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STAR WARS: THE LAST JEDI [CINE]


MV5BMjQ1MzcxNjg4N15BMl5BanBnXkFtZTgwNzgwMjY4MzI@._V1_SY1000_CR0,0,675,1000_AL_Han pasado dos años desde que Disney relanzara la saga intergaláctica más famosa de la historia del cine con “El Despertar de la Fuerza”, de J.J. Abrams, donde fans, críticos y cinéfilos tuvimos una segunda oportunidad de regresar al Halcón Milenario, a volver a ver a Han Solo, Chewbacca, la Princesa Leia y a Luke Skywalker. Fue un reencuentro para los nostálgicos lleno de guiños, recuerdos y revisitación a lugares y sensaciones ya vividas. Una especie de regalo que no nos preparó para el siguiente episodio de la saga: Los Últimos Jedi.

 

Disney ha girado el timón de la saga, ha propuesto un reset cruel y brusco para cortar por lo sano con todo aquello que recordase a la trilogía original (aún más cualquier referencia a las precuelas y sus midiclorianos). Ya en ‘El despertar de la fuerza’ sufrimos un shock traumático cuando nos sesgaron…

 

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INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE [CINE]


La temporada de verano en cuanto a blockbusters está siendo bastante aburrida, decepcionante y anodina. Algo normal, pues los films revienta taquillas a los que estamos acostumbrados en estas fechas suelen ser así. Pero este año venían con la etiqueta de grandes esperanzas por tratar de sacudir un poco este letargo soporífero que es la estación estival. Pues queridos lectores, debemos seguir esperando el estreno de ‘Escuadrón suicida’ como agua de Mayo pues el hastío sigue reinando en estos pelotazos veraniegos en las salas de cine. Si hace unas semanas se nos caían los lagrimones (por decepcionante que no por emocionante) con la esperada secuela de ‘Buscando a Dory’, y no hace mucho más queríamos sacarnos los ojos a lo vivo mientras veíamos ‘Dioses de Egipto’, con este impostado blockbuster de la factoría Roland “Cómo me gusta destruir el mundo” Emmerich, no iba a ser menos, ‘Independence day: contaataque’ no defrauda: es tan mala, vacía, sosa, repetitiva y descabellada como uno podría esperar.
 
Muchas ansias no había por ver 20 años después un film que en su momento causó el taquillazo que…
 
 
 


 
…causó (aún nadie sabe porqué este suceso, o tal vez fuera que también por aquella época las ‘Space Girls’ eran número uno en ventas…el mundo estaba chungo, si) pero uno siempre está preparado para asumir que este tipo de films es simple pasto de palomitas, doritos, perritos calientes o medio costillar de cordero según el bar que haya en el multicine. No es un cine que engañe, promete piruetas, giros imposibles, muchas explosiones, frases de macho alfa y ningún sentido racional en el guión. No hay donde aferrarse para tratar de empatizar con la historia que vimos hace dos décadas. Ni tan siquiera un rostro conocido que nos provoque la media sonrisa como hubiera sido volver a ver al personaje de Will Smith. Debemos conformarnos con varias sombras del pasado (Goldblum y Pullman) que tratan inútilmente de crear una conexión inexistente entre lo que se ve en la pantalla y el espectador, que durante la primera hora sigue devorando sus doritos mojados en güacamole.
 
 
 
Emmerich no va a sorprender a nadie. Nunca ha sido ese su juego. Su cine es de evasión, por supuesto. Y sabe las reglas. Pero eso no es óbice para dar al menos un par de toques a la máquina de escribir o al teclado de su ordenador para construir un par de frases lógicas en el guión, alguna trama que merezca la pena, una o dos escenas con enjundia o…¿por qué no? Una historia que transmita algo más que demostrar lo bestia que son los chicos de los FX que tras 20 años han pasado del Spectrum 28k a tocar casi la realidad virtual. Pero poco más se puede sacar en claro de esta secuela remozada y actualizada de lo que ya aportó en su momento su predecesora (que tampoco es que fuera ‘El séptimo sello’).
 
 
Al cine de acción y aventura se le pide entretenimiento. Bien, aquí al menos te lo ofrecen en ocasiones. Sin embargo, es tal el letargo en el que sume el realizador al espectador durante los 120 minutos de mucho ruido y cero nueces, que uno siente la necesidad repetitiva de mirar su reloj y ver cuánto le queda al pastiche de marras. El elenco de nuevos rostros (Hemsworth, Usher y compañía) nada traducen al visonado de la película y llegan a formar parte de los decorados en casi todo el metraje. Con la carencia de diálogos, tramas, desarrollo que deambula entre una opción u otra es difícil que la poca consistencia del guión pueda sostener un elaborado conjunto de escenas de acción que harán las delicias a los amantes de los videojuegos. Poco más.
 
 
‘Independence day: contraataque’ es simplemente la versión 2.0 de su antecesora. Y aquello de la frase esa de “burro grande…ande o no ande” aquí no cuela. Este burro ni anda ni se le espera que lo haga. No hay avance en la historia, ya que no hay historia. No hay novedad en el guión ya que no hay guión. No hay sorpresa ni motivación como espectador ya que el espectador hace rato que terminó sus doritos y está pensando si meter mano a la bolsa de ganchitos que su compañero de butaca aferra entre sus manos como si no hubiera un mañana.  
 
VALORACIÓN: 4/10

MI GRAN NOCHE [CINE]


Poco o nada queda ya de aquel Alex de la Iglesia que sorprendía (‘La comunidad’), que nos hacía reír (‘El día de la bestia’), que nos encantaba (‘Acción mutante‘) o que simplemente nos arrastraba al cine por el mero hecho de aparecer su nombre en los títulos de crédito (‘Crimen Ferpecto’). Han quedado atrás aquellos años donde su nombre iba relacionado con el tono canallesco de la comedia, el bufón irreverente al que se le permitía todo con el beneplácito de nuestra complicidad, el esperpento como salida de escape de una comedia española anquilosada en enredos de pareja, medios tiempos y repetición de tramas. Alex de la Iglesia nos ofrecía otro tipo de comedia, más cercana al esperpento…
 
 
 
 
 
 


 
…tan necesario en estos últimos años en nuestra sociedad. Siempre con la cortina de humo que su fiel colega en los guiones, Jorge Guerricaecheverría, creaban en sus tramas para incrustar denuncia social y problemas sociales actuales bajo el prisma desenfocado de su visión como cineasta. Aquel Alex hace tiempo que desapareció. Ni siquiera con el retorno de su compañero en los manuscritos (tras su breve separación durante los rodajes de ‘La chispa de la vida’ y ‘Balada triste de trompeta’) han logrado que este tamden de verdaderos amantes del cine vuelvan a darnos esas dosis de irreverencia a la que nos tenían acostumbrados.
 
 
En ‘Mi gran noche’ han intentado aunar ciertos trazos de trabajos anteriores (sobre todo de ‘Muertos de risa‘, la última gran comedia que ambos realizaron) y regresan al mundo de la televisión para hacer un rápido análisis de la sociedad actual, con corrupción, envidias, redes sociales y todo bajo el manto de una grabación del especial de Nochevieja donde dos estrellas, una del pasado (Raphael) que desea volver a su estado de gloria y otra fulgurante (Mario Casas) y sin dos dedos de frente, compiten por ser la diva entre las divas. Demasiadas historias en medio sin llegar a puerto con ninguna. A pesar de contar con un elenco actoral amplio (donde destacamos a Raphael en un ambiguo y desaprovechado personaje que roza por momentos la genialidad) el director no sabe bien si lanzarse por la historia de cruenta guerra de egos entre los dos cantantes o la historia de amor entre un don nadie y una gafe.
 
 
Todo contado con la rapidez que caracteriza al cine de Alex de la Iglesia, pero sin la frescura de anteriores (muy anteriores) trabajos. Hay un poso de repetición en su propuesta y no termina de convencer ni por la forma ni por el fondo. Ninguna de la subtramas (una pareja de presentadores que no se soportan, una realizadora y su ayudante con problemas sentimentales y laborales, un asesino obsesionado con su cantante favorito, un trepa que “vive” de sus negocios ocultos, unas grupis que roban semen…) se queda resuelta, o apenas interesa que se resuelva. Y todo cae sin paliativos en un desenlace (de nuevo) sin gracia, ni ritmo o sentido. Que el esperpento sea su sello no es razón para dejar a sus personajes en un final que roza la comedia chabacana y simplona de finales de los setenta, más cercana a ‘Pepito piscinas‘ que a sus muy conseguidas ‘La comunidad’ o ‘Muertos de risa’.
 
 
No sabe terminar sus films desde hace bastantes años, tal vez esa inmediatez que apura su cine, que busca la propuesta más que el desenlace, que ofrece más de lo que tiene y que crea personajes que entran y van pero que no se dejan descubrir. Una comedia de enredo pero sin nudo al que aferrarse. Y un fin de fiesta que mezcla el inicio de ‘Indiana Jones y el templo maldito’ con el final de ‘El guateque’ de Blake Edwards. Raphael ha vuelto al cine, un animal de la pantalla al que un buen personaje podría haberle retornado al panorama cinematográfico, más como icono que como actor, pero que en esta ocasión no podrá decir que fue su gran noche.


VALORACIÓN: 4/10

BLACK MASS [CINE]


Las comparativas son odiosas, y en el cine más. Pero si además se trata de buscar superar a unos referentes en vez de homenajearlos uno puede caer en dos opciones. Ser un irreverente pero audaz versionador o un simple y atribulado deudor que no es capaz de aportar nada a ese estilo. La sombra de Martin Scorsese es alargada y en este film, es de sonrojante vergüenza ajena. En el caso que nos ocupa, ‘Black Mass’, estamos ante el segundo de los senderos. Scott Cooper, actor metido a director que sorprendió hace años con ‘Corazón rebelde’, patina estrepitosamente en…

…este biopic de las andanzas del criminal convertido en chivato del FBI por intereses mutuos. Un Johnny Depp, al que por primera vez un disfraz y caracterización no lo distraen a uno como espectador, compone como puede los trazos de este despiadado y violento hasta la saciedad personaje de la mafia irlandesa de Boston (coincidencia con la ficticia ‘Infiltrados’).
Narrada a base de flashbacks que no hacen sino languidecer al ya de por si cansino ritmo del film, ‘Black Massno pasará a los anales del cine negro, criminal o de mafia por sus aciertos, sino más bien por la manera de desaprovechar un cúmulo de buenos actores, ambientación y trama que en manos de alguien menos preocupado por plagiar ‘Uno de los nuestros’ hubiera puesto más de su parte por configurar un buen retrato de personajes. Ya Ridley Scott dio su visión de este género con la soberbia y contenida ‘American Gangster’ o el propio Steven Soderbergh con su apabullante ‘Traffic’.
Comparaciones aparte, el flojo guión que salta temporalmente a su antojo sin que el visionado gane con ello, los personajes mal trazados y peor reflejados en pantalla y la ambigua y desconcertante linea que desea trazar el director (la fuerza de la lealtad siempre es la peor recompensada en esta vida…incluso para los amigos de los criminales) hacen que ‘Black Mass’ se vea con hastío y con una imperante necesidad de que acabe su metraje.
Una descorazonadora muestra de que en el cine negro no todo vale con ser meros adoradores de los grandes, también hay que saber demostrarlo.

VALORACIÓN: 4/10

JURASSIC WORLD [CINE]


Tras 22 años de haber asombrado al mundo con la espectacular ‘Jurassic park’ nos llega esta secuela con más espíritu de reboot que de consolidar una saga que ya languidecía en su tercera, y muy olvidable, entrega. Spielberg ya regaló los mandos de la dirección en 2001 a Joe Johnston (‘Jumanji’, ‘Cariño he encogido a los niños’), oficioso pero anodino realizador de la casa spielberiana, y para esta ocasión la productora del antes llamado Rey Midas de Hollywood ha creído conveniente que dirigiese esta cuarta entrega el director de ‘Seguridad no garantizada’, Colin Trevorrow. Desconocido para las majors pero que por esta fortuna de meter la cabeza en la popular saga jurásica…


 
…le ha hecho merecedor de la confianza del estudio para dirigir la secuela de ‘Jurassic world’ y de rebote tener casi un pie y medio en la dirección del episodio IX de ‘Star wars’. Todo un pelotazo. ¿Y el resultado de estas recompensas se ve en ‘Jurassic world’? Seamos sinceros, no.
 
Planteada como un re-inicio de las aventuras que Michael Chricton presentó al mundo en sus dos novelas originales, el guión de esta falsa secuela se antoja de todo menos novedosa. Pese a contar con el tandem compuesto por Rick Jaffa y Amanda Silver, artífices del resurgir de la saga de ‘El planeta de los simios’ (2011-2014) o de las próximas entregas de ‘Avatar’; pese a que el propio director, Trevorrow, también firme el guión y además contase con su compañero en estas lides, Derek Conolly, asombra sobremanera que la trama, las situaciones, los personajes e incluso el desarrollo de la acción suponga para el espectador un continuado esfuerzo a la hora de descubrir novedades o simplemente retazos que hagan brotar una sonrisa de complicidad.
 
 
Homenajes y autohomenajes aparte que ‘Jurassic world’ salpica al público en un intento de recuperar a aquellos jóvenes que hace más de 20 años se quedaron anodados por el despliegue de efectos, aventura y tensión que Spielberg se sacó de la chistera en 1993 (año que paralelamente rodaba la insuperable ‘La lista de Schindler’), poco o nada nos devuelve de manera novedosa esta secuela. Personajes tópicos que predicen antes de hablar lo que va a suceder, diálogos carentes de la chispa que transmitían aquellos lejanos doctor Malcom o doctor Grant, ni tan siquiera los majestuosos dinosaurios que la ILM creó para la ocasión aquí lucen con poderío o asombro. Nuestros ojos ya están tan adormecidos y acostumbrados a los efectos por ordenador que la sorpresa se ha perdido por completo, por lo que basar toda la fuerza de esta entrega en un guión convincente y con gancho se hacía necesario por naturaleza. Pero no, han creído que ir directamente a la bolsa de palomitas (y la bolsa de los billetes) era el camino más rápido para ampliar el público.
 
 
A buen seguro que lo han conseguido. Convertida en número uno en taquilla y batiendo records. Eso sí, a costa de hundir una saga que ya no tenía mucha salida sin un verdadero cambio de rumbo. Hemos vuelto a un parque temático, no tan atractivo como el del 93, pero sí más descarnadamente mercadotécnico, casi como una metáfora hacia la misma saga, que ha pasado de una joya del cine de aventuras a un mero vehículo para vender palomitas. No es despectivo este ejemplo, sino decepcionante. Muchas esperanzas perdidas en un vasto despliegue de F/X carentes de la emoción que se le presuponía. Spielberg, a la sombra durante el rodaje, debió torcer el gesto mientras veía los progresos de la filmación, a la par que su cartera crecía (una vez más) de manera grotesca.
 
 
Trevorrow a reformulado el planteamiento de la casa Spielberg: niños-espectáculo visual-tensión. Pero a diferencia de éste, a Trevorrow le queda mucho camino por recorrer. Ha clavado los clichés del genio pero no ha sabido imprimir su sello inconfundible. De ahí que sus personajes queden vacíos y cual marionetas deambulen entre croma y croma sin saber bien hacia dónde irán. Espectáculo al servicio de un nuevo dinosaurio creado para  la ocasión, el Indominux Rex, que a modo de guiño malsano hacia la evolución genética que pretendía John  Hammond en la Isla Nubla original, no acaba de cuajar en pantalla y flaquea en todo momento en su intención de amedrentar al espectador. De ahí que se vuelva a tirar de “personajes” conocidos para el público: los velociraptores y nuestro querido Tyranosaurio Rex.
 
 
Si bien los primeros han llegado a un estado deplorable de cuasi domesticación (algo que avergüenza hasta en su planteamiento y más en su visualización) el segundo sale de su guarida casi al final del film, a modo de tabla de salvamento para que la platea pueda romper a aplaudir al volver a ver a su antaño enemigo convertido ahora en salvador (una curiosa comparación con Terminator a lo largo de su saga). Nuestro llorado Stan Winston es muy recordado y echado en falta de manera ostensible en esta entrega. Ni atisbo de los animatronics que hacían más cercanos a los dinosaurios que nos hicieron soñar. Los efectos han evolucionado de modo casi realista, pero sin una fuerza en el guión tras ellos quedan en solo eso. efectos sin alma.
 
 
El reparto, con caras más o menos conocidas, tiene su peso en los hombros del omnipresente Chris Pratt, que ya transita por la casa spielberiana preparandose para coger el látigo y el sombrero del doctor Jones. Su imagen de aventurero que está de vuelta de todo, canalla y cínico, no es suficiente para dar contrapartida al resto de personajes, donde Bryce Dallas Howard sale muy mal parada. Ni siquiera los niños consiguen atrapar parte de la tensión que debe encajar en sus escenas (la esfera de paseo es sin duda lo mejor del film). Y poco que decir de ese homenaje nada disimulado a ‘Los pájaros’ donde el bulevard del parque temático se convierte por un momento en una visita a Bodega Bay calcando sin pudor algunos de los emblemáticos planos de aquel mítico film de Hitchcock.
 
 
Volvemos al Jurásico, volvemos a ver correr a los velociraptores, rugir al Indomitux Rex, saturarnos de efectos pero… el vaso de agua que temblaba con cada pisada del Tyranosaurio esta vez no transmite miedo o tensión. Solo un suspiro por la oportunidad perdida.


VALORACIÓN: 4/10

INSIDIOUS 3 [CINE]


Nuestra querida Real Academia de la Lengua recoge dos acepciones en lo referente al miedo que bien podrían adaptarse a esta película, pero tras su visionado no podemos quedarnos con otra que no sea la segunda:

 

 
1. Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.

 

 
2. Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea.

 

Es decir, que las pocas expectativas que uno traía consigo tras ver las dos partes anteriores se convierten en aguas de borrajas al concluir esta precuela camuflada de falta de imaginación. Los responsables del estudio creyeron conveniente dejar los mandos de la saga en su creador, Leigh Wannell, que debuta sin…
 

 
…éxito en llevar a la pantalla a sus personajes fetiches. Si la saga siempre ha tenido un especial regusto por el continuo homenaje al terror nipón (que siempre nos ha dado grandes alegrías a los fans del terror más psicológico con escenas e imágenes que se quedan grabadas a fuego en nuestra psique) en esta ocasión Whannell no defrauda y continúa con su prolongado auto-homenaje tanto a su querido cine nipón como a sus referentes anteriores (saga Insidious y Saw).

 

 
 
Lo malo de todo este proyecto, desde su creación, innecesaria y arbitraria tras los dos capítulos precedentes, pues la historia no tenía más cuerda que tensar, ha optado por auto parodiarse y rendir cuentas a sus fans más acérrimos (que alguno queda). Una vuelta de tuerca sin sentido para simplemente ofrecer un film dedicado a Elise Rainer (Lin Shaye) verdadera protagonista de la película que hace olvidar muy pronto al resto del reparto (una sosa Stafenie Scott como víctima acuciada por espíritus y a Dermot Mulroney, un desacertado padre demasiado atribulado y perdido durante todo el metraje). Lo mejor, en parte, es volver a recuperar los personajes de las anteriores partes (tanto los reales como los “fantasmales”) pero no basta el mostrar el inicio de los dos “cazafantasmas”, Specs y Tucker (aunque la imagen ochentera que da el actor Angus Sampson con el look a lo M.A. Barracus y su camiseta de los Masters of Universe sea para recordar) como excusa para levantar esta ridícula historia que se tropieza una y otra vez en recursos demasiado vistos, golpes de efecto previsibles, sustos de medio pelo y situaciones que rozan la vergüenza ajena en muchos momentos (la escena del enfrentamiento entre Elise y la fantasma es de nivel Inazuma Eleven).
 
 
Whannell al menos puede quedarse satisfecho de haber perpetrado como autor de sus personajes el ocaso de los mismos en pantalla, sin tener que esperar que cualquier otro director con algo más de experiencia echara por tierra lo poco novedoso de esta historia ya contada mil veces. En un intento de compararse a Sam Raimi en ‘El ejército de las tinieblas’, Whannell ha fracasado en dotar de ese espíritu burlón y autoparódico que Raimi si poseía en su tercera parte de la saga.
 
 
Solo nos queda la satisfacción que vimos este pastiche en un pase de preestreno, por lo que estamos agradecidos por la invitación, otra cosa muy diferente es poder recomendar una pérdida de tiempo como este film y encima que os cueste dinero. Hasta siempre y gracias por todo señor Whannell.


VALORACIÓN: 4/10

50 SOMBRAS DE GREY [CINE]


Cincuenta sombras de Grey ha suscitado todo tipo de conjeturas y polémicas, antes y después de su estreno. Si  los protagonistas daban o no con el physique du rol esperado, si el guión sería fiel al  original como pretendían las fanáticas más férreas, qué calificación tendría y por si algo le faltaba a la promoción, una maestra resultó sancionada por mostrar la película a sus alumnos en clase y hace poco apareció una parodia protagonizada por un teletubbie. No obstante la noticia de la semana fue el anuncio  de la publicación de la versión masculina de la historia titulada Grey.
 
No en vano lleva recaudado unos 560 millones de dólares y…
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
…ha conquistado a la taquilla mundial, La saga se hará de goma aunque la crítica y muchos espectadores se sintieron defraudados con un producto basado en desnudos cuidados pero sin una estructura dramática sostenible. No hay peor película que aquella en la que no pasa nada y ésta es una de esas. Nos pasamos todo el film esperando que la protagonista (Dakota Johnson) se decida a firmar o rechazar un contrato como único motivo para no abandonar la butaca.
 
 
A estas alturas ya casi todos saben que el revuelo viene desde la publicación de la  exitosa novela erótica de E.L. James adaptada al cine en la que una estudiante de literatura (Anastasia Steele) se enamora de un empresario rico (Christian Grey) quien a la hora de la intimidad tiene gustos poco convencionales y la mantiene inmersa en un juego de atracción y sumisión del que no logra escapar.   Los lectores se entusiasmaron con ver a los personajes, a pesar de que no coincidan con los que imaginaron y que el erotismo que efectivamente generó el libro no se reflejara luego en pantalla (No es solo para adultos).
 
 
 Dakota Johnson (Anastasia) no resulta creíble, flaquea en su actuación poniendo cara de “yo no fui” y mordiéndose el labio todo el tiempo, algo que uno no hace (aunque sea una característica importante del personaje en cuestión en la novela, en el film no resulta natural). Jamie Dornan(Grey), en cambio, se mantiene firme en su objetivo de principio a fin para convencerla (con algunos adelantos) de aceptar lo que le propone y encierra un misterio en torno a su pasado que es lo más interesante y lo que pide a gritos su versión de los hechos, ya que en toda pareja siempre hay dos campanas sobre lo sucedido.
 
 
Así mismo, el gran error del guión radica, como en la mayoría de las adaptaciones, en tomarse al pie de la letra el enfoque del autor en vez de buscar lo más interesante de la historia para contar valiéndose de las herramientas propias del cine. En la novela leemos lo que “piensa” el protagonista (menos mal que no incluyeron lo que piensa Anastasia), en teatro escuchamos lo que “dice” y en cine vemos lo que “hace”. Lo que lleva hacia adelante la historia son las acciones, que dirigen y dan sentido al todo arrancando en un principio, atravesando un nudo y llegando a un desenlace que en éste caso agarra desprevenido (o dormido) a más de uno, sobre todo si no leyeron la novela.
 
 A raíz de ésto se incluye en la versión doméstica del film un final alternativo de ésta primera parte. Melancólico si se quiere, no hace más que extender el relato con la simple intención de dejar tranquilos a los espectadores. Digamos que deja en claro que los protagonistas se extrañan, (para no revelar datos a quienes no la vieron).
 
 
Para mantenernos expectantes se difundió  también un avance de la secuela 50 sombras oscuras que verá la luz el 10 de Febrero de 2017 , también se supo que 50 sombras liberadas llegaría el 9 de Febrero de 2018 y como para amenizar la espera hasta el próximo “San Valentín” nos invitan a leer la cuarta entrega literaria que se publicaría el 18 de Junio con la versión de Grey, que bien podría dar pie a una nueva película. Como verán tendremos sombras para rato, mientras tanto los actores discuten un acuerdo salariar,  el guión pasa a manos de Niall Leonard (sí, el cónyuge de la autora) y  todavía no sabemos quién tomará  las brasas calientes de  la dirección. Por lo pronto  les dejo  unos segundos de Dornan  enmascarado ¡que lo disfruten!

VALORACIÓN: 4/10
                        

Otras reviews en:

 
 
 
 

CENICIENTA (2015) [CINE]


Disney se ha propuesto revisitar todos sus clásicos a golpe de talonario. Tras la fallida ‘Alicia en el país de las maravillas’ o la muy original ‘Maléfica’, llega el turno de otra princesa de la franquicia por antonomasia, Ella, popularmente conocida por Cenicienta. Con la consabida campaña de marketing previa y las esperanzas puestas en una adaptación que se salga de los tópicos, el nuevo film del antes interesante Kenneth Branagh, se presenta como un cúmulo de edulcorante barato lleno de buenas pretensiones y mucha flojera a la hora de tomar un rumbo que deslumbre a los espectadores. 
 
Bien parece que los magnates de Disney han estado presentes en todo momento previo al rodaje, durante y tras el mismo, pues el estado de caramelización al que han sometido a su princesa insignia es de niveles que rozan cualquier capítulo de los Teletubbies. Pero de todo este campo minado de buenas intenciones y falsas esperanzas se puede sacar algo bueno: Cate Blanchett es sublime cuando interpreta un papel de perfil amable, pero cuando le toca hacer de villana está inconmensurable. Del resto…


 
 
 
 
 
 
 
 
 
…poco o nada en este desfile de medios mal ejecutados por la mirada lacónica de un director que hace muchos años que no sorprende ni se gusta a si mismo. Un encargo más de la gran major que es la Disney que cede el testigo de la dirección a un nombre más que a un director. Legítimo es que Branagh haya vendido su alma a la Disney en pos de nuevos y futuros proyectos, pero lo que verdaderamente clama al cielo es que la propia productora no haya tenido el más sentido espíritu de la aventura y la magia que antaño poseía para enfundar un nuevo traje a su Cenicienta lejos de la amabilidad impuesta y los cánones más retros que uno recuerde.
 
 
El film arranca como una especie de ‘Cenicienta begins’ pero que inmediatamente se diluye para mostrarnos con especial hincapié la sólida relación entre padre e hija (que luego volverá a constatar con el Príncipe y el Rey) a modo de hacernos ver que Branagh tiene una deuda importante con su propio padre. Pero traumas infantiles aparte, ‘Cenicienta’ no viene a aportar nada nuevo a la conocida historia, como de manera inteligente hizo ‘Maléfica’ con su bruja. No, aquí Disney ha querido meter carne y dulce a los personajes del film de 1950 sin ningún pudor y rozando por momentos, en muchas escenas, arrancarse a lo musical. Pero ni eso…Branagh y el guionista (Chris Weitz, ‘La brújula dorada’) han optado por dejarnos con  la miel en los labios de convertir esta versión en una digna adaptación musical. Han ido a lo sencillo, a encumbrar unos personajes a golpe de efectismo pop, con aires de pre-adolescentes ávidos de fantasías románticas y con un tono demasiado infantil incluso para los más peques de la casa. 
 
 
Lo malo que tanto adultos como niños no acabarán de encontrar en el film nada en lo que apoyarse. Los adultos por estar ante una hiper azucarada versión que hace saltar los empastes y los niños por estar perdidos sin las consabidas canciones que tanto echan de menos en este tipo de films. Lo que ‘Into the woods’ pecaba en exceso aquí ni tan siquiera atisbamos nada en el horizonte. Del reparto, variado y en algunos casos acertados, debemos recordar que la pareja protagonista poco o nada pueden hacer con los personajes encorsetados que les han colgado. Lily James (Cenicienta) no llega en ningún momento a conmover como sufrida chacha disneyniana ni como princesa engominada. Richard Madden (Príncipe) bastante tiene con no perder la laca del tupé ante tanto despropósito. En la supuesta escena que debería alzarlos como mágicos personajes, el baile real, se plantea como una especie de baile tribal más cercano a una coreografía de cualquier cantina de Mos Eisley que del estilo Disney. Empeñados en mostrarnos una variedad infinita de trajes imposibles con vuelos de falda dignos de Boris Izaguirre que de transitar por la historia intentando que nos emocione, Branagh sólo se atreve con una secuencia digna de avispados fetichistas: la secuencia en el jardín secreto con el insinuante juego del columpio y el sensual movimiento para calzar el zapato de cristal. Toda una metáfora sexual que quizás solo esté en nuestras enfermas imaginaciones.
 
 
Lo digno por su saber estar y sólida convicción es el papel de Cate Blanchett, que vuelve a demostrar que las villanas se le dan muy bien. Poco entre tanto desatino, pero eso que nos llevamos. Una lástima que ‘Cenicienta’ no haya ido por esos derroteros y se hubiera transformado en un cuento oscuro con la Madrasta como verdadera protagonista. Los más de 100 millones de presupuesto (publicidad no incluida) han debido ir a parar al vestuario (acertado) y a los decorados (poco rentabilizados en pantalla, la carroza-calabaza por ejemplo). No queremos hacer más sangre pero volver a encontrarse a Helena Bohan Carter como “bruja-malvada-pérfida-hada-lo-que-sea” en un film de aventuras ya empieza a ser tan cansino como cuando en un film de catástrofes aparecía Charlton Heston. Al menos los dos comparten rasgos egocéntricos.
 
 
Si Disney se decanta por este estilo, alejado de su valiente propuesta de ‘Maléfica’, miedo nos da los futuros proyectos de ‘Dumbo’ de Tim Burton o ‘La Bella y la Bestia‘ con Emily Watson. Pero como en todo, el film tendrá su público… El exceso de almíbar que acumula ‘Cenicienta’ debería ser anunciado junto a la entrada de cine con una advertencia: “Este film provoca caries”.
 
 
VALORACIÓN: 4/10
 

ENEMY [CINE]


Rodada a la par que su debut en Hollywood, ‘Prisioners’, Dennis Villeneuve ha querido jugar a ser David Lynch en su sexta película como largometraje. El tiro le ha salido mal en cuanto a su acabado final y no menos difícil ha sido su adaptación de la novela de José Saramago en la que se basa, ‘El hombre duplicado’ (2002). Un ejercicio vacío y lleno de pretensiones metafísicas que deambula entre lo orínico y lo efectista, sin querer en ningún momento decantarse por ninguna de las dos opciones.
 
El espectador asiste atónito a una sucesión de imágenes que plantean diversos cauces por los que la trama va a desarrollarse pero en todo momento el director no quiere (o no sabe) fijar su desenlace. Mucha culpa se debe a un desarrollo en los personajes que no acaba de ser creíble ni en su forma ni en su fondo. Jake Gyllenhaal hace lo que puede por dar forma a sus dos alter egos en el film, sin mucha suerte pues…
 


 
 
 
…es tan denso el material en el que se sustenta la película que lo que en un principio nos parece un thriller con tintes fantásticos se tuerce hacia una reflexión sobre la identidad (donde la novela es rica en matices a diferencia del film) para terminar con un desenlace que se ve como un artificio para salir del entramado que el propio director ha creado.
 
 
Lleno de trampas y giros falsos que el guión no deja resueltos, lo que comúnmente se llama licencia poética aquí es una madeja sin desliar de la que no saben salir airosos. Difícil entuerto en el que Villeneuve se ha metido para mostrarnos sus pensamientos sobre la dualidad del individuo. La premisa de una vida monótona que se ve alterada ante la visión de una semejanza física, hace plantearse al protagonista, Jake Gillenhaal, su propia existencia. Pero lejos de ver una muestra de buen cine con mensaje, el director juega a ser un mensajero de la metafísica con la implantación de imágenes surrealistas (las consabidas y muy comentadas arañas que pueblan la cinta) que solo añaden más controversia y problemas a la hora de ejecutar la trama.
 
 
Deja poco margen para el debate pues lo que a priori se puede definir como una película de corte onírico acaba resultando una enorme tomadura de pelo que los grandes críticos defienden como un excelente ejemplo de un aprendiz de David Lynch. Pero a diferencia del creador de ‘Terciopelo azul’, Villeneuve se cae del trapecio al intentar identificar a los dobles como la misma persona siendo imposible la conexión entre ambos personajes. Los secundarios que rodean a ambos protagonistas (con una agradecida aparición de Isabella Rossellini) no hacen sino constatar que lo que vemos es mera ilusión del director y no de los espectadores. 
 
 
Allí donde un Lynch o un David Cronenberg hubieran triunfado, el director canadiense quiere ser tan trascendental que el mero hecho de deformar la historia para que encaje con sus mensajes subliminales sobre el significado de las arañas (que obviamente es una alusión a la debilidad que siente el hombre frente a su relación con las mujeres) hace que el final del film se antoje arbitrario y vacío. Muy lejos de su anterior estreno, ‘Prisioners’ donde sí planteaba un debate sobre la identidad del individuo frente a la sociedad. Aquí solamente ha jugado a ser otro y el tiro le ha salido por la culata.

 


VALORACIÓN: 4/10

CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS [CINE]


Desangelada adaptación de la novela de Lawrence Block (‘8 millones de maneras de morir’) que trata de transmitir un aire neo-noir pero que se estrella con todo el equipo al deambular con una trama que no se sostiene desde el primer tercio del film. Su director, Scott Frank, dirige su segundo largo (‘The lookout’) y define que es mejor guionista (‘Minority report’, ‘Lobezno inmortal’) que realizador. Con todo el peso de la historia sobre los anchos hombros de su protagonista, Liam Neeson, repite clichés y lugares de la novela de detectives turbios. No hay nada nuevo o excepcional que uno no haya leído en los textos de Raymond Chandler o Dashiell Hammett. El personaje de Neeson es su enésima interpretación de una figura abatida por un pasado oscuro y lleno de remordimientos, algo que a Neeson le queda como un guante pero que ya está tocando fondo al ser una constante en sus últimos papeles (‘Taken’, ‘Non-Stop’, ‘Sin identidad’) y carece de emotividad a la hora de convencernos como espectadores de su drama. Los elementos añadidos…

 
 
 
 
 

 

…como el personaje que contrata a Neeson, un narcotraficante al que han secuestrado a su mujer un par de psicópatas con morbosos fines criminales o la figura del muchacho (con el que se quiere redimir el protagonista) que poco a poco va ayudando al detective en su investigación, son meros reductos con los que el director trata de levantar una historia sin ritmo y alicaída que no acaba de arrancar en ningún momento. Tildar este trabajo como un intento de reivindicar el thriller de los noventa que tan buenos momentos nos dejó sería de audaces. Tampoco funciona a la hora de plasmar esa atmósfera de cine negro impuesta que pulula en todo el film. Nada encaja. Como la misma trama que debe resolver el protagonista.
 
 
Casi dos horas de idas y venidas, falsas pistas, personajes casuales que distraen de la acción y una insistencia por elevar a Liam Neeson como el nuevo héroe de acción. Detalle que le llega demasiado tarde al actor y que por añadidura no acaba de resolver bien el director ya que juega con los tópicos de otros trabajos para que el público pueda identificarlo. Nada nuevo bajo el sol. Lenta y anodina. Un Phillip Marlowe de saldo o un Sam Spade de usar y tirar.
 
 
 
VALORACIÓN: 4/10