THE MARTIAN [CINE]


Sin duda se esperaba a Ridley Scott con el hacha en mano desde muchos sectores de la crítica, no tanto así sus admiradores y seguidores, que por suerte aún son legión. ‘The Martian’, traducida en España con esa fortuna que nos precede en cuanto a trasliteraciones se refiere como ‘Marte’ (no vaya a ser que alguien se confunda con el título original, ‘El marciano’) ha sido un punto de inflexión en la errática carrera de los últimos años del creador de genialidades como ‘Los duelistas’ o ‘Thelma y Louise’. Tras títulos tan decepcionantes como ‘Prometheus’, ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ Scott estaba en deuda con el género de la ciencia ficción que tanto le ha dado y…
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…que él mismo ha sido responsable de convertirlo en referencia. Con la antesala de su nueva secuela ‘Prometheus: Paradise Lost’ y en las labores como productor de ‘Blade Runner 2’, los seguidores de Ridley no las tenían todas consigo ante este nuevo proyecto.
 
 
Con un ambicioso y elaborado libro, obra de Andy Weir, en el que basar el guión y con un reparto de relumbrón, ‘The martian’ se destapa como una evasión pura y dura en la carrera de Scott. Directa, sin moralina, sin tapujos a la hora de mostrarse como un “sencillo” ejercicio de aventura y escapismo. Siguiendo los esquemas de directores como Ron Howard y su ‘Apolo XIII’ o Robert Zemeckis y su ‘Náufrago’, Ridley recoge el testigo y presenta a un personaje en mitad de unas descorazonadoras circunstancias que construyen una historia épica, de valentía y superación. 
 
 
Con el emblemático marco de las llanuras del planeta rojo como telón de fondo (maravillosamente fotografiado y que logra trasmitir esa sensación de absoluta soledad) y un Matt Damon que por arte de magia deja a un lado su eterna cara de niño bueno pero con fondo canalla, hacen del visionado del film una buena dosis de cine de evasión. Sin complejos matices ni dobles lecturas (aparte de ser un panfleto propagandístico a favor de la Nasa) las desventuras espaciales del náufrago estelar se trasforman de la angustia más desesperante a la superación más rimbombante con los acordes de algunos de los mejores temas de música disco de fondo (capítulo aparte la utilización maravillosa del tema de David Bowie ‘Starman’).
 
 
Si parece haber dado en la tecla del público…¿qué le falta entonces a ‘The martian’? Más que faltar, le sobra. Le sobra sencillez en cuanto a su ejecución alocada de los últimos 20 minutos, donde el film se convierte en un carrusel de desacertados desenlaces, tópicos del cine de aventuras más descafeinado y clichés del cine comercial (que en el fondo siempre ha ansiado Scott). Deja un poso de “pudo haber sido pero no…” Una hora y media inicial que roza por momentos el mejor cine de los últimos años del realizador de ‘Legend’ (hay mala leche al mencionar este film, lo sabemos) pero que se desluce con demasiadas lagunas argumentales que solo buscan el final feliz, la palmadita en la espalda y las buenas vibraciones de la eterna fábula de la superación de la raza humana ante las vicisitudes. 
 
 
Un Robison Crusoe enfundado en un traje espacial que reconcilia a buena parte del público de Scott con su cine interestelar pero que deja algunas dudas (razonables) con su giro comercial que trata de vender. Los buenos años en los que nos sorprendía con títulos como ‘American Gangster’, ‘Black Hawk Down’ o ‘Gladiator’ parece que deben seguir esperando. Al menos el disgusto de ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ nos lo ha quitado.
 
VALORACIÓN: 6/10

KNOCK KNOCK [CINE]


Eli Roth (‘Green Inferno’, ‘Hostel’) ha bajado el tono de su discurso con este remake de ‘Death Game’ (1977) que deja la misma indiferencia en su visionado como ya hiciera la original. El tema de la pedofilia, como trama subyacente pero mal desarrollada y aún menos clara en su conjunto, es el eje narrador para una a priori intrigante propuesta en sus primeros 30 minutos que se vuelve una amalgama de escenas y situaciones que poco o nada aportan al espectador salvo el tedio de finalizar un film que no sugiere ni propone nada nuevo al género del thriller. Si la muy interesante, tanto por su valentía como desarrollo, ‘Hard Candy’ era una …
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…bofetada muy bien dada por su historia y contenido, ‘Knock Knock’ no tiene ni la consistencia ni el trasfondo que genere al público un interés por ella. Con una alargada (sin sentido) trama que difumina el previo thriller que inicia el film, el guión adolece a medida que pasan los minutos por la falta de razones, motivaciones y propuestas que los personajes a grandes rasgos dejan vislumbrar.
 
 
 
Sin litros de sangre con los que llenar la pantalla, Eli Roth no ha sabido plantear a “su” historia de la fuerza y tensión que podría tener. Y no ha querido dotar a sus personajes con algo más que decenas de frases con insultos y supuestas escenas de alto contenido sexual. Sin ser explícito en sus imágenes, con situaciones cuando menos ridículas y añadiendo el hecho de que prolonga sin ningún rubor una situación cuando menos imposible, por lo casual e impuesto desde un guión que no sigue sus propias reglas establecidas en un principio, la trama se pervierte hasta quedar en una desdibujada broma de mal gusto que no deja ni un poso de inquietud en el visionado.
 
 
Un desacertado Keanu Reeves poco o nada puede hacer este carrusel arbitrario y carente de novedad que propone Eli Roth. Las aportaciones de las dos actrices ( Lorenza Izzo, Ana de Armas ) como las sádicas y vengativas (o eso sugieren en sus diálogos) víctimas de abusos, se trastocan cuando la película llega a su mitad del metraje, y pasan de ser unos personajes que podían estar a medio camino de figuras como los asesinos de ‘Funny games’ o las intrigantes de ‘Las diabólicas’ a ser unas meras caricaturas que deambulan por los caprichos de un guión escrito a seis manos (Roth, Nicolás Lopez y Guillermo Acevedo) pero que carece del ímpetu necesario para subir un par de peldaños y ser más atrevido en continuar con el único debate que plantea el film: ¿somos realmente humanos al mostrar nuestro lado más animal?
 
 
La pedofilia, la violencia, la fidelidad, la imagen social de nosotros mismos, la familia, el riesgo de las redes sociales, nuestra balanza de la moral…demasiados cabos sueltos que trata de mostrar el film pero que no se aferra a ninguno de ellos. Un desfile de despropósitos que deja claro que Roth no sabe moverse en medios tiempos, que su cámara no está preparada aún para contar historias de peso, que lejos del gore, la sangre y el sadismo no sabe tratar una historia, no cuida a sus personajes y mucho menos conjunta una trama. Un innecesario remake de un film que ya de por si no daba mucho juego. 
 
VALORACIÓN: 3/10

LA CUMBRE ESCARLATA [CINE]


Si algo nos ha ido demostrando el director mexicano Guillermo del Toro (1964) es su indudable buen gusto por las historias bien contadas. Esas historias que tanto le gustan a él (y a muchos) que versan sobre el más allá, lo grotesco, el horror, los fantasmas, los cuentos de hadas macabros y cómo no, el género terrorífico más proclive a dejar volar la imaginación y las pasiones: el terror gótico. Del Toro regresa a su terreno más conocido, al que mejor se desenvuelve y sabe estar. Un género que le ha visto crecer a base de genialidades como ‘Cronos’, ‘El espinazo del diablo’ y la por siempre eterna ‘El laberinto del Fauno’. Tras su paso por la secuela de ‘Hellboy’ y la entretenida ‘Pacific Rim’ (donde en ambas el realizador sigue con sus constantes sobre los monstruos y la naturaleza de éstos) vuelve a su particular y muy personal universo oscuro donde mezcla lo grotesco con sumo cuidado y lo bello con la más insana de las maldades. El gótico es su lugar natural, tanto en su vertiente literaria como fílmica, Del Toro ha demostrado ser…













…un alumno aventajado de los maestros Poe, James y Lovercratf. Si Tim Burton siempre sobrevuela en la oscuridad con su cine, Del Toro se ha hecho el amo absoluto de ella.

 
Nos las prometíamos felices en el pre-estreno organizado por SensaCine al que fuimos invitados y nos frotábamos las manos al conocer que el director regresaba al mundo de los fantasmas con una nueva historia de su propia cosecha. Volvía el nuevo cuentacuentos del horror. Su paso por la TV con ‘The Strain’ nos había devuelto su lado más vampírico, ahora con ‘La cumbre escarlata’ retornaba el Del Toro más oscuro…¿o no?


La historia se presenta como una transliteración de las novelas góticas por antonomasia. De Shelley a Austen, de Byron a Milton o Henry James, de William Blake a Lovercraft pasando, como no podía ser de otra forma, por su amado Edward Alan Poe. La cumbre escarlata‘ se desata como un homenaje por todo lo alto a ese estilo de novela, a ese universo personal donde las emociones son grandilocuentes, las pasiones desatadas y lo terrorífico se da la mano con la realidad bajo un velo de misterio latente. Del Toro ha volcado todo su amor y pasión por este género literario (y sobre todo por estilo visual que el cine le ha dado a lo largo de los años) en un film que rebosa solemnidad, teatralidad y excesivo donaire para evocar un tiempo fuera del alcance de nuestra imaginación.


No se ha dejado llevar por su lado más canalla, ese al que nos tiene acostumbrados y que forma parte de su sello inconfundible. No nos ha otorgado en esta ocasión unos personajes secundarios que nos cautiven, como es habitual en su cine. Echamos de menos ese espíritu arrollador que sacude la historia a medida que avanza. No, nada de ese nos trae ‘Crimson Peak’. Pese a contar con unos poderosos decorados, una dirección artística arrebatadora (que a buen seguro estará nominada a los próximos Oscars), una ambientación casi hipnótica y un escenario solemne e imponente (aunque poco aprovechado pese a sus innumerables virtudes) como es esa fantástica mansión ubicada en mitad de un páramo. Muchas virtudes en su puesta de escena que se diluyen de manera escandalosa a medida que el guión destroza las esperanzas de espectador según va planteando las situaciones. Más descorazonador es ver como el desarrollo de la trama se desvirtúa con unos diálogos que avanzan en demasía el desenlace, que ponen todas las cartas boca arriba demasiado pronto y que no deja otra opción al público que esperar el consabido y predecible final.


Un final que deja un vacío tan hondo como los cimientos de esa mansión. De fácil ejecución, de innecesario estilo y que no encaja en absoluto con el estilo que durante los 90 minutos previos ha intentado inculcar al film. Del misterio a la duda, y de la duda a lo absurdo con unas trampas en el guión que desmenuzan el buen hacer de la puesta en escena. Floja en su conjunto, ‘Crimson Peak’ se deja ver por los numerosos y beneficiosos homenajes que Del Toro se da el gusto de incluir en la película (para regocijo de los espectadores). Aparte de los ya mencionados pasajes y homenajes a figuras como Mary Shelley, Jane Austen, H.P. Lovercraft y sobre todo a Poe, el creador de ‘Cronos’ se marca unos guiños cinéfilos que van desde la serie B de la Hammer o Roger Corman (‘El hundimiento de la casa Usher’ está presente en todo momento) pasando por ‘La mansión encantada’, la historia del asesino Barba Azul, a escenas que rememoran míticas secuencias como ‘El resplandor’ (esa salida de la bañera) o ‘Al final de la escalera’ (con esos planos de la pelota de juguete rodando sola o la silla de ruedas vacía). Paralelismos aparte, Del Toro ha hecho un ejercicio personal de cinefilia y pasión novelesca que demuestra su gran amor por este género pero que se trunca por su obstinada visión de perfeccionar el estilo hasta límites excesivos. Muy academicista, demasiado solemne y que reparte las cartas a su antojo con la única premisa de ser fiel a ese espíritu que evoca pero dejando de lado toda la originalidad que el mexicano posee. El desaforado amor que existe entre la pareja protagonista resta y mucho a su pretendido toque macabro y terrorífico, quedando el elemento fantasmal como mera anécdota.


El elenco actoral no acaba de encajar con este tono, y salvo Tom Hiddleston (que siempre está impecable haga lo que haga) el resto del reparto no da pie con bola para captar ese misticismo y aura terrorífica que la casa sí sabe dar. Una pena que el personaje de Jessica Chastain acabe incurriendo en los tópicos y aburridos clichés del género ‘scream-queen’ para finalizar el film. Charlie Hunnam solo hace constancia que Del Toro le ha caído en gracia y lo mantiene a salvo para ‘Pacific Rim 2’. En cuanto a Mia Wasikowska, que ya había fracasado en intentar crear una Alicia convincente, no transmite en ningún momento esa lánguida pesadumbre que las heroínas del romanticismo y la novela gótica tenían. 


Un bonito papel de regalo que envuelve un obsequio de bajo valor. Floja en su planteamiento, de fácil y predecible desenlace y sobre todo, fallida en su historia y modo de ir desgranando un misterio que se desvela excesivamente pronto. Siempre te hemos amado Guillermo, a tu cine y a tu visión del mismo…pero así no.
 
VALORACIÓN: 5/10

LA VISITA [CINE]


Los últimos diez años en la filmografía de M. Night Shyamalan han hecho que el director se gane muchos más detractores que seguidores, y que éstos últimos se vean con dificultad a la hora de defender una carrera prometedora allá por los albores de este nuevo siglo. El considerado “nuevo heredero” del sello Hitchcock (para algunos una osadía esta comparación) ha dado un giro tanto de estilo como de contenido a sus películas y guiones en estos pasados años. Si con “La joven del agua” ya se ganó sus primeros varapalos (algo incomprensible, pues es una verdadera maravilla en su reintrepretación de una fábula clásica entre el bien y el mal), con “El incidente” sus máximos críticos le esperaban con el hacha en mano y…
 
 
 
 
 
 
 
 
 


…no tuvieron que morderse la lengua en sus posteriores proyectos (descabellados a la par de audaces) como fueron ‘Airbender’ y ‘After Earth’, dos ejemplos de cómo un director puede perder su estilo narrativo, su personal toque y sus brillantes ideas. Pero lejos de re-inventarse, Shyamalan ha optado por tratar de dar una bofetada a su manera de hacer cine, desde la ironía en su puesta de escena como en su consabida materia prima. ‘La visita’ se deja ver con la sensación a priori de volver a encontrarnos con el creador de maravillas como ‘El sexto sentido’ o ‘El protegido’, en cuanto a su presentación de una situación cuando menos normal pero guarda su esperada vuelta de tuerca.
 
 
Es tal vez su talón de Aquiles a la vez que es su mejor arma. El creador de ‘Señales’ nos ha acostumbrado a esperar de él sus portentosos finales, llenos de esos detalles que nos hacen revivir en apenas unos segundos todo el metraje visto minutos antes. Del mismo modo, su obsesiva materia prima (sus demonios personales, sus creencias y sus clichés) se transforman en excelentes imágenes, planos y puntos de cámara que amplían y enriquecen su desarrollo en pantalla. Pero nada de esto encontraremos en ‘La visita’, que a fuerza de ser un nuevo giro en su carrera, tanto en la forma de filmar, como en su montaje y sobre todo en un guión que da enormes expectativas para luego ir diluyéndose como hojas de otoño que caen sin remedio, Shyamalan vuelve a tropezar en la misma piedra: él mismo.
 
 
El presentar todo el film como un ‘found footage’ en manos de dos adolescentes es un guiño del director a las nuevas formas de rodar, el cine es global y de todos, pero choca con algo tan sencillo como que no es tanto el cómo lo ruedas, sino qué idea intentas plasmar. El guión, que rodea un mismo concepto durante todo el metraje (insistiendo demasiado en lo obvio en diálogos entre los adolescentes que machacan el cerebro del espectador a base de “va a suceder algo y quiero que lo veas”) es un cúmulo de tópicos del cine de “susto” y “golpe de cámara” que deja por los suelos el nivel de sutileza y saber estar que Shyamalan atesoraba hace años.
 
 
Previsible para el género en el que mejor se movía, el realizador parece haber puesto el piloto automático a la hora de rodar, y la novedad de plasmar la película a la moda (pasada) de films como ‘La bruja de Blair’, ‘Monstruoso’, ‘Chronicle’ y ejemplos parecidos se difumina ante una historia que por intentar ser original cae en el más absoluto tedio de un telefilme de sobremesa. No hay giro sorprendente que encoja al público, no hay vuelta de tuerca que maraville, ni tan siquiera unas motivaciones en sus personajes centrales que hagan vibrar y dar un sentido más cerrado al desenlace del film. Es como si todo valiera para salir del paso, una mera excusa para tratar de vendernos que Shyamalan está de regreso, pero es mentira.
 
 
Las cuatro historias paralelas (la visita de los chicos a sus abuelos, sus miedos personales, el viaje de la madre con su nuevo novio y los extraños comportamientos de los ancianos) se reparten de manera aleatoria y sin alma en un desarrollo que se antoja precipitado y con un desenlace lejos de apasionar, sino más bien desalentador. Los jóvenes actores poco o nada pueden ofrecer con sus actuaciones con unas frases en su boca que distan mucho en dar credibilidad. Mención aparte en todo este desaguisado es la actuación de Deanna Dunagan, como la inquietante abuela. Que pasa de dar unos registros de la bondad al terror psicológico dignos de resaltar.
 
 
Salvo unas pocas transiciones con unos planos de árboles misteriosos, le resto del film se auto protege en el montaje impuesto por este “found footage” y la carencia de una banda sonora propia que dote de mayor dramatismo hace que ‘La visita’ no se deje ver ni como un ejemplo de terror al uso, ni como una comedia macabra ni como un cuento malsano. Los guiños a Hansel y Gretel son obvios pero innecesarios, y el excesivo énfasis de transmitir una truculenta ironía en la historia hace que el brutal final no encaje en el conjunto. ¿Se ha reído de todos sus detractores Shyamalan con este film? ¿Ha tratado de dar un nuevo rumbo a su estilo? ¿O simplemente ha sido una nueva metedura de pata? De lo que no hay duda es que el director ha vuelto a crear polémica y los ríos de tinta (a favor y en contra) serán nuevamente copiosos. Por nuestra parte nos quedamos como Shyamalan, entre dos aguas.
 
 
VALORACIÓN: 5/10

HANNIBAL: Season 3: FIN DE FIESTA, BANQUETE Y ORGÍA VISUAL [ESPECIALES]


Sin duda ha sido el evento del año en cuanto a series de TV. Digan lo que digan sobre otros estrenos en la caja catódica, héroes marvelianos, rápidos adolescentes, zombies con precuela, reinos de poniente y demás criaturas de esta maravillosa generación de series que estamos viviendo, ha sido ‘Hannibal’ y su espectacular tercera temporada la que ha marcado el cenit visual este año frente a la pequeña pantalla. Las deliciosas y perversas andanzas de nuestro amado doctor Hannibal Lecter han llegado a un momento de sublime belleza morbosa que ha desbordado todas nuestras espectativas creadas con las dos anteriores temporadas. Un desarrollo y final de temporada que roza lo épico, lo bello y lo morboso a partes iguales sin deteriorar el conjunto final al no declinarse por ninguna de ellas. Un collage escénico de alto contenido que motiva al espectador a profundizar aún más en la mente de uno de los mejores personajes ficticios creados en los últimos 30 años. Lecter es el…


…mejor anfitrión para este soberbio banquete de sueños, retorcidos gustos, paladares inquietos, orgía intelectual y descontrol emocional que hace que nuestros oscuros pasajeros se remuevan en nuestra conciencia para deleitarnos con este espectacular broche final a una serie que no merece terminar de este modo. Deseamos más de Hannibal, queremos más de Hannibal, ansiamos ser devorados y saboreados por Hannibal. Bienvenidos a este banquete. La mesa está dispuesta, los invitados alrededor de ella, tan solo faltas tú. La comida está servida…

LOS INVITADOS:

  • Hannibal Lecter: Mads Mikkelsen se ha ganado a pulso al personaje. Ha hecho suyo a uno de los iconos más potentes y sugerentes de la literatura y el cine de los últimos lustros. No ha fallado en ninguna de las temporadas y no podía ser menos en esta final. Sin hacernos olvidar al magistral Anthony Hopkins (que juega en otra liga…) Mikkelsen ha obrado el milagro de darnos un enfoque de Lecter que combina a la perfección con todo lo que sabíamos del personaje añadiendo de su propia cosecha matices, aspectos y sobre todo una sobriedad pasmosa que llega a asustar, sorprender y cautivar con el mismo poder de seducción lúgubre que pudiera sentir cualquiera de sus víctimas. Un derroche de control escénico, de detalles que apabullan al espectador, de la esencia misma del mal condensado en una figura que se cierne sobre todos nosotros, el omnipresente ancestro de nuestros más bajos y primitivos instintos. Lecter-Mikkelsen aúnan nuestros deseos inconfesables de poder sobre los demás, sobre el pasado, el futuro, el control mental, la sugestión y la más suculenta y depravada satisfacción de poseer el ‘tempo’ y la racionalidad distópica para saborear el miedo y el placer a partes iguales. Hace de su tormento una redención que extrapola a sus elaborados y sofisticados platos de alta cocina con la sabiduría de un chef que adivina el momento justo y preciso en el que la magia de su arte ha tocado el cielo. Deseamos ser devorados por Lecter del mismo modo que sentimos repulsión por sus actos, pero con la convicción secreta e inconfesable de que en nuestros más oscuros sueños anhelamos tener ese poder, esa fuerza interna de climax que conjuga los actos más instintivos del hombre: comer, sexo y matar. Reunirlos en uno y disfrutar del momento eterno que supone ese choque de placeres prohibidos.


  • Will Graham: Hugh Dancy ha desatado a su personaje en este prodigioso final de temporada. Por fin vemos a Graham como realmente es, el omega de Lecter. Del mismo modo que Dante profundiza en el Infierno de la mano de Virgilio (en este caso Hannibal), el personaje va descubriendo su verdadera esencia. Su conexión real con el mundo que le rodea, su verdadero papel en esta epopeya de trágicas consecuencias y desatadas pasiones. Es nuestro vínculo con Hannibal, como espectadores nos disfrazamos con la piel de Will Graham para estar más cerca de Lecter, para sentir ese poder que irradia el buen doctor. Es nuestro nexo con la locura controlada, con el flujo de vitalidad que la cercanía de la muerte ofrece. En esta última temporada Graham se ha desprotegido de su coraza, ha roto con sus demonios internos y se ha mostrado tal y como es. Aceptando su rol, su vínculo con Lecter. Asumiendo su total enlace con el doctor. Mucho más allá de la unión perseguidor-perseguido. Es un poderoso vínculo que cierne dudas de amistad, de odio, de vida y muerte. De amor. Un amor irracional y tan necesario como en la vida real. Un deseo irrefrenable que lleva a ambos personajes a un abrazo mortal que traspasa lo humano, que roza la misma esencia del segundo eterno en el que se detiene el tiempo. Un abrazo infinito, lleno de rabia, deseo, pureza y vida. Desterrando todo lo superficial que les rodea. Un segundo que abarca más allá de sus propias existencias. Will y Hannibal, son uno. Pertenecen a un mismo universo. Dos astros en el cielo que en verdad son las dos caras opuestas del mismo planeta. Pero que por fin en esta eclosión visual de fin de temporada, se muestran tal y como son. No dudan en expresar todo aquello que en sus mentes y almas (razón y amor) atormentan y azotan sus más carnales y viscerales instintos. Ellos son nuestro espejo en la pantalla. Nos vemos reflejados, sucumbimos por la atracción que sufrimos al empatizar con sus propósitos. Pero al igual que Dante ansiaba por encontrar y llegar hasta Beatriz, nosotros deseamos llegar a ese momento celestial que es el abrazo final que les mantendrá juntos para la eternidad.

  • Bedelia Du Marier: Gilliam Anderson fue sin duda uno de los platos fuertes de esta serie con la incursión de su personaje. Vestido de un aura que mezclaba el autocontrol con la intuición. Rodeada de esa fascinación de femme fatale del cine de los años cuarenta. Una figura que temporada a temporada ha ido tomando una fuerza y una determinación que ha llegado a ser la “compañera” de viaje de Lecter. Un juego peligroso, aceptado por ambos, perpetuado de mutuo acuerdo y con la insana y morbosa implicación de ella en los senderos tortuosos de la mente del doctor. Pigmalion total, Lecter se muestra a Bedelia vulnerable, algo que hasta ahora solo habíamos atisbado en la relación con Clarice Starling. Hannibal se muestra humano, en lo más humano que la palabra pueda usarse con Hannibal. Bedelia hace que veamos a un Lecter cercano en sus sentimientos, que comencemos a intuir sus verdaderas intenciones con Will Graham, su conexión mental y física con su némesis. Bedelia cruzará la linea que separa lo onírico y lo real de la mano de Lecter. Será copartícipe de sus banquetes, de sus elaboradas recetas y más aún, será una perfecta co-anfitriona en sus desatadas catas y delicatessen en Florencia. Pero como buen gourmet que es Hannibal, tras el espectacular final de último episodio, nos reserva una suculenta guinda final en el plano secuencia tras los títulos de crédito. Sencillamente magistral.


  • Mason Verger: Joe Anderson recoge el personaje que en la segunda temporada interpretó Michael Pitt, y bajo kilos de soberbio maquillaje nos enseña que el mosntruo no es exterior, sino que llevamos uno más aterrador bajo nuestra piel. Verger es más sádico aún en la pequeña pantalla que el visto en el cine (con permiso de Gary Oldman). Aquí observamos en primera persona al verdadero ogro que oculta Mason en su cuerpo. Su incestuosa relación con su hermana Margot (a trío con el personaje de la doctora Alana Bloom), sus particulares gustos sádicos por el dolor ajeno que combina con el suyo propio. Sus inclinaciones perversas por ir un paso más allá en el horror. Sintiendo que es un dios en su universo personal, llevando al límite al espectador al crear un útero alternativo para perpetuar su extirpe junto a su hermana. Son sin duda unos de los momentos más controvertidos y morbosos de la temporada. La relación del personaje de Mason Verger con la obra de H.R. Giger son evidentes a la par que seductores. El sexo como vínculo entre el amor y la muerte, usado como eje central en la particular venganza personal que Mason lleva a cabo contra Lecter, es patente y latente a lo largo de esta temporada. Impulsa a modo de timón imaginativo a los personajes a una carrera con desenlace esperado pero no por ello fascinante.


  • Cordell Doemling: Glenn Fleshler es otra de las sorpresas que esta tercera temporada nos reservaba. Si fascinante y perturbador nos pareció sus personaje de el ‘Rey amarillo’ en ‘True Detective’, aquí hace una composición totalmente nueva y radical del personaje presentado en la novela y film de ‘Hannibal’. Aquí no es un mero colaborador, ayudante y enfermero como antes hemos visto. Cordell se nos presenta como un enfermizo y agudo personaje que no solo colabora en los vomitimos actos de su patrón, Mason Verger, sino que va un paso más allá al crear para éste unos refinados platos que mezclan sus expertas manos de cirujano con un sádico gusto por lo inhumano. Es una pieza más en este magistral objeto de orfebrería que es ‘Hannibal’. Una deliciosa y malsana sorpresa que los creadores han tenido a bien darnos para regocijo de nuestros perversos paladares.

ENTRANTES:


Mucho se había especulado antes del estreno de esta tercera temporada. Desde la misteriosa desaparición de Michael Pitt en su papel de Mason Verger, a la participación de David Bowie en un rol muy cercano a Hannibal Lecter. Se conocía que esta temporada iba a mezclar de forma alternativa las novelas ‘Dragon Rojo’ y ‘Hannibal’ a la espera de una cuarta temporada que enlazara con los eventos que hemos visto en ‘El silencio de los corderos’. Lo que nadie esperaba es que esta tercera temporada combinara de manera épica y colosal ambas novelas. Si las dos primeras jugaron a presentarnos a un Hannibal atípico, diferente y que nos sedujera con otros encantos no vistos en pantalla grande, esta última tanda de episodios ha compuesto un desafío y un deleite para los amantes y los profanos del buen doctor. 


Los creadores y guionistas han sido muy astutos y han obrado de la mejor manera posible. Han mantenido el espíritu de las novelas y los hechos mostrados en el cine pero dando una vuelta de tuerca total a esos mismos hechos para exponerlos de manera convincente y novedosa en la pequeña pantalla. Todo un reto a priori pero del que han salido airosos con una nota más notable. Es más, han rozado el sobresaliente, llegando a la matrícula de honor con los tres últimos episodios. 



PRIMER PLATO: 

La primera parte de la temporada nos desenvuelve con el Hannibal más cautivador, el eterno enamorado de su ciudad fetiche, Florencia. Volvemos a encontrarnos con el Doumo, la catedral de Santa María del Fiore, la Plaza de la Señoría, los soportales con más secretos que historia y sobre todo, con la enigmática y evocadora galeria Uffizi. Allí Lecter desatará sus sentimientos ante el espectador, nos bañaremos en sangre con sus affaires y saborearemos sus perfectos bocados llenos de delicadas texturas acompañados de una buena botella de Batard-Montrachet y trufas blancas. Nos dejará atónitos con los cambios en el desarrollo, en la puesta en escena, el conjunto visual creado. Una mezcolanza de situaciones y personajes que ya tenemos en nuestra memoria colectiva pero mostrados de manera perversa y fascinante. De sofisticado acabado y mejor desenlace. Nuevos giros en la trama pero manteniendo fiel el espíritu de la novela y por supuesto de los fims. Si Thomas Harris, el creador de Hannibal Lecter, ya estaba satisfecho con las versiones cinematográficas, con este broche final televisivo puede estar más que orgulloso. 



SEGUNDO PLATO:

La segunda parte de la temporada se vuelca por completo en la novela ‘El Dragón Rojo’. Veremos a Francis Dolarhyde (Richard Armitage), el Gran Dragón rojo descrito y pintado por William Blake, en todo su esplendor. Comprenderos mejor sus motivaciones, sus miedos, sus rencores, sus horrores y nos deleitaremos al ver desplegar sus magníficas alas batiéndose sobre nuestros rostros. Nos asombraremos del poder del dragón, sentiremos su furia, su rabia, su atronador rugido. Y sabremos de primera mano que el hombre es vástago del dragón, y debe someterse a sus caprichos. Una brutal escenificación del universo del dragón rojo, del peregrino que busca su camino hacia la redención, de su vinculación con el doctor Lecter, su necesaria aprobación y condenación. La ineludible incapacidad del hombre frente a la bestia en su efímera lucha. Un circo de tres pistas dirigido con mano firme por Lecter, un juego de títeres en el que el doctor mueve los hilos de Will, Bedelia y Francis ‘Dragón Rojo’ Dolarhyde.



POSTRE:

Asistimos a la transformación draconiana de Francis con el mismo asombro y temor que sus víctimas. Podemos acariciar sus alas, sentir su poderoso vigor y agachar la cabeza ante su magnificiencia. (Spoiler) Lecter es nuestro maestro de ceremonias y nos arrastra a un desenlace que se mueve entre el thriller más genuino de los noventa (innegable el guiño que se hace a ‘Se7en’ en su último capítulo) como al homenaje que los guionistas nos proponen en la escena final. Escena que nos evoca el enfrentamiento literario del más famoso de los detectives. Un abrazo mortal entre Sherlock Holmes y su némesis, el profesor Moriarty, frente a las cataratas Reichenbach, que pudimos disfrutar en la novela ‘El problema final’ y que aquí los guionistas la hacen suya para crear un climax final prodigioso y que pocas veces ha combinado de manera soberbia lo épico, lo escabroso, lo bello y lo morboso. (Fin Spoiler) Dejando un cliffhanger final digno de los anales de la televisión. Una epopeya que ningún buen amante, no solo de la televisión sino de la ficción, debería perderse y volver a ver.



…Y ALGO DE PICAR?

El grave problema que nos sacude a los espectadores es el anuncio de la cancelación de la serie. Dejando sin resolver la pre-producción de la cuarta temporada. Una cuarta tanda de capítulos que nos mostraría una especie de precuela de lo acontecido en ‘El silencio de los corderos’. Realmente la NBC sabe que tiene un excelente producto. Una serie que aúna calidad, solvencia y magistrales críticas. Buen planteamiento y mejor acabado. Lo que ha supuesto un lastre para la NBC, productora de la serie, son dos motivos. Uno primordial, la audiencia. ‘Hannibal’ pese a su enorme calidad artística e interpretativa nunca a desbordado los índices de audiencia. Es más, justo en esta tercera temporada sus niveles han sido los más bajos. Tal vez coincidiendo con la época estival o una mala planificación en su estreno y torpedeada por la propia NBC al no dar un respaldo publicitario de mayor repercusión, han hecho que solo los fieles e incondicionales seguidores de la serie (los conocidos como “Fannibals”) hayan apoyado hasta la saciedad a través de las redes sociales la mejor temporada de la serie. 


Razón no les falta al ver como otros productos de mucha peor calidad, repercusión y calado popular, son renovados temporada tras temporada. ‘Hannibal’ no es que se merezca una segunda oportunidad, es que nunca ha debido plantearse su cancelación. NBC tilda este motivo, la audiencia, como el principal handicap de la serie a la hora de no renovar. También, aunque no se ha comunicado, son sus altos y necesarios costes de producción. Una calidad impecable que tras 39 episodios no ha decaído sino que ha ido subiendo su propio nivel episodio a episodio. NBC también sabe que una serie como ‘Hannibal’ pocas o casi ninguna productora se habría atrevido a financiarla, tanto por su coste como por su alto contenido de violencia (salvo HBO). Pero sin duda otro baluarte contra el que ha chocado su creador, Bryan Fuller, ha sido la imposible negociación de hacerse con los derechos de ‘El silencio de los corderos’ pues en la cuarta temporada deseaba incluir al personaje de Clarice Starling. Sin embargo el alto coste que suponía esta condición para continuar la serie ha hecho que la NBC se desentienda de ella.



Tras el enorme cliffhanger que el último episodio muestra y que ha dejado a todos los espectadores con el corazón en la boca y un temblor en los tobillos solo queda la esperanza de que las negociaciones que Bryan Fuller mantiene con Netflix, Hulu, Amazon o Starz lleguen a buen puerto y se consiga filmar una cuarta temporada. O…aún mejor. La idea que Fuller plantea sobre la mesa, rodar un film para la pantalla grande con el mismo elenco actoral y dar una conclusión final para todos los seguidores.


Todo ha quedado en el cenit. Un climax que más pronto o más tarde se resolverá. De lo que nadie puede dudar, de lo que nadie puede dar por perdido, es que muy pronto volveremos a tener noticias del buen doctor. Muy pronto volveremos a cenar un suculento bocado. Muy pronto…Hannibal volverá a nuestras vidas.




LAUREN BACALL: por mí misma y un par de cosas más [ESPECIALES]


Nadie mejor que ella misma, Betty Joan Weinstein Perske, para relatarnos en primera persona  y con total entrega y sinceridad, sus sueños, su sana rebeldía, el trabajo, el dolor por las pérdidas de seres queridos, sus aspiraciones políticas, la soledad  y el amor por su familia.. En  su autobiografía “Lauren Bacall, por mí misma y un par de cosas más”  la actriz nos abre las puertas de su casa y de su alma.


 Escrita originalmente en 1985 y con un bonus añadido 25 años después, desnuda su lado más humano. Hija de una secretaria judía (Rumania), Natalie Weinstein- Bacall “Una mujer orgullosa y honrada que a pesar de las dificultades nunca perdió el sentido del humor” y  un vendedor de material médico, polaco (y ausente) Williams Perske,  pasó a llamarse…













…Betty Bacall  cuando a los seis años  sus padres se separaron y su madre decidió recuperar la segunda parte del apellido.

 Lejos estaba de convertirse en una estrella de cine cuando tras el divorcio, perdieron el rastro de Perske y se mudaron de Brooklyn a Manhattan con lo poco que tenían y el apoyo de sus tíos, Jack y Charlie, incondicionales a lo largo de su carrera.


“No vayas nunca detrás de un chico, si quiere verte te llamará” era uno de los tantos consejos de su madre que  nunca obedeció. No era de las chicas a la que los muchachos miraban y se pasó la adolescencia de desilusión en desilusión. Tampoco tenía claro lo que quería para su futuro, así que intentó con el ballet, pero no estaba hecha para eso, después estudió periodismo “podría ser reportera” y pensó en ser enfermera hasta que vio sangre y desistió. En fin, si con algo se identificaba realmente era con las actrices de la época (Bette Davis; Katharine Hepburn; Vivien Leigh) por lo que terminó a regañadientes el secundario y accedió a la Academia estadounidense de Arte Dramático (con ayuda de los tíos) donde se hizo tiempo para  coquetear con Kirk Douglas.


 Corría el año 1941 cuando comenzó su carrera de maniquí profesional en la Séptima Avenidacon 16 años y tiempo después se propuso ser acomodadora en un teatro, de modo que “aunque comiera salteado y mal, podría ver las obras, aprender y hacer contactos”. Un crítico la describió en su columna Esquire como “la acomodadora más guapa de la ciudad”. Además bailaba en una cantina de temática teatral por la que pasaban figuras de la talla de Judy Garland los fines de semana y el resto de los días  repartía  folletos y dejaba sus datos a cuánto productor veía. Algo sabía, quería actuar y no pasó mucho tiempo hasta que lo consiguió. Un tal Rowland Brown y su hermano Anthony la incluyeron en una función de la obra Johnny 2 x 4, sin texto, en Broadway. “Aunque fueran 15 dólares a la semana, iba a estar debajo de los focos”.
 Para entonces ya había añadido una segunda “L” a su apellido con el fin de evitar equívocos en la pronunciación.
 El sueño duró ocho semanas y las críticas no fueron para nada buenas, sin embargo daba el primer paso de una carrera que no sería fácil, pero tampoco imposible. A partir de ahí  nada la detendría. En 1942 participó por última vez en teatro en 17 años con George Kaufmann, en una obra con algunas líneas de texto y empezó a sentir la “necesidad de aprobación, estima y aplauso” de la profesión.


 Lo siguiente fue posar para la revista de moda Harper´s Bazaara cargo de Diana Vreeland en la que podía leerse a modo de epígrafe de una foto “La modelo es la joven actriz Betty Becall” (el apellido estaba mal escrito, pero qué mas da, era actriz). Varios productores se interesaron en ella, incluso la llamaron de Columbia Pictures, pero el tío Jack le recomendó que aceptara viajar a California para entrevistarse con Howard Hawks, porque  conocía su trayectoria. Bacall tenía 18 años y  fue descubierta  por la mujer de Hawks, Nancy (Slim), en la revista. En su autobiografía la describe así: “poseía ciertamente una belleza que era de mi gusto, impoluta, saludable, radiante y preciosa y sin duda tenía algo de pantera”.
 La película era Tener y no tener y su fecha de inicio, febrero de 1944, con Humphrey Bogart.


 En su primera aparición Slim (la protagonista) debía acercarse a la pared de la habitación de Steve y preguntarle si tiene fuego a lo que él responde tirándole una cajita de fósforos. Ella da las gracias, le devuelve la cajita y se va. Parece una tontería pero le temblaban tanto las manos y la cabeza que atinó a pegar la mandíbula al pecho y alzar la vista hacia Bogart, lo que significó el nacimiento de “la mirada”, sobrenombre que la seguiría camino al estrellato. No era en absoluto una pantera sino mas bien un gatito asustado, pero nadie se daría cuenta. El matrimonio Hawks se encargó de cambiarle el nombre por Lauren, ya que había muchas Betty en el cine (Betty Grable; Betty Hutton, Bette Davis), la voz, que era muy aguda y el aspecto, sería refinada pero conservaría su estilo.

 La relación que estableció con Bogart inmediatamente traspasó la pantalla y no tardó en conocerse en el ambiente a pesar de que él estaba casado con su tercera esposa (Mayo Methot). La primera fue Helen Merken, una actriz de Broadway y la segunda Mary Phillips. Su tercer intento no fue mejor que los anteriores, a la pareja la llamaban “Los belicosos Bogart” por las continuas y violentas peleas que tenían y por la adicción al alcohol de ambos. Algo con lo que Bacall tuvo que lidiar bastante ya que cuando tomaba se ponía agresivo. La diferencia de edad era notoria, él tenía 44 y ella 19. Así mismo tras un tiempo de encontrarse de manera clandestina por las madrugadas,  Bogart se separó y se casaron. A los 49 años él sería padre por primera vez de Stephen (por el personaje de Tener y no tener, Steve). 


 Lauren supo arreglárselas con la maternidad, la casa y el trabajo bastante bien. “No como las mujeres anteriores de Bogie que priorizaban siempre el trabajo por sobre la familia”.
Vivieron una época muy feliz en la que compartieron cartel en  películas como Sueño eterno y La Senda peligrosa. Su última aparición para la Warnersería junto a Gary Cooper en El rey del tabaco de1950. A partir de allí no todo fue color de rosa,  a los 19 años afrontó la muerte de su abuela y más tarde la de sus queridos tíos, la tía Rosalía, Bowie y su madre. Pero gracias al trabajo y sus amigos siempre pudo salir adelante. Durante el rodaje de “La Reina de África” ella acompañó a su marido y allí conoció a Katharine Hepburn con quién entablaría una amistad que duraría 50 años. También se cuentan entre los más cercanos a Spencer Tracy, Laurence Olivier y Vivienne Leigh, Frank Sinatra y Judy Garland.
  
 En 1952 la familia se agranda un poco más  con la llegada de Leslie y nada hacía preveer que la alegría solo se quedaría en casa hasta 1956 cuando Bowie empieza a mostrar signos de la enfermedad contra la que luchó hasta su muerte un año después.
 En la Warnery en la Twentieth Centuryfox se guardó un minuto de silencio en su honor.

 Su vida acababa de dar un giro inesperado, a partir de entonces se dedicaría a sus hijos y a viajar, algo que le hacía muy bien. Aunque no quería involucrarse con ningún hombre, estuvo a punto de casarse con Sinatra, pero finalmente terminó haciéndolo con el productor de teatro Jason Robards, otro bebedor empedernido con quien tuvo a su tercer hijo, Sam, antes de acabar la relación.



 Era hora de dedicarse de lleno a su profesión y así lo hizo, en los ´60 volvió al teatro, trabajó con Barbra Streisand y cumplió el sueño de hacer un musical, Aplausse, que le valió un premio Tony.

 A modo de posdata, a sus setenta años nos regala un poquito más de sus “crónicas de superación personal” como lo describió El Periódico. Siguió trabajando, ejercitándose y disfrutando de sus hijos y nietos. Viajó mucho para presentar el libro y conoció a mucha gente. Se adaptó a los nuevos directores y su manera de manejarse, había entendido que era una actriz de reparto y se lucía en sus interpretaciones.


 Se llevó un Cesar, el equivalente francés al Oscar, premio que no pudo ganar en aquella velada  amenizada por Billy Cristal. Estaba nominada por El amor tiene dos caras como mejor actriz de reparto pero quedó en manos de Juliette Binoche por El paciente inglés. De todos modos fue galardonada por el Centro Kennedy “probablemente la mayor distinción que esperaba de Estados Unidos”.

 A menudo se quejaba de las películas hechas por aquellos que saben mucho de dinero pero poco de tratar con artistas.

En Estados Unidos la prioridad siempre es el éxito – decía – que es un medio para conseguir dinero, que a su vez te permite comprar la casa más grande, el coche más caro, aviones privados, la admisión en el grupito de los grandes empresarios, etc, pero por desgracia la calidad de vida es secundaria, porque con tanta obsesión por las cosas materiales (…) valores como la creatividad, la imaginación y los principios desaparecen”.

 Como verán no tiene pelos en la lengua para cantarle la justa a quien sea. A pesar de ese aire de pantera que vio en ella la mujer de Hawks, lo cierto es que nunca perdió del todo el miedo al escenario y se describe como una persona bastante inocente e insegura de sí misma. Lauren Bacall en éste libro nos abre el corazón de par en par, nos invita a repasar su carrera de manera amena  y nos confiesa sus bajas y sus altas en un emocionante viaje interior en el que se percibe a  la persona detrás de la actriz. 




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