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SICARIO [CINE]

Cuando los insurrectos en Judea planeaban atacar a los gobernadores romanos en el siglo I durante las revueltas contra el Imperio, los encargados de perpetrar los asesinatos utilizaban una espada corta o daga denominada sica, por tanto los portadores de tal arma se les llamaba sicarii. Dicha daga la podían ocultar bajo la túnica sin levantar sospechas y así poder acercarse a su objetivo para acabar con su vida. Sin embargo, cuando un gobernador era asesinado, Roma enviaba inmediatamente un sustituto. La cabeza de la serpiente podía ser cortada, pero enseguida renacía una renovada en su lugar.
Han pasado dos mil años y el método no ha cambiado. El imperio es otro y lucha contra otro que se esconde bajo una capa de corrupción, crimen y asesinatos. La CIA, el FBI, el Gobierno yanqui y todas sus agencias gubernamentales (DEA, ATF…) han utilizado todas las herramientas legales a su alcance para terminar (o al menos controlar) con los poderosos cárteles de la droga. Si en los 80’s y 90’s Colombia y el tristemente famoso…

…Pablo Escobar eran el ojo del huracán, desde hace unos 15 o 20 años el foco de la droga se ha trasladado con mayor virulencia a Méjico. Ciudad Juarez, Durango, Sinaloa, Tijuana, El Golfo y numerosas zonas norteñas en su mayoría son el nuevo rival al que se enfrentan los grupos policiales y de operaciones especiales.
¿Pero que hacer contra un enemigo tan violento, sanguinario, que no respeta las leyes, códigos éticos y emplea el terror como arma? Se combate con más terror. Así al menos es la visión de Dennis Villenueve sobre este polémico asunto. Si ya puso en relieve su versión de la pederastia y los secuestradores de menores con la interesante ‘Prisioners’ (donde abría un caldeado debate sobre la moralidad y sus consecuencias) con ‘Sicario’ abofetea la conciencia yanqui donde más le duele: en su autosuficiencia y prepotencia sobre toda la humanidad.
Villenueve, que hace olvidar la sobre valorada ‘Enemy’ (crítica) se mete de lleno en el género del thriller con solvencia, con pulso y ritmo asincopado cuando lo necesita la narración. Nos pone en el mismo prisma que su protagonista (Emily Blunt) dejándonos a oscuras durante un buen tramo de la historia, sin saber bien qué juego estamos llevando a cabo, qué papel tenemos en la trama y cuál será la consecuencia de nuestros actos. Blunt, una heroína a su pesar, es el títere que se ve obligado a moverse según los intereses creados por las altas esferas del gobierno que pretenden destruir los cárteles de la droga en Méjico para instaurar al anterior imperio colombiano con el que tenían un «control» soportable en sus acciones.
El alzar la voz (de una sospecha que todos sabíamos en secreto) sobre las relaciones del gobierno yanqui con el control de los cárteles de la droga colombianos no sorprende a nadie, pero el modo en el que intercala esta historia con la eterna cuestión de «el fin justifica los medios», hacen de ‘Sicario’ un estupendo ejercicio de conciencia y de justificada náusea hacia los poderes establecidos. Con un reparto solvente y de impecable factura (donde destaca, una vez más, el convincente Benicio Del Toro) y un guión (obra del debutante en estas lides Taylor Sheridan) que durante la narración es capaz de tener momentos intimistas ajenos (en un principio) a la trama principal para devolvernos en un epílogo formidable a la cruda realidad: todo vale para conseguir que todo siga igual.
El terror se combate con terror (una oportuna película en estos tiempos tan turbulentos que vivimos) esa es la pavorosa realidad que Villenueve refleja con su cámara, con sus planes cenitales, como plasmando que si lo vemos de lejos, el terror es mínimo; las consecuencias asumibles y el resultado necesario. Con una árida fotografía, unas secuencias efectistas y de obligada realización para dar empuje al curso del film (el tiroteo en el paso fronterizo o las escenas de torturas, que aunque no las vemos son terribles pues la imaginación nos lleva a crearlas) ‘Sicario’ destaca por la frialdad con que nos narra una cruda historia que bien puede estar pasando ahora mismo.

 

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Si la violencia es atajada con mayor violencia y ésta da resultado, adelante con ella. Méjico es plasmado como un personaje más, pero desde la lejanía, en silencio. Testigo mudo de la apisonadora que tiene Villenueve por cámara. Blunt asume su rol de daño colateral, de mal necesario y trasluce la duda que todos tenemos ante este desafío. Un thriller sin pausa pero que se detiene en pequeños detalles que la hacen grande. Un revelador final que duele por lo cruel que es, por lo distante que nos deja. Pero no como un defecto, sino por que es la consecuencia real del mundo en el que vivimos. Nos dejamos arrastrar, no queremos ser dañados pero en el fondo deseamos que nuestros enemigos sean destruidos. El modo, no nos importa, tan solo no queremos verlo.
Para ello, llamamos a un sicario.

VALORACIÓN: 8/10

OTRAS CRÍTICAS DE ‘SICARIO’:


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BLACK MASS [CINE]

Las comparativas son odiosas, y en el cine más. Pero si además se trata de buscar superar a unos referentes en vez de homenajearlos uno puede caer en dos opciones. Ser un irreverente pero audaz versionador o un simple y atribulado deudor que no es capaz de aportar nada a ese estilo. La sombra de Martin Scorsese es alargada y en este film, es de sonrojante vergüenza ajena. En el caso que nos ocupa, ‘Black Mass’, estamos ante el segundo de los senderos. Scott Cooper, actor metido a director que sorprendió hace años con ‘Corazón rebelde’, patina estrepitosamente en…

…este biopic de las andanzas del criminal convertido en chivato del FBI por intereses mutuos. Un Johnny Depp, al que por primera vez un disfraz y caracterización no lo distraen a uno como espectador, compone como puede los trazos de este despiadado y violento hasta la saciedad personaje de la mafia irlandesa de Boston (coincidencia con la ficticia ‘Infiltrados’).
Narrada a base de flashbacks que no hacen sino languidecer al ya de por si cansino ritmo del film, ‘Black Massno pasará a los anales del cine negro, criminal o de mafia por sus aciertos, sino más bien por la manera de desaprovechar un cúmulo de buenos actores, ambientación y trama que en manos de alguien menos preocupado por plagiar ‘Uno de los nuestros’ hubiera puesto más de su parte por configurar un buen retrato de personajes. Ya Ridley Scott dio su visión de este género con la soberbia y contenida ‘American Gangster’ o el propio Steven Soderbergh con su apabullante ‘Traffic’.
Comparaciones aparte, el flojo guión que salta temporalmente a su antojo sin que el visionado gane con ello, los personajes mal trazados y peor reflejados en pantalla y la ambigua y desconcertante linea que desea trazar el director (la fuerza de la lealtad siempre es la peor recompensada en esta vida…incluso para los amigos de los criminales) hacen que ‘Black Mass’ se vea con hastío y con una imperante necesidad de que acabe su metraje.
Una descorazonadora muestra de que en el cine negro no todo vale con ser meros adoradores de los grandes, también hay que saber demostrarlo.

VALORACIÓN: 4/10

SPECTRE [CINE]

¿Despedida…homenaje…reboot con la saga clásica? ¿Todo a la vez? James ha vuelto y para sorpresa de muchos (y desencanto para unos pocos) con toda la fuerza del personaje. Rumores aparte de si estamos ante la última aparición de Daniel Craig como el genuino 007, pues se sigue barajando la opción de una quinta película que tenía firmada cuando se enfundó por primera vez el esmoquin allá por 2005, de lo que es seguro es que ‘Spectre’ no sólo es un eslabón más en la cadena que se fue forjando en ‘Casino Royale’ sino que tiene todos los visos de ser el broche final de dicha cadena. Un cierre de una tetralogía que auna tramas anteriores, enlaza personajes y situaciones que nos fueron presentadas a lo largo de esta década y que resulta ser un final de fiesta con un invitado muy especial: el archienemigo de James Bond (que, por casualidades del guión, guarda una relación muy sorprendente con nuestro flemático y canalla héroe). Pero vayamos por partes, pues aunque muchos detractores…

…hayan querido devaluar esta entrega acusándola de falta de fuerza, de fórmula gastada y de poco ingeniosa, bien es cierto que pese a algunos excesos que comete la trama, el guión y algún personaje que otro, la vigesimocuarta (oficial) aventura del bebedor y mujeriego (ya no fuma y pierde algo de ese espíritu burlón) agente secreto es una buena dosis de referencias, auto homenaje y fin de fiesta por todo la alto que recupera el sentimiento añejo y querido de los episodios de Sean Connery y lo reboza con el tono canalla y despreocupado que Craig ha impregnado al personaje.
No es tan oscura como las predecesoras, ni tan descarnada como ‘Skyfall’ pero está a años luz de la fallida ‘Quantum of Solace’. Recupera la alegría por las escenas imposibles que tan famosa han hecho a la saga, el tono satírico y algo humorístico que roza en ciertos momentos lo mundano y sobre todo, el sentido épico por las secuencias de acción. Con una apertura por todo lo alto, con el consabido plano secuencia inicial (falseado de una manera sutil pero impresionante) que apabulla por su belleza visual y se compenetra con la atronadora e hipnótica música de fondo, nos presenta a grandes rasgos los pequeños ganchos de la trama que enlazan con lo visto en las tres anteriores entregas.
Ya desde los títulos de crédito (con un descarado resumen de las tres películas de Craig) nos pone en alerta como espectadores que estamos ante una despedida disfrazada de homenaje, pero no por ello dejamos de disfrutar con ese aire desenfadado que vivía en las entregas de Connery y en alguna de Moore. El Bond de Craig ha bajado un peldaño en crueldad, frialdad y tono, quizás por ese ímpetu innecesario desde la productora por recuperar la esencia de antaño y así poder enfundar el esmoquin en un futuro actor (Tom Hardy…quizás?) que pueda retomar el personaje clásico. Desde aquí siempre vimos al Bond de Craig como necesario para revitalizar al personaje. Sucio, vulnerable, despiadado. En ‘Casino Royale’ y sobre todo en ‘Skyfall’ pudimos disfrutar de ese nuevo Bond. Ahora, para este final de fiesta, han decidido apostar por un regreso al hogar, permitiendo recuperar hasta el desgastado y olvidado Aston Martin de Connery.
Recuperamos guiños y recuerdos de films como ‘Dr. No’ (la escena de la tortura, el esmoquin blanco…) o ‘Desde Rusia con amor’ (con ese villano interpretado por Dave Batista que recuerda en demasía al que ya hizo Robert Shaw en dicha película. Incluso aquí se recupera ( o copia con cariño) la secuencia de la pelea en el tren de aquella segunda entrega. Toques de ‘Vive y deja morir’ (el traje y máscara de calavera) o una alocada y hasta por momentos alargada persecución en coche por las calles de Roma que recuerda a la vista en París en  ‘Panorama para matar’. Y sobre todo, vuelve S.P.E.C.T.R.A.
Se quiere humanizar un poco a Bond en cuanto a su relación con las mujeres suavizando su interconexión con ellas. Ya en ‘Casino Royale’ disfrutamos de este lado con la genuina Vesper (Eva Green) todo un regalo de personaje y femme fatale entre las mejores de la saga. Buscar el lado romántico de Bond no es el mejor motivo para despedir al personaje en esta entrega y su lado canalla y mujeriego (perdónenme las lectoras) se echa de menos. Pero son los tiempos políticamente correctos en los que vivimos.
Pero vamos con las pegas (que son varias). La trama se pierde y deambula durante muchos momentos sin saber bien ubicar al espectador. No hay un ritmo adecuado entre las excesivas escenas de acción y los interludios que se trata de explicar o avanzar a los personajes. La alargada sombra del archivillano se hace rogar de manera alarmante y peca de oscurantismo para luego dejar un sabor agridulce de lo que pudo haber sido. Un Christolph Waltz tan encasillado y predecible que roza la caricatura y no hace sino crear una nostalgia en el espectador de los anteriores actores que interpretaron al famoso contrincante de Bond. Eso sí, nos dejan una descarada puerta abierta. ¿Acierto o licencia narrativa innecesaria? Y sobre todo un imperdonable error: lo poco y mal aprovechada que está Monica Belluci…ains.
No se han  atrevido a cerrar una etapa como hubiera gustado a todos. Sam Mendes hizo temblar a la saga con su visión en ‘Skyfall’ y los números en taquilla le aseguraron una segunda película del personaje, pero el estudio no ha visto con buenos ojos el primer borrador que John Logan (‘Penny Dreadful’) presentó para ‘Spectre’. Una pena, pues del mismo modo que Logan ha revitalizado el género gótico con su serie de TV, con Bond habría dado la puntilla que necesitaba el personaje para auto concluir esta serie de films que se han ido encadenando (estamos con la moda Marvel no lo olvidemos…).
El resultado final es algo agridulce. Por un lado festejamos ese reencuentro de Bond con sus orígenes, con los homenajes, los guiños a la saga y el ciclo que habían abierto en ‘Casino Royale’, sin embargo echamos de menos todo ese duro y frío toque que el Bond de Craig estaba proporcionando a la saga. Aquí ni tan siquiera refleja los golpes en su rostro de las peleas como en los anteriores films. Ha perdido esa crudeza realista para volver al hogar, para volver a los martinis en copa de fino cristal y recorrer las calles subido en su viejo Aston Martin. Pero eso si…con la chica a su lado.
¿Habrá una nueva y futura señora Bond? ¿Asistiremos a la boda?

VALORACIÓN: 7/10

THE MARTIAN [CINE]

Sin duda se esperaba a Ridley Scott con el hacha en mano desde muchos sectores de la crítica, no tanto así sus admiradores y seguidores, que por suerte aún son legión. ‘The Martian’, traducida en España con esa fortuna que nos precede en cuanto a trasliteraciones se refiere como ‘Marte’ (no vaya a ser que alguien se confunda con el título original, ‘El marciano’) ha sido un punto de inflexión en la errática carrera de los últimos años del creador de genialidades como ‘Los duelistas’ o ‘Thelma y Louise’. Tras títulos tan decepcionantes como ‘Prometheus’, ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ Scott estaba en deuda con el género de la ciencia ficción que tanto le ha dado y…
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
…que él mismo ha sido responsable de convertirlo en referencia. Con la antesala de su nueva secuela ‘Prometheus: Paradise Lost’ y en las labores como productor de ‘Blade Runner 2’, los seguidores de Ridley no las tenían todas consigo ante este nuevo proyecto.
 
 
Con un ambicioso y elaborado libro, obra de Andy Weir, en el que basar el guión y con un reparto de relumbrón, ‘The martian’ se destapa como una evasión pura y dura en la carrera de Scott. Directa, sin moralina, sin tapujos a la hora de mostrarse como un «sencillo» ejercicio de aventura y escapismo. Siguiendo los esquemas de directores como Ron Howard y su ‘Apolo XIII’ o Robert Zemeckis y su ‘Náufrago’, Ridley recoge el testigo y presenta a un personaje en mitad de unas descorazonadoras circunstancias que construyen una historia épica, de valentía y superación. 
 
 
Con el emblemático marco de las llanuras del planeta rojo como telón de fondo (maravillosamente fotografiado y que logra trasmitir esa sensación de absoluta soledad) y un Matt Damon que por arte de magia deja a un lado su eterna cara de niño bueno pero con fondo canalla, hacen del visionado del film una buena dosis de cine de evasión. Sin complejos matices ni dobles lecturas (aparte de ser un panfleto propagandístico a favor de la Nasa) las desventuras espaciales del náufrago estelar se trasforman de la angustia más desesperante a la superación más rimbombante con los acordes de algunos de los mejores temas de música disco de fondo (capítulo aparte la utilización maravillosa del tema de David Bowie ‘Starman’).
 
 
Si parece haber dado en la tecla del público…¿qué le falta entonces a ‘The martian’? Más que faltar, le sobra. Le sobra sencillez en cuanto a su ejecución alocada de los últimos 20 minutos, donde el film se convierte en un carrusel de desacertados desenlaces, tópicos del cine de aventuras más descafeinado y clichés del cine comercial (que en el fondo siempre ha ansiado Scott). Deja un poso de «pudo haber sido pero no…» Una hora y media inicial que roza por momentos el mejor cine de los últimos años del realizador de ‘Legend’ (hay mala leche al mencionar este film, lo sabemos) pero que se desluce con demasiadas lagunas argumentales que solo buscan el final feliz, la palmadita en la espalda y las buenas vibraciones de la eterna fábula de la superación de la raza humana ante las vicisitudes. 
 
 
Un Robison Crusoe enfundado en un traje espacial que reconcilia a buena parte del público de Scott con su cine interestelar pero que deja algunas dudas (razonables) con su giro comercial que trata de vender. Los buenos años en los que nos sorprendía con títulos como ‘American Gangster’, ‘Black Hawk Down’ o ‘Gladiator’ parece que deben seguir esperando. Al menos el disgusto de ‘El consejero’ o ‘Dioses y reyes’ nos lo ha quitado.
 
VALORACIÓN: 6/10

KNOCK KNOCK [CINE]

Eli Roth (‘Green Inferno’, ‘Hostel’) ha bajado el tono de su discurso con este remake de ‘Death Game’ (1977) que deja la misma indiferencia en su visionado como ya hiciera la original. El tema de la pedofilia, como trama subyacente pero mal desarrollada y aún menos clara en su conjunto, es el eje narrador para una a priori intrigante propuesta en sus primeros 30 minutos que se vuelve una amalgama de escenas y situaciones que poco o nada aportan al espectador salvo el tedio de finalizar un film que no sugiere ni propone nada nuevo al género del thriller. Si la muy interesante, tanto por su valentía como desarrollo, ‘Hard Candy’ era una …
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
…bofetada muy bien dada por su historia y contenido, ‘Knock Knock’ no tiene ni la consistencia ni el trasfondo que genere al público un interés por ella. Con una alargada (sin sentido) trama que difumina el previo thriller que inicia el film, el guión adolece a medida que pasan los minutos por la falta de razones, motivaciones y propuestas que los personajes a grandes rasgos dejan vislumbrar.
 
 
 
Sin litros de sangre con los que llenar la pantalla, Eli Roth no ha sabido plantear a «su» historia de la fuerza y tensión que podría tener. Y no ha querido dotar a sus personajes con algo más que decenas de frases con insultos y supuestas escenas de alto contenido sexual. Sin ser explícito en sus imágenes, con situaciones cuando menos ridículas y añadiendo el hecho de que prolonga sin ningún rubor una situación cuando menos imposible, por lo casual e impuesto desde un guión que no sigue sus propias reglas establecidas en un principio, la trama se pervierte hasta quedar en una desdibujada broma de mal gusto que no deja ni un poso de inquietud en el visionado.
 
 
Un desacertado Keanu Reeves poco o nada puede hacer este carrusel arbitrario y carente de novedad que propone Eli Roth. Las aportaciones de las dos actrices ( Lorenza Izzo, Ana de Armas ) como las sádicas y vengativas (o eso sugieren en sus diálogos) víctimas de abusos, se trastocan cuando la película llega a su mitad del metraje, y pasan de ser unos personajes que podían estar a medio camino de figuras como los asesinos de ‘Funny games’ o las intrigantes de ‘Las diabólicas’ a ser unas meras caricaturas que deambulan por los caprichos de un guión escrito a seis manos (Roth, Nicolás Lopez y Guillermo Acevedo) pero que carece del ímpetu necesario para subir un par de peldaños y ser más atrevido en continuar con el único debate que plantea el film: ¿somos realmente humanos al mostrar nuestro lado más animal?
 
 
La pedofilia, la violencia, la fidelidad, la imagen social de nosotros mismos, la familia, el riesgo de las redes sociales, nuestra balanza de la moral…demasiados cabos sueltos que trata de mostrar el film pero que no se aferra a ninguno de ellos. Un desfile de despropósitos que deja claro que Roth no sabe moverse en medios tiempos, que su cámara no está preparada aún para contar historias de peso, que lejos del gore, la sangre y el sadismo no sabe tratar una historia, no cuida a sus personajes y mucho menos conjunta una trama. Un innecesario remake de un film que ya de por si no daba mucho juego. 
 
VALORACIÓN: 3/10

LA CUMBRE ESCARLATA [CINE]

Si algo nos ha ido demostrando el director mexicano Guillermo del Toro (1964) es su indudable buen gusto por las historias bien contadas. Esas historias que tanto le gustan a él (y a muchos) que versan sobre el más allá, lo grotesco, el horror, los fantasmas, los cuentos de hadas macabros y cómo no, el género terrorífico más proclive a dejar volar la imaginación y las pasiones: el terror gótico. Del Toro regresa a su terreno más conocido, al que mejor se desenvuelve y sabe estar. Un género que le ha visto crecer a base de genialidades como ‘Cronos’, ‘El espinazo del diablo’ y la por siempre eterna ‘El laberinto del Fauno’. Tras su paso por la secuela de ‘Hellboy’ y la entretenida ‘Pacific Rim’ (donde en ambas el realizador sigue con sus constantes sobre los monstruos y la naturaleza de éstos) vuelve a su particular y muy personal universo oscuro donde mezcla lo grotesco con sumo cuidado y lo bello con la más insana de las maldades. El gótico es su lugar natural, tanto en su vertiente literaria como fílmica, Del Toro ha demostrado ser…













…un alumno aventajado de los maestros Poe, James y Lovercratf. Si Tim Burton siempre sobrevuela en la oscuridad con su cine, Del Toro se ha hecho el amo absoluto de ella.

 
Nos las prometíamos felices en el pre-estreno organizado por SensaCine al que fuimos invitados y nos frotábamos las manos al conocer que el director regresaba al mundo de los fantasmas con una nueva historia de su propia cosecha. Volvía el nuevo cuentacuentos del horror. Su paso por la TV con ‘The Strain’ nos había devuelto su lado más vampírico, ahora con ‘La cumbre escarlata’ retornaba el Del Toro más oscuro…¿o no?


La historia se presenta como una transliteración de las novelas góticas por antonomasia. De Shelley a Austen, de Byron a Milton o Henry James, de William Blake a Lovercraft pasando, como no podía ser de otra forma, por su amado Edward Alan Poe. La cumbre escarlata‘ se desata como un homenaje por todo lo alto a ese estilo de novela, a ese universo personal donde las emociones son grandilocuentes, las pasiones desatadas y lo terrorífico se da la mano con la realidad bajo un velo de misterio latente. Del Toro ha volcado todo su amor y pasión por este género literario (y sobre todo por estilo visual que el cine le ha dado a lo largo de los años) en un film que rebosa solemnidad, teatralidad y excesivo donaire para evocar un tiempo fuera del alcance de nuestra imaginación.


No se ha dejado llevar por su lado más canalla, ese al que nos tiene acostumbrados y que forma parte de su sello inconfundible. No nos ha otorgado en esta ocasión unos personajes secundarios que nos cautiven, como es habitual en su cine. Echamos de menos ese espíritu arrollador que sacude la historia a medida que avanza. No, nada de ese nos trae ‘Crimson Peak’. Pese a contar con unos poderosos decorados, una dirección artística arrebatadora (que a buen seguro estará nominada a los próximos Oscars), una ambientación casi hipnótica y un escenario solemne e imponente (aunque poco aprovechado pese a sus innumerables virtudes) como es esa fantástica mansión ubicada en mitad de un páramo. Muchas virtudes en su puesta de escena que se diluyen de manera escandalosa a medida que el guión destroza las esperanzas de espectador según va planteando las situaciones. Más descorazonador es ver como el desarrollo de la trama se desvirtúa con unos diálogos que avanzan en demasía el desenlace, que ponen todas las cartas boca arriba demasiado pronto y que no deja otra opción al público que esperar el consabido y predecible final.


Un final que deja un vacío tan hondo como los cimientos de esa mansión. De fácil ejecución, de innecesario estilo y que no encaja en absoluto con el estilo que durante los 90 minutos previos ha intentado inculcar al film. Del misterio a la duda, y de la duda a lo absurdo con unas trampas en el guión que desmenuzan el buen hacer de la puesta en escena. Floja en su conjunto, ‘Crimson Peak’ se deja ver por los numerosos y beneficiosos homenajes que Del Toro se da el gusto de incluir en la película (para regocijo de los espectadores). Aparte de los ya mencionados pasajes y homenajes a figuras como Mary Shelley, Jane Austen, H.P. Lovercraft y sobre todo a Poe, el creador de ‘Cronos’ se marca unos guiños cinéfilos que van desde la serie B de la Hammer o Roger Corman (‘El hundimiento de la casa Usher’ está presente en todo momento) pasando por ‘La mansión encantada’, la historia del asesino Barba Azul, a escenas que rememoran míticas secuencias como ‘El resplandor’ (esa salida de la bañera) o ‘Al final de la escalera’ (con esos planos de la pelota de juguete rodando sola o la silla de ruedas vacía). Paralelismos aparte, Del Toro ha hecho un ejercicio personal de cinefilia y pasión novelesca que demuestra su gran amor por este género pero que se trunca por su obstinada visión de perfeccionar el estilo hasta límites excesivos. Muy academicista, demasiado solemne y que reparte las cartas a su antojo con la única premisa de ser fiel a ese espíritu que evoca pero dejando de lado toda la originalidad que el mexicano posee. El desaforado amor que existe entre la pareja protagonista resta y mucho a su pretendido toque macabro y terrorífico, quedando el elemento fantasmal como mera anécdota.


El elenco actoral no acaba de encajar con este tono, y salvo Tom Hiddleston (que siempre está impecable haga lo que haga) el resto del reparto no da pie con bola para captar ese misticismo y aura terrorífica que la casa sí sabe dar. Una pena que el personaje de Jessica Chastain acabe incurriendo en los tópicos y aburridos clichés del género ‘scream-queen’ para finalizar el film. Charlie Hunnam solo hace constancia que Del Toro le ha caído en gracia y lo mantiene a salvo para ‘Pacific Rim 2’. En cuanto a Mia Wasikowska, que ya había fracasado en intentar crear una Alicia convincente, no transmite en ningún momento esa lánguida pesadumbre que las heroínas del romanticismo y la novela gótica tenían. 


Un bonito papel de regalo que envuelve un obsequio de bajo valor. Floja en su planteamiento, de fácil y predecible desenlace y sobre todo, fallida en su historia y modo de ir desgranando un misterio que se desvela excesivamente pronto. Siempre te hemos amado Guillermo, a tu cine y a tu visión del mismo…pero así no.
 
VALORACIÓN: 5/10
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