1985

RAMBO: ACORRALADO II [CINE]


Cuando en 1985 a Sylvester Stallone una mosca cojonera se le apareció en su carrera (una mosca de 1, 90 y con acento austriaco llamada Arnold) tuvo que poner remedio para no ser eclipsado por este nuevo fenómeno del cine de acción que venía a hacerle sombra. Tras haber rechazado el papel por el que el actor europeo consiguió la fama internacional, ‘Terminator‘ (1984), a Stallone no le quedaba otra que contraatacar por partida doble al año siguiente. Para ello volvería a enfundarse los guantes en ‘Rocky IV’ y rescataría a uno de sus personajes fetiche más apreciados: John Rambo.
 
Tras su primera aparición en 1982, de la cual el propio Stallone se...
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EL JINETE PÁLIDO [CINE]


“Y cuando él hubo abierto el cuarto sello, oí la voz de la cuarta bestia decir: “Ven a ver”. Y yo miré. Y contemplé a un caballo pálido y el nombre de su jinete era La Muerte…y el infierno le seguía…”
 
Podríamos resumir en esta frase (una oración de la Biblia que recita Megan, uno de los personajes en el film) todas las intenciones del eterno y mítico Clint Eastwood al tratar de llevarnos por el lado oscuro de su visión del western. ‘El jinete pálido’ es el compendio por antonomasia que en filmografía destaca pues en él refleja todo su conocimiento del género, su filosofía vital y su amor hacia el séptimo arte de manera magistral. Un canto desmitificador pero a la vez épico de su sentir hacia un género que en 1985 parecía abocado a desaparecer. Nada más lejos…
 
 
 

… de la realidad. Eastwood no solo logró filmar una de las más evocadoras muestras del género western, sino que además osó mejorar un clásico como ‘Raíces profundas’ (1955) y fue el germen y semilla de lo que sería su posterior y último western, a la par que su inmortal obra maestra, ‘Sin perdón‘.
 
‘El jinete pálido’ es mucho más que un mero western. Es la culminación de los demonios y filias que venían persiguiendo a Eastwood a lo largo de su carrera. Su más personal y sentido homenaje a todos aquellos directores y artistas a los que el actor californiano siempre ha reverenciado. Leone, Siegel, Peckinpah e incluso algo de John Ford pasan por la retina del  espectador a cada visionado de esta perla de los años 80. Un cúmulo de aciertos y buen hacer tanto delante como detrás de la cámara.
 
 
1985 no era un año muy propicio para renovar el género western, pese a ‘Silverado’ que era netamente un homenaje de Lawrence Kasdan hacia autores como Ford o Howard Hawks. Eastwood siempre ha llevado sus obras personales como director por otras sendas. Del mismo modo que en su debut en 1971 con ‘Escalofrío en la noche’ trató de dar un giro al thriller, con su primer western hizo lo propio: ‘Infierno de cobardes’ (1973) donde aunaba venganza, western y elementos casi fantásticos al personaje del cowboy Sin Nombre que tan buen resultado había tenido con Sergio Leone. En aquella ocasión, ‘Infierno de cobardes‘ se convirtió en la primera piedra hacia el camino final del Eastwood como autor total. Más tarde vendría ‘El fuera de la ley’ (1976), obra redonda que redundaría en perfilar al personaje, pero esta vez dando un toque más humano. Pasarían 9 años hasta que Eastwood volviera a subir a un caballo (una alergia hacia los equinos también tuvo parte de culpa) y fue gracias a un guión de Michael Butler y Dennis Shryack, con los cuales ya había trabajado en la violenta ‘Ruta Suicida’ (1977), y a la inestimable colaboración de los habituales en su filmografía como Joel Cox en el montaje y Lennie Niehaus en la banda sonora con los que perpetró esta inconmensurable pieza de orfebrería que avanza a cada minuto hacia un épico y devastador final que hace que tiemblen los cimientos no solo del género western, sino de la historia del cine.
 
 
Eastwood se enfunda en esta ocasión el rostro de un personaje más cercano al mundo de los muertos que al propio héroe redentor. Un predicador que aparece en un pueblo minero (maravillosamente fotografiado por Bruce Surtees, otro habitual en el cine de Eastwood) que vive amenazado por la presión que ejerce el cacique local y máximo explotador de la minería de la zona (Richard Dysart). A priori un calco de la trama de ‘Raíces profundas’ del mismo modo que se le ha acusado de ser una variante de ‘Solo ante el peligro’, pero es aquí donde Eastwood compone su quinta sinfonía al dotar al Predicador de un aura (casi) fantasmal que nos recuerda, y quién sabe si es el mismo, al personaje de ‘Infierno de cobardes’. Ciertas frases de personajes en el film así nos lo hacen creer, que sea una figura del más allá que aparece para ajusticiar, a su modo, a los que en un pasado tal vez acabaron con él.
 
 
En un prodigio de montaje, la presentación de El Predicador se nos antoja como una de las mejores escenas jamás rodadas por Eastwood, ahí es nada. Y todo el film rezuma ese espíritu de ocaso del western que tan bien supo reflejar otro grande del cine como fue Sam Peckinpah. Eastwood sabia que el western no era el género que necesitaba el cine en esos momentos, pero sí sabía lo que el cine necesitaba: nuevos retos. Y amén que logró su objetivo por varias razones. Con apenas un presupuesto de 7 millones recaudó 41 millones sólo en USA, todo un logro. Crítica y público asumieron la visión de Eastwood como apocalíptica para el género, pero no hizo sino abrir la puerta para que dos fenómenos sociales se pudieran rodar años después: ‘Bailando con lobos’ (1990) y la magistral ‘Sin Perdón’ (1992). Siendo ésta, y no otra, la que en verdad puso el punto y final al género de la manera más solemne y espectacular que podría.
 
 
‘El jinete pálido’ es una oda, un viaje sensorial, un festín para cinéfilos y amantes del western y del cine en general. Un recital de homenajes, revisiones y por supuesto un toque personal e indiscutible de como un autor puede expresar tanta belleza con una historia de venganza. Un verdadero deleite para los ojos. Con los años, este film, junto a ‘Infierno de cobardes’, ‘El fuera de la ley’ y ‘Sin perdón’, configuran una tetralogía de obligada visión, a ser posible por orden de filmación. Por darnos película a película, la oportunidad de ver en cuatro historias diferentes la visión de un hombre hacia un género, una forma de entender el cine y la contundencia de poder decir sobre Clint Eastwood, que estamos ante el último director clásico de todos los tiempos. Sin pudor alguno a poder codearse con John Ford, Hawks, Peckinpah, Siegel, Sturges y por supuesto su amado Sergio Leone.
 
 
El Predicador aparece en el film del mismo modo que un susurro entre los árboles. Fantasmal, sin pasado, sin remordimientos. Pero lleno de una ira interior que clama por salir a pesar de sus esfuerzos por evitarlo. Una catarsis que el personaje (y el espectador) asumen con resignación pues es el único camino que les queda como escapatoria. El duelo final, escena cumbre del film, es simplemente apoteósico. De una cuidada planificación y puesta en escena como sólo Eastwood podría hacerlo. Un par de frases a lo largo de esos casi 15 minutos finales pueden parecer pocos, pero en el cine de Clint, es la fuerza de la imagen y sobre todo lo que el espectador percibe y hace suyo, lo que transforma un mero film en una obra maestra.
 
 
Sin duda, un film que debe ser visto una vez en la vida. Y si sois inteligentes y con buen gusto…más de diez.
 
VALORACIÓN: 9/10
 
CURIOSIDADES DE VIDEOCLUB:
  • El film de género western que más recaudó en los años 80.
  • Clint Eastwood estuvo nominado a la Palma de Oro de Cannes en 1985.
  • El propio Eastwood reveló en entrevistas posteriores que el personaje de El Predicador era en realidad un fantasma.
  • Las escenas en la estación del tren fueron rodadas en el mismo lugar que años más tarde se rodaría ‘Regreso al futuro III’

 

 
 

LOS SEÑORES DEL ACERO [CINE]


Paul Verhoeven se despedía de sus films rodados en Europa con esta co-producción llena de obstáculos, retrasos e imprevistos. Tardaría veinte años en volver a su Holanda natal para filmar una película. Sin duda, ‘Los señores del acero’, fue su pasaporte oficial para dar el salto a Hollywood y comenzar a ser el director irreverente y canalla que ha ido demostrando a lo largo de los años con títulos como ‘Robocop’, ‘Desafío Total’ o ‘Starship Troopers’, sin olvidar su mega éxito comercial con ‘Instinto básico’. Pero mucho antes de que todos viéramos lo que escondía Sharon Stone entre las piernas, Verhoeven ya destilaba esa mala baba en sus films. 
 
Muchos directores han tenido su actor fetiche con el que han compartido películas y han sido su alter ego en pantalla. Verhoeven cruzó su vida profesional con Rutger Hauer, con el que comenzó a trabajar en Holanda en la serie ‘Floris’ (1969). Hauer, mucho antes de convertirse en icono del cine gracias a su papel de…
 

 
 
 
 
 
 
 
 

 

…Roy Batty en ‘Blade Runner’ (1982) era un enfant terrible del cine europeo y comenzaba a granjearse una fama de actor difícil (una versión de Klaus Kinski holandesa). Verhoeven y Hauer compartirían debut televisivo con la serie ‘Floris’, donde se contaban las aventuras de un mercenario en la Edad Media. Más tarde unirían esfuerzos en ‘Delicias turcas’ (1973), ‘Una novia llamada Katty Tippel’ (1975) y ‘Eric, oficial de la reina‘ (1977).
 
 
Ésta última hizo que varios productores pusieran el ojo en el director y le ofrecieran realizar una nueva película de acción situada en la guerra. Verhoeven tenía guardada una historia sobre la Edad Media y mezclando su pasión por las historias grotescas, la acción y a su actor fetiche (hasta ese momento) puso en marcha ‘Los señores del acero’. La trama se centra en un grupo de mercenarios que en pleno ocaso de la Baja Edad Media (1501) son traicionados por el bando al que sirven. Huyen y por azar raptan a la prometida del hijo del noble que les traicionó, refugiándose en un castillo que será asediado por las tropas del noble.
 
 
Este material con el que se rodó el film, era un guión que no llegó a realizar Verhoeven para la serie ‘Floris’. En ella podemos ver las filias que el director holandés tiene en su forma de ver y entender el cine. Crudeza en las imágenes violentas, personajes marginales, excesivo barroquismo pero una sutil y fina ironía en su fondo que hace que siempre veamos ese toque Verhoeven en su cine. Denuncia descarnada de problemas actuales a través de sus films, su visión del mundo acaba siendo expuesta en su cine de manera constante. El marco del fin de la Edad Media sirve al realizador para mostrar sus temas recurrentes en su cine: la traición, la amistad, el anti-héroe y muchas dosis de crítica social. Escrita junto a su colaborador habitual Gerard Soeteman (‘El libro negro’, ‘El cuarto hombre’, ‘Eric, oficial de la reina’)
 
 
No dudó en poner toda la carne en el asador para mostrar de forma cruel escenas de terrible violencia (tratándose del año en que se rodó) no sólo física, como la de la violación en grupo, sino que también puso especial énfasis en plasmar de forma visceral el nexo que existe entre el sexo y la violencia. La muerte y la vida. Los mercenarios reflejan el espíritu de libertad y de vileza, son personajes que buscan su lugar en el mundo, pero manteniendo siempre su personal código del honor. Una familia atípica, más cercana a una troupe de circo que a verdaderos mercenarios desalmados, tienen como máximo estandarte a Martin (Rutger Hauer) su capitán y líder. Martin recuerda a los intrépidos personajes de Errol Flynn pasados por la batidora de Verhoeven, son canallas pero audaces, violentos pero leales y con una empatía con el espectador que hace difícil apartar la vista cuando aparece en pantalla. Ya por esos años, Hauer era un icono. Su papel en ‘Blade Runner’ ya empezaba a ser considerado como un personaje mítico en el cine y fue ese egocentrismo que el actor llevó al rodaje lo que motivó que entre él y Verhoeven saltaran algo más que chispas.
 
 
Fue la última película que ambos rodaron juntos. Peleas, desavenencias por la forma de ver al personaje, retrasos en la producción y un sinfín de problemas hicieron que entre estos dos hombres se produjera una ruptura que ha durado hasta hoy. ‘Los señores del acero’ se puede ver como una versión de ‘Grupo salvaje’, donde la traición y la amistad se cruzan de manera tan violenta como en el film de Peckinpah. Verhoeven llevó a su terreno la trama para mostrar sin moralinas ni mensajes subliminales lo que él consideraba importante, el espíritu de libertad. Martin, como personaje, refleja ese impulso del hombre hacia su propio destino, el ansia de vida, de amor y de lujuria. Todo ello adornado con la dureza y crueldad de la época en la que vive. Verhoeven no quería dar una visión idealizada de la Baja Edad Media, pues siempre se le había dado a través de Hollywood. Él quería mostrar la vileza, la enfermedad, la pobreza y las penurias diarias que se vivían en aquella época. Lo logró.
 
 
El elenco de actores es de lo más variado. Al ser una co-producción tenemos actores europeos y estadounidenses. Hauer volvió a compartir escenas con Brion James tras ‘Blade Runner’ y la “heroína” del film, Agnes la prometida del hijo del noble, fue interpretada por Jennifer Jason Leigh. Elegida a dedo por Verhoeven por su físico unos días antes del rodaje. Jennifer volvió a rodar con Hauer un año después en la película de culto ‘Carretera al infierno’. Rutger tendría ese mismo año otro personaje para recordar, su Navarre de ‘Lay Halcón’. Otros actores que vemos en el film son Simón Andreu o Hector Alterio por la parte hispano hablante. Esta mezcla de actores y técnicos de diferentes partes del mundo fue otro obstáculo más a la hora de rodar. Los técnicos holandeses que venían con Verhoeven iban por su cuenta, los técnicos españoles por otra y para más confusión las nevadas y las bajas temperaturas hicieron del rodaje un lugar infernal. Fue tanta la tensión y los malos modos, que entre el equipo de rodaje la película se llamó ‘Flesh+Blood y Codos’ por que no había otra forma de filmar que no fuera a codazos.
 
 
Rodada íntegramente en España, entre Cáceres, Ávila y Cuenca, tiene como curiosidad que el castillo utilizado para el asedio final es el mismo que se utilizó en varias escenas de ‘El Cid’ (1961). Por si fuera poco la tensión en el set, los productores veían mal la idea de Verhoeven para el tercio final del film. Mientras que Verhoven deseaba un enfrentamiento entre Martin y Steven (Tom Burlinson) el hijo del noble, los productores deseaban que la historia de amor entre Agnes y Martin se alargara. Por ello vemos como las escenas entre ambos se prolongan al final del film en detrimento del final que deseaba el director. Él proponía que el final debía hacer justicia a su idea sobre ‘Grupo salvaje’, donde los dos protagonistas no llegan a enfrentarse cara a cara, y deseaba plasmar ese duelo en ‘Los señores del acero’.
 
 
Pese a todos estos problemas, el film se deja ver con agrado, entretiene y muestra una visión sucia y cruel de un período de tiempo muy poco tratado en el cine. Llevando los temas eternos de la amistad, el honor, el sexo, el amor y la violencia a un contexto tan ensoñador como el final de la Edad Media y el inicio del Renacimiento. Acompañando a las imágenes del film la siempre poderosa e interesante música de Basil Poledouris (‘Conan el bárbaro’) con el que Verhoeven volvería a contar para ‘Robocop’ o ‘Starship Troopers’ Una pequeña joya de los ochenta que nos devuelve el espíritu aventurero de los films de los años 30 y 40 pero con la visión canalla y cruel de un director muy a reivindicar, Paul Verhoeven.
 
 
VALORACIÓN: 7/10
 
Curiosidades de VideoClub:
  • Eran tantas las discusiones en el rodaje entre Hauer y Verhoeven que los miembros del equipo les pidieron que las realizaran en inglés, ya que ambos siempre discutían en holandés.
  • Los retrasos, los problemas de rodaje, el aumento de presupuesto debido a las adversidades, el mal ambiente y las discusiones hicieron plantearse a Verhoeven que ‘Los señores del acero’ sería su última película.
  • Verhoeven, como muchos otros directores, usaba story-board para planificar los rodajes. En ésta no quiso para dotar de más improvisación su forma de rodar. Se dio cuenta que aquello fue un terrible error.
  • Para el papel de Agnes (J. Jason Leigh) fueron barajadas las opciones de Rebecca De Mornay y Natasha Kinski, mientras que para el papel de Steven se propuso a Tom Cruise.
  • El mismo día del estreno en Holanda de ‘Los señores del acero’, Verhoeven recibió una curiosa llamada telefónica. Al día siguiente partía hacia EEUU para rodar ‘Robocop’.

LOS GOONIES [CINE]


No podía faltar la reseña a este film emblemático de los años 80s y más cuando se cumplen 30 años de su estreno al escribir estas líneas. Junto a ‘E.T.’ y ‘Regreso al futuro’ forma el triunvirato del cine juvenil por definición en esa alocada década que supuso el origen de lo que hoy conocemos como cine de culto de aventuras. 
 
Con el permiso de otros títulos, ‘Los Goonies’ ha supuesto para miles de fans su punto de partida como la semilla que impulsó sus sueños y fantasías en su adolescencia. Tiene mucho de eso pero sobre todo recuerdos. Es sin duda una de las películas que más grupos de seguidores tiene en el mundo, más reseñas y referencias en el posterior cine de aventuras juveniles. Todos hemos soñado en formar parte de ese variopinto grupo de chavales que surcaban su ciudad costera en bicicleta. Aquí en España tuvimos nuestros propios Goonies…
 


 
 
 
 
 
 
 
…unos años antes. La maravillosa y viejuna serie de Antonio Mercero, ‘Verano Azul’, nos regaló sin saberlo a un elenco de muchachada en bicicleta que a golpe de pedal configuró nuestra versión patria y playera del film de Donner.
 
 
No digo que Gordi fuera Piraña o Data fuera Pancho…pero casi. Pero volviendo al film, hay que reseñar al verdadero creador que hay detrás de esta risueña e inocente aventura. El rey Midas del cine, Steven Spielberg, fue el auténtico artífice de la película. Eran sus años dorados como director, productor y también en su faceta menos señalada, creador de historias. A raíz de su texto, Chris Columbus (‘Solo en casa’) escribió el guión del film (el año anterior ya había trabajado para Spielberg en ‘Gremlins’ de Joe Dante) y ofreció la dirección a Richard Donner que en esos momentos se encontraba con los preparativos de otro proyecto, ‘Lady halcón’ (1985). Donner venía de dos fallidas películas, ‘Su juguete preferido’ y ‘Max’s bar’, pero seguía siendo un referente con sus dos inmortales títulos anteriores, ‘La profecia’ y ‘Superman’. La dirección de ‘Los Goonies’ y ‘Lady halcón’ supuso para el realizador su explosión en los ochenta que luego refrendaría en ‘Arma letal’ (1987).
 
 
Spielberg, Donner y Columbus configuraron este delicioso cuento juvenil que sin llegar a ser un blockbuster en aquel año ha ido aumentando su legión de seguidores con el paso del tiempo. ‘Los Goonies’ ocuparon el noveno puesto en la taquilla mundial de 1985, con 61 millones de dólares recaudados (19 millones de presupuesto), y se quedó lejos del podium liderado por otro proyecto de Spielberg, ‘Regreso al futuro’ (215 millones recaudados). Fue el año de Marty McFly y sus aventuras en el DeLorean y también el año de Sylvester Stallone y su ‘Rambo: acorralado II’ o ‘Rocky IV’ que ocuparon el segundo y tercer lugar de la taquilla. Hasta ‘El color púrpura’, de Steven Spielberg, obtuvo treinta millones más de recaudación que ‘Los Goonies’. Aun así, su popularidad y mitificación ha atravesado las décadas y todavía hoy muchos se echan las manos a la cabeza cuando oyen hablar de una secuela con los mismos protagonistas o aun peor, un reboot para iniciar una saga en la actualidad. No quiero hacer sangre si menciono que ‘Super 8’ (2011), otra producción de Spielberg dirigida por J.J. Abrams, fue bautizada por muchos como ‘Los Goonies’ del siglo XXI…una blasfemia, lo sé.
 
 
Volviendo a los recuerdos de esta aventura, es imposible no envolverse con la inocente atmósfera que rodea el film. Una historia de chavales, gangsters, aventuras y piratas. ¿Qué niño se negaría a tal desafío?. Un mapa oculto, una leyenda por descubrir, cuevas y trampas (“tuampa” según Data) o la misma esencia de la aventura que te empuja a adentrarte más y más en busca de un tesoro. Spielberg unió todos estos arquetipos, los enfundó en su espíritu infantil (en el sentido más cinéfilo) y elaboró una magnífica muestra de cine de género que perdura a día de hoy. Tal vez el mayor peligro que contenga este film es verlo sin la mirada de los ochenta. Uno no puedo abstraerse del tiempo pasado y cuesta su revisionado. No es fácil volver a encontrar ese punto de inocencia y pureza con el que nuestros ojos fueron capturados por primera vez.
 
 
Pero si uno es capaz de volver a conectar con ese niño que lleva dentro volverá a disfrutar de la aventura. Desearemos subirnos a la bici y recorrer las calles del pueblo costero de Astoria. Reírnos con las ocurrencias descabelladas de Gordi y su “supermeneo”, las anécdotas imposibles de Bocazas, intentar robar una mirada a Andy, querer ser algo mayor como Brand, usar algún invento de Data, quitarle las gafas a Stef o cómo no…compartir el mapa con Mikey. Ser un Goonie significa libertad, aventura y el sueño imposible de seguir siendo un Niño Perdido, pues en este film hay mucho de Peter Pan. Mucho de inocencia perdida y el paso a la madurez cuando tus sueños se mezclan con la realidad. En la leyenda de Willy el Tuerto hay un resquicio para que volvamos a ser niños, para rescatar del olvido al niño interior que llevamos y podamos, una vez más, sentir el viento en nuestro rostro.
 
 
Una impuesta historia de la que somos cómplices. Sin complejos, sólo el hecho de disfrutar de una aventura. Como toda historia comienza con el descubrimiento de un mapa que nos llevará a conocer una leyenda, pero en este viaje iniciático que conlleva una prueba de madurez, encontraremos que el mundo de los adultos es ajeno a nuestro entendimiento. Los adultos se presenta lejanos, como en otro plano. Solo los malos de la función, la familia Fratelli, parecen ser retratados como los niños ven el mundo de los adultos. Mamá Fratelli (inolvidable Anne Ramsey) y sus tres hijos, Jake, Francis y Sloth serán el eslabón que deban romper los Goonies para lograr su objetivo, y sin saberlo, hacerse mayores. De eso trata el film, del paso de la adolescencia hacia una madurez que no deseamos pero que nos alcanza inexorablemente.
 
 
‘Los Goonies’ contiene escenas, frases y guiños que nos dibujan una sonrisa constate. Cualquier cinéfilo disfruta con Data (Ke Huy Quan) y sus gadgets a lo James Bond y no podemos olvidar que un año antes había sido el compañero de fatigas de Indiana Jones en el Templo Maldito. Nos encanta que en la camiseta de Sloth (entrañable en su afán de comer chocolate) lleve el logo de Superman. El barco pirata de Willy el Tuerto es fiel al que vimos en ‘El halcón del mar’ y nos retrae al cine más añejo de piratas de Errol Flynn. Y si somos un poco observadores, veremos dentro de ese barco un guiño a Star Wars al encontrar a un R2D2 en la última escena.
 
 
Es una pena que un film tan mítico y popular no contenga una banda sonora poderosa y que podamos tararear con nostalgia. No tenemos una fanfarria a lo Inidiana, o la pomposidad de ‘Regreso al futuro’ o la épica de ‘E.T.’. Dave Grusin compuso un score con referencias al género de piratas pero sin muchos alardes. Al menos nos queda el genial videoclip compuesto para el film de Cyndi Lauper, ‘The Goonies ‘R’ good enough’.
 
 
Lo mejor de ser un Goonie es que puedes identificarte con cualquiera de los personajes que lo engloban. Tiene las diferentes personalidades que podrías encontrar en tu grupo de amigos. Todos hemos tenido en nuestra infancia a un Gordi, o un Data y sobre todo a un Bocazas. Eran nuestra envidia. Mientras nosotros jugábamos a las chapas o al rescate, ellos partían tras la búsqueda de un tesoro en una aventura de piratas y gangters. No había color. Mikey era el chico inocente y soñador que todos hemos sido en algún momento y quizás sea al que tengamos más afinidad. Si has tenido un hermano mayor lo entenderás mejor. De eso trata también ‘Los Goonies’, de conservar los recuerdos de la infancia, disfrazarlos de aventura y guardarlos en tu memoria bajo llave dentro de un barco pirata.
 
 
 
Treinta años después, Willy el Tuerto sigue surcando los mares. Se llevó su secreto, parte del tesoro pero sobre todo, y eso es lo que más duele, partió a través de los océanos con un trozo de nuestra infancia.
 
Aun así, aunque aquel niño que llevábamos dentro haya desaparecido en parte, a pesar de que nuestros recuerdos se hayan alejado en aquel barco pirata…recordad…un Goonie nunca dice muerto.
 
 


VALORACIÓN: 7/10

Curiosidades de VideoClub:

  • El propio director, Richard Donner, hace un cameo al final del film como ayudante del sheriff.
  • Michael Jackson, amigo de Spielberg, hizo una visita al rodaje de ‘Los Goonies’. Mayor sorpresa fue cuando Spielberg invitó a todos los niños del film a un concierto de la estrella.
  • En su afán de seguir con las sorpresas, Spielberg dio orden a todo el equipo de rodaje para que Richard Donner se sintiera un poco alejado y marginado. Nadie hablaba con él salvo lo referente al rodaje. No compartían bromas o quedaban con él para comer y demás. El motivo no era otro que reunir en secreto a todo el equipo al finalizar el rodaje en Hawaii y celebrar el cumpleaños de Donner. Qué gracioso el tío Steven.
  • Fue el debut en cine de Josh Brolin (Brand)
  • En la escena final, Data menciona que “lo peor fue lo del pulpo” en referencia a una escena eliminada donde los Goonies eran atacados por un pulpo gigante.
  • El papel de Corey Feldman (Bocazas) fue ofrecido antes a Corey Haim. Luego ambos mantendrían una amistad toda la vida y compartirían protagonismo hasta en 6 films.
  • Sean Astin (Mikey) se quedó con el mapa de Willy el Tuerto tras el rodaje. Unos años más tarde, su padre en una limpieza de su casa tiró a la basura dicho mapa sin saber realmente qué era aquello.
  • El maquillaje de Sloth tardaba en ponerse mas de 5 horas, y el ojo desplazado era manejado con control remoto. Era tan complicado su manejo que John Matuszak, el actor, tenia que seguir una cuenta atrás para parpadear, ya que los dos ojos tenían que hacerlo al unísono.
 
  • El cráneo de Willy el Tuerto estaba hecho con huesos reales.
  • El hombre que aparece asesinado dentro del frigorífico era un operador de cámara.
  • Ninguno de los chicos del reparto vio el barco antes de rodar la escena en el que se lo encontraban por primera vez. El motivo era que Richard Donner quería filmar la reacción real de los niños al verlo, lo que pasa es que cuando lo vieron todos empezaron a decir palabras malsonantes de admiración, lo que hizo que la escena se tuviera que volver a grabar sin las palabrotas.
  • Cuando empezó el rodaje de la película, Jeff Cohen (Gordi) tenia la varicela pero se calló y fue a rodar por miedo a que lo sustituyeran.
  • El barco pirata se construyó completamente para la película y era real. Tardaron 3 meses en terminarlo y al acabar el rodaje se ofreció a cualquier estudio que lo quisiera, como no lo quiso nadie, al final se destruyó.
  • La película que Sloth está viendo en el sótano de los Fratelli es El halcón del mar (1940). Sin embargo la música pertenece a otra película de Errol Flynn, El burlador de Castilla (1948). El tema compuesto por Max Steiner puede oírse de nuevo, cuando Gordi y Sloth salvan a sus compañeros en el barco pirata.
  • Siendo interrogado por los Fratelli, Gordi cuenta que una vez lanzó un vómito falso en el cine y que esto, hizo que otras personas, asqueadas, vomitaran de verdad. Bueno, esto es una travesura real que Steven Spielberg hizo cuando era niño.
  • Cuando al final de la película aparecen los padres de los chicos, algunos de ellos son sus verdaderos padres, otros eran miembros del equipo. Un cámara interpretó al padre de Bocazas. La madre de Data era asistente del director.
  • El más famoso póster de ¨Los Goonies¨ fue confeccionado por Drew Struzan, un prestigioso dibujante (Indiana Jones entre otros). Muestra a los protagonistas colgando de una estalactita. Struzan realizo 7 versiones distintas de este póster, en donde cambia la distribución de los personajes.
 
  • La pieza musical que suena cuando los chicos descubren el túnel en la guarida de los Fratelli, gracias al agua que se vierte bajo el suelo, pertenece a la película ¨La gran evasión¨ ( de John Sturges, 1963), a la escena en la que los alemanes descubren el primer pasadizo que los prisioneros han construido, al verter accidentalmente café en su entrada.
  • Cuando Gordi llama a la policía desde el restaurante para avisar de lo que le sucede a sus amigos y de que los Fratelli van detrás de estos, el sheriff parece no creerle por su hábito de mentir, una de las frases que dice el scheriff es una clara alusión a “Los Gremlins”, cuando le dice a Gordi “como aquella vez que me dijiste que había unos bichos que se reproducían cuando se mojaban.”
  • John Matuszak, que interpreta a Sloth, era un ex-jugador de futbol americano de los Oakland Raiders. Por eso en gran parte de la pelicula lleva una camiseta de su ex-equipo.
  • El video musical de Cindy Lauper de la banda sonora de la película, “Good Enough” dura más de 15 minutos, incluso tiene una pausa para meter anuncios. Aparecen los protagonistas de la película y creo recordar que estaba narrado por el propio Steven Spielberg.


ENEMIGO MÍO [CINE]


Hoy os traigo del olvido una película de 1985, la cual es sin duda una joya, que aunque el paso de los años no han sido muy buena con ella, sigue siendo una joya, y os hablo de ‘Enemigo Mío’, una película dirigida por Wolfgang Petersen, el cual en 1981 nos dejó con la tensión de ‘Das Boot’ (‘El submarino’) y unos años después a esta joya, nos maravilló con un film que todos vemos con la misma ilusión que es nada más y nada menos que ‘La Historia Interminable’ (1984).
Bueno tampoco podemos menos preciar el guión realizado por Edward Khmara, basada en la novela  de Barry B. Longyear y la maravillosa banda sonora de un uno de los mayores compositores de todos los tiempos Maurice Jarre.

Un reparto de lo mejorcito de la época con un Dennis Quaid en alza y ¡¡por dios!! Brion James (‘F/X Efectos mortales’), un día debería hacer un top de sus papeles, en el rol de villano. También la gran actuación de Louis Gossett Jr (‘Oficial y caballero’) metido en la piel del Drac (no tendría que pasar horas de maquillaje ni nada el hombre…).
Bueno hablemos de la trama de la película, para que nos podamos entender es algo similar a ‘Infierno en el Pacifico’ de John Boorman, en cierto modo comparando ambas, tienen grandes similitudes, la única gran diferencia sería la época y los protagonistas…bueno y ciertas cosas que ahora diré.
 
 
La trama además de parecer al principio muy simple o mejor dicho algo común, veremos como la imginación de la novela en la cuál esta basada, puede romper todo lo que nos esperamos del film, dándonos momentos de tensión y de, en cierto punto, ternura (dije… ¿ternura?).
Lo de la ternura lo contaré en otro momento, pues algo bastante mas destacable  es la tremenda similitud cultural de las dos razas y sus formas de pensar.
 
A mitad del metraje, Willis (Dennis Quaid) decide, buscar el origen de un sonido que había escuchado de noche que es nada mas que y nada menos que una nave minera en la cual emplea Dracs como esclavos, esto deja marcado a Willis haciendo, que aprecie mas la vida de su amigo y dándole a entender que aunque hayan hombres como él que lleguen a comprender a otras razas aunque sean sus enemigos, siempre hay ovejas negras por el camino y bueno es hora de explicaros el porqué de la TERNURAAAAA.
 
Bueno quiero deciros que antes de intentar explicar lo de la ternura, os tengo que explicar que un Drac no tiene si sexo masculino y femenino definidos, por los cual son las dos cosas, dando en la película a uno de los momentos mas emotivos de la trama, que nuestro amigo Drac se quede embarazado
 
¿Embarazado? Oh dios mio….
 
 
 
(Si esa es la cara que se le queda a uno cuando se entera)
 
Atención Spoilers:
 
Bueno nuestro amigo Drac al no tener necesidad de sexo, para reproducirse, éste se quedará preñado, lo que implica su final existencial, ya que muere y deja  a su hijo, Zammis, al cuidado de Willis.
 
Zammis digamos que representa lo que sería una nueva generación, con un nuevo punto de vista, el cual le hace comprender que no todos los humanos son malos, aunque por desgracia veremos como serán atrapados por los mineros anteriormente nombrados, haciéndole sufrir.
Durante la captura de Zammis, Willis será herido por un disparo y dado por muerto, aunque es rescatado por un equipo de reconocimiento de la fuerza a la que pertenece la BTA. Durante su curación todos sus compañeros y superiores que le dieron por muerto se quedan impresionados al ver que habla la lengua Drac.
 
El final de la película es ver como Willis vuelve para salvar no solo a Zammis si no a los demás Dracs de las garras de los crueles esclavistas y tras una lucha encarnizada contra Stubbs (Brion Jamesse ve cómo los compañeros de Willis llegan al lugar y ayudan a los dracs a volver a su planeta.
 
Willis también al final cumple una promesa más: llevar a Zammis a su planeta ante el consejo y hacer que pase a ser parte de su familia de forma “legal” y el consejo Drac también le da a Willis el honor de ser considerado por uno de ellos por su historia.
 
¿Merece la pena verla? Puedo decir que es una gran, película y la cual vi recientemente, por lo cual puedo decir que me encantó, seguramente cuando la vea por segunda vez aún me guste más y le encuentre cosas que pasé por alto (algo que a todos nos pasa), pero sí es un film muy bueno tanto visualmente, como en guión y por supuesto en banda sonora la cual te transporta al lugar de un modo que solo Jarre sabe hacer.
Esto es algo que os dejo como guinda para verla: esta película tuvo tal impacto, que series como ‘Star Trek’, ‘TNG’ o ‘UFO’ y nada más y nada menos que el último capitulo de ‘Battlestar Galactica’, tuvieron historia muy similares a la contada aquí.
 
VALORACIÓN: 7/10
 
 
 
 
                                     

EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE [CINE]


Era obvio que más tarde o más temprano dos figuras tan deslumbrantes como Sherlock Holmes y Steven Spielberg se acabaran cruzando. Aprovechando el auge del personaje que en estos años se vive tanto en cine, literatura y TV, hoy vamos a repasar una de las adaptaciones más curiosas que el personaje mítico de Arthur Conan Doyle ha sufrido en la gran pantalla. Sin ser tan enlatado como la vieja serie de películas de los años 30 y 40 con Basil Rathbone como protagonista, sin tener la chispa de Robert Downey, Jr en ‘Sherlock Holmes’ (2009), sin ser tan ecléctica como ‘Elementary’ (2013, TV) o tan fascinante y atrevida como ‘Sherlock’ (2013, TV)…esta particular adaptación recoge una suposición que hasta entonces (y desde entonces) no se había hecho. Dilucidar una posible primera aventura de Holmes y Watson en su juventud.
 
 
 
 


Leyendo la Carátula:
 
Sherlock Holmes (Nicholas Rowe) y el Dr. Watson (Alan Cox) se conocen como estudiantes en un internado de Londres. Holmes es conocido por su capacidad deductiva e increíble por sus compañeros. Cuando descubren un complot para asesinar a una serie de hombres de negocios británicos por un culto egipcio, ambos jóvenes se mueven para detenerlo.
 
Rebobinando:
 
Con la premisa de ser una invención de Chris Columbus (‘Solo en casa’, ‘Los Gremlins’) no deja de sorprender que un personaje tan conocido y popular nunca fuera tratado por el propio autor desde este prisma. El hecho es que no conocemos apenas nada de la niñez y juventud de Holmes. Pequeñas frases y detalles diseminados a lo largo de las numerosas novelas. Es cierto que este encuentro que propone el film nunca se llegó a realizar, pues en la primera novela, ‘Estudio en escarlata’, es cuando ambos personajes se conocen. Aún así, es gratificante que se nos brinde una oportunidad de evadirnos con una de las figuras más emblemáticas de la literatura en una fantasía cinematográfica como ésta.
 
 
 
Spielberg, ya lanzado con su productora ‘Amblin’, tocaba nuevos realizadores para plasmar en pantalla sus propios proyectos personales. Sin duda, que él mismo deseaba dirigir una aventura del anárquico detective. Nunca sabremos si el propio Spielberg hubiera dotado al film de una solidez mucho más auténtica. Barry Levinson (‘Good morning Vietnam’, ‘Rain Man’) era casi un recién llegado. Su anterior film, ‘El mejor’ (1984), le dio la oportunidad de abrirse un pequeño hueco para que el Rey Midas de Hollywood le eligiera para este trabajo.Desde entonces su carrera se disparó. Aquí, aunque su trabajo es correcto, está obligado a realizar un desarrollo muy esquemático. El peso de la historia, la juventud de Holmes, es presentada como si de una primera novela-aventura se tratara, y el efecto sorpresa enseguida se pierde.
 
 
Aparte de unos desconocidos actores que poco o nada hacen para atraer al espectador. Una apariencia al detective es lo único que une a Nicholas Rowe (perdido desde entonces en series de TV) con el personaje. Nada más, ni él ni Alan Cox (Watson) tienen la fuerza para hacerse con los personajes, tal vez demasiado relevantes para unos debutantes en el cine. El personaje femenino recae en Sophie Ward (Elizabeth) en un intento de hacernos creer que fue el primer amor de Holmes, imposible cuando en mente del público siempre estará la enigmática Irene Adler. En todo momento el guionista trata de mantener el espíritu de las novelas, pero tropieza constantemente al intentar dar explicación a todo: desde el origen de la famosa pipa de Holmes, a su peculiar sombrero o de dónde sale el gabán que siempre lleva. 
 
 
 
La trama, aunque bastante predecible y pueril, se deja ver. No sin esbozar un par de sonrisas al ver los paralelismos de la secta egipcia que se halla oculta en una pirámide bajo las calles de Londres, con la secta de los Thugge de ‘Indiana Jones y el templo maldito’ (1984). Incluso su altar mayor y el método de sacrificar a sus víctimas son muy parecidos. La historia se resuelve de forma rápida y algo abrupta, pues desde un primer momento sabemos quien tiene todas las papeletas para ser el villano de la función. Eso sí, la conclusión que tiene el film es lo mejor. No dejéis de ver todos los títulos de crédito finales pues, tras ellos, descubriréis uno de los mejores sobresaltos que se han rodado. Un final que juega a enlazar personajes con leyendas.
 
 
El lado técnico se puede disfrutar. Era claro que el principal motivo de Spielberg al producir estos proyectos era la mejora de los efectos especiales, de nuevas formas de atraer al público. Casi como si se tratase de plataformas donde experimentar nuevas técnicas que él mismo luego aplicaría a sus propios trabajos. Industria Light & Magic pudo desarrollar y presentar por primera vez al mundo, los efectos generados por ordenador, los famosos CGI (computer grafics image). Con una secuencia inolvidable donde una vidriera de una iglesia cobra vida para asombro de su víctima.
 
 
No es una obra mayor de la década, eso queda claro. Pero tiene una cierta magia, una frescura y una alegría que hace olvidar los grandes defectos de fondo que tiene. Para ver una tarde de domingo en la que eches de menos una novela novela de Sherlock Holmes.
 
 
Cotilleos de Videoclub:
  • Primera película en presentar imágenes generadas por ordenador.
  • Spielberg iba a dirigirla en un primer momento.
  • Kiefer Sutherland (‘Jóvenes ocultos’, 1987) fue la primera elección para el papel de Holmes.
  • Se trató de prolongar la película con una serie de TV que no llegó a cuajar.
  • Fue nominada a los Mejores F/X.
  • Fue un fracaso comercial. Costó 18 mills. y recaudó algo más de 20. 
Valoración: 6

REGRESO AL FUTURO [CINE]


Título clásico en el cine de los 80’s. Ágil, fresco, juvenil y muy desenfadado. Reune como nadie los elementos que definirían el género de aventuras con toques de comedia. Fue la unión de una serie de factores que muy pocas veces se dan en una película juvenil: buen guión, bien dirigida, buenos intérpretes y una trama que no da respiro. Los viajes en el tiempo como excusa para reflejar las desventuras de un chaval que trata de sobrevivir a los problemas que conlleva hacer ligar a tus propios padres. Una visión de los años 50 desde la óptica de los 80’s que aglutina lo mejor del cine de la década. Un icono, la máquina del tiempo, esta vez en forma de coche, un DeLorean. Unas palabras: condensador de fluzo, el resto…es historia, ¿o futuro?.
 
 
 


 
 
 
 
 
Leyendo la Carátula:

 

Marty McFly (Michael J. Fox), un típico adolescente americano de los años ochenta, es enviado accidentalmente de vuelta a 1955 en un DeLorean como “máquina del tiempo”, inventado por el científico Emmett Brown (Christopher Lloyd). Durante su viaje en el tiempo, Marty debe asegurarse de que sus padres encuentren y se enamoren, ya que él mismo trastoca el pasado, poniendo en peligro su propia existencia. Necesitará la ayuda del científico Brown, en su versión de los 50’s, para que pueda volver al futuro.
 


Rebobinando:

El mejor reflejo de los 80’s es el dormitorio de Marty McFly nada más empezar la película. Todos hemos querido tener ese cuarto, con ese despertador tan chulo, llevar esa vida tan disoluta, tener un colega que es una especie de profesor chiflado. Casi todos los detalles de su cuarto, de su vestuario, de su forma de vida eran el espejo de la sociedad consumista de los años 80. Marcas como Levi’s o Pepsi hicieron su agosto con esta cinta. Se vendieron decenas de miles de monopatines, Nike se forró con el modelo que Marty exhibe en pantalla pero sobre todo, muchos nos quedamos con comprarnos un DeLorean DMC-12 como el que puede viajar en el tiempo.
 

 

 
Robert Zemeckis (‘Naúfrago’) tuvo la suerte de contar con Steven Spielberg para levantar este símbolo del cine de Sci-Fi con tintes de comedia juvenil. Una trama divertida, alocada y mejor plasmada servía de pretexto a Michael J. Fox (que ya triunfaba como estrella de TV con ‘Enredos de familia’) para convertirse en figura internacional. 
 
 
 
Es imposible confeccionar una lista de títulos de los 80’s en la que no salga ‘Regreso al futuro’. Cautiva por su frescura, aún hoy después de casi 30 años, tiene un ritmo que mantiene en vilo al espectador con numerosos guiños, frases ingeniosas, homenajes y vueltas de tuercas al guión que hacen que volvamos a tener 16 años. Nos subimos al DeLorean huyendo del presente para intentar no romper el pasado para disponer de un futuro. Una tremenda bocanada de aire nuevo que rompía con los clichés del cine de adolescentes de la época.
 
Aunque es muy amable en su contenido, Spielberg estaba detrás, su cachondeo hacia las paradojas del espacio-tiempo es constante. No hay bufonadas en ningún tramo de la cinta, ni estúpidos gags de cara a la galería. Por arte de magia, cada escena está vinculada con otra que más tarde (o antes) vamos (o hemos) visto. No se puede entrar a valorar si lo que nos cuentan puede ser posible desde un punto de vista real. Nos volveríamos locos en el intento. Cuestionar los bucles temporales, los agujeros de gusano, lagunas espaciales y demás temas derivados del bosón de Higgs harían que la visión de ‘Regreso…’ se convirtiera en un debate pseudo-filosófico (creerme, lo es…hay infinidad de foros que discuten de ello).
 

 

 
 
Fox está estupendo como atribulado anti-héroe, superado por las adversidades que hacen que su propia madre intente superar las barreras incestuosas entre ellos que ella misma ignora. Un Crispin Glover (George McFly) que se  lleva todas las ostias (y nos mola). Una Lorraine (madre de Marty) que pulula como una combinación de niña mona a devoradora de hombres. Un Biff Tannen (Thomas F. Wilson) que hace las delicias de todos aquellos capullos que nos maltrataban en el instituto. En esencia, aunque la trama se desarrolle en los 50’s, revivimos nuestras propias experiencias del pasado en carne de los protagonistas.
 
 
 
 
Zemeckis hace maravillas en formular una nueva versión de los viajes en el tiempo, con escenas sublimes de paradojas temporales. Nos encadena a no apartarnos de la pantalla por temor a perdernos algún detalle que tendrá vital importancia en la conclusión (..o no) de la película. Un climax final que roza lo genial entre dos secuencias, la del baile de final de curso y la puesta en marcha del DeLorean para su regreso al futuro.
 
 
Nos trasladamos a la década del nacimiento de Elvis gracias a una estupenda ambientación. Decorados (rescatados del barrio de los ‘Gremlins’, 1984) que hacen que pises esas calles, vestuario, música de la época, peinados y looks rockeros. Unos F/X bastante bien logrados (eran los inicios de la Industria Ligth and Magic) que intensifiquen la narración del argumento.
 
Alan Silvestri compuso una banda sonora poderosa, que con sólo iniciar sus primeras notas de fanfarria nos devuelve al espíritu joven de los 80’s. En aquellos tiempos del videoclip fue colapsada por el tema principal compuesto para el film ‘The power of love’, de Huey Lewis and the News, machacada con tortura en la emisoras FM y en la MTV. Pero con los años, la composición de Silvestri no sólo ha ganado adeptos, sino que ha hecho olvidar la cancioncilla de marras.
 
El toque Spielberg es la mano que mece la cuna. Un ejemplo de su fábrica de sueños convertidos en realidad aumentada. Una obra que a simple vista no muestra todo lo que esconde. De obligada visión, re-visión y vuelta a ver. Como ejercicio de cinefilia, la mejor opción para el disfrute de este espectáculo, es visionar las tres partes seguidas. Un viaje en el tiempo como jamás se ha hecho.
 


Cotilleos de Videoclub:

  • Bob Gale (guionista) se inspiró en el Anuario de su padre al mirar las fotografías de éste cuando era joven, preguntándose si ellos podrían haber sido amigos de conocerse.
  • Durante el film, se homenajean a varios grupos de rock y cantantes en diferentes escenas: ‘The Who’, ‘AC/DC’, Chuck Berry, Jimmie Hendrix o ‘Van Halen’.
  • El autor de la canción principal (‘The power of love’) del film, Huey Lewis aparece como uno de los jueces que audicionan la banda de música.
  • Para el papel de Doc Brown se consideró a Dudley Moore, Jeff Goldblum o John Lithgow.
  • El de Marty McFly fue ofrecio a C. Thomas Howell (‘Carretera al infierno’, 1985) o Ralph Macchio (‘Karate Kid’). El papel del villano, Biff Tannen se ofreció a Tim Robbins (‘Cadena Perpetua’, 1994)
  • Disney rechazó producir el film ya que no era una comedia al uso.
  • El título final de “To be continued…” fue puesto a modo de broma, ya que no se pensaba en una secuela.

Valoración: 8