RAMBO: ACORRALADO II [CINE]


Cuando en 1985 a Sylvester Stallone una mosca cojonera se le apareció en su carrera (una mosca de 1, 90 y con acento austriaco llamada Arnold) tuvo que poner remedio para no ser eclipsado por este nuevo fenómeno del cine de acción que venía a hacerle sombra. Tras haber rechazado el papel por el que el actor europeo consiguió la fama internacional, ‘Terminator‘ (1984), a Stallone no le quedaba otra que contraatacar por partida doble al año siguiente. Para ello volvería a enfundarse los guantes en ‘Rocky IV’ y rescataría a uno de sus personajes fetiche más apreciados: John Rambo.
 
Tras su primera aparición en 1982, de la cual el propio Stallone se...
…encargó de cambiar su final (nada que ver con la versión de la novela), el potro decidió que debía presentar al personaje en su entorno más cómodo, es decir, en mitad de la jungla, rodeado de enemigos y armado hasta los dientes. Sin embargo la preparación de este film no se consiguió de manera sencilla (a pesar del cuantioso presupuesto con el que contaba, 44 millones de dólares).
 
A Stallone siempre le ha encantado escribir sus propios guiones con los que luego actuar, y en esta ocasión no iba a ser diferente. Pero el actor es más ambicioso de lo que parece y si no puedes con ellos, únete a ellos. ¿Quién mejor para escribir su guión de esta segunda parte que el director que le ofreció ‘Terminator’ y que ahora podría ser su salvador taquillero? James Cameron fue el primer guionista que contó para la secuela. El director se encontraba con los preparativos de ‘Aliens, el regreso‘ por lo que sólo pudo realizar un borrador previo del film, titulado ‘Segunda sangre’ en referencia a la anterior,donde primaba la acción ante todo y como curiosidad el personaje de Rambo no estaba en la cárcel, sino en un centro psiquiátrico. Claro, este tipo de inicio fue cambiado por Stallone cuando se hizo cargo del tratamiento del guión, y además añadió todo el contenido político que tan mal sentó luego en su estreno. Ni los demócratas aceptaron el tono fascista y violento del film ni los republicanos se vieron identificados con el mensaje. Era un tema bastante controvertido en la época del estreno del film, Ronald Reagan gobernaba con mano dura en un país que todavía asumía que seguían cautivos cerca de 2.500 soldados americanos en tierras vietnamitas. 
 
 
Stallone, lejos de amedrentarse, defendió a capa y espada (o metralleta) a su proyecto y a su personaje. Se convirtió en un icono inmediatamente, por su violencia, sus métodos y sobre todo por ciertas frases. A día de hoy Rambo simboliza muchos más defectos que virtudes como personaje. Pero en los alocados años 80 se veía más como un libertador que como un justiciero unilateral, algo que sigue siendo la imagen de un país como los EEUU. Los tiempos cambian, las personas no.
 
 
Pero volviendo al film, Stallone se puso en forma de manera drástica, algo que le sirvió para el rodaje de ‘Rocky IV‘ y mientras preparaba el casting de ambas películas se produjeron ciertas curiosidades. Por ejemplo, para el papel de el coronel Podovsky (Steven Berkoff en el film) se contrató a Dolph Lundgren, pero Stallone prefirió que el sueco fuese su antagonista en la cuarta parte de Rocky. Por otro lado, Sylvester quería dotar de buenos actores a una cinta netamente de acción y quiso contar con Lee Marvin para el papel del agente de la CIA Murdock (Charles Naiper) pero el veterano actor lo rechazó pues estaba rodando la segunda parte de ‘Los doce del patíbulo’, aunque un año más tarde haría un papel similar en ‘Delta Force’ (1986) la que sería su última película.
 
 
Para dirigir, algo que Stallone se estaba acostumbrando a hacer en sus films, optó por delegar en un director digamos…manejable. Aconsejado por el gusto de su hijo, Sage, Stallone contrató a George P. Cosmatos ya que a su vástago le encantaba la película ‘De origen desconocido‘. Al año siguiente Cosmatos repitió experiencia con otro icono del potro: ‘Cobra’. La realización del film es obviamente un claro vehículo para el lucimiento del actor. Plana y sin sorpresas, repasa una a una las características del cine de acción: héroe redimido que puede cambiar las cosas haciendo lo mejor que sabe hacer. Por aquellos tiempos, Chuck Norris ya había presentado un film muy similar (por no decir sospechosamente igual) ‘Desaparecido en combate’ (1984) por lo que Stallone dotó al film de mucha más vistosidad y violencia aderezada no con un enemigo, los antiguos vietnamitas, sino que añadió a los rusos como otro de los puntos en donde el público de los ochenta podía fijar su odio. La guerra fría vivía su auge y poner a los rusos como objetivo de la justicia de Rambo era una perla para el público.
 
 
 
Con estos retales el actor levantó un proyecto que se rodó en Acapulco (Méjico) que simulaba la selva asiática y consiguió que una segunda parte de un film de acción fuera la primera película que se estrenaba en los USA en más de 2000 salas de cine. Recaudó la nada desdeñable cifra de 150 millones solo allí y más de 300 millones en todo el mundo. Todo un récord. Además, consiguió algo impensable, ser nominada a un premio Oscar ese año, mejores efectos de sonido. Algo que con ninguna de sus otras entregas de la franquicia ha repetido.
La película se deja ver como un mero entretenimiento que no decae en ningún momento pese a sus excesos, violencia gratuita y muestras claras de egolatría narcisista del actor. Pero no conforme con cuajar un film de género, Stallone se guardaba un monólogo final en plan Actor’s Studio que a día de hoy sigue siendo un referente de motivación. El speech que suelta Rambo para defender su idea, su padecer y sentir de un patriota ante su país, sigue creando polémica y debates.
 
 
Acción, rusos, prisioneros de guerra, traición por parte de tus compatriotas, pequeño idilio del protagonista (y único beso que da Rambo en cuatro films) y mucha tetosterona hacen de esta secuela una película ochentera total. Sin miramientos, puro espectáculo gratuito que ofrece lo que promete: una oda al macho alfa ochentero que prefiere repartir galletas antes que pensar. Una orgía de pólvora y armas que hacen estremecer al más fiel seguidor del cine de Ingmar Bergman. Items míticos como el arco con flechas explosivas, su machete con filo de sierra y la eterna cinta roja para el pelo, convirtieron a Rambo en un símbolo que hoy sigue perdurando. Y para colmo, contiene una frase que años más tarde el propio Stallone convirtió en franquicia: “Soy prescindible” 
 
 
VALORACIÓN: 6/10
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