Aventuras

DENTRO DEL LABERINTO [CINE]


Los años 80 forjaron la imaginación, los sueños y la fantasía de los padres de hoy que pasamos los 40. Fue una época dorada en cuanto a cine familiar pese a que fue una década de cine vacío en cuanto a tendencias pero que vivió una etapa dorada en cuanto a crear iconos y mitos cinematográficos que jamás se ha repetido. Desde Indiana Jones, Gremlins, Marty McFly y su DeLorean temporal, la singular pandilla de los Goonies, Willow,  E.T., Cazafantasmas o Atreyu y el mundo de Fantasía, son muchos los símbolos que el cine de los 80 nos ha dado a los padres frikis que alentamos a nuestros peques a descubrir estas joyas de cine familiar que mantienen toda su fuerza y magia. Nos siguen atrapando sus historias, sus universos y crean un vínculo excepcional entre la infancia que vivimos y la infancia que queremos mantener.
Cumpliendo sus 30 años desde su estreno, queremos revisitar uno de esos maravillosos mundos creados en aquella época. En esta ocasión nos trasladamos al reino de los goblins, de los deseos y los acertijos de ‘Dentro del Laberinto’. Y de la mano de uno de los más grandes creadores de fantasía: Jim Henson.
Tras regalarnos maravillas…

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EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA: 35 AÑOS DE UN HÉROE DE PELÍCULA [CINE]


Cuando se cumplen 35 años de su estreno, viene bien hacer memoria de uno de los hitos del cine: ‘En busca del Arca Perdida’. Hay ciertos momentos en la historia del cine, fechas e instantes cruciales que marcan un antes y un después en su magia, en su modo de hacernos entender el cine como espectáculo de evasión. Motor de fantasía y fábrica de sueños se aúnan muy pocas veces de manera tan rotunda. En los últimos 40 años dos nombres han ido ligados a esta definición como sello inigualable de una manera de crear cine que mezclaba los elementos clásicos del cine más académico con la esencia misma del asombro, la imaginación y el más difícil todavía: Steven Spielberg y George Lucas.

No se puede entender el cine actual sin estos dos monstruos (con sus baches y manías) que a base de devorar cine de los años 40, 50 y 60 nos devolvieron las ganas de divertirnos, la ilusión de un niño y la desbordante fuerza de la imaginación hecha imágenes. Son la conjunción perfecta en el cine espectáculo, sin obviar una buena historia de fondo (primordial para que esa magia funcione) y…

…nos brindaron en su primera colaboración la creación de uno de los héroes (o el máximo exponente si se permite decirlo) más cinematográficos, más emblemáticos y con más feeling que ha traspasado la pantalla del cine para formar parte del imaginario popular: Indiana Jones.

Haciendo historia…
 
¿Quién no ha tarareado su banda sonora en cualquier momento de su vida?¿Quién no se ha imaginado vivir sus aventuras? Incluso es sinónimo de aventurero y es utilizado su nombre cuando nos referimos a algo que mezcla riesgo, emoción y ansias de aventura. Un icono total que fue construido con retazos de los recuerdos  de sus creadores. Spielberg, Lucas, Kaufman y Kasdan son en mayor o menor medida los padres de una de las imágenes más recurrentes de la historia del cine. Fueron capaces de trasladar su memoria cinéfila, sus recuerdos de adolescentes y su gran visión del cine a un nivel más que hizo que la industria del cine diera el paso de coloso que hoy mantiene: los blockbusters.
Ambos, Lucas y Spielberg venían de sendos éxitos mundiales, ‘Star Wars’ (1977) y ‘Tiburón’ (1975), y en un intermedio en sus agitadas carreras, pues Lucas estaba disfrutando de su  y Spielberg con su nueva visión de la ciencia ficción con ‘Encuentros en la tercera fase’ (1977), tuvieron un descanso en las paradisíacas playas de Hawaii donde el primero le trasladó su intención de rodar un film que retornase el espíritu delos seriales de los años 30 y 40, aquellos donde la aventura reinaba y la épica era la moneda de cambio. Spielberg solo quería rodar algo con fuerza y tenía una oferta para dirigir la próxima entrega de la saga de James Bond. Lucas le dijo que tenía un personaje mucho mejor y más auténtico que el flemático agente británico. La semilla había germinado, el héroe nacía.
Creando al Héroe…
 
La idea original de Lucas databa de 1973 y tenía el peculiar nombre de ‘Las aventuras de Indiana Smith’, lo de Indiana, cuenta la leyenda que el propio Lucas ha ido alimentando con los años, venía por su mascota, un perro de raza Malamute y lo de Smith, por el apellido que tenía el personaje de Steve McQueen en el film ‘Nevada Smith’. Lucas pasó su primer borrador sobre la película que tenía en mente a un colega, Phillip Kaufman, guionista que comenzaba en aquellos años a hacerse un nombre. Fue Kaufman quien introdujo la idea en la trama del Arca de la Alianza entre otros detalles pero el proyecto desistió cuando Clint Eastwood reclamó a Kaufman para escribir ‘El fuera de la ley’ (1976).
El apellido de Jones es atribuido a Steven Spielberg en aquella reunión con Lucas en Hawaii pero no sería hasta 1978 cuando Lucas retomara el proyecto apoyándose en esta ocasión en un nuevo guionista con el que estaba realizando la secuela de ‘Star Wars’, ‘El impero contraataca’ (1980): Lawrence Kasdan. Entre los tres y durante cuatro días encerrados para debatir la trama que Kaufman había presentado años atrás, formularon la esencia del personaje, secuencias como la del templo Inca y las escenas de Nepal y dando forma a lo que sería el rodaje en 1980.
Aunque suene raro, Lucas y Spielberg tuvieron problemas a la hora de encontrar una distribuidora que confiara en las aventuras de tan insólito personaje, que aunaba rasgos de héroe y profesor en sus ratos alejado del peligro. No fue hasta que la Paramount  vio el potencial de la película cuando se pudo plantear rodarla. Esta dificultad venía por la última apuesta de Spielberg, ‘1941’ (1979) que había sido un total fracaso en taquilla.
Un rostro para la eternidad…
 
La trama nos sitúa en un recóndito paraje de América del Sur, entre las sombras de la maleza aparece nuestro héroe para desarmar a sus guías tras ver que pueden traicionarle. Es ahí cuando el más carismático de los actores de los últimos años hace su aparición, Harrison Ford. Indiana Jones asomaba su rostro al mundo. Puede resultar extraño concebir la cara de Indiana Jones en las facciones de otro actor (como se viene rumoreando desde hace años con las futuras secuelas de la saga) pero en 1980 el casting hasta encontrar a un Indiana convincente pasó por nombres como Tom Selleck (‘Runaway:brigada especial’, 1984) que declinó la oferta al conseguir el papel principal en la serie ‘Magnun: detective privado’ (aún se le oye lamentarse por los pasillos de los estudios) pero se desquitó en dicha serie al realizar un episodio (‘Raiders’) en el que parodiaba sin tapujos la película de Spielberg llevando incluso sombrero y látigo en dicho episodio Otros actores fueron por ejemplo Jeff Bridges, Nick Nolte, Sam Neill, Bill Murray (¡¡¡¡), Jack Nicholson e incluso se barajó…Chevy Chase.
Con otros personajes del film sucedió lo mismo. El sicario nazi que sufre la quemadura del medallón en la mano llamado Toth (Ronald Lacey en el film) fue ofrecido a Klaus Kinski. O el de Sallah (John Rhys Davies) que fue primeramente ofertado a Danny DeVito, aunque años después se desquitaría con otro personaje similar en el sucedáneo de Indiana Jones que fue ‘Tras el corazón verde’ (1984).
De una galaxia muy lejana…
 
Como todos los films de la saga, el logotipo de la Paramount se funde en el primer plano de la película y a partir de ahí la montaña rusa no se detiene. Un carrusel de aventuras épicas con genuino sabor a los clásicos. Una fuerza del pasado capaz de aniquilar ejércitos, un héroe carismático, nazis ávidos de poder y paisajes exóticos. Y cómo no, un villano singular, el archienemigo de Jones en la arqueologia, Belloch (Paul Freeman). Que nos brindan varias secuencias de enfrentamiento más mental y flemático que físico. Pero las escenas de acción se reservan para nuestro héroe. Desde la espectacular secuencia de inicio en el templo Inca con la enorme piedra rodante, emulada y homenajeada hasta la infinidad en otros films y series, por ejemplo en la genial ‘Los Simpsons’ Ep. 03x23K ; hasta la escena del Pozo de Änimas (rodada curiosamente en el complejo del hotel Overlock de ‘El resplandor‘), pasando por aquellos planos bajo el sol donde vemos la figura de nuestro héroe (filmadas en Túnez, al igual que la secuencia final del acantilado, donde se rodó ‘Star Wars’ y en la que veíamos a R2D2 siendo atrapado por los Jawas). ‘Star Wars‘ tiene más guiños en el film como no podía ser de otra manera, así pues en la escena del Pozo de Serpientes si somos capaces de tener paciencia y buen ojo veremos entre los jeroglíficos de los muros dos personajes muy familiares de la saga galáctica.
Parece mentira…
 
Pese a ser espectacular y tener una poderosa imagen y fotografía, medios y ser fastuosa en muchos momentos, ‘En busca del Arca Perdida’ se rodó con un modesto presupuesto (18 millones) para el éxito que tuvo (242 millones). Y uno de sus aciertos en ajustar su presupuesto fue el utilizar sets de decorados de otros films. A los anteriores mencionados hay que añadir por ejemplo que submarino nazi que vemos en pantalla, que no es otro que el utilizado en el film ‘El submarino’ (1980). La magia del cine en su máxima expresión.
El mayor aliciente de este film, es que aunque pasen años y años, seguirá siendo considerada como una de las mejores películas del género de aventuras (junto a ‘El hombre que pudo reinar’) y del cine en general. Nominada a 8 Oscars y ganadora de 5 (decorados, montaje, sonido y FX), aunque uno fue creado específicamente para Ben Burtt y su diseño de sonido, cuenta con las nominaciones de ese año en las categorias de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Fotografía y Mejor Banda Sonora. Uno mira quien le arrebató ese año los premios y no puede sino sentir sorpresa al ver que fue ‘Gandhi’. Cosas de la Academia…eran años de clasicismo.
Es increíble que los trabajos de Douglas Slocombe en Fotografía y sobre todo el de John Williams en la banda sonora no fueran reconocidos en ese año. Pero el paso del tiempo y el buen gusto de los aficionados al cine han ido poniendo en su lugar una de las más emblemáticas bandas sonoras de todos los tiempos. Una fanfarria que nos lleva al sentido más profundo de la palabra aventura, del espíritu de la amistad como emblema de un modo de vivir, del riesgo, de lo épico. Williams volvía a hacerlo, nos creaba imágenes con su música. Nos hacía sentir héroes.


La magia del cine…
 
Miles de anécdotas rodean el rodaje y producción de esta fantástica película. Desde la rapidez con que rodó Spielberg todas las escenas en Tunez (planificadas para 6 semanas y rodadas en 4) ya que no aguantaba el calor y veía caer como moscas a los miembros del equipo con enfermedades, disentería, cólicos y demás pesares. Curioso que Spielberg fuera de los pocos que no cayó enfermo. Es más, el director aprovechó la visita de Melissa Matheson, esposa de Harrison Ford en aquel momento, para inspirarle una idea que le rondaba para hacer un film. Se trataba de una película pequeña y modesta que Spielberg deseaba realizar. Aquella idea fue lo que más tarde sería el guión de ‘E.T.’ (1982).

Harrison Ford, en cuanto a la epidemia de enfermedades que asolaron el rodaje, se vio forzado a “improvisar” (eso dice la leyenda) en la famosa escena del mercado que le enfrenta a un gigante con espada. Tenía que pelear y zafarse en una larga escena pero Ford, que parece ser pasaba por malos días con fiebre, lo solucionó con ese gag de acción que fue desenfundar y pegarle un tiro sin más complicaciones. Fuera como fuera…verdad o mentira: un acierto de escena.

Para evitar que el film no obtuviera la calificación “R” (mayores de 18 años), el director optó por disimular la escena que más problemas daba a la hora de pasar el corte de la calificación: donde varias cabezas sufren…digamos que la ira de Dios. Por lo que se añadió a esas tomas efectos de llamas y fuego para atenuar lo gráfico y explícito de esas escenas.

En la famosa escena de la piedra rodante, cuando vemos tropezar a Indiana Jones realmente fue una caída que no estaba planeada en el storyboard, pero a Spielberg (siempre atento) le pareció de lo más real y quedó para la posteridad. Y no menos famosa es la secuencia de la persecución en los camiones a través del desierto. Dicha escena se rodó a 20 fotogramas por segundo para que una vez proyectada al público (a 24 fotogramas) crease la ilusión de mayor velocidad de la que realmente había.

Aunque sin duda la anécdota más graciosa y más escatológica, si tenemos en cuenta que se trataba de dotar de veracidad a un elemento divino, fue el sonido que Ben Burtt (director Efectos Sonoros) dio a la tapa del cofre de piedra que oculta el Arca de la Alianza. No tuvo más que grabar en su casa cómo deslizaba la tapa superior de su inodoro para captar dicho sonido y añadirlo a la imagen del cofre del Arca. Todo un guiño al dicho aquel de: “Las mejores ideas surgen en el baño…”.

Es curioso que muchas de las anécdotas y resultados finales que surgieron en el rodaje se resolvieran de forma improvisada. Es como si el propio Spielberg y su equipo se transformaran en Indiana, y al igual que en el film, dijera: “Improvisaré sobre la marcha…”. Bendita improvisación.

Todo es este film rezuma espíritu de aventura. Es un clásico desde su estreno. Épica y divertida, emocionante e hipnótica. Nos hace sentir niños de nuevo pero con un toque canalla y no falto de espectáculo que convierten a ‘En busca del Arca Perdida’ en toda una joya, no solo del cine de los años 80, sino de la historia del cine. Uno de los tres mejores trabajos de su director y una de las tres mejores cintas de su género de todos los tiempos.

Un post de Oscar C. Segura

VALORACIÓN: 9/10

 

LA HISTORIA INTERMINABLE…VUELVE AL CINE [EVENTOS]


A partir del 22 de julio de 2016 vuelve a la gran pantalla, en cines de toda España, LA HISTORIA INTERMINABLE. Gracias a la distribuidora 39EscalonesFilms volveremos a disfrutar de Bastian, Atreyu y Fujur.

Basada en el libro de Michael Ende cuenta la historia de Bastian, un muchacho que…











…escondido en el desván de su colegio, devora durante las horas de clase un enigmático libro llamado ”La historia interminable”, en el que se relata la inminente destrucción del Reino de Fantasía. Conforme va avanzando en la lectura, Bastian se da cuenta de que la salvación de Fantasía depende de él; de que consiga entrar dentro del libro…



¿Sabías que 1984 está considerado uno de los años mágicos del cine? Cazafantasmas, Karate Kid, Gremlins, Indiana Jones y el templo maldito, Terminator, Conan el destructor, Desaparecido en combate, Los chicos del maíz, Loca academia de policía, Amanecer rojo, Superdetective en Hollywood, La historia interminable, Dune, Pesadilla en Elm Street, Splash, La mujer de rojo… ¿Qué tienen en común todas estas películas? Que se estrenaron en cines en 1984. ¡Qué año!


Este verano cogeremos la máquina del tiempo y podremos volver a disfrutar de LA HISTORIA INTERMINABLE en pantalla grande.

Comienza el viaje a un universo ilimitado de entretenimiento.
Experimenta el mundo encantado que nace de la imaginación de un joven y vive la gran aventura que se despliega ante tus ojos.

Este verano vuelve “La historia interminable” a la gran pantalla.


Y muy pronto os avisaremos de unas cuantas sorpresas más, que seguro que gustarán a los ochenteros más fans de este blog y que están relacionadas con este fenomenal re-estreno que nos trae 39EscalonesFilms


Para calentar motores hasta el 22 de julio os dejamos el ochentero video de Limahl y su canción original para el film.


WARCRAFT: EL ORIGEN [CINE]


Tras más de 20 años como éxito global en el mundo de los videojuegos online y siendo un referente cultural pop hasta el día de hoy, la leyenda del mundo de Warcraft se amplía, no en una extensión más para multijugadores, hacia el ámbito cinematográfico con esta adaptación a la pantalla grande de una apetitosa joya que muchos deseaban filmar, otros producir y millones ver. Pero el miedo existente en el mundo de las adaptaciones al cine de videojuegos ha sido una espada de doble filo a lo largo de las últimas décadas. Mencionar videojuego y su adaptación al cine, ha sido siempre sinónimo de terror entre los fans de dichos juegos y cara de poker en los amantes del cine en general. No vamos a hacer sangre recordando ‘Super Mario Bros’, ‘Street fighter’, ‘Agente 47’, ‘Doom’ o perlas parecidas. 
 
El cine no ha sabido nunca plasmar ese aura de personal universo que es un videojuego. El problema radica principalmente en cada jugador que se adentra en esos mundos adopta su intrasferible visión de lo que ése juego transmite a sus sentidos y es muy dificil…


… que la visión de otra persona, en este caso un director de cine, coincida con cada una de esas visiones personales. Del mismo modo que la adaptación de una novela que a medio mundo apasiona suele suscitar varapalos entre el público a la hora de su rodaje en celuloide (salvo contadas excepciones).
 
 
En este caso, Duncan Jones juega con ventaja, y nunca mejor dicho. Pues siendo un adicto al Warcraft (en todas sus partes, extensiones y mundos expandidos) ha sabido transmitir su profundo amor, respeto y solemnidad a cada fotograma que vemos en pantalla. Un amante de los videojuegos, y en particular del que nos ocupa, era la persona indicada para rodar semejante totem popular. Nombres como Sam Raimi o Uwe Bolll (qué miedo si hubiera caído los derechos en este sujeto) han ido pasando en estos veinte años para rodar lo que puede ser con el tiempo una buena trilogía si los números acompañan.
 
 
Decimos con el tiempo pues nos tememos que Duncan Jones (tras sus fascinantes ‘Moon’ y ‘Código Fuente’) se pueda quedar con la miel en los labios, ya que su monumento aunque respira el amor y el encanto de un admirador hacia ese mundo no puede sacar más cera de la que arde en apenas 120 minutos. Una colosal tarea titánica para aquellos que piensen que Warcraft vaya adentrarse mucho más allá de la primera incursión de Blizzard con su primera parte del videojuego de 1994. Apenas veremos una minúscula parte del inmenso universo fantástico creado para el mundo online. Pero era obvio, se trata de cimentar un futuro cercano de nuevas secuelas, prolongaciones y quién sabe si alguna serie de TV.
 
 
Lo de añadir “El origen” al título no es casual. Se trata de advertir a fans y neófitos que falta mucha tela que cortar, personajes que presentar, iconos del juego que desarrollar, mundos que ver, tramas y sucesos que puedan ser filmados. Es por así decirlo, la puesta de largo en pantalla del magnífico mundo del juego por antonomasia online. Y este puede ser el mayor escollo. El director no ha puesto ni el 10% del material potente y trasgresor que WoW puede dar en pantalla. Ha pincelado una monumental carta de presentación, efectista, llena de fuerza visual (obligatoria su visión en 3D, en este caso justificada y necesaria), deslumbrante en cuanto a puesta en escena, con enormes e hipnóticos decorados y una galeria de personajes que a buen seguro darán que hablar. Si el vil metal entra en caja…claro.
 
 
Lo malo de tanto despliegue, tanto esfuerzo en decorar el regalo, en llenarlo de lazos, colores y atronadoras secuencias de acción es que la historia en si, su trama y su fuerza en el guión es ausente. Una caricatura, si se permite la licencia, que tan solo hace un esbozo de cuatro cosas, que apenas perfila dos o tres personajes y que deja de la mano a muchos otros. La sencillez (por no decir, la candidez) del guión es su mayor torpedo en la línea de flotación. Pese a contar con el propio Jones y Charles Levitt (‘K-Pax’, ‘Diamante de sangre’) en las tareas del guión, la productora ha preferido que reine la acción, las secuencias con cliffhangers y los guiños a los fans (esa posada…) para que en futuras secuelas (eso esperamos) se pueda ahondar en tramas, desarrollar personajes y quién sabe si hacer por fin la película definitiva basada en un videojuego.
 
 
En esta ocasión, fans por un lado y neófitos por otro, nos quedamos con un palmo de narices. A unos les faltarán muchas cosas, a otros les parecerá un sencillo (pero caro) juguete de entretenimiento vacío. 
 
Esperemos que las (previsibles) secuelas enmiendan este primer resbalón de Duncan Jones. Por cierto…nos posicionamos con los Orcos ¿Y vosotros?
 
VALORACIÓN: 6/10

BATMAN VS SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA [CINE]


Meses después de su estreno, tras su visionado un par de veces y con la sangre fría que permite una crítica sosegada, creemos que es el momento de analizar (nadie nos lo ha pedido pero el cuerpo nos lo pide) esta obra, en principio hype de todos los hype, que ha hecho correr ríos de tinta digital, mucha mala baba, agrios comentarios y casi la ejecución en la plaza mayor de su director sin previo paso por los tribunales. Así somos, cuanto más nos dan…más exigimos. Somos unos desagradecidos. Nosotros los primeros, pues no tardamos ni dos segundos en clamar al cielo, rasgarnos las vestiduras y arrancarnos las uñas de los pies en cuanto supimos que Ben Affleck sería el próximo Batman tras la declinación de Christian Bale. No creímos que fuera la elección acertada, ni por su fondo como actor ni por el hecho de que la imagen que ya teníamos en nuestra retina del Caballero Oscuro pudiera ser suplantada por otro actor que no fuera Bale. Pero nos equivocamos. 
 
También pensábamos que Zack Snyder había…
 
 
 


…dado demasiadas vueltas al columpio con su “resurrección” 2.0 de Superman con ‘El hombre de Acero’ y que poco o nada podría aportar al megaproyecto que DC y Warner querían gestar para igualarse a la Marvel y su multiuniverso. Pero en este apartado también nos equivocamos. ‘Batman V. Superman’ tiene muchos aciertos, puntos a su favor y un aura que podría haber traspasado la pantalla del cine. Pero, como en las grandes tragedias, no contábamos con el villano de la función. No nos referimos a Lex Luthor, sino a los ejecutivos de la Warner.
 
 
Aterrados por los primeros pases que se hicieron con público (habría que ver quiénes eran esos sujetos de tan dudoso olfato cinematográfico) los ejecutivos temieron que su fastuosa obra magna que debería cimentar el futuro cercano de la franquicia DC podría estar en peligro por la cuantiosa información, aparatosa puesta en imagen, excesiva épica y megalómana virtud que Zack Snyder ha puesto en imágenes. El gran error de muchos es creer que Snyder ha de seguir la línea marcada por Nolan. Y no es así, Nolan juega a otra cosa. Es un prestidigitador de las palabras y un fabulador de las imágenes. Snyder apuesta por la épica del tebeo, por la plasticidad de la forma a la contundencia del fondo. Son dos juegos distintos pero muchos han creído que tenían los juguetes adecuados a la hora de ver este nuevo formato.
 
 
Snyder ha pasado de la solemnidad que Nolan transmitió en su trilogía (que seamos sinceros…nos dejó fríos en su tercera parte) a una épica rebuscada y en muchos casos forzada para ser más cercano al comic. Hecho que muchos críticos han tildado de error, pues creen que no se puede disfrutar de este film sin ser un conocedor de las andanzas de Wayne, Kent, Lane, Luthor y demás galería de personajes. Bien es cierto que Snyder ha querido poner demasiados platos en la mesa para tan poco banquete, y con una primera hora en donde el espectador no sabe bien a qué aferrarse, nos vemos arrastrados en un par de giros de guión, dos o tres flashback, varios sueños premonitorios y un collage de personajes que “aparecen” con calzador, hacia lo que podría llamarse el combate del siglo (sin duda lo mejor del film, ese duelo de machos alfa para dilucidar quién mea más lejos).
 
 
Pero de lo que adolece la película no es de falta de entretenimiento (a veces llega a extenuar tanta explosión, pirueta y mamporro en la barbilla) sino de una excesiva necesidad de apostar por introducir cuanto más mejor. Como si de un mercadillo de sábado por la mañana se tratara en el que hay que sacar todo el género no vaya a ser que alguna maruja se quede sin esos leggins que tan buen resultado le dan en sus reuniones con las amigas en la cafeteria. Snyder ha tenido que lidiar con los productores, ejecutivos, críticos y con los fans de DC. Demasiados enemigos para un hombre. 
 
 
Pese a rodearse de dos pilares tras el guión, David S. Goyer (autor de Blade, trilogía de Nolan, El Hombre de Acero, Dark City o lindezas como Jumper y series de TV como Da Vinci’s demons) y de Chris Terrio (Argo) el director no ha podido ver en pantalla gigante su idea inicial y nos quedará esperar hasta un próximo director´s cut o la versión extendida (y muy necesaria) en Bluray. Cosas de los ejecutivos de la Warner. Una lástima que tras años de cebar las esperanzas, alimentar nuestras ilusiones con un nuevo universo DC que pudiera hacer competencia (que no sombra) a Marvel y que nos mostrara que la solemnidad no está reñida con el entretenimiento, tengamos que mordernos la lengua y esperar que ‘Escuadrón suicida’ venga en el rescate del público.
 
‘Batman V. Superman’ no es mala. No es tan mala como dicen. Cierto que tiene momentos que llegan a exasperar, que tienes ganas de coger un libro de instrucciones del Ikea en busca de algo que sea comprensible, pero como espectáculo funciona. No como historia que sustente una trama. Quiere rizar el rizo mezclando lo visto en ‘El hombre de acero’ con elementos de las sagas de los comics y mucha información se pierde (el director da por hecho que todos somos devoradores de comics). Debemos hacer un esfuerzo como espectadores y meternos en su juego para tratar de dilucidar esos sueños premonitorios, esos personajes que asoman un poco la patita con la esperanza que mediado el film vayan atándose esos cabos. Pero no, nunca tenemos esa resolución.
 
 
Son pequeños retales de una maquinaria mucho más enorme de lo que los 150 minutos que dura el film es capaz de transmitir. Una epopeya de efectos especiales, buenos personajes que no acaban de ser redondos, una música que roza por instantes lo maravilloso (para luego quedarse en agua de borrajas en esa unión de Zimmer y JL Junkie).
 
En lo referente al cuarteto principal de actores, tras asumir nuestro error al creer que Ben Affleck no encajaría como un buen Batman/Bruce Wayne, debemos mencionar que nos sorprendió gratamente, pues recoge el testigo de ese espíritu comiquero que el Caballero Oscuro ha reflejado en muchas y notorias novelas gráficas. Su rol, contenido pero ajustado al tono del film, cuaja con lo aportado por Henry Cavill y su atormentando Superman (lejos del sosías que fue Christopher Reeve o la patada en el arco del triunfo que fue Brandon Routh). En cuanto a Jesse Eisenberg, pues qué decir, que hace de Jesse Eisenberg (y ya van una docena de films así…) pero quizás se ajuste en próximos films al personaje (nuestra velita a San Judas ya está puesta). Y claro, nos queda Gal Gadot, ese icono húmedo de las noches solitarias de los fans de los comics. Ha pasado de ser chica florero en la saga de las bujías (‘Fast & Furious’) ha levantarse como la salvadora del film. Algo exagerado. Bien que su aparición vaya a cuenta gotas para hacernos salivar, pero tenerla como el pilar en el que se sustenta lo poco bueno de la película se nos antoja caprichoso y solo para adictos a la caja de Kleenex y el vaso de leche junto al ordenador.
 
 
Un espectáculo del que se esperaba muchas más respuestas que preguntas. Más emoción que dudas y sobre todo más empaque que retazos de lo que pudo ser y los canallas de los ejecutivos de la Warner nos han negado. Aún así, ‘Batman V. Superman’ aguanta su objetivo. Entretiene. Aunque no apasione. Quizás nos hemos acostumbrado a los cliffhangers, a las escenas post-créditos, a los guiños escondidos (ese traje de Robin garabateado por el Joker), a los personajes fetiche (que poco valorado Jeremy Irons con su Alfred), a un sinfín de detalles que Marvel sabe usar y que Warner y DC se martirizan en tratar de imitar. No es el juego al que deben unirse. Deben crear otro y Snyder iba por buen camino, pero el dueño de las tijeras tiene acceso a la sala de montaje y mientras eso siga pasando en el cine, los autores deberán jugar a otra cosa.
O inventarse un nuevo juego.


VALORACIÓN: 6/10

EL RENACIDO (THE REVENANT) [CINE]


La envidiable filmografía de Alejandro González Iñárritu tiene una nueva perla a engrosar en sus filas. Tras sus geniales ‘Amores perros’, ’21 gramos’, ‘Beautiful’, ‘Babel’ o la anterior ‘Birdman’ hay que sumarle esta mastodóntica odisea llena de fuerza, odio, venganza y poderosa imagineria visual que hipnotiza de forma constante y apabullante al espectador en sus casi dos horas y media de metraje, todo un record en su carrera. ‘El renacido’ es la consolidación total e internacional (si no lo era ya con ‘Birdman‘) de Iñárritu como director guru de estos últimos años. Una lista de creadores de fuerza cinematográfica que desde hace diez o quince años nos vienen dando sorpresa tras sorpresa con sus proyectos. Nolan, Cuarón, Tarantino e Iñárritu son en esencia los directores que ahora mismo más expectativas y esperanzas crean en el…

…público ávido de emociones, sensaciones y momentos vívidos que sus mentes son capaces de elaborar cada año.
Sin duda, ‘El renacido’, es uno de los estrenos más esperados de este año, no solo por descubrir si su director ha superado la avalancha de ego que supuso su éxito (a nivel crítico) del año pasado con ‘Birdman’, sino también por el elenco de actores con los que se ha rodeado para sacar adelante un proyecto que llevaba por los despachos de Hollywood desde hace más de 10 años. Leonardo DiCaprio (el eterno aspirante a ser considerado como el buen actor que es) y Tom Hardy (una bestia en pantalla capaz de devorar los planos con su sola presencia) nos trasladan a los devastadores parajes maravillosamente captados por el director de fotografía  Emmanuel Lubezki (‘Birdman’, ‘Sleppy Hollow’, ‘Gravity’, ‘El árbol de la vida’...) y que a buen seguro tiene mucho de la esencia del cine de Terrence Malick a la hora de atrapar esa luz, esas imágenes que se suceden entre la vigilia y el sueño hiperreal, un aura que sobrevuela todo el film dejando latente en la retina del espectador ese momento preciso del tiempo. Un tratamiento de la imagen que recurre a las enseñanzas del maestro Kubrick a la hora de captar la luz natural para condensarla en la cámara digital. Todo un alarde que llena la retina.
La historia, basada en gran medida en sucesos reales, nos lleva a los inhóspitos territorios de Dakota del Sur (aunque lo que veamos sean los parajes de la Columbia en Canada, entre otras localizaciones) en el año 1823. Y somos testigos de un preciso instante temporal gracias a la poderosa lente de Iñárritu. Prestidigitador y narrador a partes iguales, nos cuenta esta odisea de venganza donde Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador y trampero que guía a una compañía de pieles a través de las montañas hasta su fuerte tras un atroz ataque de los indios (un arranque del film frenético y cruelmente retratado) sufre las consecuencias de su enfrentamiento con una osa en una de las escenas más impactantes de los últimos años en el cine.
Realista, fría, devastadora y a la par maravillosamente rodada, la escena en cuestión es el punto de inflexión donde el film se torna en una espiral de doble moralidad por parte de los compañeros de viaje, pues se debaten entre abandonar a su suerte a Hugh o llevarlo con ellos pese a las inclemencias y el peligro de un nuevo ataque por parte de los indios. Es aquí donde el personaje de Tom Hardy (Fitzgerald) se descubre como el verdadero animal que es. Donde la codicia, la cobardía, la avaricia y la mediocridad del ser humano se reflejan en su personaje, siendo el némesis del personaje interpretado por DiCaprio.
Iñárritu utiliza a estos dos personajes para desentrañar nuevamente con su cine las constantes de sus fetiches mentales (el alma humana y sus oscuras puertas) para sacar los demonios que todos llevamos dentro y enfrentarlos, sin redención, sin paliativos. De forma cruel y despiadada. Haciendo un paralelismo entre el feroz ataque de la osa con la escena final donde ambos personajes se vuelven bestia y hombre. Todo, con el telón de fondo de la venganza.
Si bien es cierto que Iñárritu no puede dejar de un lado sus pequeños caprichos personales (nuevamente nos vuelve a demostrar que sus planos secuencias son para enseñar en las escuelas de cine, pues no son artificio sino que validan y en mucho la narración de lo que nos está contando) y ello es quizás lo que hace mella en un poderoso proyecto como éste. El metraje, unos 156 minutos que en algunos momentos llegan a parecer excesivos, bien pudiera haberse reducido si las prolongadas secuencias oníricas, donde el personaje de DiCaprio se debate entre la vida y la muerte, hubieran tenido una consecuencia en la narración final del film. Pero ni dichas secuencias aportan nada definitivo a la narración, ni llegan a causar el efecto que tal vez quisiera imprimir Iñárritu con ellas, pues dejan una sensación de adorno innecesario de cara a la galeria (ahí tenemos una de las mayores referencias al cine de Terrence Malick).
Otro factor que puede debilitar al espectador es la poca claridad en ciertos personajes determinantes Atención Spoiler (el indio que ayuda a DiCaprio a sobrevivir)   y eso deja una vacía inquietud en el resultado final del film. Quizás en ciertos pasajes y situaciones (la huida a caballo y caída de un precipicio) Iñárritu se tome excesivas licencias para con su personaje, y en vez de llamarle “El Renacido” uno pueda pensar que está frente a un inmortal. Fin Spoiler
Pese a estos elementos que pueden llegar a enturbiar el conjunto, el director ha conseguido (una vez más) crear una vigorosa película que hará las delicias de los amantes del cine visual, de los amantes de las historias de venganza, de la superación humana y de la condición del salvaje que todos llevamos dentro frente a las adversidades.
Un guión a cuatro manos, junto a Mark L. Smith (‘Habitación sin salida’) que toma prestadas referencias claras al mundo salvaje de Jack London y que demuestra, una vez más, que la venganza (por amor paternal en este caso) es una de las más devastadoras fuerzas de la naturaleza. Acompañado todo ello con las inquietantes notas musicales del (“renacido” para el cine occidental)
Ryuichi Sakamoto que no componía para el cine internacional desde el 2006, justamente con Iñárritu en ‘Babel’.
DiCaprio vuelve a codearse con un director oscarizado (Eastwood, Scorsese, Spielberg, Cameron, Boyle, Allen, Tarantino, Mendes…) en un intento más (y van…) de conseguir su ansiado (y desde hace muchos años merecido) Oscar. Quizás este personaje no sea el que más fuerza o empaque tenga en su filmografía (si con su Jordan de ‘El lobo de Wall Street’ no lo obtuvo…) pero a buen seguro que a los de la Academia les pone y mucho, las historias de personajes que superan las adversidades, y en esta ocasión Leo se lleva la palma. Hardy, por su parte, vuelve a robar protagonismo, escenas, planos y casi hasta el propio film. Es una bestia innata de la interpretación, y con poco hace genialidades como este Fitzgerald que a buen seguro pasa desde ya a engrosar en las filas de los más crueles villanos del cine. Un acento cerrado, unos gestos, una caracterización soberbia y una contención en su trabajo, hacen que Hardy tenga casi asegurado su altar entre los mejores actores del panorama actual. Muchos recordaran en su personaje a otro que consiguió el Oscar por uno similar, el del sargento Barnes en ‘Platoon’ interpretado por Tom Berenger. No es casualidad.
Con todo esto, nos encontramos con una excelente película, que pese a sus menores fallos, es una excusa maravillosa para perderse en la oscuridad de un cine, trasladarse a las remotas tierras de Dakota del Sur y sentir el gélido viento del norte, la árida luz de las montañas, la respiración de tu alma y el vacío más cruel que la condición humana es capaz de soportar. Una joya más en la orfebrería del maestro Iñárritu.
VALORACIÓN: 8/10

EN EL CORAZÓN DEL MAR [CINE]


El intento de camuflar una versión cinematográfica de una novela original como ‘Moby Dick’ para presentarnos la historia de ésta bajo el epígrafe de “la historia en que se basó” no es sino un mero pretexto para poner en rumbo este proyecto que a priori no cuaja ni por su forma ni por su contenido. Ron Howard, que en su enésimo intento de alcanzar la épica con un film vuelve a naufragar al tratar de compensar una dudosa aventura en un tour de force entre el hombre y la naturaleza. Entorpecido por los numerosos flashbacks en los que se nos narra la película, el film deambula sin saber bien si reflejar la lucha entre el hombre y la ballena (con aparatosas y repetitivas escenas que no acaban de convencer por un uso excesivo de croma y efectos digitales que cantan desde barlovento) o la sin duda más interesante…
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…confrontación entre los personajes del primer oficial Chase (Chris Hemsworth) y el capitán Pollard (Benjamin Walker) pero también este apartado naufraga el director.
 
Con un guión que trata de abarcar más de lo que la misma historia puede ofrecer, los pocos matices que uno se puede llevar a la boca es recordar buenos momentos que otros films de viento y salitre nos han dado a lo largo de la historia del cine. ‘Viento en las velas’ o la reciente ‘Master and Commander’ son magistrales muestras del buen hacer de un director sobre los maderos de un barco. Hasta la propia obra maestra de John Huston (‘Moby Dick’, 1956) se debe sentir ofendida ante tamaño disparate que Howard y el escritor Chales Leavitt perpetran en la novela de Herman Melville amparados en usar otro libro (“In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex” de Nathaniel Philbrick) para escudar una falta de imaginación, ideas nuevas y manera de rodar.
 
 
La trama, mas que avanzar, decae en una lenta zozobra y llega hasta la deriva cuando por más que uno espera el climax final, director y guionista en un intento de rizar el rizo y ser más papistas que el Papa, se quedan tan a gusto con un final benévolo, bien pensante y que roza la moralina más edulcorada. No podría ser de otra manera tratándose de Ron Howard (eterno aprendiz de Spielberg). 
 
 
Un elenco de actores donde ninguno destaca por encima de los demás, pues la carencia de empatia hacia estos está presente desde el primer minuto. Ni Hemsworth (que repite con  Howard tras ‘Rush’) ofrece algo de carisma con su personaje, ni tiene réplica en unos desaprovechados Cilliam Murphy o Benjamin Walker. Todo está impregnado de una falta de alma, de espíritu y de conjunto que no hace sino hastiar al espectador hasta que éste desee un rápido final. No hay un pulso o un ritmo al que aferrarse y los vientos que soplan desde los excesivos y bastante monótonos efectos visuales hacen torpedear el interés por una historia mal tratada y peor rodada.
 
 
Una deliciosa banda sonora destaca por encima de todo este despropósito (obra de Roque Baños y que se inspira, sin ningún pudor, en Hans Zimmer) y que trata de imprimir toda la épica y el alma de aventura que a las imágenes les falta. Un ejercicio de caprichoso desarrollo, peor tratamiento y lenta travesía.
 
Un barco que jamás debió zarpar, pues estaba desprovisto de provisiones, objetivos y mal tripulado.
 
 

VALORACIÓN: 5/10

THE MARTIAN [CINE]


Sin duda se esperaba a Ridley Scott con el hacha en mano desde muchos sectores de la crítica, no tanto así sus admiradores y seguidores, que por suerte aún son legión. ‘The Martian’, traducida en España con esa fortuna que nos precede en cuanto a trasliteraciones se refiere como ‘Marte’ (no vaya a ser que alguien se confunda con el título original, ‘El marciano’) ha sido un punto de inflexión en la errática carrera de los últimos años del creador de genialidades como ‘Los duelistas’ o ‘Thelma y Louise’. Tras títulos tan decepcionantes como ‘Prometheus’, ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ Scott estaba en deuda con el género de la ciencia ficción que tanto le ha dado y…
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…que él mismo ha sido responsable de convertirlo en referencia. Con la antesala de su nueva secuela ‘Prometheus: Paradise Lost’ y en las labores como productor de ‘Blade Runner 2’, los seguidores de Ridley no las tenían todas consigo ante este nuevo proyecto.
 
 
Con un ambicioso y elaborado libro, obra de Andy Weir, en el que basar el guión y con un reparto de relumbrón, ‘The martian’ se destapa como una evasión pura y dura en la carrera de Scott. Directa, sin moralina, sin tapujos a la hora de mostrarse como un “sencillo” ejercicio de aventura y escapismo. Siguiendo los esquemas de directores como Ron Howard y su ‘Apolo XIII’ o Robert Zemeckis y su ‘Náufrago’, Ridley recoge el testigo y presenta a un personaje en mitad de unas descorazonadoras circunstancias que construyen una historia épica, de valentía y superación. 
 
 
Con el emblemático marco de las llanuras del planeta rojo como telón de fondo (maravillosamente fotografiado y que logra trasmitir esa sensación de absoluta soledad) y un Matt Damon que por arte de magia deja a un lado su eterna cara de niño bueno pero con fondo canalla, hacen del visionado del film una buena dosis de cine de evasión. Sin complejos matices ni dobles lecturas (aparte de ser un panfleto propagandístico a favor de la Nasa) las desventuras espaciales del náufrago estelar se trasforman de la angustia más desesperante a la superación más rimbombante con los acordes de algunos de los mejores temas de música disco de fondo (capítulo aparte la utilización maravillosa del tema de David Bowie ‘Starman’).
 
 
Si parece haber dado en la tecla del público…¿qué le falta entonces a ‘The martian’? Más que faltar, le sobra. Le sobra sencillez en cuanto a su ejecución alocada de los últimos 20 minutos, donde el film se convierte en un carrusel de desacertados desenlaces, tópicos del cine de aventuras más descafeinado y clichés del cine comercial (que en el fondo siempre ha ansiado Scott). Deja un poso de “pudo haber sido pero no…” Una hora y media inicial que roza por momentos el mejor cine de los últimos años del realizador de ‘Legend’ (hay mala leche al mencionar este film, lo sabemos) pero que se desluce con demasiadas lagunas argumentales que solo buscan el final feliz, la palmadita en la espalda y las buenas vibraciones de la eterna fábula de la superación de la raza humana ante las vicisitudes. 
 
 
Un Robison Crusoe enfundado en un traje espacial que reconcilia a buena parte del público de Scott con su cine interestelar pero que deja algunas dudas (razonables) con su giro comercial que trata de vender. Los buenos años en los que nos sorprendía con títulos como ‘American Gangster’, ‘Black Hawk Down’ o ‘Gladiator’ parece que deben seguir esperando. Al menos el disgusto de ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ nos lo ha quitado.
 
VALORACIÓN: 6/10

JURASSIC WORLD [CINE]


Tras 22 años de haber asombrado al mundo con la espectacular ‘Jurassic park’ nos llega esta secuela con más espíritu de reboot que de consolidar una saga que ya languidecía en su tercera, y muy olvidable, entrega. Spielberg ya regaló los mandos de la dirección en 2001 a Joe Johnston (‘Jumanji’, ‘Cariño he encogido a los niños’), oficioso pero anodino realizador de la casa spielberiana, y para esta ocasión la productora del antes llamado Rey Midas de Hollywood ha creído conveniente que dirigiese esta cuarta entrega el director de ‘Seguridad no garantizada’, Colin Trevorrow. Desconocido para las majors pero que por esta fortuna de meter la cabeza en la popular saga jurásica…


 
…le ha hecho merecedor de la confianza del estudio para dirigir la secuela de ‘Jurassic world’ y de rebote tener casi un pie y medio en la dirección del episodio IX de ‘Star wars’. Todo un pelotazo. ¿Y el resultado de estas recompensas se ve en ‘Jurassic world’? Seamos sinceros, no.
 
Planteada como un re-inicio de las aventuras que Michael Chricton presentó al mundo en sus dos novelas originales, el guión de esta falsa secuela se antoja de todo menos novedosa. Pese a contar con el tandem compuesto por Rick Jaffa y Amanda Silver, artífices del resurgir de la saga de ‘El planeta de los simios’ (2011-2014) o de las próximas entregas de ‘Avatar’; pese a que el propio director, Trevorrow, también firme el guión y además contase con su compañero en estas lides, Derek Conolly, asombra sobremanera que la trama, las situaciones, los personajes e incluso el desarrollo de la acción suponga para el espectador un continuado esfuerzo a la hora de descubrir novedades o simplemente retazos que hagan brotar una sonrisa de complicidad.
 
 
Homenajes y autohomenajes aparte que ‘Jurassic world’ salpica al público en un intento de recuperar a aquellos jóvenes que hace más de 20 años se quedaron anodados por el despliegue de efectos, aventura y tensión que Spielberg se sacó de la chistera en 1993 (año que paralelamente rodaba la insuperable ‘La lista de Schindler’), poco o nada nos devuelve de manera novedosa esta secuela. Personajes tópicos que predicen antes de hablar lo que va a suceder, diálogos carentes de la chispa que transmitían aquellos lejanos doctor Malcom o doctor Grant, ni tan siquiera los majestuosos dinosaurios que la ILM creó para la ocasión aquí lucen con poderío o asombro. Nuestros ojos ya están tan adormecidos y acostumbrados a los efectos por ordenador que la sorpresa se ha perdido por completo, por lo que basar toda la fuerza de esta entrega en un guión convincente y con gancho se hacía necesario por naturaleza. Pero no, han creído que ir directamente a la bolsa de palomitas (y la bolsa de los billetes) era el camino más rápido para ampliar el público.
 
 
A buen seguro que lo han conseguido. Convertida en número uno en taquilla y batiendo records. Eso sí, a costa de hundir una saga que ya no tenía mucha salida sin un verdadero cambio de rumbo. Hemos vuelto a un parque temático, no tan atractivo como el del 93, pero sí más descarnadamente mercadotécnico, casi como una metáfora hacia la misma saga, que ha pasado de una joya del cine de aventuras a un mero vehículo para vender palomitas. No es despectivo este ejemplo, sino decepcionante. Muchas esperanzas perdidas en un vasto despliegue de F/X carentes de la emoción que se le presuponía. Spielberg, a la sombra durante el rodaje, debió torcer el gesto mientras veía los progresos de la filmación, a la par que su cartera crecía (una vez más) de manera grotesca.
 
 
Trevorrow a reformulado el planteamiento de la casa Spielberg: niños-espectáculo visual-tensión. Pero a diferencia de éste, a Trevorrow le queda mucho camino por recorrer. Ha clavado los clichés del genio pero no ha sabido imprimir su sello inconfundible. De ahí que sus personajes queden vacíos y cual marionetas deambulen entre croma y croma sin saber bien hacia dónde irán. Espectáculo al servicio de un nuevo dinosaurio creado para  la ocasión, el Indominux Rex, que a modo de guiño malsano hacia la evolución genética que pretendía John  Hammond en la Isla Nubla original, no acaba de cuajar en pantalla y flaquea en todo momento en su intención de amedrentar al espectador. De ahí que se vuelva a tirar de “personajes” conocidos para el público: los velociraptores y nuestro querido Tyranosaurio Rex.
 
 
Si bien los primeros han llegado a un estado deplorable de cuasi domesticación (algo que avergüenza hasta en su planteamiento y más en su visualización) el segundo sale de su guarida casi al final del film, a modo de tabla de salvamento para que la platea pueda romper a aplaudir al volver a ver a su antaño enemigo convertido ahora en salvador (una curiosa comparación con Terminator a lo largo de su saga). Nuestro llorado Stan Winston es muy recordado y echado en falta de manera ostensible en esta entrega. Ni atisbo de los animatronics que hacían más cercanos a los dinosaurios que nos hicieron soñar. Los efectos han evolucionado de modo casi realista, pero sin una fuerza en el guión tras ellos quedan en solo eso. efectos sin alma.
 
 
El reparto, con caras más o menos conocidas, tiene su peso en los hombros del omnipresente Chris Pratt, que ya transita por la casa spielberiana preparandose para coger el látigo y el sombrero del doctor Jones. Su imagen de aventurero que está de vuelta de todo, canalla y cínico, no es suficiente para dar contrapartida al resto de personajes, donde Bryce Dallas Howard sale muy mal parada. Ni siquiera los niños consiguen atrapar parte de la tensión que debe encajar en sus escenas (la esfera de paseo es sin duda lo mejor del film). Y poco que decir de ese homenaje nada disimulado a ‘Los pájaros’ donde el bulevard del parque temático se convierte por un momento en una visita a Bodega Bay calcando sin pudor algunos de los emblemáticos planos de aquel mítico film de Hitchcock.
 
 
Volvemos al Jurásico, volvemos a ver correr a los velociraptores, rugir al Indomitux Rex, saturarnos de efectos pero… el vaso de agua que temblaba con cada pisada del Tyranosaurio esta vez no transmite miedo o tensión. Solo un suspiro por la oportunidad perdida.


VALORACIÓN: 4/10

MAD MAX: FURY ROAD [CINE]


Volvemos a las áridas tierras australianas donde todo comenzó hace 36 años. Pero no todo sigue igual, al contrario, la arena es más dura, sucia y el sudor cobra vida. George Miller se ha sacado la espina, a lo bestia, con esta fulminante secuela de su anti-héroe por antonomasia: Mad Max. Nuevo rostro, nuevos personajes, nueva historia pero todo pasado por la quintaesencia del cine espectáculo elevado a la máxima potencia. El motor ruge como nunca, la gasolina fluye con insolencia y la adrenalina sustituye a la sangre en esta explosiva continuación de la epopeya post-apocalíptica más ambiciosa de la carretera. Lejos han quedado aquellos V8 donde nuestro querido Max aporreaba a los salvajes de la autopista. Ahora la locura tiene sentido, la senda del guerrero se ha definido como nunca antes y sabemos por fin que Max nunca se fue, solo estaba meditando cuánta locura mostrar al mundo. No estábamos preparados para tanta…
 


 
 
…demencia. Y eso nos vuelve locos. Situada cronológicamente entre la primera y segunda parte, reconocemos a Max desde el prisma de los villanos. Para que nuestros ojos reconozcan al nuevo héroe versión siglo XXI, el director y guionista George Miller, disfraza la presentación del guerrero de la carretera con difuminados planos, entre sombras y rápidos movimientos de cámara, lo enfunda en una aparatosa mordaza para que el espectador conecte con el nuevo rostro. Mel Gibson puede estar satisfecho, pues su criatura tiene un digno heredero. Tom Hardy hace suyo al icono de la ciencia ficción australiana de forma lineal, distante y fría pero que poco a poco nos irá deleitando con su selección de frases cortantes y acciones aún más esquizofrénicas. La historia no es solo una maravillosa unión de secuencias de acción magistralmente rodadas, hay mucho más. Una trama que subyace bajo las vastas llanuras de desierto. La redención de unos personajes que huyen de su pasado en busca de un futuro incierto pero necesario. 
 
 
Los paralelismos a los clásicos temas del mejor cine de aventuras se erigen como epicentro de este descomunal ejercicio de puro espectáculo visual. La venganza, la traición, la idolatría, la esperanza y el tormento de unos personajes de los que sobresale una portentosa Charlize Theron, que roba a sabiendas cada plano en el film. Un personaje, Furiosa Imperator, hecha a medida de Mad Max, su alter ego femenino que redime cualquier crítica al cine de macho alfa que Miller siempre había impregnado en esta saga. Luce sucia pero poderosa, bella pero implacable. Una diosa de la arena que guarda más de un secreto. Un ardid del director para embarcarnos en esta trepidante batalla por el control de la carne, del futuro y de la vida misma.
 
 
Otro acierto de Miller es incorporar de nuevo como guiño a la trilogía original (entre otros muchos que hay…y si no buscad bien la cajita de música) al actor Hugh Keays-Byrne como Inmortal Joe. Tras su Cortauñas de la primera parte, aquí se eleva como el mejor villano de toda la saga, con permiso de Humungus y Tía Ama. Un malvado de la función que no solo aporta la fuerza visual necesaria con una impresionante caracterización sino que además deja muchas incógnitas subyacentes en sus motivaciones como personaje. Una guerra de poderes entre él y Furiosa Imperator que hace vibrar las casi dos horas de metraje.
 
 
La nueva ciudad presentada como el último oasis viviente, La Ciudadela, tiene una riqueza de personajes, personajes y subtemas que enriquece toda la historia, a priori un simple vehículo de efectismo visual, pero que poco a poco se desmarca como una verdadera tesis del poder de la vida sobre la muerte. La búsqueda de mártires que refuercen la creencia en un futuro esperanzador. Theron y Hardy se combinan a la perfección y dejan entrever que ambas figuras son las dos caras de la misma moneda. El espectador se deja llevar desde el minuto uno por la mitificación de Mad Max, su iconografía y su vertiente más ruda. Escasos diálogos en boca de Max pero que no hacen sino agrandar más su leyenda. Una épica presentación del nuevo loco de la carretera que envuelve de polvo y destrucción todo a su paso. ¿La mejor de la saga? Sin duda. Varios motivos lo avalan: su poderosa fuerza visual que combina elementos de F/X con acción real haciendo muy difícil discernir cuándo empiezan unos y acaban otros. Una banda sonora, a cargo del siempre sorprendente Junkie XL (Tom Holkenborg) que es capaz de combinar las melodías más atronadoras con temas de Ennio Morricone o los Dire Straits, para que los planos visuales sean demoledores así como ciertas figuras en pantalla sean hipnóticas (el guitarrista Doof Warrior). Impagable.
 
 
La riqueza visual de ‘Mad Max: Fury Road’ se debe en gran medida al uso del color en pantalla, una fotografía que juega con los contrastes cromáticos dependiendo del momento de la trama. Un elemento que hace cobrar vida al film, nos hace sentir que estamos sedientos de agua, apenados por la verdad o atemorizados por la incertidumbre. Del mismo modo que el director juega con los términos vida-gasolina, sangre-fuerza, leche materna-futuro, nos hacemos yonquis de este tipo de cine tan necesario y tan poco bien llevado a la pantalla. Pura energía, adrenalina impulsada a golpe de acelerador y motor nuevo y perfectamente engrasado. Larga vida a Max, sed testigos y por que cuando visteis ‘Mad Max: Fury Road’ dijisteis aquello de: “Qué día…qué gran día”
 
VALORACIÓN: 9/10