2015

STAR WARS THE FORCE AWAKENS [CINE]


Han pasado meses, un tiempo prudencial para tener la cabeza fría y el corazón tranquilo para poder hablar del fenómeno global que ha supuesto ‘El despertar de la Fuerza’ entre todos los cinéfilos, amantes de Star Wars, neófitos o simplemente seguidores de esta fascinante saga galáctica. Mucho se ha dicho, leído, discutido, analizado y debatido. La sangre en algunos casos y foros ha llegado a las calles virtuales de las redes sociales. Creemos, aunque nadie nos lo haya pedido pero el cuerpo nos lo pide, que nos toca a nosotros, humildes cinéfagos, poner nuestro granito de arena o grano en el culo (según se mire cuando acabéis de leer este post) sobre el film de marras que tanto amor (odio) ha suscitado entre los warsies y los espectadores en general.
 
J.J. Abrams tenía en sus manos el mayor regalo que el cine de los últimos 40 años podía entregar a un director visionario, audaz y capaz de levantar sagas muertas (‘Star Trek’, ‘Misión Imposible’) y creador de fenómenos audiovisuales como ‘Perdidos’ o ‘Alias’. De Abrams siempre se ha dicho que…

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LA BRUJA [CINE]


Hacía tiempo que no se nos presentaba un film de estas características y más dentro de su género. Aunque la palabra terror engloba muchas connotaciones y más si entramos en sub-géneros, dicha palabra se le puede quedar corta a ‘La Bruja‘, opera prima de Robert Eggers que da el salto al largometraje con guión propio. Thriller, terror psicológico, drama y un buen pellizco de fantástico serían los adjetivos que podrían calificar esta pequeña pieza de joyería que nos ha sorprendido gratamente. 
 
Alejada del histrionismo efectista que domina el género del terror, los litros de sangre, efectos de cámara, música atronadora y giros imposibles en el guión en busca del susto fácil y de palomita gruesa, ‘La Bruja’ juega en otro nivel, es más, crea un juego nuevo para…
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…todos aquellos que se adentren en su temática. Y cosa difícil, pues su eclecticismo es a buen seguro un handicap para esos espectadores que vayan creyendo a ver este film que se van a encontrar con la típica historia de bosques encantados, brujas malas y sustos tras las ramas.
 
 
Nada más lejos. Una perla entre tanto arrecife. Situada históricamente en 1630, años antes de los infames y famosos juicios de Salem, el director nos propone un viaje iniciático en la particular cultura de los primeros colonos de América del Norte. Puritanismo recalcitrante, religiosidad a flor de piel e intolerancia por todo aquello que se alejara de las Sagradas Escrituras son recogidas en esta película a modo de drama familiar en que sus integrantes verán como su Fe, su creencia y su fortaleza como unidad familiar se resquebrajan de forma paulatina cuando entre ellos comienza a anidar la sospecha del mal.
 
 
El diablo, personaje ficticio (o no) en el film, planea de manera asombrosa durante su metraje. La religión, fusta y castigo de los pensamientos y hechos de los componentes de la familia, es el bastión donde se refugian ante sus miedos. ¿Pero qué hacer cuando ese mal está entre tus hijos?
 
 
Esa pregunta que flota en el aire de esos bosques que tan elegantemente filma Eggers, es la que se hace el espectador. ¿Es lo que vemos real? ¿Es todo parte de una histeria colectiva? Una película que emociona según avanzan sus minutos, que te engancha con una historia sencilla pero brutalmente veraz a la hora de mostrarte lo que ella quiere enseñar. Su juego es ése, darte a entender unos hechos para que seas tú el que llegue a una resolución (si la hay) a su conclusión.
 
 
El mal, icónicamente ilustrado como una Bruja, se cierne en todo el largometraje como una presencia que sentimos, que deseamos que sea cierta para dar comprensión a unos sucesos que al igual que a los personajes, nos hacen dudar, estremecer y hasta por momentos sentir es angustia que en aquellos años se debió vivir. La intolerancia, mensaje soslayado en el film, se desata como la única manera de combatir el mal. Y es aquí donde reside la fuerza de ‘La Bruja‘, funciona a la perfección como mecanismo de creación de ansiedad, terror psicológico y drama emocional. Con unas estupendas actuaciones de actores, donde destacamos a la singular Anya Taylor-Joy, y que hasta hoy eran desconocidos pero que dotan de una veracidad y crudeza a sus personajes que traspasan la pantalla.
 
 
Un guión elaborado a partir de anotaciones, leyendas y juicios orales que sucedieron en el siglo XVII y que recopila el director para hacer un boceto muy nítido y casi solemne a la sinrazón que la religión conllevaba. Rodada muy acertadamente con luz natural y sin apenas efectos que hagan enturbiar la narración, la película transcurre con una calma tensa hasta un desenlace algo perturbador y desconcertante. Es quizás este punto donde su director no acaba por ser valiente y dotar a su film de ese aura de misticismo que hasta ese momento llevaba. Prefiere encasillar su trama con una conclusión que se aleja del terror psicológico para abrazar sin tapujos el género fantástico. Algo así como saltar desde un décimo piso pero arrepentirse al llegar a suelo.
 
 
Los toques maestros de su realización, que por momentos tienen tintes del Kubrick más conceptual, se realzan con una banda sonora inquietante e hipnótica que refuerza (y en mucho) las tétricas imágenes que vemos en la pantalla. Y lo que es peor (para bien), hacen que sea nuestra imaginación la que confiera a ese sentimiento de miedo un equilibrio justo entre el terror y cine fantástico.
 
VALORACIÓN: 7/10

 

MI GRAN NOCHE [CINE]


Poco o nada queda ya de aquel Alex de la Iglesia que sorprendía (‘La comunidad’), que nos hacía reír (‘El día de la bestia’), que nos encantaba (‘Acción mutante‘) o que simplemente nos arrastraba al cine por el mero hecho de aparecer su nombre en los títulos de crédito (‘Crimen Ferpecto’). Han quedado atrás aquellos años donde su nombre iba relacionado con el tono canallesco de la comedia, el bufón irreverente al que se le permitía todo con el beneplácito de nuestra complicidad, el esperpento como salida de escape de una comedia española anquilosada en enredos de pareja, medios tiempos y repetición de tramas. Alex de la Iglesia nos ofrecía otro tipo de comedia, más cercana al esperpento…
 
 
 
 
 
 


 
…tan necesario en estos últimos años en nuestra sociedad. Siempre con la cortina de humo que su fiel colega en los guiones, Jorge Guerricaecheverría, creaban en sus tramas para incrustar denuncia social y problemas sociales actuales bajo el prisma desenfocado de su visión como cineasta. Aquel Alex hace tiempo que desapareció. Ni siquiera con el retorno de su compañero en los manuscritos (tras su breve separación durante los rodajes de ‘La chispa de la vida’ y ‘Balada triste de trompeta’) han logrado que este tamden de verdaderos amantes del cine vuelvan a darnos esas dosis de irreverencia a la que nos tenían acostumbrados.
 
 
En ‘Mi gran noche’ han intentado aunar ciertos trazos de trabajos anteriores (sobre todo de ‘Muertos de risa‘, la última gran comedia que ambos realizaron) y regresan al mundo de la televisión para hacer un rápido análisis de la sociedad actual, con corrupción, envidias, redes sociales y todo bajo el manto de una grabación del especial de Nochevieja donde dos estrellas, una del pasado (Raphael) que desea volver a su estado de gloria y otra fulgurante (Mario Casas) y sin dos dedos de frente, compiten por ser la diva entre las divas. Demasiadas historias en medio sin llegar a puerto con ninguna. A pesar de contar con un elenco actoral amplio (donde destacamos a Raphael en un ambiguo y desaprovechado personaje que roza por momentos la genialidad) el director no sabe bien si lanzarse por la historia de cruenta guerra de egos entre los dos cantantes o la historia de amor entre un don nadie y una gafe.
 
 
Todo contado con la rapidez que caracteriza al cine de Alex de la Iglesia, pero sin la frescura de anteriores (muy anteriores) trabajos. Hay un poso de repetición en su propuesta y no termina de convencer ni por la forma ni por el fondo. Ninguna de la subtramas (una pareja de presentadores que no se soportan, una realizadora y su ayudante con problemas sentimentales y laborales, un asesino obsesionado con su cantante favorito, un trepa que “vive” de sus negocios ocultos, unas grupis que roban semen…) se queda resuelta, o apenas interesa que se resuelva. Y todo cae sin paliativos en un desenlace (de nuevo) sin gracia, ni ritmo o sentido. Que el esperpento sea su sello no es razón para dejar a sus personajes en un final que roza la comedia chabacana y simplona de finales de los setenta, más cercana a ‘Pepito piscinas‘ que a sus muy conseguidas ‘La comunidad’ o ‘Muertos de risa’.
 
 
No sabe terminar sus films desde hace bastantes años, tal vez esa inmediatez que apura su cine, que busca la propuesta más que el desenlace, que ofrece más de lo que tiene y que crea personajes que entran y van pero que no se dejan descubrir. Una comedia de enredo pero sin nudo al que aferrarse. Y un fin de fiesta que mezcla el inicio de ‘Indiana Jones y el templo maldito’ con el final de ‘El guateque’ de Blake Edwards. Raphael ha vuelto al cine, un animal de la pantalla al que un buen personaje podría haberle retornado al panorama cinematográfico, más como icono que como actor, pero que en esta ocasión no podrá decir que fue su gran noche.


VALORACIÓN: 4/10

EN EL CORAZÓN DEL MAR [CINE]


El intento de camuflar una versión cinematográfica de una novela original como ‘Moby Dick’ para presentarnos la historia de ésta bajo el epígrafe de “la historia en que se basó” no es sino un mero pretexto para poner en rumbo este proyecto que a priori no cuaja ni por su forma ni por su contenido. Ron Howard, que en su enésimo intento de alcanzar la épica con un film vuelve a naufragar al tratar de compensar una dudosa aventura en un tour de force entre el hombre y la naturaleza. Entorpecido por los numerosos flashbacks en los que se nos narra la película, el film deambula sin saber bien si reflejar la lucha entre el hombre y la ballena (con aparatosas y repetitivas escenas que no acaban de convencer por un uso excesivo de croma y efectos digitales que cantan desde barlovento) o la sin duda más interesante…
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…confrontación entre los personajes del primer oficial Chase (Chris Hemsworth) y el capitán Pollard (Benjamin Walker) pero también este apartado naufraga el director.
 
Con un guión que trata de abarcar más de lo que la misma historia puede ofrecer, los pocos matices que uno se puede llevar a la boca es recordar buenos momentos que otros films de viento y salitre nos han dado a lo largo de la historia del cine. ‘Viento en las velas’ o la reciente ‘Master and Commander’ son magistrales muestras del buen hacer de un director sobre los maderos de un barco. Hasta la propia obra maestra de John Huston (‘Moby Dick’, 1956) se debe sentir ofendida ante tamaño disparate que Howard y el escritor Chales Leavitt perpetran en la novela de Herman Melville amparados en usar otro libro (“In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex” de Nathaniel Philbrick) para escudar una falta de imaginación, ideas nuevas y manera de rodar.
 
 
La trama, mas que avanzar, decae en una lenta zozobra y llega hasta la deriva cuando por más que uno espera el climax final, director y guionista en un intento de rizar el rizo y ser más papistas que el Papa, se quedan tan a gusto con un final benévolo, bien pensante y que roza la moralina más edulcorada. No podría ser de otra manera tratándose de Ron Howard (eterno aprendiz de Spielberg). 
 
 
Un elenco de actores donde ninguno destaca por encima de los demás, pues la carencia de empatia hacia estos está presente desde el primer minuto. Ni Hemsworth (que repite con  Howard tras ‘Rush’) ofrece algo de carisma con su personaje, ni tiene réplica en unos desaprovechados Cilliam Murphy o Benjamin Walker. Todo está impregnado de una falta de alma, de espíritu y de conjunto que no hace sino hastiar al espectador hasta que éste desee un rápido final. No hay un pulso o un ritmo al que aferrarse y los vientos que soplan desde los excesivos y bastante monótonos efectos visuales hacen torpedear el interés por una historia mal tratada y peor rodada.
 
 
Una deliciosa banda sonora destaca por encima de todo este despropósito (obra de Roque Baños y que se inspira, sin ningún pudor, en Hans Zimmer) y que trata de imprimir toda la épica y el alma de aventura que a las imágenes les falta. Un ejercicio de caprichoso desarrollo, peor tratamiento y lenta travesía.
 
Un barco que jamás debió zarpar, pues estaba desprovisto de provisiones, objetivos y mal tripulado.
 
 

VALORACIÓN: 5/10

THE HATEFUL EIGHT [CINE]


Todo aquel que espere reencontrarse con el Tarantino de ‘Reservoir dogs’, ‘Kill Bill’, ‘Pulp Fiction’ o tan siquiera con ‘Jackie Brown’ o ‘Malditos bastardos’ puede ir cogiendo una silla y sentarse pacientemente a esperar a que el genio de Tennesse pase por ahí. Lejos de su habitual estilo canalla, revisionario o paralelo al homenaje continuado de los géneros, en ‘The Hateful Eight’ (traducida en España por el simplón y e innecesario ‘Los Odiosos Ocho’) Tarantino ha tirado por un tono intimista, crepuscular, moderado (en el sentido académico a la hora de rodar) y bastante contenido en sus más de dos horas de metraje. Sin que todo esto sea…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…menoscabo para su trabajo. Parece que Quentin ya está por otras cuestiones, como si su estilo ya tuviera salida con sus anteriores trabajos y en esta ocasión se ha decidido por centrarse en los personajes.
 
 
The Hateful Eight‘ (nos negamos a utilizar de nuevo el título en castellano) es sobre todo un film de personajes, la baza fuerte del cine de Tarantino, pero esta vez sin los artificios de las escenas de acción (que por vez primera no están a la altura de cómo Quentin suele rodarlas) sin los efectistas fondos urbanos, situaciones rocambolescas o historias que van más allá de lo humano. Salvo por la impostura de rodar el film en 70mm como guiño al cine de los finales de los 60´s y principios de los 70’s; y el hecho de codearse en la banda sonora con el inmortal Ennio Morricone. El creador de ‘Kill Bill’ ha apostado por sus criaturas, sus personajes, para dotarlos de alma y esencia. Sin embargo ha dejado sin alma buena parte del film, que no destila por ningún tramo (salvo el tercio final donde el gore hace acto de presencia) ese aura que Quentin  impregna en sus trabajos.
 
 
No hay un poso al que aferrarse y que pueda redimir al espectador para identificar en este curioso proyecto los eternos homenajes que Tarantino suele hacer en sus films a sus venerados maestros. Si la película comienza como un western crepuscular (a lo Sam Peckinpah) enseguida se torna en thriller (a lo Don Siegel) para terminar con un festín de sangre, retortijones y escenas más cercanas al gore (donde la mano de Greg ‘The walking dead’ Nicotero ha hecho mella) más transgresor que al western propiamente dicho que hubiera filmado un Howard Hawks o un Rauol Walsh.
 
 
No quiere dejar títere con cabeza, ni dentro ni fuera de la pantalla. Es por ello que en ese tercio final es cuando reconocemos algo del estilo del director, que desata su furia, su colérica forma y bastante de mala leche para dar el toque de gracia a sus personajes. Sus conocidos tics o marcas de la casa vuelven a escena (el tabaco ‘Red Apple’, los encuadres cenitales, los flashbacks y el dividir en capítulos el film). Y es en este último apartado donde quizás flaquee más el genio de ‘Pulp Fiction’ pues se toma la libertad de explicar en demasía ciertos giros de la trama por si el espectador anda algo perdido y una voz en off nos guía (de forma infantil) por las imágenes que estamos viendo.
 
 
En el apartado actoral es donde nuevamente Quentin vuelve a acertar al elegir una terna impecable que hace suyos a los personajes, los transforman y estiran hasta límites insospechados (con un Samuel L. Jackson en modo Sherlock Holmes impagable). Kurt Russell, que vive una segunda (o tercera) juventud gracias a Tarantino; un Michael Madsen que parece dormir en el jardín del director y una Jennifer Jason Leigh que retorna a sus mejores caracterizaciones en décadas, configuran el cuarteto protagonista que junto al resto de figuras hacen de ‘The hateful Eight’ una versión más cercana a ‘Los diez negritos’ de Agatha Christie que a un western al uso. Por poner una sola pega al elenco de actores, se nota (y mucho) que el personaje que interpreta Tim Roth fue escrito ex profeso para Christoph Waltz…algo que se llega a echar de menos, seamos sinceros.
 
 
Del resto de la trama, que conjuga tiempos y diálogos sin la frescura de la que siempre ha rezumado Tarantino, se deja ver sin apasionamiento, en un lento y casi por momentos tedioso avanzar que no fuerza al espectador a otra cosa que pensar “ahora vendrá lo bueno”. Y es de esta forma como este viejo zorro en que se ha convertido Quentin vuelve a sorprender al público. Ha huido de su estilo, de su tono, de su forma de rodar (podría llevarse a un escenario de teatro este film sin problema) e incluso de sus consabidas bromas pesadas y giros argumentales o finales sorpresa para ese tercio final donde el director más ha disfrutado con sus personajes y con la segura convicción de abofetear la conciencia y prejuicios de sus seguidores.
 
 
A buen seguro que nadie podrá referirse a ‘The Hateful Eight’ como una continuación de ‘Django‘ por el género en el que parece inscribirse. Ni tan siquiera al western. El film es mucho más que un mero ejercicio de género. Es un compendio en el que Tarantino parece querer decir adiós a su personal mundo de clichés, tópicos y modos. Una cartografía de su filmografía en la que muchos podrán reconocer gestos, pero sin duda nadie podrá reconocer al genio de Tennesse.
 
Un film que engaña en su comienzo, descoloca en su nudo y crea una sonrisa canalla en su final.
 
VALORACIÓN: 8/10

SICARIO [CINE]


Cuando los insurrectos en Judea planeaban atacar a los gobernadores romanos en el siglo I durante las revueltas contra el Imperio, los encargados de perpetrar los asesinatos utilizaban una espada corta o daga denominada sica, por tanto los portadores de tal arma se les llamaba sicarii. Dicha daga la podían ocultar bajo la túnica sin levantar sospechas y así poder acercarse a su objetivo para acabar con su vida. Sin embargo, cuando un gobernador era asesinado, Roma enviaba inmediatamente un sustituto. La cabeza de la serpiente podía ser cortada, pero enseguida renacía una renovada en su lugar.
Han pasado dos mil años y el método no ha cambiado. El imperio es otro y lucha contra otro que se esconde bajo una capa de corrupción, crimen y asesinatos. La CIA, el FBI, el Gobierno yanqui y todas sus agencias gubernamentales (DEA, ATF…) han utilizado todas las herramientas legales a su alcance para terminar (o al menos controlar) con los poderosos cárteles de la droga. Si en los 80’s y 90’s Colombia y el tristemente famoso…

…Pablo Escobar eran el ojo del huracán, desde hace unos 15 o 20 años el foco de la droga se ha trasladado con mayor virulencia a Méjico. Ciudad Juarez, Durango, Sinaloa, Tijuana, El Golfo y numerosas zonas norteñas en su mayoría son el nuevo rival al que se enfrentan los grupos policiales y de operaciones especiales.
¿Pero que hacer contra un enemigo tan violento, sanguinario, que no respeta las leyes, códigos éticos y emplea el terror como arma? Se combate con más terror. Así al menos es la visión de Dennis Villenueve sobre este polémico asunto. Si ya puso en relieve su versión de la pederastia y los secuestradores de menores con la interesante ‘Prisioners’ (donde abría un caldeado debate sobre la moralidad y sus consecuencias) con ‘Sicario’ abofetea la conciencia yanqui donde más le duele: en su autosuficiencia y prepotencia sobre toda la humanidad.
Villenueve, que hace olvidar la sobre valorada ‘Enemy’ (crítica) se mete de lleno en el género del thriller con solvencia, con pulso y ritmo asincopado cuando lo necesita la narración. Nos pone en el mismo prisma que su protagonista (Emily Blunt) dejándonos a oscuras durante un buen tramo de la historia, sin saber bien qué juego estamos llevando a cabo, qué papel tenemos en la trama y cuál será la consecuencia de nuestros actos. Blunt, una heroína a su pesar, es el títere que se ve obligado a moverse según los intereses creados por las altas esferas del gobierno que pretenden destruir los cárteles de la droga en Méjico para instaurar al anterior imperio colombiano con el que tenían un “control” soportable en sus acciones.
El alzar la voz (de una sospecha que todos sabíamos en secreto) sobre las relaciones del gobierno yanqui con el control de los cárteles de la droga colombianos no sorprende a nadie, pero el modo en el que intercala esta historia con la eterna cuestión de “el fin justifica los medios”, hacen de ‘Sicario’ un estupendo ejercicio de conciencia y de justificada náusea hacia los poderes establecidos. Con un reparto solvente y de impecable factura (donde destaca, una vez más, el convincente Benicio Del Toro) y un guión (obra del debutante en estas lides Taylor Sheridan) que durante la narración es capaz de tener momentos intimistas ajenos (en un principio) a la trama principal para devolvernos en un epílogo formidable a la cruda realidad: todo vale para conseguir que todo siga igual.
El terror se combate con terror (una oportuna película en estos tiempos tan turbulentos que vivimos) esa es la pavorosa realidad que Villenueve refleja con su cámara, con sus planes cenitales, como plasmando que si lo vemos de lejos, el terror es mínimo; las consecuencias asumibles y el resultado necesario. Con una árida fotografía, unas secuencias efectistas y de obligada realización para dar empuje al curso del film (el tiroteo en el paso fronterizo o las escenas de torturas, que aunque no las vemos son terribles pues la imaginación nos lleva a crearlas) ‘Sicario’ destaca por la frialdad con que nos narra una cruda historia que bien puede estar pasando ahora mismo.

 

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Si la violencia es atajada con mayor violencia y ésta da resultado, adelante con ella. Méjico es plasmado como un personaje más, pero desde la lejanía, en silencio. Testigo mudo de la apisonadora que tiene Villenueve por cámara. Blunt asume su rol de daño colateral, de mal necesario y trasluce la duda que todos tenemos ante este desafío. Un thriller sin pausa pero que se detiene en pequeños detalles que la hacen grande. Un revelador final que duele por lo cruel que es, por lo distante que nos deja. Pero no como un defecto, sino por que es la consecuencia real del mundo en el que vivimos. Nos dejamos arrastrar, no queremos ser dañados pero en el fondo deseamos que nuestros enemigos sean destruidos. El modo, no nos importa, tan solo no queremos verlo.
Para ello, llamamos a un sicario.

VALORACIÓN: 8/10

OTRAS CRÍTICAS DE ‘SICARIO’:


SPECTRE [CINE]


¿Despedida…homenaje…reboot con la saga clásica? ¿Todo a la vez? James ha vuelto y para sorpresa de muchos (y desencanto para unos pocos) con toda la fuerza del personaje. Rumores aparte de si estamos ante la última aparición de Daniel Craig como el genuino 007, pues se sigue barajando la opción de una quinta película que tenía firmada cuando se enfundó por primera vez el esmoquin allá por 2005, de lo que es seguro es que ‘Spectre’ no sólo es un eslabón más en la cadena que se fue forjando en ‘Casino Royale’ sino que tiene todos los visos de ser el broche final de dicha cadena. Un cierre de una tetralogía que auna tramas anteriores, enlaza personajes y situaciones que nos fueron presentadas a lo largo de esta década y que resulta ser un final de fiesta con un invitado muy especial: el archienemigo de James Bond (que, por casualidades del guión, guarda una relación muy sorprendente con nuestro flemático y canalla héroe). Pero vayamos por partes, pues aunque muchos detractores…

…hayan querido devaluar esta entrega acusándola de falta de fuerza, de fórmula gastada y de poco ingeniosa, bien es cierto que pese a algunos excesos que comete la trama, el guión y algún personaje que otro, la vigesimocuarta (oficial) aventura del bebedor y mujeriego (ya no fuma y pierde algo de ese espíritu burlón) agente secreto es una buena dosis de referencias, auto homenaje y fin de fiesta por todo la alto que recupera el sentimiento añejo y querido de los episodios de Sean Connery y lo reboza con el tono canalla y despreocupado que Craig ha impregnado al personaje.
No es tan oscura como las predecesoras, ni tan descarnada como ‘Skyfall’ pero está a años luz de la fallida ‘Quantum of Solace’. Recupera la alegría por las escenas imposibles que tan famosa han hecho a la saga, el tono satírico y algo humorístico que roza en ciertos momentos lo mundano y sobre todo, el sentido épico por las secuencias de acción. Con una apertura por todo lo alto, con el consabido plano secuencia inicial (falseado de una manera sutil pero impresionante) que apabulla por su belleza visual y se compenetra con la atronadora e hipnótica música de fondo, nos presenta a grandes rasgos los pequeños ganchos de la trama que enlazan con lo visto en las tres anteriores entregas.
Ya desde los títulos de crédito (con un descarado resumen de las tres películas de Craig) nos pone en alerta como espectadores que estamos ante una despedida disfrazada de homenaje, pero no por ello dejamos de disfrutar con ese aire desenfadado que vivía en las entregas de Connery y en alguna de Moore. El Bond de Craig ha bajado un peldaño en crueldad, frialdad y tono, quizás por ese ímpetu innecesario desde la productora por recuperar la esencia de antaño y así poder enfundar el esmoquin en un futuro actor (Tom Hardy…quizás?) que pueda retomar el personaje clásico. Desde aquí siempre vimos al Bond de Craig como necesario para revitalizar al personaje. Sucio, vulnerable, despiadado. En ‘Casino Royale’ y sobre todo en ‘Skyfall’ pudimos disfrutar de ese nuevo Bond. Ahora, para este final de fiesta, han decidido apostar por un regreso al hogar, permitiendo recuperar hasta el desgastado y olvidado Aston Martin de Connery.
Recuperamos guiños y recuerdos de films como ‘Dr. No’ (la escena de la tortura, el esmoquin blanco…) o ‘Desde Rusia con amor’ (con ese villano interpretado por Dave Batista que recuerda en demasía al que ya hizo Robert Shaw en dicha película. Incluso aquí se recupera ( o copia con cariño) la secuencia de la pelea en el tren de aquella segunda entrega. Toques de ‘Vive y deja morir’ (el traje y máscara de calavera) o una alocada y hasta por momentos alargada persecución en coche por las calles de Roma que recuerda a la vista en París en  ‘Panorama para matar’. Y sobre todo, vuelve S.P.E.C.T.R.A.
Se quiere humanizar un poco a Bond en cuanto a su relación con las mujeres suavizando su interconexión con ellas. Ya en ‘Casino Royale’ disfrutamos de este lado con la genuina Vesper (Eva Green) todo un regalo de personaje y femme fatale entre las mejores de la saga. Buscar el lado romántico de Bond no es el mejor motivo para despedir al personaje en esta entrega y su lado canalla y mujeriego (perdónenme las lectoras) se echa de menos. Pero son los tiempos políticamente correctos en los que vivimos.
Pero vamos con las pegas (que son varias). La trama se pierde y deambula durante muchos momentos sin saber bien ubicar al espectador. No hay un ritmo adecuado entre las excesivas escenas de acción y los interludios que se trata de explicar o avanzar a los personajes. La alargada sombra del archivillano se hace rogar de manera alarmante y peca de oscurantismo para luego dejar un sabor agridulce de lo que pudo haber sido. Un Christolph Waltz tan encasillado y predecible que roza la caricatura y no hace sino crear una nostalgia en el espectador de los anteriores actores que interpretaron al famoso contrincante de Bond. Eso sí, nos dejan una descarada puerta abierta. ¿Acierto o licencia narrativa innecesaria? Y sobre todo un imperdonable error: lo poco y mal aprovechada que está Monica Belluci…ains.
No se han  atrevido a cerrar una etapa como hubiera gustado a todos. Sam Mendes hizo temblar a la saga con su visión en ‘Skyfall’ y los números en taquilla le aseguraron una segunda película del personaje, pero el estudio no ha visto con buenos ojos el primer borrador que John Logan (‘Penny Dreadful’) presentó para ‘Spectre’. Una pena, pues del mismo modo que Logan ha revitalizado el género gótico con su serie de TV, con Bond habría dado la puntilla que necesitaba el personaje para auto concluir esta serie de films que se han ido encadenando (estamos con la moda Marvel no lo olvidemos…).
El resultado final es algo agridulce. Por un lado festejamos ese reencuentro de Bond con sus orígenes, con los homenajes, los guiños a la saga y el ciclo que habían abierto en ‘Casino Royale’, sin embargo echamos de menos todo ese duro y frío toque que el Bond de Craig estaba proporcionando a la saga. Aquí ni tan siquiera refleja los golpes en su rostro de las peleas como en los anteriores films. Ha perdido esa crudeza realista para volver al hogar, para volver a los martinis en copa de fino cristal y recorrer las calles subido en su viejo Aston Martin. Pero eso si…con la chica a su lado.
¿Habrá una nueva y futura señora Bond? ¿Asistiremos a la boda?

VALORACIÓN: 7/10

LA CUMBRE ESCARLATA [CINE]


Si algo nos ha ido demostrando el director mexicano Guillermo del Toro (1964) es su indudable buen gusto por las historias bien contadas. Esas historias que tanto le gustan a él (y a muchos) que versan sobre el más allá, lo grotesco, el horror, los fantasmas, los cuentos de hadas macabros y cómo no, el género terrorífico más proclive a dejar volar la imaginación y las pasiones: el terror gótico. Del Toro regresa a su terreno más conocido, al que mejor se desenvuelve y sabe estar. Un género que le ha visto crecer a base de genialidades como ‘Cronos’, ‘El espinazo del diablo’ y la por siempre eterna ‘El laberinto del Fauno’. Tras su paso por la secuela de ‘Hellboy’ y la entretenida ‘Pacific Rim’ (donde en ambas el realizador sigue con sus constantes sobre los monstruos y la naturaleza de éstos) vuelve a su particular y muy personal universo oscuro donde mezcla lo grotesco con sumo cuidado y lo bello con la más insana de las maldades. El gótico es su lugar natural, tanto en su vertiente literaria como fílmica, Del Toro ha demostrado ser…













…un alumno aventajado de los maestros Poe, James y Lovercratf. Si Tim Burton siempre sobrevuela en la oscuridad con su cine, Del Toro se ha hecho el amo absoluto de ella.

 
Nos las prometíamos felices en el pre-estreno organizado por SensaCine al que fuimos invitados y nos frotábamos las manos al conocer que el director regresaba al mundo de los fantasmas con una nueva historia de su propia cosecha. Volvía el nuevo cuentacuentos del horror. Su paso por la TV con ‘The Strain’ nos había devuelto su lado más vampírico, ahora con ‘La cumbre escarlata’ retornaba el Del Toro más oscuro…¿o no?


La historia se presenta como una transliteración de las novelas góticas por antonomasia. De Shelley a Austen, de Byron a Milton o Henry James, de William Blake a Lovercraft pasando, como no podía ser de otra forma, por su amado Edward Alan Poe. La cumbre escarlata‘ se desata como un homenaje por todo lo alto a ese estilo de novela, a ese universo personal donde las emociones son grandilocuentes, las pasiones desatadas y lo terrorífico se da la mano con la realidad bajo un velo de misterio latente. Del Toro ha volcado todo su amor y pasión por este género literario (y sobre todo por estilo visual que el cine le ha dado a lo largo de los años) en un film que rebosa solemnidad, teatralidad y excesivo donaire para evocar un tiempo fuera del alcance de nuestra imaginación.


No se ha dejado llevar por su lado más canalla, ese al que nos tiene acostumbrados y que forma parte de su sello inconfundible. No nos ha otorgado en esta ocasión unos personajes secundarios que nos cautiven, como es habitual en su cine. Echamos de menos ese espíritu arrollador que sacude la historia a medida que avanza. No, nada de ese nos trae ‘Crimson Peak’. Pese a contar con unos poderosos decorados, una dirección artística arrebatadora (que a buen seguro estará nominada a los próximos Oscars), una ambientación casi hipnótica y un escenario solemne e imponente (aunque poco aprovechado pese a sus innumerables virtudes) como es esa fantástica mansión ubicada en mitad de un páramo. Muchas virtudes en su puesta de escena que se diluyen de manera escandalosa a medida que el guión destroza las esperanzas de espectador según va planteando las situaciones. Más descorazonador es ver como el desarrollo de la trama se desvirtúa con unos diálogos que avanzan en demasía el desenlace, que ponen todas las cartas boca arriba demasiado pronto y que no deja otra opción al público que esperar el consabido y predecible final.


Un final que deja un vacío tan hondo como los cimientos de esa mansión. De fácil ejecución, de innecesario estilo y que no encaja en absoluto con el estilo que durante los 90 minutos previos ha intentado inculcar al film. Del misterio a la duda, y de la duda a lo absurdo con unas trampas en el guión que desmenuzan el buen hacer de la puesta en escena. Floja en su conjunto, ‘Crimson Peak’ se deja ver por los numerosos y beneficiosos homenajes que Del Toro se da el gusto de incluir en la película (para regocijo de los espectadores). Aparte de los ya mencionados pasajes y homenajes a figuras como Mary Shelley, Jane Austen, H.P. Lovercraft y sobre todo a Poe, el creador de ‘Cronos’ se marca unos guiños cinéfilos que van desde la serie B de la Hammer o Roger Corman (‘El hundimiento de la casa Usher’ está presente en todo momento) pasando por ‘La mansión encantada’, la historia del asesino Barba Azul, a escenas que rememoran míticas secuencias como ‘El resplandor’ (esa salida de la bañera) o ‘Al final de la escalera’ (con esos planos de la pelota de juguete rodando sola o la silla de ruedas vacía). Paralelismos aparte, Del Toro ha hecho un ejercicio personal de cinefilia y pasión novelesca que demuestra su gran amor por este género pero que se trunca por su obstinada visión de perfeccionar el estilo hasta límites excesivos. Muy academicista, demasiado solemne y que reparte las cartas a su antojo con la única premisa de ser fiel a ese espíritu que evoca pero dejando de lado toda la originalidad que el mexicano posee. El desaforado amor que existe entre la pareja protagonista resta y mucho a su pretendido toque macabro y terrorífico, quedando el elemento fantasmal como mera anécdota.


El elenco actoral no acaba de encajar con este tono, y salvo Tom Hiddleston (que siempre está impecable haga lo que haga) el resto del reparto no da pie con bola para captar ese misticismo y aura terrorífica que la casa sí sabe dar. Una pena que el personaje de Jessica Chastain acabe incurriendo en los tópicos y aburridos clichés del género ‘scream-queen’ para finalizar el film. Charlie Hunnam solo hace constancia que Del Toro le ha caído en gracia y lo mantiene a salvo para ‘Pacific Rim 2’. En cuanto a Mia Wasikowska, que ya había fracasado en intentar crear una Alicia convincente, no transmite en ningún momento esa lánguida pesadumbre que las heroínas del romanticismo y la novela gótica tenían. 


Un bonito papel de regalo que envuelve un obsequio de bajo valor. Floja en su planteamiento, de fácil y predecible desenlace y sobre todo, fallida en su historia y modo de ir desgranando un misterio que se desvela excesivamente pronto. Siempre te hemos amado Guillermo, a tu cine y a tu visión del mismo…pero así no.
 
VALORACIÓN: 5/10

HANNIBAL: Season 3: FIN DE FIESTA, BANQUETE Y ORGÍA VISUAL [ESPECIALES]


Sin duda ha sido el evento del año en cuanto a series de TV. Digan lo que digan sobre otros estrenos en la caja catódica, héroes marvelianos, rápidos adolescentes, zombies con precuela, reinos de poniente y demás criaturas de esta maravillosa generación de series que estamos viviendo, ha sido ‘Hannibal’ y su espectacular tercera temporada la que ha marcado el cenit visual este año frente a la pequeña pantalla. Las deliciosas y perversas andanzas de nuestro amado doctor Hannibal Lecter han llegado a un momento de sublime belleza morbosa que ha desbordado todas nuestras espectativas creadas con las dos anteriores temporadas. Un desarrollo y final de temporada que roza lo épico, lo bello y lo morboso a partes iguales sin deteriorar el conjunto final al no declinarse por ninguna de ellas. Un collage escénico de alto contenido que motiva al espectador a profundizar aún más en la mente de uno de los mejores personajes ficticios creados en los últimos 30 años. Lecter es el…


…mejor anfitrión para este soberbio banquete de sueños, retorcidos gustos, paladares inquietos, orgía intelectual y descontrol emocional que hace que nuestros oscuros pasajeros se remuevan en nuestra conciencia para deleitarnos con este espectacular broche final a una serie que no merece terminar de este modo. Deseamos más de Hannibal, queremos más de Hannibal, ansiamos ser devorados y saboreados por Hannibal. Bienvenidos a este banquete. La mesa está dispuesta, los invitados alrededor de ella, tan solo faltas tú. La comida está servida…

LOS INVITADOS:

  • Hannibal Lecter: Mads Mikkelsen se ha ganado a pulso al personaje. Ha hecho suyo a uno de los iconos más potentes y sugerentes de la literatura y el cine de los últimos lustros. No ha fallado en ninguna de las temporadas y no podía ser menos en esta final. Sin hacernos olvidar al magistral Anthony Hopkins (que juega en otra liga…) Mikkelsen ha obrado el milagro de darnos un enfoque de Lecter que combina a la perfección con todo lo que sabíamos del personaje añadiendo de su propia cosecha matices, aspectos y sobre todo una sobriedad pasmosa que llega a asustar, sorprender y cautivar con el mismo poder de seducción lúgubre que pudiera sentir cualquiera de sus víctimas. Un derroche de control escénico, de detalles que apabullan al espectador, de la esencia misma del mal condensado en una figura que se cierne sobre todos nosotros, el omnipresente ancestro de nuestros más bajos y primitivos instintos. Lecter-Mikkelsen aúnan nuestros deseos inconfesables de poder sobre los demás, sobre el pasado, el futuro, el control mental, la sugestión y la más suculenta y depravada satisfacción de poseer el ‘tempo’ y la racionalidad distópica para saborear el miedo y el placer a partes iguales. Hace de su tormento una redención que extrapola a sus elaborados y sofisticados platos de alta cocina con la sabiduría de un chef que adivina el momento justo y preciso en el que la magia de su arte ha tocado el cielo. Deseamos ser devorados por Lecter del mismo modo que sentimos repulsión por sus actos, pero con la convicción secreta e inconfesable de que en nuestros más oscuros sueños anhelamos tener ese poder, esa fuerza interna de climax que conjuga los actos más instintivos del hombre: comer, sexo y matar. Reunirlos en uno y disfrutar del momento eterno que supone ese choque de placeres prohibidos.


  • Will Graham: Hugh Dancy ha desatado a su personaje en este prodigioso final de temporada. Por fin vemos a Graham como realmente es, el omega de Lecter. Del mismo modo que Dante profundiza en el Infierno de la mano de Virgilio (en este caso Hannibal), el personaje va descubriendo su verdadera esencia. Su conexión real con el mundo que le rodea, su verdadero papel en esta epopeya de trágicas consecuencias y desatadas pasiones. Es nuestro vínculo con Hannibal, como espectadores nos disfrazamos con la piel de Will Graham para estar más cerca de Lecter, para sentir ese poder que irradia el buen doctor. Es nuestro nexo con la locura controlada, con el flujo de vitalidad que la cercanía de la muerte ofrece. En esta última temporada Graham se ha desprotegido de su coraza, ha roto con sus demonios internos y se ha mostrado tal y como es. Aceptando su rol, su vínculo con Lecter. Asumiendo su total enlace con el doctor. Mucho más allá de la unión perseguidor-perseguido. Es un poderoso vínculo que cierne dudas de amistad, de odio, de vida y muerte. De amor. Un amor irracional y tan necesario como en la vida real. Un deseo irrefrenable que lleva a ambos personajes a un abrazo mortal que traspasa lo humano, que roza la misma esencia del segundo eterno en el que se detiene el tiempo. Un abrazo infinito, lleno de rabia, deseo, pureza y vida. Desterrando todo lo superficial que les rodea. Un segundo que abarca más allá de sus propias existencias. Will y Hannibal, son uno. Pertenecen a un mismo universo. Dos astros en el cielo que en verdad son las dos caras opuestas del mismo planeta. Pero que por fin en esta eclosión visual de fin de temporada, se muestran tal y como son. No dudan en expresar todo aquello que en sus mentes y almas (razón y amor) atormentan y azotan sus más carnales y viscerales instintos. Ellos son nuestro espejo en la pantalla. Nos vemos reflejados, sucumbimos por la atracción que sufrimos al empatizar con sus propósitos. Pero al igual que Dante ansiaba por encontrar y llegar hasta Beatriz, nosotros deseamos llegar a ese momento celestial que es el abrazo final que les mantendrá juntos para la eternidad.

  • Bedelia Du Marier: Gilliam Anderson fue sin duda uno de los platos fuertes de esta serie con la incursión de su personaje. Vestido de un aura que mezclaba el autocontrol con la intuición. Rodeada de esa fascinación de femme fatale del cine de los años cuarenta. Una figura que temporada a temporada ha ido tomando una fuerza y una determinación que ha llegado a ser la “compañera” de viaje de Lecter. Un juego peligroso, aceptado por ambos, perpetuado de mutuo acuerdo y con la insana y morbosa implicación de ella en los senderos tortuosos de la mente del doctor. Pigmalion total, Lecter se muestra a Bedelia vulnerable, algo que hasta ahora solo habíamos atisbado en la relación con Clarice Starling. Hannibal se muestra humano, en lo más humano que la palabra pueda usarse con Hannibal. Bedelia hace que veamos a un Lecter cercano en sus sentimientos, que comencemos a intuir sus verdaderas intenciones con Will Graham, su conexión mental y física con su némesis. Bedelia cruzará la linea que separa lo onírico y lo real de la mano de Lecter. Será copartícipe de sus banquetes, de sus elaboradas recetas y más aún, será una perfecta co-anfitriona en sus desatadas catas y delicatessen en Florencia. Pero como buen gourmet que es Hannibal, tras el espectacular final de último episodio, nos reserva una suculenta guinda final en el plano secuencia tras los títulos de crédito. Sencillamente magistral.


  • Mason Verger: Joe Anderson recoge el personaje que en la segunda temporada interpretó Michael Pitt, y bajo kilos de soberbio maquillaje nos enseña que el mosntruo no es exterior, sino que llevamos uno más aterrador bajo nuestra piel. Verger es más sádico aún en la pequeña pantalla que el visto en el cine (con permiso de Gary Oldman). Aquí observamos en primera persona al verdadero ogro que oculta Mason en su cuerpo. Su incestuosa relación con su hermana Margot (a trío con el personaje de la doctora Alana Bloom), sus particulares gustos sádicos por el dolor ajeno que combina con el suyo propio. Sus inclinaciones perversas por ir un paso más allá en el horror. Sintiendo que es un dios en su universo personal, llevando al límite al espectador al crear un útero alternativo para perpetuar su extirpe junto a su hermana. Son sin duda unos de los momentos más controvertidos y morbosos de la temporada. La relación del personaje de Mason Verger con la obra de H.R. Giger son evidentes a la par que seductores. El sexo como vínculo entre el amor y la muerte, usado como eje central en la particular venganza personal que Mason lleva a cabo contra Lecter, es patente y latente a lo largo de esta temporada. Impulsa a modo de timón imaginativo a los personajes a una carrera con desenlace esperado pero no por ello fascinante.


  • Cordell Doemling: Glenn Fleshler es otra de las sorpresas que esta tercera temporada nos reservaba. Si fascinante y perturbador nos pareció sus personaje de el ‘Rey amarillo’ en ‘True Detective’, aquí hace una composición totalmente nueva y radical del personaje presentado en la novela y film de ‘Hannibal’. Aquí no es un mero colaborador, ayudante y enfermero como antes hemos visto. Cordell se nos presenta como un enfermizo y agudo personaje que no solo colabora en los vomitimos actos de su patrón, Mason Verger, sino que va un paso más allá al crear para éste unos refinados platos que mezclan sus expertas manos de cirujano con un sádico gusto por lo inhumano. Es una pieza más en este magistral objeto de orfebrería que es ‘Hannibal’. Una deliciosa y malsana sorpresa que los creadores han tenido a bien darnos para regocijo de nuestros perversos paladares.

ENTRANTES:


Mucho se había especulado antes del estreno de esta tercera temporada. Desde la misteriosa desaparición de Michael Pitt en su papel de Mason Verger, a la participación de David Bowie en un rol muy cercano a Hannibal Lecter. Se conocía que esta temporada iba a mezclar de forma alternativa las novelas ‘Dragon Rojo’ y ‘Hannibal’ a la espera de una cuarta temporada que enlazara con los eventos que hemos visto en ‘El silencio de los corderos’. Lo que nadie esperaba es que esta tercera temporada combinara de manera épica y colosal ambas novelas. Si las dos primeras jugaron a presentarnos a un Hannibal atípico, diferente y que nos sedujera con otros encantos no vistos en pantalla grande, esta última tanda de episodios ha compuesto un desafío y un deleite para los amantes y los profanos del buen doctor. 


Los creadores y guionistas han sido muy astutos y han obrado de la mejor manera posible. Han mantenido el espíritu de las novelas y los hechos mostrados en el cine pero dando una vuelta de tuerca total a esos mismos hechos para exponerlos de manera convincente y novedosa en la pequeña pantalla. Todo un reto a priori pero del que han salido airosos con una nota más notable. Es más, han rozado el sobresaliente, llegando a la matrícula de honor con los tres últimos episodios. 



PRIMER PLATO: 

La primera parte de la temporada nos desenvuelve con el Hannibal más cautivador, el eterno enamorado de su ciudad fetiche, Florencia. Volvemos a encontrarnos con el Doumo, la catedral de Santa María del Fiore, la Plaza de la Señoría, los soportales con más secretos que historia y sobre todo, con la enigmática y evocadora galeria Uffizi. Allí Lecter desatará sus sentimientos ante el espectador, nos bañaremos en sangre con sus affaires y saborearemos sus perfectos bocados llenos de delicadas texturas acompañados de una buena botella de Batard-Montrachet y trufas blancas. Nos dejará atónitos con los cambios en el desarrollo, en la puesta en escena, el conjunto visual creado. Una mezcolanza de situaciones y personajes que ya tenemos en nuestra memoria colectiva pero mostrados de manera perversa y fascinante. De sofisticado acabado y mejor desenlace. Nuevos giros en la trama pero manteniendo fiel el espíritu de la novela y por supuesto de los fims. Si Thomas Harris, el creador de Hannibal Lecter, ya estaba satisfecho con las versiones cinematográficas, con este broche final televisivo puede estar más que orgulloso. 



SEGUNDO PLATO:

La segunda parte de la temporada se vuelca por completo en la novela ‘El Dragón Rojo’. Veremos a Francis Dolarhyde (Richard Armitage), el Gran Dragón rojo descrito y pintado por William Blake, en todo su esplendor. Comprenderos mejor sus motivaciones, sus miedos, sus rencores, sus horrores y nos deleitaremos al ver desplegar sus magníficas alas batiéndose sobre nuestros rostros. Nos asombraremos del poder del dragón, sentiremos su furia, su rabia, su atronador rugido. Y sabremos de primera mano que el hombre es vástago del dragón, y debe someterse a sus caprichos. Una brutal escenificación del universo del dragón rojo, del peregrino que busca su camino hacia la redención, de su vinculación con el doctor Lecter, su necesaria aprobación y condenación. La ineludible incapacidad del hombre frente a la bestia en su efímera lucha. Un circo de tres pistas dirigido con mano firme por Lecter, un juego de títeres en el que el doctor mueve los hilos de Will, Bedelia y Francis ‘Dragón Rojo’ Dolarhyde.



POSTRE:

Asistimos a la transformación draconiana de Francis con el mismo asombro y temor que sus víctimas. Podemos acariciar sus alas, sentir su poderoso vigor y agachar la cabeza ante su magnificiencia. (Spoiler) Lecter es nuestro maestro de ceremonias y nos arrastra a un desenlace que se mueve entre el thriller más genuino de los noventa (innegable el guiño que se hace a ‘Se7en’ en su último capítulo) como al homenaje que los guionistas nos proponen en la escena final. Escena que nos evoca el enfrentamiento literario del más famoso de los detectives. Un abrazo mortal entre Sherlock Holmes y su némesis, el profesor Moriarty, frente a las cataratas Reichenbach, que pudimos disfrutar en la novela ‘El problema final’ y que aquí los guionistas la hacen suya para crear un climax final prodigioso y que pocas veces ha combinado de manera soberbia lo épico, lo escabroso, lo bello y lo morboso. (Fin Spoiler) Dejando un cliffhanger final digno de los anales de la televisión. Una epopeya que ningún buen amante, no solo de la televisión sino de la ficción, debería perderse y volver a ver.



…Y ALGO DE PICAR?

El grave problema que nos sacude a los espectadores es el anuncio de la cancelación de la serie. Dejando sin resolver la pre-producción de la cuarta temporada. Una cuarta tanda de capítulos que nos mostraría una especie de precuela de lo acontecido en ‘El silencio de los corderos’. Realmente la NBC sabe que tiene un excelente producto. Una serie que aúna calidad, solvencia y magistrales críticas. Buen planteamiento y mejor acabado. Lo que ha supuesto un lastre para la NBC, productora de la serie, son dos motivos. Uno primordial, la audiencia. ‘Hannibal’ pese a su enorme calidad artística e interpretativa nunca a desbordado los índices de audiencia. Es más, justo en esta tercera temporada sus niveles han sido los más bajos. Tal vez coincidiendo con la época estival o una mala planificación en su estreno y torpedeada por la propia NBC al no dar un respaldo publicitario de mayor repercusión, han hecho que solo los fieles e incondicionales seguidores de la serie (los conocidos como “Fannibals”) hayan apoyado hasta la saciedad a través de las redes sociales la mejor temporada de la serie. 


Razón no les falta al ver como otros productos de mucha peor calidad, repercusión y calado popular, son renovados temporada tras temporada. ‘Hannibal’ no es que se merezca una segunda oportunidad, es que nunca ha debido plantearse su cancelación. NBC tilda este motivo, la audiencia, como el principal handicap de la serie a la hora de no renovar. También, aunque no se ha comunicado, son sus altos y necesarios costes de producción. Una calidad impecable que tras 39 episodios no ha decaído sino que ha ido subiendo su propio nivel episodio a episodio. NBC también sabe que una serie como ‘Hannibal’ pocas o casi ninguna productora se habría atrevido a financiarla, tanto por su coste como por su alto contenido de violencia (salvo HBO). Pero sin duda otro baluarte contra el que ha chocado su creador, Bryan Fuller, ha sido la imposible negociación de hacerse con los derechos de ‘El silencio de los corderos’ pues en la cuarta temporada deseaba incluir al personaje de Clarice Starling. Sin embargo el alto coste que suponía esta condición para continuar la serie ha hecho que la NBC se desentienda de ella.



Tras el enorme cliffhanger que el último episodio muestra y que ha dejado a todos los espectadores con el corazón en la boca y un temblor en los tobillos solo queda la esperanza de que las negociaciones que Bryan Fuller mantiene con Netflix, Hulu, Amazon o Starz lleguen a buen puerto y se consiga filmar una cuarta temporada. O…aún mejor. La idea que Fuller plantea sobre la mesa, rodar un film para la pantalla grande con el mismo elenco actoral y dar una conclusión final para todos los seguidores.


Todo ha quedado en el cenit. Un climax que más pronto o más tarde se resolverá. De lo que nadie puede dudar, de lo que nadie puede dar por perdido, es que muy pronto volveremos a tener noticias del buen doctor. Muy pronto volveremos a cenar un suculento bocado. Muy pronto…Hannibal volverá a nuestras vidas.




MAGGIE [CINE]


El género zombi en el cine ha tenido muchas lecturas, sub-géneros y revisitaciones. Desde los clásicos de George A. Romero y su particular saga con estilo videoclub, pasando por los pseudo hits de taquilla como ‘Guerra mundial Z’, hemos tenido oportunidad de acercarnos a este emblemático tipo de cine con adaptaciones al más puro estilo hardcore como ‘El amanecer de los muertos’ (Zach Snyder); romances con gancho, ‘Memorias de un zombie adolescente’ o nuevas y divertidas escaramuzas en el cine como las divertidas ‘Zombie Party’ o ‘Zombieland’. Gracias, en gran medida, el resurgir de este tema tuvo su punto de inflexión en dos pilares, la novela de Max Brooks ‘Guerra mundial Z’ (2006) y sus muy interesantes guías de supervivencia y la popular serie de TV ‘The walking dead’. Ambas ramas de un mismo arbol que a los fans, en mayor o menor medida…
 

 
…han devuelto la fe en un género que parecía caer en lo monótono y casposo. Gore aparte, que siempre ha ido de la mano en el género junto a un humor negro sin disfraces, Maggie se presenta como una rama más en este universo de los muertos vivientes.
 
Rodada de forma intimista, rozando en muchos momentos el cine indie y con un formato que en demasía recuerda al televisivo (no por ello cae en detrimento), el debut en la dirección de Henry Hobson, hasta ahora conocido por ser el creador de numerosos títulos y secuencias de crédito, se deja ver con cierto interés por su planteamiento inicial. Peca y abusa de un continuado y en muchas ocasiones lento desarrollo de la pequeña trama que nos quiere contar, y prefiere basar toda la fuerza de su ejecución en imágenes en mostrar un cuadro coral de personajes. Motivaciones muy contenidas, actuaciones casi minimalistas para narrar de forma sistemática el proceso de infección en una adolescente que ve como su cuerpo y mente van alejándose de la realidad (gris y aislada) que sus seres queridos viven alrededor de ella. Abigail Breslin (la inolvidable Miss Sunshine) es la joven que sufre este descenso a los infiernos, que resulta una lectura muy paralela a terribles dramas personales como los vividos en los primeros años 80s por los afectados por VIH. 
 
 
Mostrar una “zombificación” del mismo modo que nos podrían contar la horrible experiencia familiar de una enfermedad terminal no deja de crear en el espectador un desasosiego que por momentos llega a cuajar y transmitir verdad. No huye de las imágenes truculentas típicas del género, pero cuida y en mucho su aspecto global para presentar realmente una historia intimista y personal más que el clásico espectáculo de sangre, persecuciones y momentos de angustia que este tipo de cine nos tiene acostumbrados. Bien es cierto que, por falta de experiencia en su desarrollo o por el choque que resulta para el público este nuevo enfoque del género, el film no logra en casi todo su metraje decantarse por seducir al espectador. Se mueve en un lento río que no pretende desembocar en ninguna conclusión. Solo nos plantea las dudas humanas y familiares de lo que representa un final ineludible para una persona.
 
 
Schwarzenegger, que hace las veces de productor (algo que sólo ha hecho en cine 3 veces), muestra su interés y pone al servicio del film su imagen y gancho para taquilla, a sabiendas que este giro de actuación en su carrera dista mucho de lo que se espera de él. Del mismo modo que el film, del que algunos trailers confieren una fuerza visual de la que carece, supone una radical vuelta de tuerca al género. Su icónica imagen de antiguo héroe de acción no sucumbe ante este drama, mantiene una contención que prevalece durante el film y no cae en consabidos tópicos que pudieran torpedear su propio proyecto. Para el recuerdo nos quedarán esas lágrimas que derrama en un par de ocasiones que harán las delicias a aquellos que se sintieron traicionados cuando vieron llorar a Clint Eastwood en ‘Los puentes de Maddison‘.
 
 
Sin ser redonda en su forma, sin acabar de conseguir atrapar al espectador por su falta de fuerza en lo dramático y sin llegar a reunir suficiente pulso narrativo para que las espectativas del espectador queden satisfechas, tal vez su punto fuerte sea ese final abrupto y sin concesiones. Pueda parecer que la conclusión durante el film sea predecible, pero para terminar de ser un poco más extraña dentro del género, esos minutos finales se antojan necesarios vistos los anteriores. Una depresiva historia que no culmina de abarcar los temas que presenta y se pierde en diatribas y medias subtramas que quedan sin respuesta. 
 
 
VALORACIÓN: 5/10