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MAREA NEGRA [CINE]


Bajo la eterna frase de “basado en hechos reales” todo espectador debe aceptar a pies juntillas lo que vemos en pantalla como si fuera la única verdad cuando sencillamente muchas veces solo asistimos a la particular visión del guionista y/o director del proyecto. En esta ocasión, y sin que sea sorprendente, Peter Berg ha optado por dirigir un film que a priori parece nos vaya a deparar una suculenta batería de escenas de acción, épica a raudales y explosión de tetosterona…pero nada más lejos de la realidad.
 
El film se limita en su primera (y excesivamente larga e insulsa) parte para…

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GREEN ROOM [CINE]


 

Alabada por Cannes, ganadora de diversos premios en Festivales de Cine Fantástico (algo curioso cuando no existen elementos fantásticos en el film) y con un aura de film transgresor, por fin llega a España ‘Green Room’, un título con muchas connotaciones y más fama que contenido. Bien es cierto que quizás algunos sectores de la crítica hayan ensalzado esta tercera película de Jeremy Saulnier por los varios mensajes subliminales (algunos) que contiene. Pero su más destacado factor es el uso de la violencia y cómo la muestra en pantalla en detrimento de las premisas que en un principio plantea.
 
Lo que se presenta como un thriller de supervivencia en el que una banda de música punk acaba tocando en un evento de neonazis se torna en…

XMEN APOCALIPSIS [CINE]


Todo fin tiene su origen y al igual que la historia que nos ocupa, Bryan Singer nos ha traído el origen y el final de una saga que él mismo inició hace ya 16 años. Aunque todo sea dicho, en esta ocasión el director no ha tenido la misma fortuna que en sus inicios (XMen, 2000) o en su reboot (Días del futuro pasado, 2014) anterior a esta secuela. Resulta casi profético que en la misma película uno de los personajes, tras ver en el cine El Retorno del Jedi, diga que las terceras partes siempre son la peor. Es como si el propio director asumiese que está ante el reto de superar no solo a su propia forma y visión de esta nueva trilogía  sino las expectativas que él cimentó con la creación de este universo paralelo de la Marvel en la Fox.

Singer se ha visto superado…

…por su propia creación y cae derrotado ante la avalancha de personajes ( ya conocidos por todos pero que nuevamente son presentados pues tienen diferentes rostros) que desfilan por la pantalla. Salvo el obligado (sangriento  y espectacular) cameo del personaje fetiche de los XMen, el resto de los nuevos rostros no transmiten ni un ápice de pasión, emocion o empatia. Y de los ya conocidos, como Mystica de Jennifer Lawrence, parecen estar pensando en su cuenta bancaria antes que intensificar su personaje en la pantalla. Son carne de merchandising en detrimento de una trama que adolece por reiterativa (el manido tema de la amenaza nuclear), que carece de tensión ( se alarga en exceso para lo poco que cuenta) y que traduce en imágenes todo el conglomerado de situaciones, referencias y personajes para que de alguna forma ( incluso con calzador) encajen de manera lógica con la primera parte que vimos hace ya tres lustros.

Pese a contar con uno de los villanos más esperados del universo mutante, Apocalipsis, éste no resulta en pantalla como debiera. Demasiado teatral y poco aprovechado en su relación con sus “cuatro jinetes”, del que solo se salva el siempre eficaz Magneto-Fassbender, Oscar Isaac poco o nada puede hacer bajo esas miles de capas de maquillaje y la exagerada repetición del uso del CGI, que llega a saturar en vez de sorprender.
Parece que Singer quiere dar por finiquitado su relación con los XMen, al menos como director, si bien en la anterior cogió algo de fuerza y sangre fresca tras seguir los pasos de Mathew Vaugh con la excelente Primera Generación. Parece mentira que situar la trama en los años 80 haya sido tan mal utilizada y reluce poco o nada. Personajes que hacen acto de presencia para justificar lo visto en esta ultima década, vueltas de tuerca para volver a la historia original que ya vimos en XMen 2 y en La decisión final. Un cúmulo de desaciertos que unido al largo metraje ( ¿Es que nadie sabe hacer ya peliculas de 90 minutos que cuenten lo mismo?) hacen de la visión de esa tercera parte de la nueva trilogía, un desafío hasta para los fans mas acérrimos.
Pero no todo van a ser malas noticias. Al menos nos queda el consuelo de que tal vez el personaje fetiche amante de las cuchillas tenga por fin un spinoff en condiciones tras ver su aparición salvaje en esta. Los ejecutivos han tomado buena nota de que el público prefiere ver mas ese lado oscuro de los superheroes en pantalla. Tal vez sea hora de dar ese toque adulto que estos universos por den a gritos. Mención grata merece, como ya hemos dicho, Michael Fassbender, que ha logrado que casi olvidemos por completo a Ian McKellen al hacer suyo el personaje de Magneto. Mucho mas profundo, complejo y que clama por su propia pelicula en solitario desde hace años. Al tiempo.
En esta cruenta batalla de gigantes de superheroes que Marvel y DC llevan acometiendo, se esperaba que este 2016 fuera histórico. Pero tras los estrenos de Capitán América, Deadpool, BatmanVsSuperman y ésta…se puede decir que Marvel saca ventaja tan solo con su derroche de épica del Capitán y sus acólitos o la frescura inesperada del heroe bocazas. Aun nos queda Gambit, Doctor Extraño por parte de Marvel y Escuadron Suicida por parte de casa de Detectives Comics, pero en lineas generales 2016 está siendo un año que solo puede definirse como decepcionante. Y Bryan Singer es uno de los responsables de esa sensación.
 

VALORACIÓN: 5/10


CREED: LA LEYENDA DE ROCKY [CINE]


El director Ryan Coogler y el actor Michael B Jordan, vuelven a unirse en el segundo largo del primero tras ‘Fruitvale station’ (2013) para sacarse de la manga una nueva aparición del mítico Rocky Balboa bajo el disfraz de arranque de una nueva saga auspiciada por el eterno púgil ficticio de Philadelhia. Tan innecesaria como rocambolesca, el hecho de inventarse un hijo ilegítimo de Apollo Creed (Carl Weathers en la saga original) para dar pie a que Balboa se ponga en la esquina del ring como entrenador (seamos sinceros, Stallone ya no está para lucir calzones) no es otra cosa que la reformulación de lo que vino a ser la primera entrega allá por 1976. Mucho han cambiado los tiempos, los personajes, la música, las calles de Philadelphia ya no son como eran, el hip hop acompaña a nuestro héroe en sus entrenamientos…
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
… y los desayunos a base de yemas de huevo en modo industrial ya no se estilan. Eso sí, perseguir a la gallina para coger velocidad en las piernas viene bien como guiño a la saga.
 
Por que de eso trata ‘Creed’, una mera excusa para homenajear al genuino potro de Philadelphia. Un continuo guiño que se alarga hasta la saciedad (más de dos horas mal llevadas) para mostrarnos de nuevo la historia de un joven inadaptado, que busca su hueco en la vida, que se rebela contra lo establecido y que busca un mentor en ausencia de su padre biológico. Balboa se enfunda el traje de entrenador, que no hace ni sombra al venerado Mickey (Burguess Meredith), y trata de transmitir sin mucho gancho las enseñanzas que él tuvo.
 
 
Un Adonis Creed (Michael B. Jordan) que no entra en los pantalones de boxear de su padre (otro guiño a la saga), un Balboa que pinta canas (ya no está para enseñar pecho palomo, el cuál ha ido bajando a medida que los calzones como boxeador iban subiendo para tapar las olvidadas abdominales que lucia antaño…el tiempo y un servidor es muy canalla). El hecho de que a su personaje se le muestre tan afable, vulnerable y que roce por momentos el folletín de telefilm de un sábado por la tarde, solo es motivo para sospechar que la nominación de Sly a Mejor Actor Secundario se debe a que una enfermedad terminal en un personaje tan mítico es casi medio billete para ganar la estatuilla. Y de eso, Hollywood, sabe un rato. Les encanta oler sangre.
 
 
Pero detalles escabrosos aparte, ‘Creed’ poco más ofrece. Un par de combates que lucen poco en cámara. Que no contienen la pasión y la fuerza que antaño nos daban los episodios III o IV. Ni tan siquiera hay rivales dignos de alabar. Ya no suben al ring aquellos Clubber Lang o Ivan Drago. Ya no es tiempo de héroes. Ahora solo toca nostalgia y ver como un mito se marchita.
 
 
‘Rocky Balboa’ (2006) ya era un buen homenaje, una buena despedida. Casi por todo lo alto. Del mismo modo que ‘Rambo’ (2008) fue un colofón de saga bien hecho y necesario, esta vuelta de tuerca para exponernos a un supuesto nuevo boxeador al cual mitificar se nos antoja pobre y hueca. Clichés, topicazos y un par de planos secuencias trucados para hacernos creer que subimos al ring para que los cuatro puñetazos dados sobre él nos duerman al primer asalto.
 
 
Que lejos quedan ya aquellas gloriosas veladas de ‘Marcado por el odio’ o ‘Toro salvaje’. Incluso ‘Rocky’ o ‘Rocky II’ (con todos sus defectos) tenían más gancho, más pegada y más aguante que este joven con ansias de comerse el mundo pero al que le quedan los guantes grandes. Una trama tan consabida como predecible junto a una dirección exenta de originalidad y que peca de seguir unos parámetros de saga para luego abandonarlos, hacen que ‘Creed’ sea simplemente un decimosexto asalto que nunca se tuvo que disputar.


VALORACIÓN: 5/10

EN EL CORAZÓN DEL MAR [CINE]


El intento de camuflar una versión cinematográfica de una novela original como ‘Moby Dick’ para presentarnos la historia de ésta bajo el epígrafe de “la historia en que se basó” no es sino un mero pretexto para poner en rumbo este proyecto que a priori no cuaja ni por su forma ni por su contenido. Ron Howard, que en su enésimo intento de alcanzar la épica con un film vuelve a naufragar al tratar de compensar una dudosa aventura en un tour de force entre el hombre y la naturaleza. Entorpecido por los numerosos flashbacks en los que se nos narra la película, el film deambula sin saber bien si reflejar la lucha entre el hombre y la ballena (con aparatosas y repetitivas escenas que no acaban de convencer por un uso excesivo de croma y efectos digitales que cantan desde barlovento) o la sin duda más interesante…
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…confrontación entre los personajes del primer oficial Chase (Chris Hemsworth) y el capitán Pollard (Benjamin Walker) pero también este apartado naufraga el director.
 
Con un guión que trata de abarcar más de lo que la misma historia puede ofrecer, los pocos matices que uno se puede llevar a la boca es recordar buenos momentos que otros films de viento y salitre nos han dado a lo largo de la historia del cine. ‘Viento en las velas’ o la reciente ‘Master and Commander’ son magistrales muestras del buen hacer de un director sobre los maderos de un barco. Hasta la propia obra maestra de John Huston (‘Moby Dick’, 1956) se debe sentir ofendida ante tamaño disparate que Howard y el escritor Chales Leavitt perpetran en la novela de Herman Melville amparados en usar otro libro (“In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex” de Nathaniel Philbrick) para escudar una falta de imaginación, ideas nuevas y manera de rodar.
 
 
La trama, mas que avanzar, decae en una lenta zozobra y llega hasta la deriva cuando por más que uno espera el climax final, director y guionista en un intento de rizar el rizo y ser más papistas que el Papa, se quedan tan a gusto con un final benévolo, bien pensante y que roza la moralina más edulcorada. No podría ser de otra manera tratándose de Ron Howard (eterno aprendiz de Spielberg). 
 
 
Un elenco de actores donde ninguno destaca por encima de los demás, pues la carencia de empatia hacia estos está presente desde el primer minuto. Ni Hemsworth (que repite con  Howard tras ‘Rush’) ofrece algo de carisma con su personaje, ni tiene réplica en unos desaprovechados Cilliam Murphy o Benjamin Walker. Todo está impregnado de una falta de alma, de espíritu y de conjunto que no hace sino hastiar al espectador hasta que éste desee un rápido final. No hay un pulso o un ritmo al que aferrarse y los vientos que soplan desde los excesivos y bastante monótonos efectos visuales hacen torpedear el interés por una historia mal tratada y peor rodada.
 
 
Una deliciosa banda sonora destaca por encima de todo este despropósito (obra de Roque Baños y que se inspira, sin ningún pudor, en Hans Zimmer) y que trata de imprimir toda la épica y el alma de aventura que a las imágenes les falta. Un ejercicio de caprichoso desarrollo, peor tratamiento y lenta travesía.
 
Un barco que jamás debió zarpar, pues estaba desprovisto de provisiones, objetivos y mal tripulado.
 
 

VALORACIÓN: 5/10

LA CUMBRE ESCARLATA [CINE]


Si algo nos ha ido demostrando el director mexicano Guillermo del Toro (1964) es su indudable buen gusto por las historias bien contadas. Esas historias que tanto le gustan a él (y a muchos) que versan sobre el más allá, lo grotesco, el horror, los fantasmas, los cuentos de hadas macabros y cómo no, el género terrorífico más proclive a dejar volar la imaginación y las pasiones: el terror gótico. Del Toro regresa a su terreno más conocido, al que mejor se desenvuelve y sabe estar. Un género que le ha visto crecer a base de genialidades como ‘Cronos’, ‘El espinazo del diablo’ y la por siempre eterna ‘El laberinto del Fauno’. Tras su paso por la secuela de ‘Hellboy’ y la entretenida ‘Pacific Rim’ (donde en ambas el realizador sigue con sus constantes sobre los monstruos y la naturaleza de éstos) vuelve a su particular y muy personal universo oscuro donde mezcla lo grotesco con sumo cuidado y lo bello con la más insana de las maldades. El gótico es su lugar natural, tanto en su vertiente literaria como fílmica, Del Toro ha demostrado ser…













…un alumno aventajado de los maestros Poe, James y Lovercratf. Si Tim Burton siempre sobrevuela en la oscuridad con su cine, Del Toro se ha hecho el amo absoluto de ella.

 
Nos las prometíamos felices en el pre-estreno organizado por SensaCine al que fuimos invitados y nos frotábamos las manos al conocer que el director regresaba al mundo de los fantasmas con una nueva historia de su propia cosecha. Volvía el nuevo cuentacuentos del horror. Su paso por la TV con ‘The Strain’ nos había devuelto su lado más vampírico, ahora con ‘La cumbre escarlata’ retornaba el Del Toro más oscuro…¿o no?


La historia se presenta como una transliteración de las novelas góticas por antonomasia. De Shelley a Austen, de Byron a Milton o Henry James, de William Blake a Lovercraft pasando, como no podía ser de otra forma, por su amado Edward Alan Poe. La cumbre escarlata‘ se desata como un homenaje por todo lo alto a ese estilo de novela, a ese universo personal donde las emociones son grandilocuentes, las pasiones desatadas y lo terrorífico se da la mano con la realidad bajo un velo de misterio latente. Del Toro ha volcado todo su amor y pasión por este género literario (y sobre todo por estilo visual que el cine le ha dado a lo largo de los años) en un film que rebosa solemnidad, teatralidad y excesivo donaire para evocar un tiempo fuera del alcance de nuestra imaginación.


No se ha dejado llevar por su lado más canalla, ese al que nos tiene acostumbrados y que forma parte de su sello inconfundible. No nos ha otorgado en esta ocasión unos personajes secundarios que nos cautiven, como es habitual en su cine. Echamos de menos ese espíritu arrollador que sacude la historia a medida que avanza. No, nada de ese nos trae ‘Crimson Peak’. Pese a contar con unos poderosos decorados, una dirección artística arrebatadora (que a buen seguro estará nominada a los próximos Oscars), una ambientación casi hipnótica y un escenario solemne e imponente (aunque poco aprovechado pese a sus innumerables virtudes) como es esa fantástica mansión ubicada en mitad de un páramo. Muchas virtudes en su puesta de escena que se diluyen de manera escandalosa a medida que el guión destroza las esperanzas de espectador según va planteando las situaciones. Más descorazonador es ver como el desarrollo de la trama se desvirtúa con unos diálogos que avanzan en demasía el desenlace, que ponen todas las cartas boca arriba demasiado pronto y que no deja otra opción al público que esperar el consabido y predecible final.


Un final que deja un vacío tan hondo como los cimientos de esa mansión. De fácil ejecución, de innecesario estilo y que no encaja en absoluto con el estilo que durante los 90 minutos previos ha intentado inculcar al film. Del misterio a la duda, y de la duda a lo absurdo con unas trampas en el guión que desmenuzan el buen hacer de la puesta en escena. Floja en su conjunto, ‘Crimson Peak’ se deja ver por los numerosos y beneficiosos homenajes que Del Toro se da el gusto de incluir en la película (para regocijo de los espectadores). Aparte de los ya mencionados pasajes y homenajes a figuras como Mary Shelley, Jane Austen, H.P. Lovercraft y sobre todo a Poe, el creador de ‘Cronos’ se marca unos guiños cinéfilos que van desde la serie B de la Hammer o Roger Corman (‘El hundimiento de la casa Usher’ está presente en todo momento) pasando por ‘La mansión encantada’, la historia del asesino Barba Azul, a escenas que rememoran míticas secuencias como ‘El resplandor’ (esa salida de la bañera) o ‘Al final de la escalera’ (con esos planos de la pelota de juguete rodando sola o la silla de ruedas vacía). Paralelismos aparte, Del Toro ha hecho un ejercicio personal de cinefilia y pasión novelesca que demuestra su gran amor por este género pero que se trunca por su obstinada visión de perfeccionar el estilo hasta límites excesivos. Muy academicista, demasiado solemne y que reparte las cartas a su antojo con la única premisa de ser fiel a ese espíritu que evoca pero dejando de lado toda la originalidad que el mexicano posee. El desaforado amor que existe entre la pareja protagonista resta y mucho a su pretendido toque macabro y terrorífico, quedando el elemento fantasmal como mera anécdota.


El elenco actoral no acaba de encajar con este tono, y salvo Tom Hiddleston (que siempre está impecable haga lo que haga) el resto del reparto no da pie con bola para captar ese misticismo y aura terrorífica que la casa sí sabe dar. Una pena que el personaje de Jessica Chastain acabe incurriendo en los tópicos y aburridos clichés del género ‘scream-queen’ para finalizar el film. Charlie Hunnam solo hace constancia que Del Toro le ha caído en gracia y lo mantiene a salvo para ‘Pacific Rim 2’. En cuanto a Mia Wasikowska, que ya había fracasado en intentar crear una Alicia convincente, no transmite en ningún momento esa lánguida pesadumbre que las heroínas del romanticismo y la novela gótica tenían. 


Un bonito papel de regalo que envuelve un obsequio de bajo valor. Floja en su planteamiento, de fácil y predecible desenlace y sobre todo, fallida en su historia y modo de ir desgranando un misterio que se desvela excesivamente pronto. Siempre te hemos amado Guillermo, a tu cine y a tu visión del mismo…pero así no.
 
VALORACIÓN: 5/10

LA VISITA [CINE]


Los últimos diez años en la filmografía de M. Night Shyamalan han hecho que el director se gane muchos más detractores que seguidores, y que éstos últimos se vean con dificultad a la hora de defender una carrera prometedora allá por los albores de este nuevo siglo. El considerado “nuevo heredero” del sello Hitchcock (para algunos una osadía esta comparación) ha dado un giro tanto de estilo como de contenido a sus películas y guiones en estos pasados años. Si con “La joven del agua” ya se ganó sus primeros varapalos (algo incomprensible, pues es una verdadera maravilla en su reintrepretación de una fábula clásica entre el bien y el mal), con “El incidente” sus máximos críticos le esperaban con el hacha en mano y…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


…no tuvieron que morderse la lengua en sus posteriores proyectos (descabellados a la par de audaces) como fueron ‘Airbender’ y ‘After Earth’, dos ejemplos de cómo un director puede perder su estilo narrativo, su personal toque y sus brillantes ideas. Pero lejos de re-inventarse, Shyamalan ha optado por tratar de dar una bofetada a su manera de hacer cine, desde la ironía en su puesta de escena como en su consabida materia prima. ‘La visita’ se deja ver con la sensación a priori de volver a encontrarnos con el creador de maravillas como ‘El sexto sentido’ o ‘El protegido’, en cuanto a su presentación de una situación cuando menos normal pero guarda su esperada vuelta de tuerca.
 
 
Es tal vez su talón de Aquiles a la vez que es su mejor arma. El creador de ‘Señales’ nos ha acostumbrado a esperar de él sus portentosos finales, llenos de esos detalles que nos hacen revivir en apenas unos segundos todo el metraje visto minutos antes. Del mismo modo, su obsesiva materia prima (sus demonios personales, sus creencias y sus clichés) se transforman en excelentes imágenes, planos y puntos de cámara que amplían y enriquecen su desarrollo en pantalla. Pero nada de esto encontraremos en ‘La visita’, que a fuerza de ser un nuevo giro en su carrera, tanto en la forma de filmar, como en su montaje y sobre todo en un guión que da enormes expectativas para luego ir diluyéndose como hojas de otoño que caen sin remedio, Shyamalan vuelve a tropezar en la misma piedra: él mismo.
 
 
El presentar todo el film como un ‘found footage’ en manos de dos adolescentes es un guiño del director a las nuevas formas de rodar, el cine es global y de todos, pero choca con algo tan sencillo como que no es tanto el cómo lo ruedas, sino qué idea intentas plasmar. El guión, que rodea un mismo concepto durante todo el metraje (insistiendo demasiado en lo obvio en diálogos entre los adolescentes que machacan el cerebro del espectador a base de “va a suceder algo y quiero que lo veas”) es un cúmulo de tópicos del cine de “susto” y “golpe de cámara” que deja por los suelos el nivel de sutileza y saber estar que Shyamalan atesoraba hace años.
 
 
Previsible para el género en el que mejor se movía, el realizador parece haber puesto el piloto automático a la hora de rodar, y la novedad de plasmar la película a la moda (pasada) de films como ‘La bruja de Blair’, ‘Monstruoso’, ‘Chronicle’ y ejemplos parecidos se difumina ante una historia que por intentar ser original cae en el más absoluto tedio de un telefilme de sobremesa. No hay giro sorprendente que encoja al público, no hay vuelta de tuerca que maraville, ni tan siquiera unas motivaciones en sus personajes centrales que hagan vibrar y dar un sentido más cerrado al desenlace del film. Es como si todo valiera para salir del paso, una mera excusa para tratar de vendernos que Shyamalan está de regreso, pero es mentira.
 
 
Las cuatro historias paralelas (la visita de los chicos a sus abuelos, sus miedos personales, el viaje de la madre con su nuevo novio y los extraños comportamientos de los ancianos) se reparten de manera aleatoria y sin alma en un desarrollo que se antoja precipitado y con un desenlace lejos de apasionar, sino más bien desalentador. Los jóvenes actores poco o nada pueden ofrecer con sus actuaciones con unas frases en su boca que distan mucho en dar credibilidad. Mención aparte en todo este desaguisado es la actuación de Deanna Dunagan, como la inquietante abuela. Que pasa de dar unos registros de la bondad al terror psicológico dignos de resaltar.
 
 
Salvo unas pocas transiciones con unos planos de árboles misteriosos, le resto del film se auto protege en el montaje impuesto por este “found footage” y la carencia de una banda sonora propia que dote de mayor dramatismo hace que ‘La visita’ no se deje ver ni como un ejemplo de terror al uso, ni como una comedia macabra ni como un cuento malsano. Los guiños a Hansel y Gretel son obvios pero innecesarios, y el excesivo énfasis de transmitir una truculenta ironía en la historia hace que el brutal final no encaje en el conjunto. ¿Se ha reído de todos sus detractores Shyamalan con este film? ¿Ha tratado de dar un nuevo rumbo a su estilo? ¿O simplemente ha sido una nueva metedura de pata? De lo que no hay duda es que el director ha vuelto a crear polémica y los ríos de tinta (a favor y en contra) serán nuevamente copiosos. Por nuestra parte nos quedamos como Shyamalan, entre dos aguas.
 
 
VALORACIÓN: 5/10

MAGGIE [CINE]


El género zombi en el cine ha tenido muchas lecturas, sub-géneros y revisitaciones. Desde los clásicos de George A. Romero y su particular saga con estilo videoclub, pasando por los pseudo hits de taquilla como ‘Guerra mundial Z’, hemos tenido oportunidad de acercarnos a este emblemático tipo de cine con adaptaciones al más puro estilo hardcore como ‘El amanecer de los muertos’ (Zach Snyder); romances con gancho, ‘Memorias de un zombie adolescente’ o nuevas y divertidas escaramuzas en el cine como las divertidas ‘Zombie Party’ o ‘Zombieland’. Gracias, en gran medida, el resurgir de este tema tuvo su punto de inflexión en dos pilares, la novela de Max Brooks ‘Guerra mundial Z’ (2006) y sus muy interesantes guías de supervivencia y la popular serie de TV ‘The walking dead’. Ambas ramas de un mismo arbol que a los fans, en mayor o menor medida…
 

 
…han devuelto la fe en un género que parecía caer en lo monótono y casposo. Gore aparte, que siempre ha ido de la mano en el género junto a un humor negro sin disfraces, Maggie se presenta como una rama más en este universo de los muertos vivientes.
 
Rodada de forma intimista, rozando en muchos momentos el cine indie y con un formato que en demasía recuerda al televisivo (no por ello cae en detrimento), el debut en la dirección de Henry Hobson, hasta ahora conocido por ser el creador de numerosos títulos y secuencias de crédito, se deja ver con cierto interés por su planteamiento inicial. Peca y abusa de un continuado y en muchas ocasiones lento desarrollo de la pequeña trama que nos quiere contar, y prefiere basar toda la fuerza de su ejecución en imágenes en mostrar un cuadro coral de personajes. Motivaciones muy contenidas, actuaciones casi minimalistas para narrar de forma sistemática el proceso de infección en una adolescente que ve como su cuerpo y mente van alejándose de la realidad (gris y aislada) que sus seres queridos viven alrededor de ella. Abigail Breslin (la inolvidable Miss Sunshine) es la joven que sufre este descenso a los infiernos, que resulta una lectura muy paralela a terribles dramas personales como los vividos en los primeros años 80s por los afectados por VIH. 
 
 
Mostrar una “zombificación” del mismo modo que nos podrían contar la horrible experiencia familiar de una enfermedad terminal no deja de crear en el espectador un desasosiego que por momentos llega a cuajar y transmitir verdad. No huye de las imágenes truculentas típicas del género, pero cuida y en mucho su aspecto global para presentar realmente una historia intimista y personal más que el clásico espectáculo de sangre, persecuciones y momentos de angustia que este tipo de cine nos tiene acostumbrados. Bien es cierto que, por falta de experiencia en su desarrollo o por el choque que resulta para el público este nuevo enfoque del género, el film no logra en casi todo su metraje decantarse por seducir al espectador. Se mueve en un lento río que no pretende desembocar en ninguna conclusión. Solo nos plantea las dudas humanas y familiares de lo que representa un final ineludible para una persona.
 
 
Schwarzenegger, que hace las veces de productor (algo que sólo ha hecho en cine 3 veces), muestra su interés y pone al servicio del film su imagen y gancho para taquilla, a sabiendas que este giro de actuación en su carrera dista mucho de lo que se espera de él. Del mismo modo que el film, del que algunos trailers confieren una fuerza visual de la que carece, supone una radical vuelta de tuerca al género. Su icónica imagen de antiguo héroe de acción no sucumbe ante este drama, mantiene una contención que prevalece durante el film y no cae en consabidos tópicos que pudieran torpedear su propio proyecto. Para el recuerdo nos quedarán esas lágrimas que derrama en un par de ocasiones que harán las delicias a aquellos que se sintieron traicionados cuando vieron llorar a Clint Eastwood en ‘Los puentes de Maddison‘.
 
 
Sin ser redonda en su forma, sin acabar de conseguir atrapar al espectador por su falta de fuerza en lo dramático y sin llegar a reunir suficiente pulso narrativo para que las espectativas del espectador queden satisfechas, tal vez su punto fuerte sea ese final abrupto y sin concesiones. Pueda parecer que la conclusión durante el film sea predecible, pero para terminar de ser un poco más extraña dentro del género, esos minutos finales se antojan necesarios vistos los anteriores. Una depresiva historia que no culmina de abarcar los temas que presenta y se pierde en diatribas y medias subtramas que quedan sin respuesta. 
 
 
VALORACIÓN: 5/10

SAINT LAURENT [CINE]


A estas alturas, de sobra es conocida por tod@s la figura del diseñador y empresario francés Yves Saint Laurent, una eminencia en el mundo de la moda y un alma atormentada en lo que concierne a su vida personal.

 

Esta película se presenta como una especie de biopic, y digo “especie” porque no sigue una estructura narrativa de biopic al uso, en el que centra su obra y excesos entre los años 60 y 70, cuando el apogeo de la psicodelia, las drogas y el sexo se encontraban en su punto más álgido.

La película presentada en el Festival de Cannes del año pasado, tuvo una acogida demasiado fría y fue en parte…
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…masacrada por la crítica, ciñéndose a ella como “(…) una mirada difusa e irregular de su vida” y como “una obra cargante con ínfulas de pretensión y profundidad“, aunque hubo otras reseñas positivas, en las que destacaban que era evocadora y magnética a partes iguales.
 
Hay que decir que estuvo también en la lista de seleccionadas a Mejor Película Extranjera en los Oscar, pero no llegó a entrar en la categoría finalmente, aunque fue en los César donde obtuvo gran notoriedad con sus 10 nominaciones, terminando por llevarse solamente el premio a Mejor Vestuario, como era de suponer.
 
La película se nos abre con un Yves Saint Laurent en la mitad de su carrera, llegando a un hotel completamente abatido y queriendo conceder una entrevista, aportando información sobre una vida lastrada por los abusos y los complejos, lo que nos da una idea de lo que el film nos va a introducir, una figura con una naturaleza compleja.
 
Tras el primer contacto, el metraje avanza entre talleres, bastidores y altibajos, relegando a Yves Saint Laurent como un monigote en manos de su director, Bertrand Bonello. Parece ser que lo que le interesa más es mostrarnos el excentricismo que rodeaba su vida personal y los excesos, incluyendo numerosas escenas de bailes chapados a la antigua, fiestas privadas, donde el LSD mezclado con barbitúricos y ginebra estaban a la orden del día, además de dotar a su vida sexual de una pedantería alarmante. Y lo cierto es que mucho de lo que se cuenta a veces no interesa, pero hay que reconocerle cierto magnetismo, como ya he citado previamente, que te ayuda a no apartar la vista en ciertos momentos.
 

 




El actor y modelo Gaspard Ulliel encarna al diseñador en cuestión, pero creo que es una figura que le queda demasiado grande, a pesar de dotarle al personaje de buenas intenciones, dando la sensación que su representación no es más que la de un rancio gusto operístico y caricaturesco, mientras que a la vez asistimos a una especie de campaña publicitaria de más de dos horas, que supone una vacuidad que roza la parodia.
 
Pero no todo van a ser críticas. Creo que el montaje es arriesgado y en ese aspecto no sale perdiendo, todo lo contrario. Los flashbacks viniendo y volviendo una y otra vez (sobre todo en su segunda mitad) se siguen sin problema alguno y las escenas de su trabajo, en las que incluye el proceso en los talleres y los desfiles en las pasarelas, estando decoradas parte de estas escenas con unas “pantallas partidas” (las denominadas split screens) a lo De Palma muy originales, aspecto que se popularizó allá por los años 60, son un goce para todos los sentidos.
 
Además del montaje, creo que la fotografía y la estética también están muy cuidadas. Hay momentos que parece que estás viendo una película de los 60/70 y otros momentos en los que parece que asistes a un desfile real, aunque persiste un toque kitsch que no acompaña nada bien al resto del conjunto.
 
Otro aspecto que se describe a la perfección es esa obsesión que le unía al arte, especialmente con Mondrian y Picasso, a los que homenajeó en varias colecciones, reproduciendo motivos de estos artistas en sus propias confecciones.





 
Tanto fue así, que muchos años más tarde, tras la irrupción de otro tipo de moda predominante en ese momento y con la que él no casaba en absoluto, terminó por retirarse, añadiendo que ya se utilizaba la alta costura como si se tratara de verdaderos trapos para el hogar, carentes totalmente de ambición artística, y es en la película dónde eso también se retrata genuinamente, describiéndonos ya a un Yves Saint Laurent completamente despojado de esas ganas que le empujaron a involucrarse en el mundo de la moda y tremendamente exhausto, como si nos diera la impresión de que su vida ya ha acabado y no tiene nada más que ofrecernos. Aunque por arte de magia, en su plano final ya nos deja patente que es una figura con un gran legado que ha dejado una impronta importante y que su muerte no es más que una simple anécdota, trascendiendo su obra por encima de sus últimos días. Porque como ya dijo el propio Yves en su momento: Un buen diseño puede soportar la moda de 10 años“.
 

 

 

Por lo que al final, podemos resumir en que termina siendo una película que se aleja bastante de la realidad y que no deja traslucir el verdadero arte que subyace tras su rimbombancia y pretenciosidad, además de acusar de un metraje algo excesivo y de varias escenas que en mi opinión no vienen mucho a cuento, pero a pesar de todo ello, es una película que se deja ver en varios momentos y ya digo, que tiene ese poder magnético del que numerosos biopics carecen.
 

VALORACIÓN: 5/10

BIG EYES [CINE]


Lo que se venía manifestando en sus últimos films ha quedado totalmente confirmado en ‘Big Eyes’. Tim Burton fuera del género fantástico no sabe que hacer con la cámara, ni con los actores, ni con la historia. Perdido por completo se haya el creador de mundos oscuros, mágicos y enrevesados como ‘Big Fish’, ‘Bitelchus’ o sus aproximaciones a Batman. Siempre catalogado como un director creativo, que lo es, lleva una década perdiendo fuelle a marchas forzadas. 
 
El último ejemplo es este biopic del matrimonio Keane, donde intenta exponer los hechos reales con una forzada pizca de fantasía que nunca llega a explotar. Ya sea por exceso o por defecto, Burton nunca ha sido un buen director, me explico…es un gran creador de mundos fantásticos y sabe moverse dentro del género. La fuerza visual de sus historias siempre ha sido su respaldo y sello como director, pero…
 
 


 
 
 
 
 
 
…en sus films ha estado presente la sensación de no saber ubicar bien el modo de expresar en cámara esa potencia que sus historias tenían. Es fácil ahora machacar a Tim Burton, pero a la vista salta que el antes admirado por sus obras (que no por su estilo técnico, el cual nunca ha tenido) es ahora un blanco perfecto para hacer leña del árbol caído.
 
 
‘Big Eyes’ se postula en ese género de la dramatización de una historia real con el ‘san Benito’ que ello conlleva. Alejado de una narración fantástica, Burton nada en un mar ajeno a su manera y forma de ver el cine. Aquí no hay alardes visuales con los que pueda escudar su técnica y debe apostar todo al trabajo actoral. La pareja protagonista, Adams y Waltz, permanecen impasibles ante la sucesión plana y manida de su relación en pantalla. Pese a que los acontecimientos son narrados en tercera persona, el espectador tiene la constante sensación que en cualquier momento el Burton al que estamos acostumbrados hará acto de presencia. Sin embargo, quizás esta sea su única virtud, pues no hay atisbo de esa fantasía a la que el director se pueda aferrar (salvo esos pequeños planos donde el personaje de Adams contempla la realidad deformada).
 
 
Tal vez el cine y la realidad se hayan vuelto a cruzar, y la historia vital y personal de Burton haya traspasado la pantalla. El divorcio con su musa, Helena Bohan Carter, ha pasado factura y parece que quiera contar, de un modo vengativo, su estado de ánimo con esta narración de usurpación de personalidad, engaño y sentimientos atrapados. Lo malo es que no hay un punto fijo al que pueda uno agarrarse como espectador. Los personajes deambulan sin gracia, la historia salta a trompicones y el sello Burton es casi nulo, por no decir que inexistente. Podría haberla filmado cualquier otro director y los amantes de Tim enseguida notarán la frialdad (excesiva) que transmite el film.
 
 
Muchos tildarán a ‘Big Eyes’ como un intento noble y desenfadado para alejarse de su marca “una película de Tim Burton”, que hace un uso muy notable del color en pantalla, que los personajes son como las pinturas de las que habla el film…nada de eso llega a convencer. El film transmite un hastío desde la primera media hora, adolece de falta de pulso durante la mitad y llega a un forzado y desencajado final que solo confirma que lo visto antes es el resultado de un film aburrido y carente de interés. La historia pedía un pincel fino y delicado y lo que encontramos son brochazos que nada hacen para que el espectador conecte con la narración. ¿Ha querido dar Burton un nuevo giro a su filmografía? No lo parece pues sus próximos films, ‘Bitelchus 2’ o ‘Alicia en el país de las maravillas 2’, invitan a creer que ‘Big Eyes’ ha sido un interludio personal más que una propuesta novedosa.
 
 
Burton ha perdido el rumbo desde hace unas cuantas películas. Si no contamos sus últimas realizaciones de animación (‘Frankenweenie’ o ‘La novia cadáver’) donde se encuentra a gusto entre marionetas que muestran más credibilidad sensitiva que sus actores en sus films de imagen real, el director ha ido sumando error tras error en los últimos 15 años. Pero como mencionaba antes, ahora lo fácil es hacer sangre. Nos queda el recuerdo visual de sus mundos paralelos, oscuros, tenebrosos y llenos de vitalidad. No por su manera de dirigir, sino por la fuerza que esos mundos de por si contienen. ‘Big Eyes’ carece de esa fuerza, carece de ese mundo personal de Burton, carece de alma. Y es una lástima, pues Margaret Keane y su obra se merecían un acercamiento más sensitivo y emocional.


VALORACIÓN: 5/10