte, gracias a la pésima dirección y realización de las que hoy son películas de culto: “Glen o Glenda” y “Plan 9 del espacio”.
El film de Burton no tuvo buena recepción en Estados Unidos, pero a día de hoy se ha convertido, junto a “Eduardo Manostijeras” y “Big Fish” en una de las mejores obras del cineasta.
 
 
 
 
Narra la historia de Ed Wood (interpretado por Johnny Depp), un hombre soñador al que le apasionan las películas de terror y ciencia ficción, entre otras franjas en el mundo del cine de Serie B, que sueña con llegar a dirigir grandes filmes.
El personaje de Wood es retratado de una manera meticulosa y perfeccionista. Es alegre, amable, simpático, pero llega a rozar la histeria y la locura. Sin embargo, él muestra unas terribles ganas de hacer cine. Muestra ambición y sueños, aunque esa ambición termine contrastada con su bajo nivel como organizador y director o con la definitiva falta de talento para afrontar la dirección de sus ideas hacia la gran pantalla.
 
 
En sus más de un intento en conseguir dirigir la que sería la película que le lanzaría al estrellato, se topa con George Weiss, un productor de películas de bajo presupuesto, quien esta buscando alguien que se encargue de dirigir su última película. Wood consigue convencerlo para que lo elija como el director de la obra, alegando un tema del travestismo y confesando su propio travestismo. Tras entablar una amistad con el actor húngaro Bela Lugosi, Ed Wood cambiará todos sus planes en pos del cometido que le han encargado y creará un espacio lleno de parafernalias, con personajes extravagantes y todo tipo de excentricidades. Desde un drama autobiográfico donde el mismo tiene el papel protagonista y muestra su gusto por las prendas de vestir femeninas y el travestismo, hasta un nuevo cambio de reparto e idea para obtener otro fracaso más para su lista.
Así, fracaso tras fracaso, derrota tras derrota, el joven soñador atraviesa un estado de confusión lo más cercano a un bucle de depresión y autoengaño. Finalmente realizará su última película, la cual supondrá otro error y una negativa por parte del público.
 
 
La película esta rodada en blanco y negro en su totalidad, a petición de Burton, así como para recordar el verdadero cine de los años 50.
La película gira entorno a Ed Wood, hasta tal punto en el que los demás personajes pasan a un segundo plano, o incluso a un tercero. El protagonista inspira ternura. Te acabas compadeciendo de él, de ese pobre hombre con sus grandes sueños, paralelos a los obstáculos que se cruzan en su camino.
 
Tim Burton recrea un gran homenaje al cine de la época, a como se afrontaban los diversos problemas con una miseria de presupuesto y elencos con un más que tenue talento y disposición. Burton siempre se ha caracterizado por incluir y emular en sus películas lo que vivió en su infancia y en sus inicios como figura ósea en la historia del cine. Y esta no deja de ser una película-paso en este camino que emprende.
 
Diversas opiniones pululan alrededor de esta película. Caracterizada para muchos como “lenta” o “aburrida”, con momentos en los que practicamente no ocurre nada. Sin duda, para aquellos que piensen que esta obra no llega a más que una producción de tres al cuarto buscando una recreación fácil de una importante figura del cine, les recomiendo ver “Plan 9 del espacio exterior”, ya que esa película existió de verdad, y que averigüe el tremendo homenaje que supone este trabajo de Tim como homenaje del antiguo cine de Serie B.
 
VALORACIÓN: 7/10

TORO SALVAJE [CINE]


Lo primero antes de proseguir con la lectura, curioso lector, me gustaría comunicarte que la siguiente película sobre la que vas a leer pertenece al grupo de películas que yo determino como “Peliculón”. Sé que puede parecerte un nombre poco acertado o fuera de lugar o que me inspira un sentimiento en plan Garci, pero entre tú y yo…hay unas cuantas películas que están en otra dimensión, primero está el cine y luego ésta serie de películas a las que llamo peliculones. Son de otra clase, de otro material, están más allá del bien y del mal y al igual que ciertos libros deben ser leídos antes de morir, hay ciertas películas que uno debe ver (muchas veces mejor) antes de irse al otro lado. ‘Toro Salvaje’ es una de ellas.
Hablar de ella es hablar de cine, pero con letras grandes, de oro y con luces de neón. 





Intentar transmitir toda la poesía de las imágenes, la composición de las escenas, el aura de trágica historia y descenso a los infiernos del personaje principal, la capacidad de emocionar con la partitura musical que acompaña a las secuencias, el trasfondo de una víctima de su propio ego en una lucha contra sí mismo y la nostalgia y melancolía que desprende cada fotograma de esta película, sería un intento frustrado por mi parte. ‘Toro Salvaje’ no hay que verla, hay que sentirla. Lo que si puedo transmitirte, curioso lector, son los múltiples motivos y razones tanto humanas como divinas para ver por primera vez (por lo cual ya te envidio) esta inmensa película. Digo inmensa por que aunque suene pedante, esta película es como la vida, pues lo abarca todo. Creerme.


 

Martin Scorsese dirigió esta película teniendo bajo sus órdenes un reparto excepcional, del que destaca su buen amigo Robert DeNiro. Ambos ya habían rodado ‘Malas calles’ (1973) y la hipnótica ‘Taxi driver’ (1976). Esta fructífera relación se prolongó durante años con otros títulos como ‘New York, New York’ (1977), ‘El rey de la comedia’ (1982), ‘Uno de los nuestros’ (1990), ‘Casino’ (1995) o ‘El cabo del miedo’ (1991). Pero sin duda en esta los dos dieron lo mejor de cada uno. Es innegable que la película se puede integrar en el subgénero de las películas deportivas y más concretamente en las de boxeo. Títulos referentes son ‘El ídolo de barro’ (1949), ‘Más dura será la caída’ (1956), ‘Marcado por el odio’ (1956), ‘Rocky’ (1976) o ‘Campeón’ (1979). Pero de entre todas ellas destaca por sus innumerables valores cinematográficos ‘Toro salvaje’.  El drama del ascenso y caída del campeón del título se narra en todas con mayor o menor fortuna, pero Scorsese infunda a su película de un aura de belleza etérea y amargura que nadie ha sabido plasmar mejor.

 

Aunque no lo creas, el mayor motivo para ver este film es muy sencillo. Serás envidiado por los que la han visto decenas de veces. No imaginas la envidia que provocará el saber que descubrirás por primera vez una obra tan descomunal y grandiosa. Verla por vez primera puede ser comparado con cuando Picasso mostró en público ‘El Guernica’ cuando lo terminó. Es una sensación que te hace estremecer ante la pantalla, te envuelve, te sacude y deja que tomes aliento para destrozarte finalmente con frialdad y desasosiego. Es un combate de boxeo en el que tú estás en una esquina del ring. No puedes esquivar los golpes, a duras penas podrás levantarte de la lona cuando sientas la fuerza de la cámara de Scorsese sobre tu nuca. Notarás el aliento de la derrota de Robert De Niro en tu rostro, odiaras el rencor y los celos que su esposa (Cathy Moriarty) siente por su vida, te alegraras por cada una de las peleas que gane y cada gota de sangre de su cara la sentirás recorrer por la tuya propia.

 

Te preguntaras cómo una película de los 80, sobre boxeo, con DeNiro como protagonista, siendo un drama y encima en blanco y negro puede motivarte para sentarte durante más de dos horas frente a la pantalla. La respuesta es fácil: esta película es dolor, es pasión, es muerte, es fracaso, es alegría y decepción, es vida.
Uno de los factores prioritarios del film, aparte de la soberbia banda sonora, la apabullante fotografía o el guión soberbiamente estructurado (Paul Schrader, ‘Taxi driver’), es la asombrosa actuación de Robert De Niro. Está calificada como una de las mejores, sino la mejor, interpretación del cine. Y razones no le faltan a quien opine así. La sobriedad con la que actúa marca a fuego toda la película, pero además no sólo se embarcó en el viaje de sentir mentalmente al personaje sino que lo llevó hasta límites insospechados, en un esfuerzo titánico por mostrar al boxeador en todos sus aspectos. De Niro comenzó el rodaje caracterizado como Jake LaMotta con 25 años, joven y atlético, para a mitad del film transformar su cuerpo con los embites de una vida de excesos. El actor engordó la friolera cantidad de 45 kgs para mostrar a un Jake LaMotta de 50 años, calvo y apesadumbrado. El poder de fascinación que la figura de De Niro traslada desde la pantalla absorbe al espectador. Ver como un actor se sacrifica por su personaje para reflejar su verdad del modo en que lo hizo en este trabajo es una experiencia muy difícil de volver a ver en el mundo del cine.

 

Las escenas en que vemos a Jake LaMotta como comediante en tugurios para ganarse la vida, el monólogo que se marca frente al espejo antes de salir al escenario y su ritual de calentamiento como si de un combate se tratara, son la demostración al espectador de la soledad del actor con su personaje. Estas escenas junto a la de la prisión, cuando se lamenta del engaño que ha sufrido golpeándose los puños contra el muro, muestran al De Niro más grande, camaleónico y majestuoso que el cine haya visto. La dirección de Scorsese es pura. Directa, sin concesiones preciosistas ni trampas al público. Su visceral forma de dirigir llega al espectador sin ataduras, pocos como él han reflejado el alma humana en estado descendente. Muy superior a ‘Taxi driver’, y eso son palabras mayores. Y alguien que se supera así mismo con una película de este calibre merece todos los elogios.

 

Es como si todos los factores se hubieran conjuntado en una sincronización casi perfecta, milimétrica. Y a la vez, la película destila un deje de nostalgia e imperfección. Aún después de haber pasado más de 30 años desde su estreno, el film no se resiente. Sigue fresca e imperecedera. Ha envejecido reteniendo el tiempo. Como si los meses que duró el rodaje hubieran sido atrapados en cada fotograma, para que cuando fuéramos a verla allí siguiera imperturbable ese tiempo atrapado. Hay una serie de películas que deberían ser de obligada visión en institutos, escuelas o universidades, y ésta es una de ellas.

 

A su director se le ha tildado su manera de dirigir como una lucha por expiar sus propios pecados. Como si con su cine pudiera redimirse su alma. Y puede que sea cierto, se ha hablado mucho de la vida anterior de Scorsese, pues sus pasos en su juventud le encaminaban al sacerdocio. Fue seminarista durante años, pero algo en su vida le hizo convertirse en director y plasmar sus miedos, furias y dudas en el celuloide. Quizás la iglesia perdió un sacerdote más, pero el cine ganó un grande entre los grandes. Un titán tras la cámara. El cine de Scorsese no deja indiferente a nadie, ni siquiera quienes detestan sus películas pueden decir que no sea un director que siempre tiene algo que contar, y sobre todo cómo lo cuenta. En sus inicios tal vez no sabía mostrar lo que llevaba dentro, pero el animal cinéfilo que le habitaba explotó en ‘Taxi driver’.  De ahí en adelante su cine ha seducido a crítica y público. Es junto a Spielberg, Ridley Scott o Tarantino uno de los directores que su nombre figura antes que el título del film, que su firma impere antes que el producto que ha creado, es sinónimo de cine. Cómo décadas antes lo fue una película de Lubitch, John Ford, Capra o Hitchcock.

 

Alguien que ha dejado para la posteridad films como ‘Toro salvaje’, ‘Uno de los nuestros’, ‘La última tentación de Cristo’ (1988), ‘Gangs of New York’ (2002), ‘El aviador’ (2004), ‘Infiltrados’ (2006) o ‘El lobo de Wall Street’ (2013) puede sentirse más que satisfecho si consideraba que tenía alguna deuda con la vida, el alma o Dios. Su cine es directo, sin efectismos o saltos de trampolín para contentar al público. Es un cine que no te permite tregua. No edulcora sus películas porque así ve la vida, como un animal que te devora y deja sin resuello.

CURIOSIDADES:

  • Ganadora de 2 Oscars (Mejor Actor, Robert De Niro) y Mejor Montaje. Nominada a otros 6 premios de la Academia, entre ellos Director y Película.
  • Rodada íntegramente en blanco y negro (salvo una escena familiar).
  • Martin Scorsese hace un cameo en la escena que pide subir al escenario a Jake LaMotta.
  • El padre del director interpreta a uno de los mafiosos sentados a la mesa del club.
  • Sharon Stone audicionó para el papel de esposa de LaMotta.
  • Como preparación al film De Niro disputó tres combates como amatuer, ganado dos de ellos.
  • No hay música original fue compuesta para la película. Toda la música fue tomada de la obra de un compositor italiano llamado Pietro Mascagni .
  • El auténtico Jake LaMotta aparece como camarero en un club.
 

 

 

VALORACIÓN: 10/10